domingo, 31 de enero de 2010

Una pobre vaca

Ahí estaba la pobre vaca con un prolapso completo de utero llorando despacito...
TTuve que amputar porque llevaba varias horas en el barro

Cuando terminé la dejé bien acomodada y nos despedimos

Una llovizna fría humedecía el campo. Llegué con la camioneta hasta muy cerca de la vaca. Era una prima de la vaca Aurora, que al parir tuvo un tremendo prolapso de utero. Cuando paré el motor y me empecé a preparar para el trabajo, sentí que lloraba despacito. Yo estaba solo así que pude hablarle.
-¿Como estás?-
-¡Muy mal!- Me dijo -¿No me vé dotor?-
-¡Y sí! El prolapso es completo, pero vas a ver que te voy a acomodar- Le dije con optimismo.
-Pero no es por el prolapso. Estoy mal porque se murió mi ternera al nacer. Lo mío no me importa-
Por un instante no supe que decirle. Me había olvidado que en la naturaleza el impulso vital es tan fuerte, que cualquier animal dá prioridad a su cría para que la vida continue
-¿Y no te duele?- Dije para volver a lo de ella
-¡Nó! Me molesta nomás- Y otra vez empezó a llorar mientras los mocos le caían en el barro donde estaba tumbada.
-¡Bueno! Quedate quietita que te voy a operar, y si Dios quiere, pronto vas a estar bien y dando leche con tus amigas en el tambo-
No me contestó
Hice mi trabajo pero no me atreví a decirle que al amputarle el útero, ya no volvería a tener un ternero. Creo que ella lo sabía pero tampoco dijo nada. Terminé, la ayudé a enderezarse y le saqué una última foto antes de irme. Seguía triste pero con la educación de las Holando, tan europea, me despidio con cortesía: -¡Chau dotor! Gracias por todo. Ojalá nos volvamos a ver.
Y me fuí despacio, agradeciendo como siempre poder aprender tanto de mis pacientes.


jueves, 28 de enero de 2010

Los toros rinconeros

¡Claro que es cierto que existen los toros rinconeros! Cuando empieza la temporada de servicios y se largan los toros al rodeo de las vacas o vaquillonas, suele suceder que aparece algun "machito" que se aleja del resto y hace un pequeño territorio de donde sale solo para ir a tomar agua y volver. Se los llama rinconeros y no tienen el menor interés en el sexo opuesto. Ni siquiera les dá un poco de verguenza cuando sus compañeros se mandan verdaderas hazañas sexuales delante de su morro. Los tipos ahí...
En el manejo de la hacienda es importante detectarlos porque pueden ser motivo de que baje el porcentaje de preñez al tacto. Una de las cosas que se inventó para ello, es la prueba de capacidad de servicio. Consiste en inmovilizar en un corral algunas hembras (a veces machos castrados también), y luego largar por turno los toros a probar. Durante un tiempo determinado se cuentan los saltos o montas que realiza. Yo he llegado a contarle a un toro 9 montas en 20 minutos ¡Un verdadero animal!
La cuestión es que algunos no demuestran el menor interés en la cosa. Uno los larga con las hembras y se hacen los bolas, olfatean el corral, miran para otro lado y se pasan los 20 minutos sin darles ni siquiera un beso.
Hay varias causas, pero una es la presencia de algún otro macho dominante cerca, que simplemente los mira. Esto es suficiente para inhibirlos por completo.
Una vez un cliente mío compró un toro en la cabaña de otro cliente. A los dos o tres días, el comprador me avisa que el toro no montaba. Me lo encerraron con una vaca en celo, bien calentona, y allá fuí a ver que pasaba. Efectivamente, la vaca se refregaba contra el bandido y el bandido como si oyera llover. Nos quedamos conversando un rato con el dueño afirmados en el alambre del corral y de pronto veo como a 600 metros, un toro hereford astado que parecía una estatua mirando para nuestro lado.
-¿Y ese? Pregunté
-¡Nó!- Dijo el dueño -Ese es el pampa viejo que voy a vender. El día que traje este nuevo lo sacó cagando por la huella y los tuve que apartar-
La cuestión es que la cabaña cambió el toro "fallado" por otro, y al inutil lo llevaron de vuelta al campo pero, ¡Oh sorpresa!, en cuanto lo descargaron del chasis, y libre de la amenaza del pampa viejo, corrió hacia la lechera que justo estaba en celo y con unas ganas enormes la dejó de colita parada y le fabricó en el acto un bonito ternero.
¡Por lo tanto nunca te confíes con un rinconero!

martes, 26 de enero de 2010

Cosas del sexo animal

Es sabido que la mayoría de las hembras mamíferas son cíclicas sexualmente. Solo tienen períodos delimitados en los que aceptan al macho. Fuera de estas horas o días no les dan bola. Se dedican a pasear por los potreros comiendo pasto verde y charlando de cualquier tema, o a criar a sus hijos esperando que la vida pase.
El asunto es que los machos no son tan cíclicos, y en eso se parecen a la mayoría de los humanos. Andan con ganas todo el tiempo. Entonces han inventado ingeniosas formas de despuntar el vicio.
Los caballos pelan su enorme instrumento, tan similar al del hombre (en la forma) y comienzan a golpearse la panza ritmicamente hasta terminar la gran tarea solitaria en generoso casi medio litro de licor. Por eso es que se les pone un aro de goma detras del glande, de forma que al tener una erección, el molesto objeto les haga doler y desistan de la idea. Quien sabe que pensarán cuando se ponen a trabajar en esto ¿Nó? Cuando lo vea al petiso cara e´guiso le voy a preguntar.
Los toros son mas rapiditos. De pronto se quedan quietos. Desenvainan su fino y largo aparato, y encorvándose como con un dolor de panza, ponen las patas duras y largan 6 o 7 cc de semen. Despues siguen su marcha de lo mas orondos. Algo parecido hacen los carneros y concretan todavía mas rápido. Hay que estar muy atentos porque así como son muy ligeros al montar a la oveja en celo, esto lo hacen en menos de quince segundos.
Los perros, tal vez por el contacto cercano con los humanos, son mas sofisticados. A veces se estimulan con su boca tomando delicadamente el pirulito entre los dientes, otras se frotan contra cualquier objeto que les caiga simpático, y en ocasiones, usan algún involuntario "amigo" para la cosa acostumbrada.
Así era el cuzquito calentón de don Benigno. Como en la casa de este hombre no había perras agarró la moda de ensartar las pavas. Así que día por medio se abalanzaba sobre una de estas tontas pájaras y abrazándola con las manitos se le iba de un tirón. Lo malo es que al perro, cuando eyacula, el miembro se le dilata mucho (el famoso botón) entonces todo terminaba con las tripas de la pava desparramadas por el patio. Cuando Don Benigno vió el estropicio que estaba haciendo el valiente cuzco en su gallinero, me pidió que lo sometiera a una decorosa castración. Por suerte abandonó las mañas. Aunque un día, el gato de la vecina de don Benigno me comentó que algunas pavas se lamentaban en secreto al ver a su amigo eunuco ¡Si serán pavas! ¿Nó?

lunes, 25 de enero de 2010

La verdad es que ni lo ví (dos veces)

Empecé el curso de piloto de ultralivianos casi por casualidad. Yo había ido a averiguar algo al club de planeadores de Tandil, con ganas de iniciarme en el vuelo a vela, pero como me dieron muy poca bola, a la pasada me acerqué al Hangar del Cielo, y el amistoso trato de esa gente me hizo decidir por los ultras. Ambos clubes comparten dos pistas de aterrizaje que se cruzan a 90º y están rodeadas de sierras, haciendo todo un cuadro verde y gris demasiado bonito.
Y vinieron fines de semana muy entretenidos donde aprendí los rudimentos de la aviación y fuí metiendo horas en aquellas lindísimas máquinas.
Un día, estaba haciendo circuitos de despegue y aterrizaje con mi instructor. Tenía apenas tres horas de vuelo, así que toda la tensión se concentraba en la aproximación a la pista para el aterrizaje. En mantener las vueltas del motor, la velocidad, la inclinación y todos los detalles del asunto. Hicimos un despegue, un giro en el aire y enfrenté la pista Norte-Sur para bajar. Lo que me enteré después, fué que al mismo tiempo, un avión mas grande de un médico de Tandil, hacía la misma maniobra pero en la pista Este-Oeste.
¡Yo ni lo ví! El pobre tipo, mas baqueano, dió motor de nuevo y pasó encima nuestro sin que nos enteráramos. Aterricé muy contento y el instructor me dijo que volviera a repetir la maniobra. Le metí otra vez y ustedes no lo van a creer... ¡Pasó otra vez lo mismo! El doctor había hecho un giro y al encarar nuevamente la pista, se topó de nuevo con mi ultraliviano verde y tuvo que escapar hacia arriba.
Cuando aterrizamos vimos que Willy venía corriendo hacia nosotros, blanco como un papel. Al llegar le gritó al instructor: -¿Pero no lo viste al Doctor Macedo?-
-¡Nó!- Contestó tranquilamente mi maestro -¿Donde anda?-
-¡Sos una bestia!- Le reprocho el otro -Tuvo que evitarlos dos veces Desde abajo pensamos que iban a chocar-
Y debe haber sido grave la cosa porque el Doctor Macedo hizo una denuncia en la Dirección de Aviación Civil que al final no sé en que quedó.
¡Pero la verdad es que yo! ¡Yo ni lo ví!

viernes, 22 de enero de 2010

La víbora y el cocinero


Desde que aprendí a reconocer los ofidios de la zona gracias a un buen libro que me prestaron, empecé a agarrar con confianza cuanta culebra se me cruza. Y a pensar macanas.
Muchas veces hice algunas bromas pesadas, aprovechando el pánico que les tiene la mayoría, pero ese día me salió mal.
Volvía para almorzar en la casilla. Había estado aporcando toda la mañana. Hacía calor y allá se iba una Clelia rustica, de lo mas campante por el camino. Me bajé de un salto del tractor, me la metí en el bolsillo de la camisa Grafa y seguí viaje.
Cuando llegué al campamento ya estaban los demás esperando que Pipi, el cocinero, sirviera el estofado. Me lavé y me senté a la mesa. Empezamos a charlar boludeces como siempre y cuando Pipi, un tipo bastante jodón de unos 50 años se acercó, tocando el bulto del bolsillo de mi camisa le dije ¡Che Pipi! ¿A que no sabés lo que tengo acá? ¡Si adivinás te regalo una parte!
Pipi tocó el bulto blando pero no se daba cuenta de lo que era -¿Arena?- Preguntó -¡Nó!- Le contesté -¿Un pichón de paloma?- -¡Menos!- Le dije -¡Y que se yó! Dejame de joder- Y dió media vuelta para irse -¡Mirá!- Lo apuré, y se acercó. Cuando abrí el bolsillo, la vibora sacó la cabeza y lo saludó con su lengua bífida.
¡La mierda! ¡Como se calentó! Yo quise alejarme pero me alcanzó con tremenda patada, que casi me deja sin tractorear por un tiempo, mientras los demas se descostillaban de risa.
¡En fin! ¡Cosas que pasan en el campo! Dice el refrán

miércoles, 20 de enero de 2010

El gato volador

Aunque la calidad del dibujo no es la mejor... ¿Se adivina que es un gato volador?

Castrar gatos es una maniobra quirúrgica bien sencilla. Hay recursos caseros para inmovilizarlos como meterlos dentro de un bota, apretarlos entre una puerta y el marco, o mantenerlos colgados agarrándolos firmemente de la piel del cuello y de la base de la cola.
Yo uso una pequeña y práctica variante. Los meto en una bolsa de las blancas de semilla, los envuelvo hasta que no se mueven y después, a traves de un cortecito en la misma, saco primero la cola y despues los dos rotundos testículos que quito en unos segundos.
Tan rápido es el asunto que una vez me arrimé al surtidor a cargar gasoil llevando una bolsa con un gato para operar adentro. Conversando con el playero decidimos hacer una carrera. Se trataba de ver quien terminaba primero. El cargando combustible o yo castrando... ¡Terminé la operación cuando el surtidor iba por 19 litros! ¡Y encima nunca me pagó la apuesta!
Pero el cuento era que un día cualquiera me llevaron un gato para operar. Estaba por empezar a hacerlo cuando sonó el teléfono. Me llamaban por una vaca de plantel que no podía parir. Así que enseguida hice el gato y me fuí a buscar a mis yernos, ambos veterinarios, que me acompañarían en el trabajo. Cargamos el instrumental y salimos rápido para el campo ¡Y me olvidé del gato en la bolsa!
La cuestión es que apenas movimos veo por el espejo que la bolsa volaba. Frené y me largué corriendo pero el gato ya no estaba. Se había escapado por el agujerito. Y a pesar de que volvimos un largo trecho caminando por la banquina no pudimos encontrarlo.
Y me presenté muy apesadumbrado en la casa de la dueña para avisarle que el gato había volado, y que estuviera alerta porque tal vez llegaría en cualquier momento... ¡Pero nunca mas volvió! Quien sabe que habrá sido del infeliz. Si no volvió por la tristeza de verse sin sus productos o se desorientó con el golpe y corrió para el campo ¡En fin! ¡Cosas que pasan a los vivos! Dijo un amigo.

lunes, 18 de enero de 2010

Casualidad hedionda

Parece cosa de mandinga... Hace unos días publiqué una entrada contando cosas de los zorrinos y este sábado me tocó operar uno. Aquí van dos imágenes para el que le interese


El "quirófano" al aire libre contra las quejas de los vecinos intolerantes


Las dos glándulas, famosas por su contenido, expuestas a la vista. Tienen un corto conducto que las comunica con la parte posterior del recto.

domingo, 17 de enero de 2010

Procedimiento policial


-¡Buen día Spinelli!- dijo el oficial a cargo del Destacamento Policial del pueblo -¿Tenés un rato para hacer un procedimiento?-
-¡Uh! ¿Es muy lejos?- Le pregunté desconfiado. El último procedimiento "cortito" fué a las 3 de la mañana, para reconocer las marcas de unas vacas atropelladas por un camión a 40 km del pueblo. Volvimos a las 7.
-¡Nó! ¡Nó! Es acá nomás-
-¡Vamos entonces!- Y salimos en el patrullero.
La cosa es que el procedimiento era en el mismo destacamento. Llegamos, y el hombre cruzó rápido la recepción y fué derecho al único calabozo que tenemos (podrán sacar cuentas de la cantidad de delitos que nos azotan). Mientras sacaba las llaves, yo pensaba con qué me iba a encontrar. Algún preso peligroso, o un herido grave en alguna pelea, o...¡Qué se yo! ¿Que podía tener que hacer yo en un calabozo?
La llave giró en la cerradura y se abrió la puerta.
-¡Mirá!- Me dijo -¿Que opinás?-
Asomé la cabeza en el estrecho lugar y me encontré, colgando muy orondas, cuatro medias reses de oveja todas machucadas.
-¿Y esto?- Le pregunté. El tipo se reía viendo mi sorpresa -Lo que pasa es que ayer fuimos al campo por una denuncia de la señora de Menendez, de que unos perros le habían estropeado las ovejas. Había algunas muertas, y estas dos casi por morir, así que le pedí permiso para carnearlas ¡No sabés el hambre que tienen mis vigis! Si no hay problemas las comemos ¿Se podrá?-
Le dí una prolija revisada a los despojos y la verdad es que los cuerpos estaban llenos de moretones feos por las mordidas, pero como no había problemas sanitarios le dije que le metieran nomás.
Esa noche pasé por el Destacamento y en el patio del costado brillaba un enorme fuego ¡Los vigi estaban de fiesta!

jueves, 14 de enero de 2010

Lugano vuelve a la selva


Algunos de los Yabitos amigos de Lugano
Y les contaba antes que...
...Y entonces Lugano se acordo de los Yabitos.
La selva era el único lugar donde podría encontrar amigos de verdad y recuperarse de sus heridas, mientras pasaba el tiempo de andar huyendo.
Le dijo a Marina que manejara hacia Corrientes sin parar. Acostaron con cuidado a Alicia en el asiento trasero, y él se dejó caer en el del acompañante. Las horas pasaron en una nebulosa. Cerca de las 8 de la mañana pasaron por Corrientes capital. Cargaron combustible y Lugano, en un estado de semiinconciencia, y con terribles dolores en la herida que no dejaba de latirle, le indicó a Marina la forma de llegar a la zona de la estancia "El Totoral", y al lugar donde podrían cruzar el río para caminar hasta el campamento de los Yabitos. Alicia, que al principio se quejaba debilmente ya no se movía ni emitía sonidos ¡Debe estar dormida! pensó. Y siguieron viaje. A mediodía estaban frente al río en el mismo lugar donde pararon con la gente de Pfizer la vez que llegaron en la combi. Estaban destrozados. Lugano había perdido mucha sangre y caminaba con dificultad. Cuando quisieron bajar a Alicia se dieron cuenta de que había muerto. Estaba muy pálida, y la muerte la había encontrado placidamente, porque ya no había rastros de sufrimiento en su cara. Marina y Lugano cayeron de rodillas llorando. Fué ella la que de pronto se incorporó secandose las lágrimas y empezó a decidir que hacer. Bajaron el cuerpo de su hermana y lo arrastraron hasta un lugar escondido entre los árboles y arbustos. Lo arreglaron lo mejor posible y lo cubrieron con gruesas ramas y algo de tierra que sacaron con las manos. Despues se arrodillaron y rezaron por su alma, y por fin ella empujó a Lugano, que ya estaba rendido, hasta el río, donde le lavo con cuidado la enorme herida. Esto los reanimó un poco, así que cruzaron el agua y se internaron en la selva con paso vacilante. Lugano dirigía y ella le hacía de bastón. Cuando cayó la noche cayeron ellos también, pero rendidos de cansancio, y se durmieron abrazados.
Los despertaron las caricias de unas rústicas manos que les frotaban la cara y los hombros. Era el "médico" de los Yabitos haciendo su trabajo. Los habían encontrado al amanecer y reconocieron a su amigo Lugano en aquel cuerpo desfigurado. Estaban construyendo unas angarillas con ramas para llevarlos a su lugar en la selva. Lugano dejo caer la cabeza aliviado y se dejó hacer mientras apretaba fuerte la mano de Marina.
Continuará




martes, 12 de enero de 2010

Se enloqueció el nutrión

Si no entendí mal, esta nutria que se va piola, caminando por la lagunita escarchada, era prima hermana del protagonista de la historia que sigue

A pesar de haber pasado fracturas, cortes, lastimaduras y golpes, creo que he tenido suerte. Esto pensaba ayer acordándome de una barbaridad que hice siendo "tractorista" en un campo cerca de Necochea.
Veníamos un día con Alfredo, un compañero y amigo, por una calle de tierra desierta a la hora de la siesta, cuando vimos cruzar un nutrión enorme que bajó entre unos matorrales y se metió dentro de una alcantarilla, en la entrada de una estancia grande.
-¿Y si la agarramos?- Le dije a Alfredo -¡Vamos!- Contestó.
Paramos el tractor y nos acercamos a la alcantarilla. Estaba hecha con tubos chicos y tendría unos ocho metros de largo. Nos asomamos, y allí nos miraba el soberbio animal, quietito, como esperando. Estaba bien gordo y dos largos incisivos anaranjados le sobresalían de la boca -¡Ya sé!- Le dije, vos esperá acá y asustalo. Yo me meto del otro lado y lo envuelvo en la campera.
La campera era una antigua "Lee" muy gastada. Hice un bollo con ella y sin dudar me metí de cabeza en el caño. Era realmente chico. Me tuve que deslizar con las manos hacia adelante, y espiando al bicho por un costadito de la campera. Cuando ya había hecho unos 2 o 3 metros arrastrándome, probé de cambiar de posición pero estaba atrapado. Sin embargo, muy bestia, no me dí cuenta de lo peligroso del asunto.
De pronto le grité -¡Dale Alfredo! Empujalo así se viene y lo puedo agarrar-
Alfredo metió una vara de cardo seco y cuando lo asustó se me vino...¡Pero se vino a comerme! De pronto se había vuelto loco y me encaró las manos, apenas defendidas por la escasa pilcha. El tipo bramaba, mordía y desgarraba lleno de furia, y yo quietito apenas gritaba -¡No lo asustés más Alfredo! ¡Dejalo!- Al rato el bicharraco se calmó, y yo pude retroceder muy despacio hasta salir del caño.
-¡Que cagada hermano! ¡Como quedó!- Le dije mirando las hilachas de mi antigua campera Lee. -¡Mejor lo dejamos! ¿Para qué lo queremos?- Y seguimos viaje como si nada hubiera pasado.

sábado, 9 de enero de 2010

El aroma de los zorrinos

Los zorrinos son animalitos de lo mas vistosos. A veces también se convierten en el azote de los gallineros por su afición a los huevos y los pollitos. Lo que pasa es que en campos muy trabajados, donde escasean los nidos de aves silvestres, los tipos encuentran mucho mas sencillo servirse de nuestras aves de corral.
Hay gente que los tiene como mascotas. En realidad en el campo he visto criar animales de lo mas variados, desde hurones y nutrias, hasta buhos y caranchos, pasando por cuanto bicharraco se imaginen. Es común que el hombre que anda recorriendo a caballo, encuentre algún pichón de lo que sea en un potrero, un bajo o una laguna, y lo lleve a la casa para entretenimiento de la mujer y los chicos, que pasan horas tratando de darle de comer y criarlo de la mejor manera.
Los zorrinos son muy lindos. Son limpitos como un gato y aprenden muchas cosas, la única macana es que tienen hábitos nocturnos, y mientras todos duermen, pueden llegar a armar la madre de los despelotes si se los deja sueltos por la casa, y además, aunque sean muy mansitos, si aparece algún extraño, pueden llegar a descargar su famosa rociada con los daños que esto implica.
Entonces se les quitan las glándulas hedentinas para evitar riesgos.
He operado montones de ellos y hasta desarrollé una técnica muy precisa y elegante para hacerlo, que publiqué en una revista de veterinaria. A partir de ahí supe que no era el único que lo hacía, porque recibí montones de consultas sobre el tema, de colegas de otras regiones.
Y aprendí cosas al andar. Una es que jamas hay que operarlos en lugares cerrados o cerca de una casa. Lo mejor es irse a un sitio despejado, y sentarse tranquilamente al aire libre, bajo un lindo árbol, y mientras se escucha música en la radio hacer la tarea. El líquido que usan como elemento de defensa y disuasión es terriblemente fuerte, así que si no se toma esta precaución, puede haber muchas quejas del vecindario.
Me acuerdo una vez que me acompañaron los chicos para esta tarea y Juancito, sin querér pisó una de las glándulas recién extirpadas y ¡Se le derritió la suela de las zapatillas! Imaginen lo que puede pasar si este líquido les toca, por ejemplo, los ojos.
Además fuí puliendo detalles relativos a la anestesia y suturas, y supe que hay que operarlos cuando ya se han adaptado a la nueva casa, a la gente y a la comida. De esta forma la recuperación es mas rápida y segura.
De todas maneras es claro que los zorrinos son bichos de campo y que los que llegan a mis manos son aquellos pichones a los que los perros mataron la madre, o que se los encuentra solos y desvalídos.

jueves, 7 de enero de 2010

Desenterrando un peludo


Me gusta comer animalitos silvestres. Agarrar alguna mulita. A veces cazar un pato gordo, hacer un buen guiso de arroz con perdiz colorada, o preparar algún escabeche con bagres suculentos. La naturaleza es generosa. A veces agrego una ensaladita de berro fresco o frutas recién cortadas de algún árbol del campo. La carne de los ciervos de la zona generalmente la pruebo en excelentes embutidos caseros, y cada tanto, me regalan algo de carpincho para degustar en milanesas.
Los peludos son una plaga. Se los combate de muchas maneras porque en su voracidad rompen bolsas de cereal, o hacen cuevas en todo lugar que tenga piso de tierra, tratando de llegar a los comestibles. Hace años tuve la idea de organizar la cría de estos bichos en cautiverio, para utilizarlos como alimento en lugares exclusivos que gustan de lo exotico. Pensé que si comer centollas (con lo poco comestible que tienen) origina tan buen negocio para restaurantes exclusivos, presentar un peludo o armadillo como plato novedoso no le iría en zaga ¡Pero nó! La secretaría de comercio exterior, cuando consulté, desestimó la posibilidad y me pinchó el globo.
De todas maneras, los sigo agarrando y comiendo.
Cuando ando por esos caminos de tierra de la zona y veo uno, paro enseguida la camioneta y me largo corriendo. Lo mejor es, al alcanzarlos, darles una patada que los saque del rumbo y, una vez que se paran en la carrera, apretarlos bien fuerte contra el suelo hasta poder agarrarlos de la cola. Pero a veces, los bandidos alcanzan a meterse en alguna cueva que encuentran a la pasada.
Si uno los tiene tomados de la cola y ellos meten el cuerpo dentro de la cueva, se hace casi imposible sacarlos tirando, así que hay que usar un viejo truco que no falla... ¡Se les mete el dedo en el culo para que aflojen! ¡Es bárbaro! En cuanto se hace la maniobra los tipos quedan blanditos y resbalan para afuera sin chistar.
¡En fin! Les dejo el dato para meditar y ¿Por que nó? Probarlo cuando se les dé la ocasión.

miércoles, 6 de enero de 2010

El escape accidentado de Lugano

Antes de seguir con la historia, vá esta aclaración para los que entran por primera vez al blog o no lo siguen en detalle. La historia del veterinario Lugano Brondi, desde su primer trabajo en Corrientes, la empecé a contar hace algunos meses y en entregas periódicas. Al que le interese desde el principio, encontrará todo en la sección "Cuentos cortos"
Y les decía antes que...
El muchacho le avisó a Marina que iba a tratar de escapar con ellas de aquel lugar.
-¡Como vos digas Lugano! A mi no me importa morirme en el intento. No aguanto mas-
El día siguiente se le hizo especialmente lento. Casi no pudo dormir tratando de armar algún plan medianamente sensato para sacar a las chicas de aquel prostíbulo. Alquiló un Peugeuot 206, pensando en tener un auto medianamente veloz para escapar. No se le ocurría nada. Las horas pasaron y llegó la noche. Lo preocupaba el tipo armado cuidando la puerta del boliche.
A la una no aguantó mas. Cargó en el auto el bolso con todas sus cosas y salió despacio para "La Cigueña". Estacionó cerca de la puerta asegurándose de poder salir muy rápido y entró al bar llevando como única defensa un palo corto y fuerte disimulado entre la ropa.
Se acodó en la barra y pidió un whisky. El gigantón charlaba tranquilamente con una de las chicas en un sillón cerca de la puerta.
No había mucha gente a esa hora y unos pocos camioneros bailaban en medio del local. Los nervios lo consumían Antes de las 2 apareció Marina y se sentó en la barra a su lado. Pidió una cerveza y preguntó bien fuerte a Lugano si la invitaba. El asintió con la cabeza.
-¿Que hacemos?- Preguntó ella en cuanto el muchacho le sirvió la bebida y se alejó.
-¡Afuera tengo un auto! Avisale a Alicia y se vienen las dos cerca mío. Cuando yo les diga salimos corriendo hasta un peugeot azul. No duden ni se detengan. Si se cruza alguno yo me hago cargo-
-¡Está bien!- Dijo ella. -Quedate acá. En un rato venimos ¡Que Dios nos ayude! ¡Gracias Lugano!- Antes de irse le hizo una caricia que el barman, que miraba disimuladamente, interpretó como una invitación.
Los nervios de Lugano se le concentraron en el estómago. Los minutos se le hicieron interminables. Pidió otro whisky. De pronto apareció Alicia por una puerta lateral. Estaba desfigurada. Mas flaca que nunca. Con unas ojeras enormes. Caminaba tomándose el vientre con una mano. Sus miradas se cruzaron y se dijeron mil palabras sin hablar. Un rato despues llegó Marina y de a poco se fueron acercando a la barra. De pronto, los nervios contenidos de Lugano estallaron. Se paró y dijo en vos baja -¡Vamos!- Los tres caminaron resueltamente hacia la puerta.
El gigantón les gritó mientras se paraba -¿Adonde van?-
Ninguno le contestó y siguieron caminando cada vez mas rápido. El tipo corrió hacia ellos pero Lugano sacó su garroté y le dió de lleno en un costado de la cabeza. Las chicas corrieron para salir, mientras uno de los parroquianos se abalanzó con un cuchillo sobre Lugano, y antes de que este pudiera pegarle, le cruzó la cara desde la frente hasta la boca. Sintió un dolor insoportable sobre el ojo pero no se detuvo. Le pegó sobre el hombro y lo dejó tendido. Corrió detras de las chicas y alcanzaron a subir al auto y arrancar cuando ya la mayoría había reaccionado. Varios salieron a la puerta y se oyeron unos cuantos tiros. Lugano aceleró a fondo hacia el puente que cruzando el Río Paraguay, llevaba hasta Clorinda. Marina venía adelante y Alicia atras.. Ninguno hablaba pero sus corazones les galopaban en el pecho. Al llegar al control de la frontera, milagrosamente sin gendarmes a la vista, las luces de un auto que los seguía desaparecieron. De todas maneras, Lugano siguió manejando en medio de la noche hacia Formosa a toda velocidad.
-¡No lo puedo creer!- Dijo Marina de pronto -¡No lo puedo creer!- y se puso a llorar descargando su dolor tanto tiempo contenido. La herida de Lugano era tremenda. Había perdido mucha sangre. De pronto paró y le pidió a Marina que siguiera manejando. Bajaron a la banquina y el fresco de la noche los reanimó, pero Alicia seguía quieta en el asiento. Las luces de un auto que pasó iluminaron la parte trasero del Peugeot y vieron que había verias perforaciones de bala. Cuando abrieron la puerta para ayudar a Alicia a bajar fué que notaron que tenía las piernas ensangrentadas. Al intentar moverla, se desplomó hacia un costado y encontraron la pequeña herida en la espalda. Una bala seguramente le había perforado el intestino ¡Se estaba muriendo!
Y entonces Lugano se acordo de los Yabitos...
Continuará

viernes, 1 de enero de 2010

¡No contaban con su astucia!

Anoche contaba esto, y me decían que no puede ser. Que no hay animales capaces de hacerlo, así que ahora lo escribo acá para ver si alguno lo sabía y me dá una mano.
Cuando un zorro esta muy pulguiento, espera un día soleado, corta con los dientes un palito, y con ese elemento en la boca, se vá a la orilla de un arroyo, y empieza a meterse en el agua muy despacio, pero caminando para atras.
Entonces las pulgas, alarmadas por la marea que vá subiendo, empiezan el exodo por el cuerpo del bandido. Así el tipo se sumerge, siempre en cámara lenta, y las saltonas siguen disparando hasta que llegan a la cabeza, despues al hocico, y por fin saltan hasta el palito.
Cuando Don Juan se asegura que ya todas se subieron a la improvisada balsa, abre la boca y se despide de ellas con tranquilidad. Despues sale del agua, se sacude como los perros, y se vá parsimoniosamente, libre de parásitos.