jueves, 31 de marzo de 2011

Tempranito

Ayer tenía muchísimas cosas que hacer. A la mañana unos 350 tactos y a la tarde ovariectomías en perras y trabajo en una guachera.

Así que arranqué bien temprano. Antes de la salida del sol. Y al llegar a la primera tranquera me encuentro este paisaje de la foto.

Es una lástima que en la imagen no se pueda reproducir el frescor de la mañana, la inmensidad de las sierras y los primeros cantos de los pájaros.

¡Ah! Y además me pagan por esto.

miércoles, 30 de marzo de 2011

La vocación temprana

Habían encerrado casi 400 vacas para el tacto y allá se nos iba la mañana trabajando y charlando de cosas varias. Pero siempre pasa algo. Ese día me acompañaba Juancito, que tendría unos 6 años y enseguida hizo buenas migas con Joyi, el hijo del encargado, un pibe de su misma edad. Los dos iban y venían afanosos, trotando alrededor de las vacas, los perros y la gente. Hasta que tuvieron la gran idea. Y así los vimos nosotros cuando el grito de ¡Preñada! vino del fondo de la manga y no de mi lugar. Uno levantaba la cola de una vaca y el otro le metía un dedo en la retaguardia, imitando el trabajo veterinario. Se vé que ya le estaba naciendo la vocación a Juan, hoy ya recibido y pronto a salir al ruedo.

martes, 29 de marzo de 2011

Despues de larga ausencia

Despues de casi dos años de escribir ininterrumpidamente, me tomé una licencia de varios días. En realidad no fué premeditado. Simplemente pasó. Se juntaron varias cosas como una temporada de trabajo realmente fuerte y varias cuestiones personales buenas. Agradezco la preocupación de Gastón que se comunicó conmigo porque le extrañó mi ausencia. Y a los que no se comunicaron pero habrán sufrido como locos al ver que no aparecía nada nuevo en el blog (¡¡¡obvio que es chiste!!!) les pido tranquilidad. ¡Sigo sano y fuerte!

miércoles, 9 de marzo de 2011

No es lo mismo

No es lo mismo que te pegue una trompada el flacuchento que vive al lado de tu casa que Mike Tyson.
Es una cuestión objetiva. No hay manera de desmentir esta afirmación.
Pero siempre aparece el tipo capaz de ver el otro lado de las cosas. Eso pasa cuando se habla de las razas perrunas y su peligrosidad.
¿Cómo es posible pensar y afirmar con cara de estudioso-que-las-sabe-todas, que es lo mismo un Rottweiler que un Pequinés para convivir en una casa? Y que su carácter solo depende de la forma en que se lo ha criado.
Esto viene a cuento de dos encuestas que leí en los últimos tiempos, referidas al tema. Una en Argentina y otra en USA. En ambas hay casi un 50 % de colegas veterinarios que dicen que no existen las razas peligrosas. Que esto es solo un invento de la gente ignorante para estigmatizar a los pobres animalitos.
Seguramente que si el Dobermann, el Dogo, o el Rottweiler de su vecino destrozan a algunos de sus hijos hasta matarlos, comprenderán que hubiera sido mejor que ese infeliz hubiera sido dueño de un Caniche, un Collie o un simpático perro salchicha.
Solo basta con ver las estadísticas de accidentes, a veces mortales, por ataques de perros en cualquier lugar del mundo, para entender que siempre habrá perros que son mas peligrosos.
Elegirlos es una cuestión personal y hay que atenerse a las consecuencias.

lunes, 7 de marzo de 2011

¡Bien pensado!

Hay montones de historias sobre suicidios. Son todas lamentables. Pero cuando me contaron lo de Roberto Magariños, me pareció impresionante el ingenio que tuvo para amasijarse.
Roberto trabajaba en un campo cerca de Claraz. Era soltero y ponía especial cuidado en tener siempre lustradito su Falcon ´72. Pero se le subió el croto al molino, que es una linda manera de decir que se le alteró la cabeza, y decidió matarse.
Esperó el domingo. Se levantó temprano y tomó sus últimos mates. Despues se fué al galpón y empezó la obra rompiendo la luneta de su auto con una maza. Esto se supo porque se encontró la herramienta en el lugar donde estuvo trabajando. Enseguida cortó unas cuantas vueltas de alambre acerado, y ató un extremo a una planta de eucaliptus. Sacó el auto y lo arrimó al árbol marcha atras. Pasó el alambre por la luneta rota y en el otro extremo hizo un lazo corredizo.
Por fin se sentó en su Falcon, se colocó el lazo de alambre en el cuello, y aceleró violentamente.
Calculaban que no sufrió nada, porque cuando se tensó el alambre, el golpe le despegó limpiamente la cabeza del cuello.
Y como nunca falta el gracioso hasta en las peores tragedias, cuando se corrió la noticia y llegaron los vecinos al lugar, se lo escuchó al Aparicio Fernandez comentarle a Jacinto Argañaraz la cagada que se había mandado Roberto al apuntar el auto contra el galpón, ya que le había destrozado toda la parrilla y el radiador.
-¡Encima que se mató hizo pelota el auto! ¡Con lo lindo que estaba!- Dijo Aparicio