martes, 15 de julio de 2014

Tiempo loco



Hace varias semanas que el tiempo se volvió loco. La tierra no alcanza a tomarse toda el agua antes de que vuelva a llover. Y no llueve un poquito. Llueve muchísimo. Con viento y a veces granizo. Hay barro por todas partes. Los caminos intransitables, las mangas fuera de servicio por tiempo indeterminado y los lugares de movimiento obligado de hacienda, como los tambos y los corrales de engorde, sufriendo penurias increíbles.
Así es la vida fuera de las ciudades. Estamos siempre afectados y dependientes del clima. Algunos sufren enormes pérdidas como los que se están inundando en el litoral, mientras otros ven sus campos convertidos en lagunas por muchos años. Andan muy pocos camiones con cereal y hacienda, porque no hay manera de circular. Los contratistas rurales solo desean que deje de caer agua por unos días, para completar por fin la cosecha de soja y empezar las labores de siembra de otros cultivos. En nuestro caso, es decir para los que trabajamos tierra adentro con grandes animales, son épocas de vacas flacas. Hay que ajustarse el cinturón y esperar que vengan tiempos mejores. El comercio de los pueblos se resiente. Caen las ventas y la gente se repliega y aguanta.
Un viejo del campo, cuando se venía una tormenta, se ladeaba la gorra de vasco y afirmaba: -¡Allá se viene la come y duerme!- Dando por hecho que estas son las únicas actividades razonables en esta época.
Esta mañana entró Perla a la veterinaria. Es una mujer mayor pero muy enérgica, que desde la muerte de su marido se dedicó solita a atender su campo. Además estuvo en nuestro grupo de teatro y es de lo mas divertida. Siempre entra saludando a los gritos, pero esta mañana, resumió todo cuando dijo bien fuerte:
-¡Buen día Jorgeeee! ¿Sabe que? ¡La cosa está fea Jorge!-



martes, 8 de julio de 2014

Tiger y el fiscal

-¿Y él quien es?- Le pregunté a Tiger esta mañana, apenas entré a la veterinaria, después de cruzar el patio que blanqueaba por la bruta helada. El gato bandido estaba sentado muy tranquilo, al lado de la puerta de la cocina, charlando con un amigo blanco y negro, un poco mas flaco que él. Se ve que esperaban la primera ración de alimento del día. Tiger me saludo amablemente, pero con poco entusiasmo, moviendo apenas los largos bigotes.
-¡El es Arturo y vive dos casas mas allá!- Me dijo haciendo un gesto con la cabeza.
-¡Ah! ¿Vos sos el gato de Rigoberto? ¿El famoso cazador de lauchas? Ya escuche los cuentos del viejo. Según él, le presentás dos o tres roedores descabezados por día- Arturo se infló de orgullo con el elogio de su fama.
Tiger cortó el momento con una tos discreta.
-¡Si Tiger! ¡Vos también tenés lo tuyo!- Agregué para acariciarle un poco la autoestima. -¿Y de que conversaban? ¿Se puede saber?-
-¡Y bueno Jorge!- Arrancó diciendo Tiger –Ya sabés que me paso el día escuchando las noticias en la radio, pero Arturo, como vive adentro de la casa de Rigoberto, también mira la televisión, así que está muy al tanto de las cosas que pasan. Recién me estaba contando algunas novedades que los gatos no alcanzamos a entender ¿Puede ser que si un ser humano hace las cosas bien y se dedica a investigar a una banda de ladrones y corruptos, en lugar de ayudarlo y recompensarlo, le hagan un juicio para destituírlo? ¿Puede ser? Yo le decía que debe haber entendido mal, porque cualquier animal sabe lo que está bien y lo que está mal. Con más razón ustedes, que son tan inteligentes, deben conocer la diferencia-
Lo miré con el pecho lleno de tristeza y tuve que admitir que lo que le contó Arturo era cierto. Que eso está pasando en este momento en Argentina y que me da mucha pena. Los amigos se miraron un rato largo, con la pereza propia de los felinos. Solo movían despacio la punta de la cola dejando ver que estaban tratando de digerir mi afirmación. Por fin Tiger dio vuelta su cabezota y me dijo: -¡Pobre gente!-





domingo, 6 de julio de 2014

Mas aprendices

 Operando con Bob y Tim

En el campo con Anthony y Elodie

Cosas que pasan.
 En estas semanas, han llegado a San Manuel algunos chicos extranjeros, para acompañarnos en los trabajos del campo y aprender algunas cosas de la profesión. Primero fueron Robert y Tim. Dos escoceses que están recorriendo el mundo, antes de entrar en la Universidad. Uno es de un pueblito pegado al lago Ness y el otro de una ciudad al sur de Edimburgo. Solo hablan inglés, así que tuvimos que esforzarnos para explicar las cosas y que entendieran los trabajos que íbamos haciendo.
En este momento, hay dos estudiantes de la Escuela Veterinaria de Nantes en Francia. Anthonhy y Elodie. Ellos saben español, ya que nos contaban que allí deben obligatoriamente estudiar inglés y luego, pueden optar entre el alemán y el español como tercera lengua. Ahora están cumpliendo con el período de residencia en el exterior que les exigen en su Facultad. Realmente están teniendo una muy buena formación allí. En Francia solo hay cuatro facultades de veterinaria con alrededor de 600 estudiantes cada una. La diferencia con nuestro sistema, es que el período de ingreso les demanda entre dos y tres años, así que los que lo pasan, luego alcanzan, en su mayoría, a terminar la carrera de 5 años. Dicen que se gradúa cerca del 90% de los que entran, mientras que en Argentina, se estima que se recibe solo el 25 % de los ingresantes.
Antes que los extranjeros, estuvieron Mauro y Abel, dos estudiantes de la Facultad de La Plata, que trabajaron con nosotros durante dos meses y dejaron muy buenos recuerdos, sobre todo la jaula atrapa-perros que construyeron, y que ya les mostré en otra nota. Finalmente, en agosto vendrán otros dos chicos de La Plata para hacer su residencia.

El “sucucho”, que así bautizamos al alojamiento que construí para ellos en la veterinaria, está a pleno, y nosotros contentos de poder trasmitir nuestra módica experiencia.   

domingo, 22 de junio de 2014

Tiger y la selección

Ayer fue una linda tarde en San Manuel. Cruce el patio hasta la veterinaria y me lo encontré a Tiger, el gato de la casa, limpiándose las manos al sol. Me miró tranquilo y con una media sonrisa me dijo:
-¡Que alegrón! ¿No? ¡Cómo les gusta ese asunto de la pelota a los argentinos! Se oían los gritos hace un rato. Seguro que deben haber hecho eso que llaman gol-
Yo recién terminaba de ver el “triunfo” de Argentina contra Iran y tenía un montón de cosas atragantadas, pero no podía hablar.
-¿Qué?- Insistió Tiger -¿No estás contento?-  
-¡No amigo! ¡Ya está! ¡Recién intenté por última vez pero no hay caso! No me puedo enganchar con esta farsa gigante del Mundial y la selección.
Estoy podrido de ver partidos horribles de nuestro “players”, del futbol para todos y su asquerosa propaganda, de la AFA mafiosa, del técnico “militante” de la selección, del cagazo con que juegan sus multimillonarias figuras, de la desesperación del Gobierno por tapar sus cosas durante los días que ruede la pelotita, de los Barras Bravas entongados con la AFA y con los políticos; asqueado con el acto de presentación de una lista de jugadores, transformado en circo con figuras del gobierno; del periodismo que, salvo excepciones, acompaña todo con comentarios que no haría ni el menos conocedor del futbol-
Tiger me miraba sin entender. Y yo seguí con mi desahogo.
-Antes de jugar contra Irán la mayoría de ellos destacaba lo fácil que era el asunto y que no cabía menos que una tremenda goleada ¿Son o se hacen? Se supone que “saben”. Entonces ¿Por qué dicen boludeces? ¿O no vieron que el partido anterior contra Bosnia fue un robo? Se ganó por un gol en contra de pedo y un penal. Pero no cuentan un gol mal anulado a los bosnios ¡Una porquería! Recién contra Irán, el árbitro pitó peor que el japonés que le regaló el partido a Brasil. Se comió un penal de Zabaleta más grande que el Mineirao y si los iraníes se ponían en ventaja, no les ganaban ni con diez Messi juntos ¡Y por fin! El gol de Messi ¿Dónde carajo vieron que fuera un golazo de otro planeta como dicen? Pateó de afuera del área y la embocó como podría haber pasado a cinco metros del ángulo ¡Dejenmé de joder! Con solo mirar la cara de terror de Sabella durante el partido está todo dicho.
Podrán irse en octavos o ganar la copa. Es cosa de ligar. Y hasta ahora, a partir del sorteo, donde cayeron en uno de los grupos más fáciles, han ligado como perro debajo de la mesa, pero eso no cambiará las cosas. El futbol argentino, especialmente desde el acuerdo con el Gobierno, está muy podrido, y creo que la selección es parte de la podredumbre-
-¡Bueno!- Dijo Tiger como para cortar la perorata -¿No me tirás un poco de alimento que ando con hambre y recién se me escapó una paloma por una pluma?-
-¡Si amigo! ¡Tenés razón! ¡Las cosas importantes de la vida no están en la tele!


jueves, 12 de junio de 2014

Almirón el jugador

Hay gente aficionada a la bebida, personas dedicadas a drogarse sin parar, fumadores crónicos y en la enorme variedad de vicios, están también los jugadores empedernidos.
En este último grupo cabía cómodamente un tal Juan Carlos Almirón. Puestero en la Estancia Las Perdices, muy cerquita de Claraz.
Lo conocí casi sin querer, porque un cliente mío llevó vacas a capitalizar a Las Perdices, así que una vez por año iba a hacerles el tacto, y nos pasábamos el día entero entre el trabajo, el asado y las charlas.
Almirón era un jugador sin remedio. Apostaba a todo, y vivía cada jugada como si fuera la última. Riñas de gallo, carreras cuadreras, carreras de galgos, mus, truco y taba, se contaban entre sus debilidades.
A mí me desafió el primer día que llegué a Las Perdices. Parados frente a la manga, donde ya estaban encerradas las 700 vacas para palpar, me dijo:
-¿Y? ¿Qué le parece dotor? ¿Cuántas vacas vacías habrá?-
Yo lo miré, desconociendo todavía su afición al juego y le contesté:
-¡No sé Almirón! Este rodeo es bastante sano y fértil. Si se hicieron las cosas bien no tendrían que salir más de 45-
-¿Que le juego que salen mas de 60?-
-¡No Almirón! Deje nomás que salgan las que tengan que salir-
Menos mal que no entré, porque esa vez hubo 62 vacas vacías y el tipo no paró de lamentarse, por la jugada que habría ganado contra el veterinario.
Con el tiempo me fui enterando de otras hazañas del timbero, pero la máxima pasó cuando se mató en un accidente un tal Menéndez, capataz del campo vecino a Las Perdices.
Se junto un montón de gente para asistir a los heridos, y en el revoleo, le encargaron a Almirón que se fuera hasta Claraz, para darle la infausta noticia a la mujer del capataz muerto. Todavía no eran tiempo de teléfonos celulares.
Almirón llegó a la casa de Menéndez de lo más preocupado, porque no conocía a la mujer del finadito. Pero dicen que cuando la señora abrió la puerta, el diálogo fue más o menos así:
-¡Buenas tardes señora! Yo soy Almirón, puestero de la estancia Las Perdices ¿Usté es la viuda de Menéndez?-
La buena mujer, con una risa nerviosa le contestó:
-¿Viuda? ¡Yo soy la señora de Menéndez, pero no soy viuda!-
Entonces el tipo, sacando a relucir su estirpe jugadora, le dijo sobrador:
-¡Le juego un corderito a que sí es viuda!-


jueves, 22 de mayo de 2014

La rata y el sueño

Esto pasó durante mi estancia en el Laboratorio del sueño de la Facultad de Medicina Humana, de la Universidad Autónoma de México.
El investigador Ramiro Sánchez Obrador tomó un balde de acero inoxidable reluciente, después puso dentro un cilindro de unos 3 centímetros de diámetro y 15 de altura, lo fijó, y agregó agua casi hasta el borde del cilindro.
Mientras lo hacía me iba explicando todos los detalles del trabajo.
A continuación acomodó la cámara con la que iba a registrar todo el ensayo. Por fin tomó con cuidado la ratita blanca Wistar, a la que habíamos puesto electrodos que registrarían la actividad eléctrica de algunas áreas específicas de su cerebro, y la conectó a los cables que la unían al fisiógrafo.
Puso la ratita sobre el cilindro, que semejaba una isla, y la dejó sola, cerrando la puerta de la sala de ensayos, para evitar ruidos e interferencias.
La idea era privar a la muchacha del período de sueño MOR durante un tiempo largo para estudiar el posible efecto sobre la conducta. El fundamento del trabajo es que durante el período MOR (movimientos oculares rápidos) se produce la máxima relajación muscular, lo que haría que el animalito cayera al agua despertando bruscamente.
La blanca rata se mantuvo casi tres horas atenta y vigilante, pero la falta de estímulos y movimiento, la fue haciendo caer en el sueño. El aparato de registro mostró claramente el cambio en las ondas cerebrales, que indicaba que estaba en el período de ondas lentas, y de pronto, la aguja comenzó a oscilar desordenadamente, mostrando el patrón típico de bloqueo alfa y las primeras espigas PGO. Estábamos viendo la actividad típica del sueño MOR. Nos fijamos en la cámara, justo para ver cuando la ratita caía al agua y se despertaba sobresaltada, para volver a nadar hasta la seguridad de su isla.
Toda la secuencia se empezó a repetir a intervalos cada vez menores. El animal cayó al agua muchas veces durante las primeras 24 horas. Se la notaba mal. Inquieta. La privación de sueño la había alterado. De pronto sucedió. El efecto de la falta de sueño se mostró en toda su violencia y la pobre infeliz, no teniendo en que, ni en quien descargar su irritabilidad, comenzó a morderse furiosamente los dedos de las cuatro patas y la punta de la cola, hasta hacerlos sangrar.
Habíamos llegado hasta la CAM o conducta de automutilación.
Ramiro terminó con el sufrimiento de su amiga, y la devolvió a su cajita llena de aserrín para que por fin pudiera descansar.
Aquel ensayo nunca lo pude olvidar. En estos días estuve oyendo algunos comentarios referidos a cuanto menos duermen los humanos en estos tiempos. Sobre todo en las grandes ciudades.
Ojalá que no terminemos como aquella ratita blanca.  




miércoles, 21 de mayo de 2014

¿Donde estarán esos testículos?



¿Será posible semejante misterio?
Hace varios meses que mi hijo Roberto esta encargado de hacer las castraciones de perras y gatas del pueblo, contratado por la Municipalidad.
En este tiempo, encontramos un refugio de perros salvajes en una casa abandonada a unas pocas cuadras de la veterinaria. Es una tribu de seis o siete animales, que aprovechan cuanta comida les tiran los vecinos y además, suelen depredar las bolsas de basura de todo el barrio. Nadie los puede agarrar. La verdad es que molestan, pero a tono con los nuevos tiempos, la única solución al problema es castrar machos y hembras del grupo y esperar que vayan desapareciendo solos.
En eso estamos y el trabajo tomó un nuevo impulso con una buena construcción de uno de los chicos residentes, muy acostumbrado a hacer estos inventos en el sur del país, para atrapar zorros comedores de corderos.
Anoche cayó uno de los malandras. En la recorrida de última hora, apareció un macho negro metido en la jaula. Estaba enfurecido porque se veía atrapado. Con gran trabajo lo sacamos, esquivando feroces mordiscos que tiraba sin parar. Estaba todo orinado y sucio. Tal vez llevaba algunas horas encerrado.
Pronto vimos que se trataba de un macho, así que lo trasladamos a la veterinaria para castrarlo. Lo dimos anestesia y lo atamos debajo de un árbol. Llovía despacito y pronto la fiera se fue calmando. Nos pusimos guantes para trabajarlo porque el olor que tenía era verdaderamente insoportable. Preparamos todo y, cuando por fin el animal se durmió, lo subimos a la camilla para empezar a limpiar la zona escrotal ¡Pero no había nada!
Nos miramos y largamos la carcajada ¡Tanto trabajo para esto! Nuestra primera presa ya estaba sin bolas. Pensamos que alguien hizo antes la faena y no nos avisó.

Cuando lo largamos todavía estaba medio dormido. Veremos si hoy tenemos más suerte.  

lunes, 12 de mayo de 2014

Herida de sábado por la noche

Sábado. 10 de la noche. En el Club Atlético había lotería, pero decidí quedarme en casa con los chicos porque lloviznaba y era mejor programa ver alguna película y tomar un buen trago sabatino.
De pronto, unos golpes fuertes en la puerta nos sobresaltaron. Salí a ver. Allí estaba Raúl Benítez, pálido como un azulejo, con los ojos grandotes y la gorra caída sobre la nuca.
-¡Se le salieron las tripas Spinelli!- Fue lo primero que me dijo, obviamente salteando los saludos de rigor.
-¿A quien se le salieron las tripas?-
-¡A la Rosita dotor! ¡La perra del Jefe!-
Mientras íbamos hacia la camioneta, aparecieron los dos residentes que estaban aprovechando la noche del sábado para estudiar. Cuando nos asomamos a la caja de la chata, se nos presentó un tremendo espectáculo. Rosita, una perra Collie adulta, estaba parada mirándonos. Tenía sangre desde la punta del hocico hasta la punta de la cola y en la mitad del abdomen le colgaban varias asas intestinales.
La llevamos en andas hasta la sala de operaciones y la pusimos sobre la mesa de cirugía. Estaba mal. Muy desvitalizada. Le di una dosis lo mas baja posible de anestesia y mientras se iba relajando, la dimos vuelta suavemente y la atamos a la camilla. Debía tener unos 50 cm. de intestino colgando fuera del abdomen, a través de una herida. Todo lleno de pelos, sangre y tierra. Además, el pobre animal se había mordido sus propias vísceras hasta cortarlas.
Los minutos corrían, mientras nosotros limpiamos lo mejor posible el campo. Después tuvimos que hacer una resección del tramo de intestino masticado y unir los extremos sanos del mismo.
La situación lucía mejor. Seguimos con la herida del abdomen, hasta que finalmente todo quedó cerrado y en su lugar. Aplicamos las medicinas necesarias, después la llevamos al lavadero y la bañamos prolijamente, mientras de reojo controlábamos la frecuencia respiratoria.
El pronóstico seguía siendo gravísimo, pero al ver todo más prolijo y aseado nuestro ánimo estaba en alza. Hasta que llegó el dato que faltaba. Cuando la cargamos nuevamente en la caja de la camioneta, que estaba llena de útiles y cacharros del campo, Raúl Benítez corrió un recado para hacer lugar, y allí apareció tirado ¡Un pedazo más de intestino! La tipa ya se había automutilado quitándose unos 20 cm. de tripa a mordiscones, sin que nos diéramos cuenta al descargarla en la oscuridad de la noche.
Realmente pensé que la perra no pasaba esa noche. Creo que el sentimiento fue compartido con los residentes y con Benítez.
Al acostarme, miré un angelito compañero que tengo sobre la mesa de luz y pensé ¡Que sea lo que Dios quiera!
El domingo amaneció también lluvioso. Con poco ánimo marqué el número del campo para recibir, estaba seguro, la noticia de la muerte.
La voz de Benítez sonó de lo más alegre cuando dijo: -¡Es increíble dotor! La Rosita anda caminando. Está animada y ya tomó agua-

Yo tampoco lo puedo creer, pero todavía Rosita sigue en pie ¡Es lindo pegar una cada tanto!

miércoles, 7 de mayo de 2014

No la dejen sola

Los días son más cortos. A las 6 de la tarde ya está oscuro y es hora de volver para la veterinaria. Siempre y cuando no haya alguna urgencia que resolver. Son épocas de tacto y de andar al trote desde muy temprano. Mangas buenas, regulares y otras muy malas, que nos hacen perder tiempo y se ponen peligrosas para todos los que andamos con las vacas, toros y terneros.
Así fue que la semana pasada nos llamaron por un parto en el campo “Los Pinitos”. Ya eran las 8 de la noche y los caminos seguían con barro después de las lluvias grandes de mediados de mes. A duras penas llegamos al campo. Juan Martínez salió de la casa con la linterna y nos dijo que la vaquillona primeriza estaba encerrada en la manga.
¡Uy Dios! Pensé ¡Ojalá que todo salga bien! Lo que pasa es que la manga de ese campo ni merece siquiera el nombre de tal. Es solo un brete con troncos podridos. Sin cepo, puertas ni trancas, y los corrales, apenas pueden contener al viento.
Como a propósito, Martínez había encerrado la vaquillona sola. Es sabido que la mayoría de las parturientas, cuando quedan aisladas del rodeo, se ponen locas furiosas, pero seguramente a Martínez, esa parte del manual se le perdió.
Allá estaba la negra grandota a los bufidos cuando la enfocamos con las luces de la camioneta.
-¡Que lo tiró!- Dijo Martínez -¡Se ve que se ha calentado!-
Yo no contesté nada por respeto y me baje de la camioneta para vestirme con el “traje de partear”, es decir el mameluco y las botas de goma. Mientras tanto Martínez, tal vez agobiado al ver la macana que había hecho, se adelantó para tratar de meter la vaquillona en la manga.
-¡Ya voy y te ayudo Martínez! ¡Tené cuidado que está muy enojada!- Le grité. Pero fue tarde. Solo sentí el estruendo del golpe del animal contra los palos del corral y el crujido de las maderas al quebrarse. Después vi pasar entre las sombras a la vaquillona, enfilando a toda marcha hacia el potrero. Corrí hasta el corral y me encontré con el pobre Martínez tirado largo a largo. En la oscuridad no alcanzaba a ver casi nada, así que acomodé la camioneta, hasta que las luces se plantaron sobre el accidentado.
Cuando me acerqué de nuevo, el tipo ya estaba despierto y me miraba sin hablar.
-¿Que pasó hermano? ¿Estás lastimado?- Pregunté
Pero Martínez me sorprendió cuando se levantó con esfuerzo y me dijo:

-¡No es nada dotor! Un golpecito nomás. Si me espera voy a agarrar caballo y se la vuelvo a encerrar- Le dije que mejor volvíamos para la casa, así él se recuperaba. Al otro día volví al campo con Juan y sacamos una linda ternera negra, mientras Martínez iba en viaje a Tandil, para hacerse ver los moretones en la cabeza y el pecho que no lo habían dejado dormir. El golpe de las tablas le había fisurado el hueso parietal.   

lunes, 5 de mayo de 2014

Se viene Tiger

Solo un animalito quedó en la casa. Mi hija menor lo bautizó “Tiger” por algún personaje de los dibujos animados. Es un gato gris con rayas negras, que hasta ahora se había limitado a comer, dormir, trepar a los árboles y atrapar mariposas.
Ayer me vine temprano a la veterinaria para terminar varios informes y salir antes que el sol, hacia un campo donde teníamos que hacer unos cuantos tactos.
Mientras se calentaba el agua del mate, Tiger se asomó al vidrio de la puerta de la cocina. Se vino al humo cuando vio que prendí la luz. Se me quedó mirando largo y profundo. Pensé que ya andaba con hambre, porque en cuanto abrimos el negocio le damos su ración de alimento.
Abrí la puerta pero no entró. Se quedó sentado muy orondo. De pronto se pasó una mano peluda por las orejas y me preguntó:
¿Todavía extrañás  a ese pajarito malcriado?-
Lo mire sorprendido porque jamás me había dicho una palabra.
-¡Digo si lo extrañás a Roman!-
-¡Y sí!- Le confesé –La verdad es que se extraña un poco, porque teníamos algunas charlas buenas con él. Como no podía hacer otra cosa, se lo pasaba escuchando radio y estaba al tanto de todo-
-¡Y que! ¿Y pensás que yo no sé nada? Yo escucho la radio y además conozco la calle ¡Pero siempre me dejaron de lado!- Los bigotes le temblaban y me pareció que se le humedecían los ojos de la bronca.
-¡Bueno Tiger! Disculpáme. Como te lo pasás en tus cosas y a los mimos con Margarita y los demás chicos, pensé que vivías más apartado de nuestras noticias-
-¡Justamente! Por Margarita y el resto de los chicos es que me preocupa lo que está pasando en el país. A los gatos no nos cambia nada, pero a ustedes, Jorge, la cosa se les ha complicado-
-¡Mirá vos! ¡Otro rebelde como Román en casa!-
-¡Que rebelde! Solo soy realista ¿Cómo puede ser que un pobre tipo, que hace 20 años era empleado de banco, hoy sea el segundo terrateniente del país detrás de Benetton? ¿De dónde sacó la plata para comprar medio millón de hectáreas de campo? ¿Vos cuánto te compraste después de 32 años de romperte el lomo de sol a sol?-
-¡No compré nada Tiger! ¡Pero tampoco anduve en los negocios!-
-¡No hay caso! ¡Vos no cambiás más! ¡Y la mayoría de los argentinos tampoco! Una cosa así no los escandaliza, pero se entretienen discutiendo si le regalaron un penal a River ¡Son de terror!- Dijo de pronto. Después se estiró en un desperece largo, entrecerró los ojos, se dio vuelta y desapareció en las penumbras del amanecer.
Mientras cargaba el termo con agua caliente, me di cuenta que la charla cortita me había dejado contento. Encontré otro amigo para conversar.  


domingo, 4 de mayo de 2014

Se lo tomó con calma

En nuestra zona rural, el hombre campero usa la caña de una bota de cuero, cosida en un extremo y colgada en los tientos del recado, para llevar las herramientas indispensables para algún trabajo rápido, como el arreglo de un alambrado. Ahí viajan la “california”, para trabajar una torniqueta y tensar un hilo, una tenaza, algún martillo, una tijera para cortar alambres y otras cositas de ocasión. En este caso, Javier Almada, había metido una tijera de tusar marca Bigornia; pero, descuidado como era, la metió en la bota con las puntas para arriba. Llegó al potrero del fondo, enlazó el potro nuevo que iba a empezar a amansar, y con ganas de cortarle las crines, se bajó del zaino grandote, que era el mejor para “quedarse teniendo”.
La mala suerte quiso que al bolear la pierna derecha para desmontar, las puntas filosas de la tijera, que asomaban de la bota, en el borde del recado, le desgarraran la bombacha y el calzoncillo, y se le incrustaran en la bolsa escrotal, abriéndola de punta a punta. Contó después que al principio, solamente sintió un frío, pero cuando se miró la entrepierna, se dio cuenta que la cosa no era para chiste. Los testículos se veían blanquear en medio de la fea herida. Volvió a montar, sujetándose las partes con la mano, largó el potro con el lazo puesto, y galopó hasta la casa, medio preocupado con el asunto.
Desensilló y largó el zaino, y ni  siquiera se cambió la ropa antes de subirse en el viejo Renault 12 verde, y salir de raje para Lobería, siempre sosteniendo sus criadillas con la mano izquierda.
En una hora estuvo en el hospital. Entró derechito a la guardia, donde varias personas esperaban su turno pacientemente.
Javier es un tipo tranquilo, pero se ve que estaba apurado, porque cuando la enfermera le dijo que se sentara, que había 12 personas antes que él, dio la vuelta al mostrador de la recepción, y ante la sorpresa de la uniformada, retiró de aquel lugar la mano ensangrentada, dejando ver en la palma, dos grandes huevos blancuzcos.
La chica, a pesar de que estaba curtida en esto de ver heridas, casi se desmaya, y a los gritos llamó a alguien para que viniera con una camilla, pero el duro de Javier, no queriendo hacer mucho escándalo le dijo:
-¡No te asustés piba! Decime donde me atienden que yo voy caminando ¡No es para tanto!-
Enseguida lo suturaron y vendaron. Además, le prohibieron andar a caballo por lo menos por 15 días, hasta que la herida terminara de curar.

Se ve que los médicos hicieron un buen trabajo porque después del accidente, Javier se casó y hoy tiene dos lindos pichones… ¡Igualitos a él! 

viernes, 25 de abril de 2014

Amigos que se van

Mi amigo, el Todi, descansando cerca de Energía

Empezó una temporada de pérdida de mascotas. En pocos días se fueron tres compañeros. El primero fue Rosita. Una cierva que estuvo en casa cerca de 4 meses. La trajimos muy lastimada por unos perros, y a los pocos días, se supo que también tenía la columna lesionada y que ya no movería las patas. A fuerza de cariño y mamaderas estuvo muy gauchita en el patio, descansando entre los frutales, pero hace poco partió así tranquila como llegó.
Después fue Román. Un viejo amigo con el que tuvimos pilas de charlas y que los lectores de este sitio recordarán. El día antes de morir estaba lastimado en el cuello y se le vio algo de sangre entre las plumitas. Lo revisé pero no pude encontrar ninguna lastimadura. Al día siguiente, cuando entre a la cocina de la veterinaria a preparar el mate, lo encontré hecho un ovillito en el piso de su jaula. Lastima que no me dijo nada como despedida. Siempre fue de perfil bajo.
El último en salir para el lado del cielo fue el Todi. Un caballo que nació hace 20 años en el fondo de casa. Era hijo de una yeguita de Juan, y ahí mismo fue que apareció recién salido de su madre, un domingo a la mañana en octubre de 1993.
Cuando los chicos crecieron y se fueron a estudiar, lo vendí a un cliente hasta que, hace cosa de 4 años, cuando supe que este hombre estaba por mandarlo a los tachos, es decir, venderlo para el frigorífico, se lo volví a comprar. Allá lo tuvimos en un campito de Energía hasta que decidió meterle un trote hasta las nubes ¡Pobre Todi! No tuvo muy buena vida.

Son cosas inevitables. La muerte nos va acompañando permanentemente y nos mantiene alertas para darle valor a las cosas que realmente importan. Ojalá uno siempre pudiera tener presente esto de: “Estudia, aprende y trabaja como si fueras a vivir 100 años, pero disfruta y quiere como si solo te quedara un día”

lunes, 21 de abril de 2014

Enseñando

Los actuales residentes con mi hijo Juan, en medio del barro

Entré como docente en la Facultad de Veterinaria de Tandil en 1986. Ya había sido ayudante alumno durante mi carrera, en la cátedra de Fisiología Animal, y allí volví, por invitación de su titular, Juan Carlos Catalano. Se vinieron años muy intensos donde compartía el ejercicio profesional con la enseñanza, poniendo un enorme esfuerzo en algo que me apasionó. Solía levantarme entre las 3 y las 4 de la mañana para preparar las clases, y luego poder salir a trabajar al campo cuando amanecía.
Con el cambio del plan de estudios, quedé en lo que se llamó Fisiología del Sistema Nervioso, donde me fui haciendo un lugar, primero en esa cátedra y luego como invitado a dar clases de Neuroanatomía y de Patología del sistema nervioso. Concursé dos veces en esos años y fui ascendiendo lentamente, hasta quedar prácticamente a cargo de todo el curso.
En 1995 estuve haciendo una residencia en la Facultad de Medicina de la UNAM, Universidad Autónoma de Mexico, donde aprendí muy buenas técnicas para el estudio de la neurofisiología, haciendo cirugías complejas en encéfalo de ratas y gatos.
Además, desde 1994, fui uno de los pioneros como tutor externo de residentes de nuestra Facultad, y en pocos años, recibí más de 20 alumnos en San Manuel, que hicieron sus primeros trotes en el campo, con las grandes bestias.
Lindos años que se cargaron de historias y anécdotas con tanta gente circulando.
En 2003, una intriga palaciega en la Facultad me dejó afuera. Verdaderamente fue una intriga porque aún hoy, 10 años después, no sé que fue lo que pasó ni hubo alguien que me lo explicara claramente. Intenté hablar en ese momento, pero nadie dio la cara ¡Increíble! Desde entonces suelo ir por alguna cosa a la Facultad, donde deje muchos amigos, y siempre escucho el mismo canto: “Vos tendrías que estar con nosotros” ó “una lástima tu pérdida”.
Obviamente tengo alguna sospecha, pero ninguna certeza sobre el asunto.
A partir de entonces, armé un programa de entrenamiento para los que quisieran venir a San Manuel a realizar las mismas actividades que hacían los residentes, y tuvo un gran éxito. Primero vinieron muchos de los chicos que ya se habían anotado en el programa regular de la Facultad para hacer la residencia conmigo. Cuando terminaban su período con el nuevo tutor que les asignaban, se venían para acá. Después, recibí varios más, atraídos por la propuesta que también publiqué en los comienzos de este blog y que aún sigo manteniendo.
Por fin, cuando la Facultad de Veterinaria de La Plata comenzó con las prácticas pre profesionales dentro de su plan de estudios, me eligieron como tutor. En eso estoy ahora. Despuntando el vicio de la docencia, matizado con charlas que he dado en colegios secundarios, primarios y hasta en jardines de infantes.
Me gusta enseñar. Me dio ganas de contarlo y así salió.


domingo, 20 de abril de 2014

Viveza criolla

Juan Zamudio tenía un campito cerca del paraje La Bodega, a unos pocos kilómetros de San Manuel. Digo que tenía, porque Juan falleció hace algunos años y sus cosas se vendieron en remate judicial.
Sus vecinos, los Andersen, lo querían como a un pariente. Se criaron juntos y compartieron casi toda la infancia.
La cuestión es que los Andersen, por distintos motivos, se fueron yendo del campo a vivir en otros lugares, y solo quedó uno de ellos, Abel, para cuidar la chacra y atesorar recuerdos.
En el invierno de 1990, Abel se fue de viaje a las Cataratas con un contingente de jubilados, pero la mala suerte, quiso que allá en Misiones, Abel muriera por un paro cardíaco. Después de los trámites de rigor y averiguaciones del caso, la empresa funeraria, organizó el traslado del occiso hasta el pueblo más cercano a su domicilio declarado, es decir, San Manuel.
El coche negro con el cadáver a cuestas, llegó al pueblo un 2 de agosto, en pleno temporal. El chofer y su acompañante preguntaron a los vecinos donde vivía Abel Andersen y si tenía algún pariente cerca. Varios comedidos, les indicaron que el muerto habitaba un campo de La Bodega, y que lo mas cercano, a su juicio, era el señor Juan Zamudio, vecino y amigo del finado.
Hasta la casa de Juan se fueron los cuervos, chapaleando barro y maldiciendo su perra suerte.
-¡Buen día amigo!- Parece que le dijeron a Zamudio -¿Usted lo conocía a Abel Andersen?-
-¡Y como no lo voy a conocer si nos criamos juntos! ¿Qué le pasó?-
-¡No nos dijeron nada! ¡Pero acá se lo traemos en el cajón! ¡Usted lo tiene que cuidar hasta que venga la familia a buscarlo!- le explicaron, sin darle tiempo para asimilar la doble noticia de la muerte y de su responsabilidad.
Y así nomás, sencillo como era y sin muchas vueltas, el bueno de Zamudio les dijo que entraran el cajón al galpón y lo pusieran arriba de las bolsas para que no se humedeciera.
Terminado el movimiento, el chofer sacó una carpeta y mostrando la factura, le dijo a Juan que el traslado costaba 5000 pesos.
-¿Cinco mil pesos? ¿Y de donde voy a sacar tanta plata? ¡No viejo! ¡Yo no les pago nada! Carguen de nuevo el cajón y se lo llevan-
Los funebreros se miraron, evaluaron la situación, sopesaron la lluvia que estaba cayendo, y por fin, el acompañante dijo:
-¿Y cuanto nos puede dar?-
-¡Esperen un cachito!- Dijo Juan, viendo el buen negocio que se le presentaba. Se fue al tranco lerdo hasta la pieza y volvió al rato.
-¡Solamente tengo mil pesos!-
-¡Está bien! ¡Démelos y que sea lo que Dios quiera!-
-¡Ah! Pero me tienen que dejar la boleta para poder cobrarles a los parientes-
Los cuervos se dieron cuenta de la astucia, pero lo único que querían era irse cuanto antes, así que liquidaron el asunto y se fueron casi sin despedirse.
Al mes siguiente, vinieron dos de los hermanos de Abel a retirar el cadáver. Se abrazaron con Juan, le pagaron los 5000 pesos que indicaba la factura del traslado, charlaron un poco, cargaron al difunto en la caja de una vieja camioneta Ford `66, y se fueron.
Dicen que al despedirse, Juan pasó la mano por el cajón, y medio moqueando, dijo:

-¡Gracias hermano por todo lo que me diste!-  

viernes, 28 de marzo de 2014

Un caso especial

Gustavito Rodríguez parecía sordo. Nunca contestaba cuando se le hablaba. Desde chico fue así. Pero estas cosas no son del todo valoradas cuando la familia es muy grande y la atención se reparte entre ocho hermanitos.
La cuestión es que cuando entró en primer grado, la maestra llamó a Macedonio y Elvira Rodríguez al colegio, y les explicó que, según su opinión, Gustavito tenía algún problema auditivo y que sería bueno hacer una consulta médica.
-¡Pero al tractor lo escucha clarito!- Protestó Macedonio, al que los médicos daban pavura y se jactaba de no haber pisado jamás un consultorio, hasta que Elvira tuvo que tener su primer hijo.
-¿Cómo que al tractor lo escucha?- Preguntó la maestra.
-¡Mas vale! En cuanto pongo en marcha el tractor, Gustavito se viene para el galpón a pedirme que lo lleve conmigo ¡Y hasta sabe si el motor está fallando o no!-
-¡Bueno! Dijo la esforzada maestra -¡Como quieran! Pero es una lástima porque el chico es inteligente y se va a atrasar mucho-
La mención sobre la capacidad del hijo, fue el mejor estímulo para los Rodríguez. A la semana siguiente se presentaron en el consultorio del Dr. Bermudez en Ayacucho.
El galeno estudió detenidamente el caso y le hizo un montón de pruebas a Gustavito. El asunto le llamó la atención, porque el chico no parecía tener un problema físico. Pero no respondía. En un momento Bermudez pidió a los padres que se retiraran y quedó a solas con Gustavito. A los quince minutos los hizo pasar nuevamente y les dijo que pensaba que lo mejor era ver un psicólogo, porque no entendía que estaba pasando con su muchacho.
Esa noche, ya de vuelta en casa, Macedonio lo agarró aparte a Gustavito y muy intrigado, se le puso cara a cara y hablándole muy claro le preguntó: -¿Qué pasó en lo del doctor cuando nos hizo salir para afuera?- Y Gustavito, que en realidad no tenía nada de sordo, le contestó avergonzado: -Primero me dijo si me estaba haciendo el loco y después, se me puso cerquita de la oreja y me preguntaba cada vez mas fuerte… ¿Cómo te llamas? ¿Cómo te llamás? ¿Cómo te llamás?-
-¿Y por qué no le contestaste?- Preguntó Macedonio, ya entrando en calor con todo el asunto de la sordera.
-¡Porque no me gusta que me griten!-
-¡Ah! ¿No te gusta que te griten? ¡Yo te voy a enseñar a reírte de nosotros!- Y el acertado manejo del cinturón, tuvo la virtud de aclarar milagrosamente los oídos de Gustavito, que desde ese día oyó cada una de las consignas de la maestra, aunque se sentaba en el último banco.




jueves, 27 de marzo de 2014

Me encontré con el petiso

Ayer lo volví a ver después de casi tres años. Se ha puesto muy viejito. Camina dolorosamente y esta rengo sin remedio. Arrastra la osamenta pero se mueve. Parece que el tiempo le hubiera pegado un latigazo y después, arrepentido, le hubiera perdonado la vida. Tal vez todavía tiene alguna misión en la tierra. Será que hasta el último ser vivo es parte del movimiento del mundo. Cuando muera se lo comerán los chimangos, los caranchos, los peludos, las hormigas y los gusanos. Mientras tanto, él se mantiene con los pocos pastos que corta con los tronquitos de sus viejos dientes.
Me acerqué despacio y lo saludé:
-¿Cómo anda compañero?-
El petiso cara e´guiso, aquel caballito del que ya les hable en estas mismas páginas, se dio vuelta, e increíblemente me reconoció.
-¡Hola dotor! ¡Tanto tiempo! ¿Qué anda haciendo por acá?-
-Tengo que revisar unas vacas en este campo, así que me hice un ratito para venir a saludarte ¿Cómo estás?-
-¡Contento y tranquilo dotor! Estoy en mi lugar, puedo caminar, tengo algo para comer, veo el sol todos los días y a veces, aparece algún amigo como usté a saludarme ¿Qué mas puedo pedir?-
-¡Que bueno hermano! Que lindo estar así como vos, contento con tan poquito. Ya sabrás que los humanos somos un poco mas complicados-
-Serán mas complicados, pero tendrían que acordarse de que al final, van a terminar igual que yo, comidos por los bichos… ¡Ah! Y que no se van a llevar nada para los campos de allá arriba-
-¡Que lo tiró petiso! ¡Siempre conseguiste dejarme pensando!
El petiso se rió despacio, se dio vuelta y se fue al tranquito. Había visto que venía Corvalán con sus perros, y a esos revoltosos, con sus ladridos, ya no los aguantaba ¡Cosas de viejo!


  

miércoles, 26 de febrero de 2014

Tenía que inseminarla


Quedó última en el toril de la manga y me espiaba entre las tablas. Petiso Maidana fue corriendo hasta el fondo para hacerla entrar, agarrarla en el cepo, y así terminar el trabajo de inseminación en el lote de vacas negras.
Pero noté que ella me quería decir algo, así que le hice una seña a Petiso de que esperara y me arrimé hasta la muchacha que me miraba con sus ojos grandotes y mansos.
-¡Spinelli! ¡Tengo miedo! Por eso estuve dando vueltas tratando de escaparme pero no puedo. Es que nunca me inseminaron. Siempre anduve con lindos toros, pero eso de que usté me fabrique el ternero no me gusta nada ¡Es medio impresionante!-
Tuve que contenerme para no largar la risa y le dije: -¡No seas pavota negra! Vas a ver que es un ratito y ya está. Además, te comento que estamos usando semen del Zorzal, un torazo que fue Gran Campeón en Palermo-
-¿En serio? ¿Así que voy a tener un hijo con semejante padre? ¿Y es lindo?-
-¡Que te parece! Es un toro de película, que ya debe tener más de 5000 hijos. Se ha usado para inseminar en la mayoría de los rodeos del país-
Nosotros hablábamos en voz baja, mientras el resto de la gente empezaba a impacientarse por la espera.
-¡Bueno Negrita! ¿Por qué no vas pasando así terminamos y salen todas para el campo? Seguro que ya están con hambre-
-¡La verdad que si dotor! Nos encerraron esta mañana y no hemos probado un bocado desde temprano-
Se dio vuelta, enderezó mansita hacia la manga y mientras la inseminaba me hizo un guiño cómplice. Al salir se dio vuelta y se despidió amablemente.
-¡Chau dotor! Nos vemos el día de la ecografía. Ojala haya quedado preñada-

-¡Chau negrita! ¡Nos vemos!- Le conteste. Petiso Maidana me miraba con cara rara, pero no dijo nada ¡Sabrá Dios en qué pensaría mientras me veía hablar con su vaca!

sábado, 22 de febrero de 2014

Volvió a hablar

Parece mentira. Hace unos cuantos meses que Román no me hablaba, pero ayer, abrió las alas mientras le llenaba el comedero de mezcla, y largó una especie de bufido. La verdad es que me asustó porque no me lo esperaba.
-¡Que lo tiró!- Le dije –Pensé que ya te habías quedado mudo por la edad-
-¡No me hagas reír que se me estira el pico y se me desordenan las plumas!- Contestó rápido y bromista como siempre –Lo que pasa es que mientras emplumo, no se porqué, me cuesta hablar-
-¡Mirá vos! ¡Con razón! Así que en tantos meses habrás juntado un montón de ideas en tu cabecita loca-
-¡Ufff! ¡Me hierve la cabeza! Pero lo primero que tengo que decirte es que esta primavera no pasa sin que me traigan compañía ¡No se si me explico! Se me va la vida y todavía no dejé descendencia-
-¡Tenés razón! Hace rato que tengo anotado, para cuando vaya a Tandil, traer algunos canarios del criadero y una hembrita para que puedas… Ejem… conversar-
-¡Bueno! Tema solucionado- Dijo contento –Pero yendo a la actualidad, estaba pensando en las noticias que escucho en la radio desde hace como tres meses, y estoy convencido que ustedes los argentinos no tienen arreglo-
-¡Pare! ¡Pare compañero! Lo interrumpí –No meta a todos en la misma bolsa ¿Eh? En Argentina hay de todo-
-¡Habrá!- Dijo Román –Pero entonces ¿Por qué son uno de los pocos países del mundo con semejante inflación, compartiendo el podio con los que te dije? ¿Por qué los funcionarios públicos salen día tras día a decir que el cielo es verde, cuando todos los que no usan anteojos ven que es azul? ¿Por qué habiendo pasado un montón de años de extraordinario valor para las cosas que exportan, no se ven las grandes obras de infraestructura que hacen falta, como rutas, ferrocarriles, puertos y tanto más? ¿Por qué ayer la presidenta defendió de manera tan cerrada a un régimen que de democrático solo tiene el nombre, y ha hecho, y sigue haciendo, las barbaridades que todos conocemos? ¿Por qué…-
 -¡Pará Román! ¡No sigas! Veo que estás de vuelta…



jueves, 20 de febrero de 2014

Dijo el viejo

Se sentó en un banquito bajo, hecho con caderas de vaca, unidas con un cuero de toro negro. Se lo veía viejo y cansado. Las manos gruesas, grandotas, con la piel brillosa y curtida. Los ojos chiquitos. Medio blancos. Con los pelos y la barba ralos y entrecanos. Las puntas de sus botas rotosas casi juntas sobre el piso de tierra. Hablaba acariciando suavecito el mate galleta muy gastado.
-¡Y si! ¡Fue una historia triste! Creo que se conocieron allá por el año 42. Él venía de lejos. Un tipo muy viajado. Era alto, pintón, orgulloso. Medio engreído. Y ella, pobrecita, recién salida del cascarón, apenas había conocido los campos de la zona. En cuanto lo vio, le pareció que se desmayaba de amor.
            Creo que a él también le gusto de entrada, porque desde el primer día le revoloteó, haciéndose ver, hasta que se la ganó.
            Hacían linda pareja. Yo los veía seguido porque en ese tiempo trabajaba en la Estancia Los Cerrillos, donde ella se había criado, y me hice medio amigo. En los meses que siguieron, el cariño largó frutos porque tuvieron dos lindos mellizos. Daba gusto verlos. En cualquier momento del día se encontraban y cruzaban algún picotazo.
            Pero se ve que el tipo no era de quedarse quieto, y antes de la entrada del primer invierno la convido a volar para sus pagos, así que juntaron sus poquitas cosas y se fueron sin despedirse, con sus dos crías todavía chiquitas.
            Resulta que en el campo vecino vivían los chicos de Barragán. Muchachitos indomables y herejes con cuanto bicho se les cruzara. En cuanto mis amigos, los cuervos, cruzaron volando por sobre el monte, les tiraron con sus rifles de aire comprimido. Bajaron al macho y a uno de los pichones, y a la hembrita le rompieron un ala para siempre.
¡Una lástima!- Terminó el viejo. Dio un sorbo largo al mate y se quedó mirando el fuego calladito. Yo no dije nada.  


martes, 11 de febrero de 2014

Un domingo distinto

Fue una linda mañana de febrero en la Estancia Médano Blanco. Ese campo, pegado al mar, cerca de la ciudad de Necochea, tiene en las profundidades de su suelo, unas muy buenas aguas termales. Es así que la gente que compró esas tierras hace algunos años, las ha transformado en un buen lugar turístico con piletas de agua termal, que, si es por lo que indican los carteles, curan hasta la peste bubónica.
Este domingo pasado organizaron una carrera de aventuras llamada “Desafío al Médano Blanco”. Y fuimos a correr mi hijo Juan con un amigo, la prueba combinada de pedestrismo, bici y remo; y yo, los 10 km de pedestrismo. Armaron un circuito muy lindo con subidas y bajadas por médanos con arena bien caliente, y algunos tramos cruzando plantaciones costeras de pino.
Se juntó mucha gente. Los más de 200 corredores con sus familias y amigos, y otro montón con ganas solamente de meterse en las aguas termales.
Yo no estaba demasiado entrenado. Corrí durante enero lo más que pude, con la ventaja de hacerlo en un circuito de sierras con muchas lomas, lo que me acostumbró a las cargas. Pero nada más. Así que traté de no moverme mucho hasta el momento de la largada.
A las 10 de la mañana salimos en una “previa” de 2,5 km hasta la largada real, trotando a buen ritmo hasta una tranquera en medio del campo. Allí paramos un rato mientras uno de la organización explicaba los distintos recorridos, y por fin salimos a los piques, por un camino estrecho rodeado de cardos, buscando los médanos. El primero que encontramos era el mas alto. Desde la punta, donde habían colocado una banderita indicadora, se veía toda la costa y el mar. A partir de allí era subir y bajar tratando de mantener algo de ritmo, hasta que volvimos a desembocar en la famosa tranquera y de ahí, los últimos kilómetros hasta la llegada. Yo venía con poco resto y me encontré con uno que estaba peor que yo. Lo invité a recorrer la última parte en yunta y así llegamos hasta el arco final.

La verdad es que llegar es algo muy gratificante. En cualquier posición. Terminar estas carreras nos llena de energía y bienestar y lo recomiendo vivamente. Sea hombre o mujer, sin importar la edad. Esto se puede hacer a los 11 años, como el más benjamín del domingo, que terminó el recorrido fresco como una lechuga, o en la edad de jubilarse. No importa. Muchos recordarán al célebre Bedoya de Tandil, que con más de 80 años, corría este tipo de carreras calzado con unas finas alpargatas negras. 
  
 Con Juan antes de largar

 A punto de llegar con un rezagado a cuestas

Muy contento al final