sábado, 28 de enero de 2012

Llegó Román

El lugar de Benítez lo ocupó Román.
Es un canario amarillo con algunas rayitas negras. Es lindo pero todavía no me encariñé con él. Hoy tuvimos la primera charla:
-¡Vos a mí no me querés!- Me largó de pronto, mientras se calentaba el agua del mate.
Lo miré sorprendido porque en estos días ni siquiera había cantado, así que lo que menos me imaginé es que hablara como Benítez.
-¿Cómo? ¿Y por qué decís eso?-
-Porque lo único que oigo todo el día son cosas de ese tal Benítez. Qué bonito que era. Como hablaba. Que juicioso y certero era en sus comentarios y mil cosas mas ¿O no?-
-¡Bueno! Lo que pasa es que vivió acá como dos años y uno se va haciendo amigo, pero seguramente con vos va a pasar lo mismo. Podremos charlar de todo y cuando se te dé la gana. Con él coincidíamos en casi todo. Sobre todo cuando hablábamos de la actualidad y del Gobierno ¿Vos tenés alguna afinidad política?-
-¡Ma que afinidad política! Si todos los humanos dedicados a ese oficio son una manga de corruptos y ladrones. Y además cínicos y mentirosos-
-Me parece que vamos a coincidir Román-

jueves, 26 de enero de 2012

Algunos amigos menos

En unos pocos días se fueron Benítez y Protón.
A Benítez ya lo conocen porque varias veces les conté de nuestras charlas. Era un canario muy conversador y entendido que me sorprendía con su agudeza para hablar de los temas más picantes de la actualidad. Vamos a ver como me sale Román, el nuevo pajarito que se instaló en la jaula que tengo en la cocina de la veterinaria. Por ahora ni canta. Será que está emplumando.
Lo de Protón fue un accidente. Era un perrito cruza. Bastante callejero y simpático, pero tuvo la mala suerte de que le tocó pelear contra seis perros bandoleros. Se defendió bastante bien hasta que en el remolino de los mordiscones, el camión del vecino le pasó por encima, le fracturó la cadera y además le abrió la pared abdominal provocándole una hernia gigantesca. Vivió dos días más y terminó muriendo metido en una cueva que él mismo construyó con sus últimas fuerzas.

lunes, 16 de enero de 2012

Un enero caliente

Casi siempre el trabajo en grandes animales durante el mes de enero afloja un poco. Es la época para tomarse algún día de vacaciones en la playa o planear alguna carrera de diez o doce kilómetros para despuntar el vicio. Pero este enero se nos apareció especial. Hemos andado moviéndonos fuerte desde los primeros días del año. Partos, tactos, heridos, agusanados, enfermos de todas las especies y muchas otras cosas.
Además, estoy terminando de armar el segundo libro que, esta vez, será solo de relatos, anécdotas e historias. Así que sobran los motivos para madrugar y aprovechar la frescura de la mañana en el campo y después dedicarse a las teclas durante horas y horas.
Un enero caliente.



lunes, 9 de enero de 2012

Hombre religioso

Tococho Alberio siempre fue muy religioso. No es practicante, pero cada cosa que le pasa, el tipo la agradece a Dios. Hasta en las peores circunstancias invoca al Altísimo. También es de buen tomar y cada arrimada al boliche, termina con Tococho desmayado por la curda, volviendo a su casa milagrosamente montado en el fiel Panoja, un zaino grandote y mansito.
Cuando el progreso trajo las dos cabinas telefónicas a San Manuel, instalaron una frente al Banco y la otra en la plaza, haciendo cruz con la Delegación Municipal.
Tococho se enteró de la noticia mientras tomaba la copa en el boliche de Leonardo. Pero se la vendieron cambiada. Le dijeron, solo por reírse un rato, que aquello eran dos oratorios y que en cada uno estaba la imagen de la Virgen María.
Tococho, hombre desconfiado y perspicaz, no dijo nada, pero tomó debida nota del asunto.
Como a las 9 de la noche salió del boliche adobado como siempre, le ayudaron a montar a caballo, y el Panoja arrancó al tranco para la salida del pueblo, pero se ve que Tococho, en medio de la niebla del alcohol, algo razonaba, porque tiró de las riendas y se fue hasta la plaza, se paró frente al teléfono, se sacó el sombrero respetuosamente, se persignó, y después sí, mas aliviado, lo dejó al Panoja que hiciera su trabajo.

jueves, 5 de enero de 2012

La inspiración

Me gusta escribir.
Me gusta contar historias y hay miles de historias por contar.
Pero hace más de un mes que cada vez que me siento frente a la máquina y abro la página en blanco de Word, me quedo tan en blanco como esa página.
Recién me pasó lo mismo. Hoy tengo tiempo y decidí escribir, pero por la ventana de este laboratorio se ve tan lindo el jardín y las plantas, que se me fue la mirada por ahí y el pensamiento atrás de la mirada.
Creo que esto me pasa por tener tiempo. Reconozco que las cosas fluyen de mí cuando estoy bajo presión. Cuando tengo que terminar de escribir una obra de teatro para empezar los ensayos y ya no queda más tiempo, cuando espero y espero la idea de un texto hasta que me aparece de repente y tengo pocas horas para escribirlo. Ahí sí. Los dedos vuelan por las teclas.
Cada uno de los que escriben tendrá su motivación y su fuerza. No hay recetas.