viernes, 26 de agosto de 2011

Los calzones de Celina

Nos fuimos bien temprano al campo que los Paretto alquilan en Ayacucho. Teníamos que hacer tacto y sangrado a un montón de vacas, así que nos preparamos para tener un día fuerte de trabajo. Hacía frío, pero lo más molesto era el viento inclemente, que en un lugar sin lomas ni sierras como la Cuenca del Salado, parece que golpeara mas.
A mediodía nos arrimamos a almorzar a la casa de Atilio Gomez, el encargado. Nos esperaba el calorcito de la cocina a leña y la larga mesa tendida. Unos galletones frescos al lado de los platos enlozados, y en el medio, la botella de Amargo serrano y la jarra con agua.
-¿Toma vino dotor?- Preguntó Atilio
-¡Y bueno! ¡Lo probamos!- Contesté. Contento de poder tomarme un vasito de tinto
Una vez que nos lavamos y acomodamos, Alcira trajo la fuente grandota llena de tallarines y la asadera con el pollo estofado.
-¡Metalé patrón!- Apuró Alcira -¡No deje que se enfríe!-
Todos se sirvieron unas buenas porciones. Estaban los dos hermanos Paretto, Juan y yo, Atilio y la mujer, Martín el hijo mozo, y la hija de los Gomez, una muchacha de unos 15 años, que tenía una gran peladura sobre la cara.
-¿Qué te pasó Celina?- Pregunté. Calculando que sería alguna caída de un potro, o algo así, ya que la piba es una india bárbara. Todos se miraron y de golpe largaron la risa, mientras la muchachita se ponía violeta de verguenza.
-¿Sabe que pasó dotor?- Dijo la madre. Que la muy salvaje anda siempre hecha una mascarita. Ni los calzones se cose. Y ahí estuvo la macana. El domingo salió toda deschacada a cargar agua en la bomba que esta afuera., pero en cuanto llenó la palangana, apareció la camioneta del gavilán del vecino que la anda rondando-
-¡Pero mamá!- Atinó a protestar Celina, mientras el hermano se reía sin parar.
-Y en el apuro por esconderse- Siguió la madre -La muy pavota salió corriendo para la casa con la palangana, se le cayo la bombacha hasta los talones, se pialó, y dio de cabeza en el suelo con el culo al aire. Diga que el vecino cuando vio el accidente hizo como que seguía hasta el galpón, que de no, la cosa hubiera sido peor-
-¡Y sí!- Dijo el viejo Paretto, que por ser viejo, estaba habilitado a decirlo –Siempre conviene tener los calzones bien arreglados-

domingo, 21 de agosto de 2011

Del campo a la ciudad

Estos últimos tres días se nos vino una ola de frío polar, adicionada con lloviznas heladas y coronada con nievecitas y vientos terroríficos. Hay barro, agua por todos lados, los guachos en sus estacas están arrolladitos tratando de guardar algún calor y desaparecieron por fin los mosquitos, las moscas y todos los bichos de sangre fría.
Pero ayer anduvimos parteando una vaquillona, hablamos con otro que estaba racionando con los mocos hasta la pera, vimos un amigo que terminaba de pelar sus toros de venta, con los ojos en compota por los pelos negros que le incrustó el inclemente viento sur, mientras el boyero desfilaba con sus vacas hasta el tambo, con pasamontañas en la cabeza, pero calado hasta los huesos por la lluvia.
La vida en el campo es un poco más natural que la de la ciudad. Convivimos con el clima de cualquier tipo ¿Será por eso que tanta gente elige irse a vivir a las ciudades donde la cosa es mucho mas confortable?

jueves, 18 de agosto de 2011

La chancha overa

A la chancha overa se le complicó el parto. Fuimos a mediodía y la pobre estaba en un quejido. Además, como era primeriza, también estaba muy asustada. La revisé bien, y como no se había encajado ningún lechon, le apliqué oxitocina para ver que pasaba. A las cinco de la tarde me avisaron que seguía igual así que decidí hacer la cesárea. Hacía un frío de película y soplaba inclemente Don viento sur.

La pobre conversaba sin parar, pero del miedo que sentía. Le dí anestesia local y le hice una bonita incisión en el flanco.


Mientras el dueño sostenía las sogas y le aplicaba el botín derecho en el cuello para calmarla, le fuí sacando las siete criaturas que tenía en el interior. La madrecita los miraba apenas salían y les decía alguna cosita a la pasada.



Después hubo que hacer una elegante sutura, de tal forma que en el futuro no la vayan a discriminar


Y por fin la largamos en el chiquero. Se paró, fué a tomar agua, agradeció vivamente nuestro trabajo y se recostó con sus chicos.










viernes, 12 de agosto de 2011

La bruja Amelia

Terminamos la vacunada como a las once de la mañana y nos juntamos en la matera enorme mientras se terminaba de asar el cordero. Don Pedro Mansilla era el viejito cocinero que siempre tenía algo para contar, pero ni me imaginaba que ese día se largaría con la historia de la bruja Amelia.
Arranco diciendo: -Hace como cuarenta años entré a trabajar en la estancia “Las Margaritas” de Pereira. Yo era un tipo pintón y las chicas no me faltaban. En cuanto tuvimos la primera conversación con los otros muchachos, me dijeron que me cuidara de la bruja Amelia, que en ese entonces era la cocinera en el chalet de los patrones. Y a los tres días la conocí cuando fui a llevar la carne para el asado de fin de año. Era la mujer más fea que pudiera existir. Tenía la cara negra como la noche y tapada de granos con pus, unos bigotes como rastrillo con pelos blancos y negros, la boca casi vacía de dientes, con un olor más fulero que la basura podrida, la espalda torcida para el lado de montar y los dedos como varilla de eléctrico llenos de verrugas infectadas. La verdad que me asusté, pero ella ya me había echado el ojo. Porque la vieja asquerosa, además era loca por los jovencitos, y mas si eran de a caballo como yo. Pero para que la atendieran los hombres, la bandida les hacía alguna comida, porque eso sí, cocinaba barbaramente, y le agregaba no se que ingredientes y polvos, que les hacía perder la cabeza a los tipos, y olvidarse de su olor a orines y de sus pedos terroríficos-
Todos nosotros estábamos escuchando la historia mientras nos pasábamos el mate en silencio. Solo se oía el ruido del fuego y el chirrido de la grasa del cordero goteando en el piso de tierra.
-¿Y que pasó Pedro? ¿Al final la jineteó a la vieja?- Lo animó Benitez mientras todos le hacíamos coro con las risas.
-¡Ustedes riansé nomás! Dijo Don Pedro medio ofendido -¡Pero aquella vieja se me vino al humo al día siguiente! Yo me había acostado a dormir la siesta y me golpeó la puerta de la pieza. Cuando abrí, sentí enseguida los vapores de sus encías jediondas, y medio riéndose, me dio una fuente con pasteles y me dijo que a la tardecita iba a volver a ver si me habían gustado. En cuanto me fui a lavar y a preparar el mate, el cuzco me robó uno y se lo comió de un tirón. Al ratito el pobre estaba enamorado de la escoba y se sacudía como loco, y como yo no soy ningún lerdo, enseguida me di cuenta de lo que estaba pasando. Así que para no tener problemas con la bruja podrida, cargué todas las pilchas, ensillé mi caballo, a la pasada le tiré los pasteles a las chanchas de cría, y me fui corriendo a avisarle a Benitez que me iba del campo, porque me habían ofrecido unos potros para domar en otro lado.
Cuando agarré el bulevar de eucaliptos para salir, alcancé a ver el chiquero, donde las chanchas alzadas se montaban sin parar, y a la vieja maldita, medio en pelotas, haciéndome señas en el corredor de la casa de los peones. Me salvé por un pelito-
Mientras cortábamos el cordero y comíamos con ganas, me quedé pensando en las cosas que son capaces de hacer las mujeres, y sobre todo si son medio brujas.

jueves, 11 de agosto de 2011

Mundo hormiguero

El hormiguero estaba ordenado.
Por años, las trabajadoras negras patudas, se esmeraron en construirlo con los mejores materiales. Los hijos de aquellas fundadoras pusieron mas esfuerzo todavía en cuidarlo y mejorarlo.
Pero el hormiguero se llenó de hormigas, y montones de ellas ya no tuvieron nada bueno para hacer. Y algunas mataron el tiempo dedicándose a cantar las bondades del lugar y otras cosas divertidas. Pero ya no producían. No juntaban comida ni construían.
Los nuevos pichones, desocupados, se lo pasaban al cuete, pensando macanas, y viendo cuantas cosas buenas había y que ellos no tenían. Entonces creyeron que lo único que les quedaba era romper todo y recomenzar la historia.
El mundo. Nuestro hormiguero.

sábado, 6 de agosto de 2011

¡Es lo mesmo Roberto!

Las condiciones de vida en el campo no siempre son las mejores, pero los que andamos en estas cosas, lo sabemos y lo aceptamos como viene. Por eso ni Benicio Legarreta, ni sus compañeros, se quejaban de tener que ir hasta la letrina para hacer sus necesidades. Eso sí, en invierno, con las heladas machazas que se caían, a la noche se arreglaban descargando sus interiores en una lata que dejaban a los pies de la cama.
Y llegó el día que hicieron un buen cordero para festejar el cumpleaños de Benicio. Regaron la cena con generoso vino tinto del bueno. Noche de invierno. Y los amigos y compañeros a las risas como hasta las doce, entre copas, guitarra, y partidos de truco. Se acostaron bien adobados.
Ni se acuerdan a que hora fue que Benicio se despertó con ganas de descargar las aguas. Se enderezó trabajosamente, y camino hasta el lugar donde ponían la lata. Sacó el instrumental y empezó a regar tranquilamente sin abrir los ojos.
La macana fue que el chorro cayó directamente en la otra cama, a los pies de Roberto, que al darse cuenta de lo que pasaba, gritó en la oscuridad…
-¡Que hacen ché! ¡Me están meando las patas!-
Entonces Benicio, sobresaltado con el grito, y todavía mamado, dicen que le contestó: -¡Es lo mesmo Roberto! ¡Todavía que te lavo los pieces te quejas!-

jueves, 4 de agosto de 2011

Cosas buenas




Además de las sierras, tenemos un montón de arroyos por la zona. Y los arroyos con buena cantidad de bagres, dientudos y sardinas, así que cuando toca algún trabajo en un campo donde haya un lugarcito de pesca, y si ando con tiempo, cargo la caña, el frasco con las lombrices, la radio a pilas y el equipo de mate, y le dedico las últimas horas de la tarde a disfrutar de la cosa.
Mientras hay sol es entretenido sacar dientudos. Son muy agresivos y batalladores, así que se prenden al anzuelo con ganas y dan lindas peleas a pesar del poco cuerpo. Y al atardecer, mientras las gallaretas y los patos se pasean de punta a punta en el arroyo, y las nutrias y carpinchos van volviendo para sus casas, empiezan a salir los bagres que estaban quietitos en los pozos más profundos.
En dos horitas, uno se vuelve con unas cuantas presas que terminarán en budín, al horno, o de la manera que el cocinero disponga.

lunes, 1 de agosto de 2011

Parteros improvisados

Ya hemos hablado en estos lugares de lo linda que es la obstetricia. Acomodar patas, manos y cabeza de terneros o potrillos, torcidos y atrancados en la panza de sus madres es apasionante, porque no hay jamás dos partos iguales. Cada uno tiene sus particularidades. Y allá va el veterinario con su experiencia de centenares de nacimientos, en las condiciones que la naturaleza disponga.
Y muchas veces, los que van son también los que cuidan las haciendas, que poniendo la mejor voluntad, tratan de ayudar a las parturientas en sus cosas.
En estos días me tocó terminar de sacar dos terneros algo averiados. Al primero, nacido de una vaquillona Holando Argentino, el dueño le había atado el cuello con una soguita porque era lo único que asomaba al mundo, y como le pareció más práctico, tiró de la correa con el tractor hasta que le arrancó la cabeza. De todas maneras, y para consuelo de los lectores, el ternero llevaba por lo menos tres días de muerto, y por eso no se lo pudo sacar por vías naturales. Terminamos en una cesárea.
El otro era un ternerito bien chico, pero que al intentar escaparse del útero de la mamá, dejó una mano doblada hacia atrás. En este caso, los propietarios, dos hombrones grandotes, tiraron con una soga de la única mano que asomaba, hasta quebrarla en varias partes. Cuando llegamos con Juan, lo sacamos bastante fácil, pero ya estaba el tipo con su huesito partido.
Cosas de la obstetricia.