lunes, 28 de febrero de 2011

Un imán

¡Cómo no me di cuenta antes!
La tierra es algo así como un imán-que-atrae-cosas-de-veterinaria. Sino no se puede explicar que se me pierdan mochetas varias, cajas con instrumental, tijeras, bisturíes, sondas, sogas, descoladores, aplicadores de caravanas y montones de otras cosas que la muy bandida me ha robado en tanto años de trabajo.
Por suerte ahora lo veo claro. Porque en muchos momentos llegué a pensar que era yo el que perdía las cosas por distraído y envidiaba a mi amigo Coco el mecánico, ya que todo lo que usa en su trabajo queda siempre dentro del taller.

martes, 22 de febrero de 2011

¡Es lo mismo patrón!

El tipo acepta sus limitaciones.
Cuando uno le pregunta: -¿Por que no estudiaste Cholito?- El contesta divertido que tiene la cabeza como una piedra y que no le entran las ideas.
Encima le gusta hacer rabiar a Orlando, su jefe, cada vez que trabajan en la manga.
Un día estábamos haciendo tacto a un lote de vacas. El loco Mariano encerraba, Orlando iba anotando los números, yo revisaba y el Cholito Mendía boqueaba.
Cuando agarraron la primera vaca, Se oyó el grito de Orlando:
-¿Que número Cholito?-
Y Cholito le fué recitando de a uno el número de tres cifras, porque solo aprendió a contar hasta 10.
-¡3! ¡5! ¡7!-
Entre el griterío de vacas y terneros Orlando no escuchó bien, así que volvió a preguntar: -¿Como dijiste?-
Y ahora Cholito cantó -¡7! ¡5! ¡3!-
Entonces Orlando, calentón como siempre, se fué a ver él mismo el número y le dijo a los gritos:
-¿Pero no te expliqué que siempre tenés que leer los números de acá para allá y no de allá para acá?-
-¡Es lo mismo patrón!- Dijo el muy bestia muerto de risa -¡Ustedes los "léidos" siempre le andan buscando el pelo al huevo!-
-¡Esta bien! ¡Dejá! Yo voy a ver los números- Dijo Orlando resignado.
Y el Cholito siguió contento boqueando, y contando chistes toda la mañana.


sábado, 19 de febrero de 2011

Se calentó el manso

El tuerto Aguirre siempre fué un tipo manso. Pero guarda cuando un manso se calienta.
Ese día llegaron los tres compañeros de trabajo hasta el boliche de Martinez, en un rincon de San Manuel, a tomar la copa. Se caía la tarde y Martinez sirvió la primera ronda de ginebra. Tomando y charlando se les pasó el rato hasta que Salas y Alvarez se despidieron y arrancaron para el campamento.
El tuerto pidió el último trago y no se sabe bien por qué, en un momento empezaron a discutir con el bolichero. Un viejo amargo con fama de malo.
Frente al boliche vivía Villa. Cuando sintió los gritos, se metió entre las sombras de la calle y se quedó espiando. Despues contó que en un momento, Aguirre manoteó un sifón y se lo pegó en el medio de la cabeza al viejo. Se vé que ahí el tipo se asustó y quiso disparar para afuera, pero al llegar a la puerta, Aguirre lo alcanzó y le enterró la primera puñalada cerca de los riñones. El viejo gritaba como un chancho pidiendo ayuda -¡Me mata! ¡Me mata!-
Y lo mató nomás. En cuanto Martinez cayó en la vereda, Aguirre le metió cuatro o cinco puntazos mas en la panza y después lo degolló, cortandole el cuello de oreja a oreja.
Según dijo Villa, Martinez pataleó un poco y al rato se estiró fuerte cuando lo alcanzó la guadaña, entonces Aguirre, en lugar de esconderse, volvió hasta el mostrador, se empinó lo que quedaba de la botella de ginebra, pagó lo que debía dejando unos pesos al lado de la copa y se fué al tranquito.
Al día siguiente lo llevaban detenido para Batán donde pasó ocho años preso.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Lejos de la rutina


Muchos oficios y profesiones tienen la desventaja de ser rutinarios. Y eso cansa. Son pocos los que conservan la alegría y las ganas de hacer la misma tarea por años y años.
Pero la veterinaria es otra cosa. Lo pensaba hoy que volvía de operar una vaca en un tambo.
Nuestra profesión no solo tiene enormes sorpresas diarias, sino que a veces nos llena de malos presagios cuando pasamos 3 o 4 días detenidos por barros y tormentas, y ya parece que nada volverá a ser como antes o, al revés, nos agobia con rachas de trabajo muy fuerte desde que sale el sol hasta la noche, y llegamos a la cama desesperados por descansar.
Casi nada se repite. Cambian los campos y los lugares de trabajo, se renuevan los rodeos y los pacientes, aparecen centenares de mascotas que curar y así se va yendo uno por el tiempo, tratando de crecer siempre y ser cada vez mejor.
Creo que una buena actitud es hacer todos los trabajos que se presenten aunque con muchos no aparezca una recompensa económica. Si no hubiera elegido este camino, hoy no sería capaz de hacer una limpia y segura cesárea en una oveja, ya que su valor es tan bajo que a veces vale lo mismo el animal que los elementos utilizados en la operación. Y así como esto tantas otras cosas, operaciones de zorrinos, castraciones de cerdas o de pollos, tratamientos heroicos en equinos y otros.
Recuerdo cuando me llamaron para ver que se podía hacer para que los Cauquenes reales con que pensaban poblar el lago de los cisnes en Necochea, no se volaran de regreso a sus pagos.
Un colega del Zoológico de La Plata me mandó un papelito con los detalles de una operación para cortar el tendón del músculo elevador del ala, que no quita la apostura ni el valor del animal, pero no lo deja volar más que cortos trechos.
Después de algunas prácticas en pollos y gallinas destinados a la olla familiar, comencé las operaciones de verdad y resultaron un éxito.
Con esto no gané plata pero sí riqueza profesional. Y a esto me refería antes.

martes, 15 de febrero de 2011

Otro día negro

Era un trabajito simple y terminó fatal.
Solo tenía que tratar un novillo con queratoconjuntivitis. En estos casos saco sangre del mismo animal y la inyecto en ambos párpados superiores. En los inferiores aplico oxitetraciclina.
El encargado tenía que entrar rollos en el otro campo, así que me dejo el animal encerrado en un callejón al lado de la manga.
Llegé contento. Una tarea facil. Encerré el novillo y me encuentro con que el cepo no andaba
¡Y bueno! ¡No pasa nada!
Le até una soga en el cogote, pero en ese momento, el candidato saltó y me dió un cabezaso en las costillas que todavía hoy, cuatro días despues, me está molestando.
En el mismo salto se dió vuelta en el aire y metió una pata entre la tabla de abajo y el piso, de tal manera que ya no se pudo parar más y quedó inmovilizado.
¡Uh! Pensé ¿Y ahora? Yo solo en el campo y con el animal sin poder salir del apretón y pateando como loco.
Me puse a desarmar las tablas de la manga, sacando algunos tornillos y cortando otros. Sudaba como un beduino emponchado. Terminé de retirar tuercas y arandelas, pero no hubo caso de poder sacar la tabla, ni la pata del candidato.
Se me ocurrió entonces atarle las manos y tirarlo con la camioneta. Despues de nuevos esfuerzos solo conseguí correr al bicho medio cuerpo hacia afuera de la manga, pero su pata quedó aún peor, y ya daba señales de agotamiento. De pronto una enorme bocanada de líquido ruminal apareció por su hocico y en unos minutos mas dió su última patada y partió para los cielos bovinos.
Yo me había pasado casi una hora trabajando y estaba cansado, rabioso y frustrado. Me senté en las tablas y despues de un rato largo agarré el teléfono y llamé al encargado.

sábado, 12 de febrero de 2011

Benitez y el Momo




Mi canario es un animal tremendo.
Se llama Benitez y vive conmigo desde hace unos tres años. Al principio era rojo por los colorantes que le dieron al criarlo, pero ahora, después de varias mudas, se ha convertido en un pajarito gris-anaranjado. Cuando anda animoso (término campero) conversa como loco y comenta casi cualquier tema. Es lógico. Escucha radio desde las 6 o 7 de la mañana, hasta las 8 de la noche en que se cierra la veterinaria.
Hay que ver lo sensato que es.
Ayer por ejemplo, cuando llegué a la cocina bien temprano a preparar el mate, vi que revoleaba el ojo así como hacen los canarios, carpeteando la escena primero de un lado y después del otro.
-¿Como andas Benitez? ¡Buen día!-
-¡Y! ¡Acá! ¡Quietito como siempre!- Me saludó con un reproche porque desde que Tevez se me ahogó en la pecera grande, nunca más dejé suelto un canario todo el fin de semana dentro del local para que retoce -¡Digo yo! ¿Para los humanos lo que es, és? ¿O la realidad la hacen hablando?
-¿Cómo?- Pregunté. Medio aturdido por la profundidad de la pregunta a las 6 de la mañana
-¡Y sí! Vos ya sabés Jorge que yo escucho todo lo que pasa en la radio, y me doy cuenta que algo no les anda bien. Ahora están con el tema de ese tal Momo, un tipo que apoyó muy fuerte al campo desde el despelote del 2008. Y me parece que es demasiado evidente que buscaron mostrarlo con la misma suciedad general ¡Ojo! Que como soy un pobre pajarito, la verdad es que no sé si es más o menos bueno que otros, pero sí me doy cuenta con mi pequeño cerebro, de que hay pilones de tipos que se han comprado campos enormes, casa descomunales, aviones, barcos y mil cosas más, teniendo solo un sueldo. ¡Y esos no están presos!-
-¡Eso me lo escuchaste decir a mí!-
-¡Claro que sí! ¿O no es verdad? Y esos tipos están muertos de risa dando notas en Pinamar o en algún balneario exclusivo, y a este, que tuvo el buen sentido o el olfato de apoyar al campo, que es la base de la economía del país, lo agarran como si acabara de desvalijar un banco. Yo digo Jorge que lo que es, és. Y que por más que hagan discursos bien floridos, a la larga la realidad los pasa a todos por arriba-
-¡Que lo tiró Benitez! Hoy estas terrible- Y le di la primera chupada al mate.
-¡Ja Ja!- Dijo con una risa y un cantito -¡Es que no soy ningún gil!-
-¡Eso también te lo dije yo!-

miércoles, 9 de febrero de 2011

Docentes universitarios

Estuve en el sistema educativo universitario durante 19 años. Primero como ayudante alumno, y en distintos cargos después de graduado.
Ayer conversaba con un odontólogo amigo sobre cosas comunes a cualquier profesional, y coincidíamos en lo dificil que es encontrar docentes en nuestras facultades que sepan realmente "de que vá la cosa". Y con esto nos referíamos a que, en general, los profesionales que están metidos en el sistema educativo poco conocen de la vida de un real batallador de cada profesión. Nos hablan de una enfermedad cuando muchas veces no han estado al lado del paciente que la sufre para saber lo que le está pasando, nos cuentan de una determinada técnica cuando no han sentido la tensión del tejido al realizarla, y tantas cosas mas.
Logicamente, aunque los alumnos aún no lo saben, están hablando de entelequias. Y para hacer aún mas grave la cosa, como ellos sí saben de sus falencias, se escudan detras de pomposidades y recursos varios para hacer sentir inferiores a sus alumnos, y si pueden, humillarlos un poquito.
Seguramente no hay muchas cosas para hacer que puedan mejorar esta realidad. Los jurados en los concursos son docentes bien arraigados en el sistema, o alumnos que aún no conocen la profesión, y generalmente pesan mas los antecedentes engrosados con decenas de congresos y jornadas, que la oposición en una clase, donde podrían mostrar sus cualidades docentes.
Y brillan entonces, en cada casa de estudios, aquellos pocos que en sus charlas dejan huellas. Los que detrás de cada afirmación cargan con su propia experiencia. Los que vivieron lo que cuentan.
A estos docentes hay que cuidarlos. Son los que marcan rumbos y señalan caminos.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Manubrio y yo

Tarde de calor de febrero.
Me fui al tranquito por el callejón de tierra hasta el corral donde estaba encerrado el padrillo árabe muy lastimado, llevando la caja con el instrumental y un balde con remedios para las curas.
Dos o tres pájaros muertos por el sol inclemente, y desparramados con las alas abiertas en la huellita seca, mostraban los rigores de estos días de sol inclemente.
Me acerqué al tremendo animal tordillo y pegó un bufido desconfiado.
-¡Tranquilo Manubrio!- Le dije -¿No te acordás de mí?
-¿Es usté dotor?-
-¡Mas vale! ¿A quién esperabas?-
-¡A nadie! Lo que pasa es que con tanto sol no alcanzo a ver bien muchas cosas ¿Y usté cómo anda? ¡Tanto tiempo!-
-¡Bien Manubrio! Siempre trabajando-
-¿Por?-
-¿Cómo por qué? Porque me gusta curar animales y además porque todavía tengo varios chicos que criar. No le puedo aflojar ¿No te conté que voy a dejar de trabajar en esto a los 100 años?- Le dije riendo
-¡No! ¡No sabía!- Dijo Manubrio, mientras se arqueaba un poco al sentir la aguja de la primera endovenosa -¿Cuánto tiempo viven ustedes las gentes?-
Se me cortó la risa y me quedé pensando mientras le tomaba la anestesia local en una pata, donde debía cortarle un colgajo de piel -¡Y! El promedio serán 70 años…-
-¿Y entonces?- Razonó con corrección
-Lo que pasa Manubrio es que los humanos a veces imaginamos cosas y tratamos de volar hacia eso que imaginamos. Así nos sentimos bien y le damos contenido a nuestras vidas-
-¡Ah!-
-¿Qué?- Le pregunté -¿No entendés lo que te digo?
-¡Sí! ¡Entiendo! Pero capaz que sería mejor que vivieran la vida día a día como nosotros, que a lo sumo nos imaginamos que el balde de maíz que nos toca hoy estará un poco más lleno que de costumbre.
-¡Puede ser Manubrio!- Le dije para no hacerlo sentir mal. Pero seguí convencido de que la imaginación es lo que hizo al humano hacer cosas que lo alejaron cada vez más de la animalidad. Las grandes mentes fueron las que imaginaron mundos nuevos, y el resto de nosotros, como hormiguitas, los construímos.
-¡A la p…! Se quejó Manubrio.
-¡Ya! Aguantá un poquito que ya termino- Y le di el último punto de una hermosa sutura antes de despedirme.
-¡Gracias dotor! A veces me dice cosas raras pero siempre me deja pensando un rato y eso me gusta -¡Chau!-
¡Chau Manubrio!