lunes, 9 de enero de 2017

El gaucho y el torero

-¡No! ¡Cuando se me mete algo en la cabeza no hay quien me lo saque!- Dijo Ramón Almaraz.
Estábamos esperando que se hiciera la paletita de cordero en la cocina a leña. Afuera el viento y la lluvia castigaban fuerte. El temporal nos sorprendió en la mitad del trabajo y Ramón nos invitó a pasar a su casa. Como los cinco kilómetros, desde la tranquera de “La María Elvira” hasta la ruta, están bien entoscados, decidí quedarme. Alrededor de la mesa nos acomodamos con los chicos que había llevado para ayudarme, mientras Ramón se desempeñaba con el asado y con los cuentos.
-¡Cada vez que entraba en la casa del patrón me le quedaba mirando al cuadro que tiene atrás del escritorio! ¡No sé porqué siempre me llamó la atención!- Siguió contando Ramón.
-Es una pintura de un torero. Por lo que se ve es un chico joven. Yo le calculo unos veinte años. Flaco como una ganzúa. Que le cuento doctor que el pibe está firme adelante de un toro negro, bestial de grande. Para mí que pesará como 900 kilos, y con unas aspas así de largas- Agregó. Haciendo una seña con las manos abiertas y marcando más de un metro de separación.
-El chico este tiene una ropa un poco rara. Toda de colores y muy apretada. Yo pienso que no ha de ser muy de a caballo, porque si no, no se puede vestir así. Pero se ve que es cojonudo porque está parado quietito mirando al animal a los ojos. Como chumbándolo. El bárbaro ha puesto las manos atrás y le muestra el pecho a semejante toro. Tiene escondidas una capa y una espada en su espalda. Y atrás de él, se ve que el estadio ese donde hacen estas cosas, está lleno de gente ¡Capaz que será un festival o yo que sé!-
-¡Qué bueno Ramón! ¡A mí me gustan las corridas! ¡Que gente corajuda que son esos tipos!- Le dije, mientras Lorenzo y Fermín seguían el cuento con los ojos grandes.
-¡Qué le parece doctor! La cuestión es que me pasé años mirando ese cuadro cada vez que entraba en el escritorio, hasta que un día que el patrón viajó a Buenos Aires, le pedí permiso a la Palmira, la señora que le limpia la casa, para entrar yo solito. Me senté en una silla bien enfrente de la pintura, y me puse a verla muy fijo, hasta que por fin… ¡Me pude meter adentro!-
-¡Capaz!- Exclamé asombrado, mientras los chicos se miraban en silencio.
-¡Más vale! ¡Y Dios y el gauchito Gil me iluminaron! Porque no hago más que entrar en el cuadro, y el toro se le viene al humo al muchacho. En cuanto agachó la cabeza, me di cuenta que lo iba a ensartar con el aspa, así que de un salto le di un empujón y el animal pasó entre nosotros como un colectivo lleno. Ahí nomás se dio vuelta y se me vino a mí, pero yo, paisano humilde como soy, le saqué la espada al chico, le metí un tremendo planazo en el medio de la cabeza y lo desmayé. Hay que ver como gritaba la gente. Estaban enloquecidos, pero la verdad es que no estoy acostumbrado a esas cosas, así que me retiré enseguida y lo dejé al torero con su público-
Ramón abrió la puerta de fierro del horno, con un trapo sacó la asadera con el cordero bien dorado y crujiente y lo puso en el medio de la mesa.
-¡Metanlé nomás!- Nos animó -Yo mientras voy a meter los perros al galpón-
En cuanto quedamos solos. Lorenzo me preguntó: -¿Será verdad lo del toro?-
-¡Que se yo!- Le dije -¡Hay cosas misteriosas!-  

   

viernes, 6 de enero de 2017

Cosas de enero

Herida "agusanada"

Para el veterinario de grandes animales, enero es un mes distinto. Son pocos los trabajos programados y muchas las urgencias. Se atienden bestias con heridas de todo tipo, generalmente agusanadas; algunos partos distócicos, que por los grandes calores suelen terminar en cesáreas, ya que los fetos muertos se ponen enfisematosos o “hinchados”; hay mortandades por golpe de calor, cuando a alguien se le ocurre trabajar todo el día en la manga y suele haber problemas por la falta de agua al romperse algún molino, que terminan también con muchos animales con las patas para arriba.
En enero hace mucho calor. En el hemisferio sur es verano y no es raro que, cerca de mediodía, el termómetro roce los 40ºC. Por eso salimos al campo bien temprano, a eso de las 6 de la mañana, tratando de estar de vuelta antes de las 10, cuando el sol empieza a golpear fuerte.
Es la época de las carreras pedestres de aventura. Se hacen en los médanos y playa de cualquier ciudad costera, o en caminos de sierra. Son muy buenos desafíos. Como me dijo un amigo, cuando estábamos a punto de largar una corrida de 10 km, en estas cosas “terminar es ganar”. Así me lo tomo.
En los arroyos salen muchos dientudos cuando el sol está todavía alto, y lindos bagres a la tarde-noche. Sobre todo en los días tormentosos.
Los chicos están de vacaciones y disfrutan la libertad del pueblo. Pedalean por todos los rincones y juegan a la “paleta callejera”.
La piletita de lona esta buena para refrescarse, pero el agua se ensucia muy rápido; además, la armamos muy cerca del árbol grande donde está la casita, y con los vientos de la época, también se llena de hojas.
En nuestro país estamos con zonas de sequía e incendios, y otras de inundaciones. Todo al mismo tiempo. A nosotros nos tocó la sequía. Malo para el campo pero bueno para mí, ya que me libra de cortar el pasto del jardín tan seguido.
Las calles de la zona tienen colchones de tierra de más de 30 cm de espesor y pozos tremebundos. Ni les cuento lo que es un viaje al campo cuando uno queda detrás de la nube de tierra que levanta un camión cargado.
Otra vez se nos vino la plaga del bicho moro. Aterriza en las huertas en enormes bandadas y en una noche puede terminar con una plantación de morrones o de lechuga.

¡Cosas de enero!

viernes, 23 de diciembre de 2016

Temas que calientan

Carreras de galgos.
Estoy convencido de que no hay cosa mala en ellas. Conozco cantidad de criadores de galgos. Ellos prefieren gastar hasta el último peso en su perro, antes que en sí mismos. Cuidan y atienden sus animales con esmero y pasión. Que los hagan correr es buenísimo. Verdaderamente es un tremendo caso de desinformación todo este asunto. Aparece en televisión o radio una persona sensible, declarando que ha visto como se abandonan en las rutas los galgos que ya no corren, o muestran imágenes de perros enfermos, viejos o lastimados, y las almas puras lógicamente se conmueven. Pero sin conocer la cuestión. Obviamente hay tipos inescrupulosos entre los criadores de galgos, así como los hay entre los curas, los militares, los militantes políticos, los profesores universitarios o los dedicados a cualquier otra actividad. Esto no significa que haya que clausurar las iglesias, cerrar los cuarteles, suprimir la actividad política o combatir las universidades. Solo habrá que separar la paja del trigo.

Opiniones políticas

            Los que siguen estas páginas conocen lo que pienso, con respecto a lo que ha pasado en el país en los últimos años. Habrán leído también, que el cambio de autoridades me dio una tremenda alegría. Después de un año, estoy más que conforme con lo que se ha hecho. Se ven los enormes esfuerzos realizados, por gente capacitada y honesta, en ir poniendo las cosas en su lugar después de tantos desbarajustes. Pero no es el caso volver sobre este tema. Ahora solo quiero referirme a los que se fueron y a sus seguidores. La patética gambeta de la ex presidente, a la ceremonia del cambio de autoridades, pareció ser el espejo en el cual se reflejaron sus simpatizantes desde entonces. Pasaron un año insultando, falseando datos como siempre, victimizándose, amenazando, deseando fracasos, y haciendo todo lo posible para joder y molestar. Sé que no son la mayoría, pero como calienta que digan y hagan tantas macanas. Que bueno sería que se quedaran quietitos hasta el 2019, dejando hacer a los que saben. Ni siquiera se precisa que colaboren, ya que nunca mejor aplicado el dicho campero: “Si no estorba, hace de cuenta que ayuda”    

viernes, 9 de diciembre de 2016

La cirugía estética de Pancho

Este es el toro. Ya sedado, higienizado y listo para operar 

 Aquí estamos disecando el quiste

Esta era la masa carnosa que había que retirar. 

Y por fin lo vemos a Panchito listo para volver a retozar entre sus vacas.

Pancho es un toro Angus negro imponente. Pesa unos 1000 kg y se pasea muy orondo por el rodeo desde hace tres años. Amo y señor de un buen lote de vacas. Pero a pesar de ser tan impresionante, desde hace dos temporadas, Paco, otro toro negro, vive molestándolo. Se pelean continuamente, en interminables topadas y cabezazos. Tantas veces se golpearon, que a Pancho le creció un tremendo quiste sobre el hueso frontal, al que decidimos quitar en una bonita operación estética.
Una vez que Pancho estuvo agarrado en el cepo y sedado, comencé las maniobras de extracción, mientras el tipo me hablaba bajito para que nadie nos escuchara:
-¡Diga dotor! ¿Está seguro de lo que va a hacer? Mire que yo con eso puedo vivir tranquilamente-
-¡Ah bueno! ¡Parece que al señor le ha dado miedo la operación!- Dije mientras terminaba de anestesiar la zona.
-¡No! ¡Miedo no! ¡Es solo impresión! ¡Pero le tengo fe! ¡Además! No veo la hora de que me saque esa caperuza de la cabeza. Cada topetazo que nos damos con ese podrido de Paco, me hace ver las estrellas-
-¡Bueno Pancho! Vos cerrá los ojos y quédate tranquilo, que en un ratito vas a estar listo-

Y así fue nomás. En menos de media hora ya había sacado aquella masa, que pesó casi un kilo, y terminaba de suturar prolijamente la herida. Al mes siguiente fui al campo para ver como andaba y el gran animal me saludó alegremente meneando la cola y revoleando las orejas. Ya casi no quedaban rastros de la sutura. Contento con el resultado, le tomé dos o tres vasos de cerveza helada al propietario, para festejar el éxito de la operación.  

sábado, 26 de noviembre de 2016

Otra tanda de aprendices


Se va otra tanda de residentes, conocidos en el pueblo como “aprendices”. Como tantas veces, Erik y Ariel se metieron en la vida del lugar, se hicieron conocidos de mucha gente y hasta se dio el caso de que Ariel interviniera en el estreno de la última obra de teatro, haciendo un papel corto pero bien logrado.
Estos últimos vinieron como parte de las residencias de pregrado de su Facultad de La Plata. Ayer llené las planillas que deben entregar, junto con la calificación, y hay un ítem donde preguntan cómo evalúo sus conocimientos teóricos, y volví a explicarles a los docentes platenses, que mi función como tutor no es evaluarlos. De eso se habrán encargado los profesores que tuvieron en cada materia cursada. Creo que mi función como tutor es darles. Darles todo lo que pueda. Mostrarles nuestra realidad de trabajo, hacerlos participar en nuestras tareas, que vean una forma de comportarse y relacionarse con la gente, y trasmitirles, si se puede, algún modesto conocimiento o práctica fruto de la experiencia.
Muchas veces me han preguntado que se gana con esto de ser tutor, ya que no es una actividad rentada, y yo digo que lo mejor que se puede obtener son afectos. Ver que los que pasan por San Manuel, se llevan alguna cosita o algún detalle que les servirán en su vida profesional. Recibir cada tanto alguna llamada de un ex aprendiz, haciendo una consulta por un caso y, por fin, sentir que lo que se dio generosamente, vuelve en buenos recuerdos.
Y ya quedó el sucucho desocupado para recibir nuevos aprendices llenos de ganas de trotar por el campo entre las vacas. Ahora estamos en contacto con una estudiante de Francia. Veremos que sale.


martes, 15 de noviembre de 2016

Una mortandad





Suele suceder que se produzca una gran mortandad de vacunos. A veces son intoxicaciones masivas con distintos elementos, otras son brotes de alguna enfermedad infecciosa, en ocasiones un rayo o una centella hacen un desastre, y podría contarles montones de otros ejemplos.
Ayer me llamó Pedro. Uno va catalogando mentalmente la gravedad del asunto por el tono del interlocutor. Esta vez, el hombre sonaba casi lloroso.
-¡Hola Jorge! ¡Soy Pedro! ¿Podrás venir urgente? Recién salí al campo y me encontré diecinueve vacas muertas en el rodeo de las viejas-
-¡Qué bárbaro! ¡Enseguida salgo para allá!- No quise preguntarle mucho para no demorar la partida. En estos casos es bueno manejarse con rapidez, porque no sabemos en qué momento de la mortandad estamos. Me monté en la blanca y allá se fue todo el equipo. Llegamos en media hora y nos encontramos un panorama desolador. El potrero de 40 hectáreas de campo natural, lucía salpicado de cadáveres por todos lados. Todas vacas grandes. Algunas con ternero al pie y otras preñadas a término. Siguiendo el protocolo, tomamos todos los datos posibles del lote, del potrero, de los últimos movimientos y medicamentos aplicados. Después hicimos la necropsia a dos de las muertas y tomamos varias muestras para laboratorio, aunque ya el diagnóstico lucía claro y contundente.
En la semana previa, las 150 vacas con sus terneros habían sido llevadas hasta la manga distante unos 4 kilómetros. Allí estuvieron encerradas 3 días, porque hubo una tormenta fuerte en el medio, que impidió llegar al campo a los vacunadores de la Fundación Antiaftosa. Al día siguiente de regresar a su potrero de origen, murieron todas.
Una combinación de stress, ayuno y el efecto del clima, fueron desencadenantes de una hipomagnesemia aguda, que se llevó al 14 % del rodeo a pastorear en el cielo de las vacas.
Las mortandades masivas son problemas en los que hay que manejarse con extremo profesionalismo, porque suele suceder que se originen conflictos de intereses entre el dueño de los animales y el causante de las muertes si lo hubiera.
Una vez, hace muchos años, un cliente no tuvo mejor idea que bañar a sus vacas con un antisárnico de una partida que el Laboratorio había sacado de circulación, porque por error salió con la droga pura. Como el remedio además estaba vencido, el buen hombre lo preparó “un poco más fuerte por las dudas”. El resultado fue que murieron más de 80 novillos de 400 kg, de los casi 200 afectados. Fueron 24 horas de correr para conseguir toda la Atropina posible y hacer incontables viajes al campo para seguir tratando los convalecientes. Hicimos una carpeta con un informe detallado del caso, adjuntando análisis de laboratorio, fotografías y cuanto elemento pudiera servir a la presentación y finalmente, el Laboratorio, tratando de minimizar el impacto de la tragedia, terminó pagándole al productor hasta el último finadito.
  


miércoles, 9 de noviembre de 2016

Tiempo perdido

Complicaciones matinales en el viaje al campo

Tengo muchos amigos y conocidos que son verdaderamente adictos a la tecnología. Están conectados durante la mayor parte de su vigilia diaria, a todo tipo de aparatos: Televisión, radio y las incontables variantes que ofrece internet. Consumen sin parar información. Y generan comentarios y reacciones sobre cualquier noticia. Opinan sobre una elección presidencial, una foto de un perro accidentado, los dichos de una vedetonga de moda, o la llegada de la Fragata Libertad.
¡Basta! ¡Cortemos el tiempo de pelotudeo! (para los lectores extranjeros, pelotudeo sería perder el tiempo en tonterías) Propongo un límite bien intencionado y voluntarioso, intentando, por ejemplo, no dedicar más de dos horas a cualquiera de estas actividades. Tal vez poniendo un timer que avise que terminó el tiempo de la tontería diaria.
Un timer es muy barato en comparación con lo que se pierde, estando sentado al pedo tanto tiempo.
Las mujeres que se quedan hasta cualquier hora viendo Tinelli, tendrían que inventar algo y tal vez volverían a tejer ropa para su familia y hacer bonitas prendas al crochet. O cocinar buena comida casera para el día siguiente.
Y los varones a los que no les alcanzan las horas para ver fotos de minas en Instagram o mirar futbol de cualquier parte del mundo por TV, podrían usar su tiempo libre para hacer arreglos en la casa, cultivar una buena huerta y tantas otras cosas útiles.
Hoy pensaba esto cuando me encontré con Martín, el dueño de un campo de la zona, que posee la tecnofilia que les contaba. El tipo estaba como loco devorando los millones de comentarios generados por la victoria de Trump.
Yo había estado anoche con ensayo de teatro hasta tarde, hoy me levanté temprano preocupado por el aguacero que estaba cayendo en la zona, y apenas tuve tiempo de preparar las cosas para ir al campo por un trabajo de inseminación a tiempo fijo impostergable. En el camino nos encajamos, nos llenamos de barro y al final tuvimos que caminar los últimos cinco kilómetros cortando campo, hasta llegar a la manga.
Nos esperaba Martín con la hacienda encerrada. Nos saludó y enseguida me dijo: -¿Y? ¿Qué te parece lo de Trump?-
-¿Qué le pasa a Trump?- Pregunté.
-¿Qué? ¿No sabés? Es el nuevo presidente de USA-
-¡La verdad es que no sabía! ¿Y qué?- Le conteste educadamente -¡A mí que me importa Trump! ¡Casi no tengo cosas más importantes para pensar!-

Se rio y cambió de tema. Seguro que pensó que lo estaba cargando.  

Contando historias desde el escenario



Se nos viene una nueva obra de teatro. Esta vez se trata de “Un casamiento picante”. Seguimos en la línea de las comedias ligeras que tanto gustan a la gente del campo y el pueblo. Ese género, mas la expectativa de ver a muchos conocidos sobre el escenario, hace que siempre se junten mas de 500 personas en el gran salón del Club Atlético San Manuel. Además, tenemos el privilegio de contar con muchos varones que actúan y que lo hacen muy bien, cosa rara en grupos de teatro de otras localidades pequeñas, e incluso en los de ciudades más grandes, donde las féminas suelen ser mas osadas. Creo que esto se debe a que hay en San Manuel una gran tradición teatral, de casi 70 años, y los chicos han crecido viendo a sus mayores sobre el escenario, lo que hace que muchos se larguen con naturalidad sobre las tablas.
Ya les he contado que yo empecé actuando en “El conventillo de la Paloma” en 1985 y desde ese momento estuve metido de lleno en esto. Hace casi 20 años formamos nuestro grupo actual, “Los Timoteos”, como un desprendimiento del llamado Cuadro filodramático Pablo Podestá.
En tanto tiempo, hemos hecho montones de presentaciones en San Manuel, Napaleofú, Lobería, Necochea, Tandil, Balcarce y otros lugares más o menos grandes, como parajes de campo y escuelitas. Siempre a beneficio de instituciones que nos llamen. Ponemos todo. El tiempo, las ganas, la escenografía, el vestuario, los viajes y cuanto haga falta. Solo pedimos a cambio algo para comer después de la actuación, porque cuando baja la espuma y la adrenalina de la obra, se siente un hambre urgente y quemante.
Esta vez me toca solo la dirección. No podré actuar. Quise hacerlo así porque son 11 personajes en escena y la resolución es bastante difícil, sobre todo si tengo que estar también actuando… ¡Otra vez será!

Vamos a ver como sale todo. Ya se han vendido muchísimas entradas anticipadas, así que el Club estará a pleno. Seguro que se sumarán buenas anécdotas al libro de actas del teatro, donde voy registrando estas aventuras. 

jueves, 3 de noviembre de 2016

La necropsia del ternero


Cuando sonó el teléfono, estaba volviendo de la zona de Matienzo. Había terminado un trabajo grande en un rodeo de vacas Angus, y ya pensaba en los mates que me iba a tomar al llegar a la veterinaria.
Era Omar.
-¡Che Jorge! Al final tenías razón. El ternero se murió ¿No querés abrirlo para ver si tiene eso que decías ayer?-
-¡Listo! ¡Ahora entro de pasada y le hago la necropsia!-
El día anterior le había atendido un ternero con claros signos de neumonía. A pesar del tratamiento, estaba en tan mal estado, que le avisé que era muy probable que no se salvara. Lamentablemente resultó cierto.
Cuando llegué, me estaban esperando Omar, con José y Daniel, los dos mensuales. Las necropsias y las cesáreas son trabajos que despiertan mucha curiosidad, así que en este caso, me calcé los guantes y fui desarmando al animalito y explicando las cosas que iba encontrando, mientras los tres me miraban hacer atentamente.
Resultó que era una neumonía grave nomás.

Terminé el trabajo, me lavé las manos y nos tomamos unos mates en la camioneta. Ya no tenía apuro. La mañana estaba cocinada. 

viernes, 28 de octubre de 2016

Un nacimiento



Hay miles de maniobras posibles para ayudar en el parto distócico de una hembra bovina. En este caso, la parturienta es la que colabora con su fuerza de tracción. Aquí tuvimos que corregir la mala presentación del ternero (ya muerto y con el culito encajado en la pelvis materna), para luego liberar a la madre del cepo de la manga y dejarla que haga el resto del trabajo.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Un hombre informal

Si hay un tipo inservible y despelotado, ese es Gerardo “tucu” Morales. Por eso nadie entendió las razones por las que lo metieron en la Comisión Cooperadora del colegio. Tal vez se debió a que es simpático.
El año pasado quedó a cargo de organizar la “pollada” del sábado 22 de septiembre. Una venta masiva de pollos asados, para recaudar fondos para la escuela. Se vendieron casi doscientos animales en la semana previa y el tucu, desorejado como siempre, recién el viernes anduvo a las apuradas, comprando la cantidad necesaria en las tres carnicerías del pueblo. Hasta ahí llegó su esfuerzo. El sábado, a las 10 de la mañana, se dio cuenta que no había quien hiciera el trabajo con las parrillas, entonces llamó de urgencia al peludo Martínez, que por suerte tenía el día desocupado.
-¡Che peludo!- Le dijo el tucu – ¡Tenés que cocinarme unos pollos en la escuela 15! ¿Podés ir ahora?-
-¡Dale! ¿Son muchos? ¿Ya tenés el carbón?-
-¡No! Son unos pocos. Pasá por lo del tío Lucas y retira el carbón a nombre de la Cooperadora-
El peludo pasó por el almacén, sacó dos bolsitas de carbón, y se fue para la escuela cerca de las once. Cuando llegó, se encontró con algunas mujeres que estaban abriendo y adobando los doscientos pollos en cuestión y como es natural, se calentó hasta los huesos.
-¿Pero este tucu es loco?- Preguntó - ¡Me dijo que eran unos pocos pollos! No semejante cantidad ¡Listo! ¡Ahora que se embromen! Yo voy a hacer lo que pueda-
Acomodó todos los pollos en cuatro parrillas muy grandes y prendió el pequeño fuego en un rinconcito. El calor llegaba a cocinar unos 6 o 7 animales. El resto estaba blanco como un papel cuando a las 12, empezaron a llegar los compradores a retirar su mercadería. También llegó el tucu. Y presionado por la gente, se fue corriendo hasta el mercado y retiró otras veinticinco bolsas de carbón. Entre hacer el nuevo fuego y cocinar los pollos se hicieron casi las tres de la tarde. La gente, con paciencia de pueblo, improvisó otro almuerzo y fue a la tarde a buscar su comida a la escuela. Y en casi todas las casas de San Manuel, el domingo almorzaron pollo asado.

-¡Al final no salió tan mal!- Se defendió el tucu el miércoles siguiente, en la reunión de Comisión, donde hicieron el balance de la pollada. De todas maneras. Nunca más le encargaron tarea alguna. Solo lo ocupan para barrer y acomodar las sillas, cuando hacen baile en el Club.   

martes, 25 de octubre de 2016

¡A mi que me importa!

Bien temprano, como casi todos los días, empezó la ronda de mates en el local de la empresa del canal de cable de San Manuel. En las vueltas de la charla, apareció el tema de Etelvina López.
-¡Miren chicos!- Dijo Ramón, el jefe y encargado de la contabilidad – ¡Lo de Etelvina no va más! Hace seis meses que no paga. Yo sé que la pobre tiene mil problemas, pero si no le cortamos el servicio, los que se enteren nos van a tirar la bronca. Hoy mismo se van y la desconectan-
Como a las once de la mañana, Martín Ordoñez y Pablo Martínez, estacionaron frente a lo de Etelvina, bajaron la escalera grande, la afirmaron contra la pared y allá subió Martín a cumplir la penosa misión. Etelvina es una buena mujer, trabajadora y humilde, que tiene la desgracia de algunos pequeños vicios como el cigarrillo y el vino, que no desmerecen sus virtudes. Por eso ni se animaron a golpear la puerta y avisarle lo que estaban por hacer. De todas maneras, Etelvina oyó el movimiento y salió a la vereda. En un vistazo comprendió la situación, mientras Pablo, avergonzado, se refugiaba en la camioneta. Allá arriba quedó Martín tratando de evitar el cruce con Etelvina hasta que ella le grito:
-¡Martín! ¡Martín!-
El chico se hizo el sordo hasta que no le quedó más remedio que girar la cabeza y enfrentarla en un saludo:
-¿Cómo anda Doña Etelvina?-
-¡Yo bien! ¿Y vos que andas haciendo Martín?-
-¡Y! ¡Cumpliendo órdenes! ¡Nos mandaron a cortarle el cable!-
-¿Y cuánto les debo?-
-¡Seis meses Doña Etelvina!-
-¡No hay problema! ¡Cortá nomás Martincito! Total hace cuatro meses que estoy sin luz porque no le pago a la Cooperativa. Ya me estoy acostumbrando a manejarme con las velas y lavar la ropa a mano. La macana es que se nos viene el verano y tampoco tengo heladera- Dijo sonriente – ¡Mis viejos se criaron en el campo y sin luz y acá estamos de lo más contentos, criados y sanos!
  



martes, 13 de septiembre de 2016

Una mujer bien plantada

La señora entró a la veterinaria ayer a la tarde. Bajita, morruda, cara colorada y redonda, bien de campo, pelo rubio con rulos y unos 40 años encima.
-¿Usté es Spinelli? ¡Yo soy Vilma Lopez! Trabajamos con mi marido en el tambo de Alcántara-
-¡Mucho gusto señora!- Le dije, y le tendí la mano para saludarla. La doña tenía manos ásperas y fuertes. Curtidas por el trabajo -¿Qué anda buscando?-
-¡Preciso una bolsa de guantes largos para inseminar!-
Mientras sacaba la bolsa del mostrador, y por hablar algo, le pregunté: -¿Insemina usted?-
-¡Más vale dotor! ¡Mi marido solamente ordeña! Yo lo ayudo con el tambo, hago la guachera, insemino y hago todo en mi casa. Igual a fin de mes nos vamos, porque nos prometieron un montón de cosas y no nos cumplieron-
-¡No me diga! ¿Y con el encargado cómo andan? ¡Me dijeron que es bravo!-
Yo le preguntaba por un tal Benito Menéndez, un hombre grandote, mal bicho y con fama de pendenciero.
-¿Bravo? ¡Una porquería es ese tipo! ¡Pero conmigo no va a joder! ¡Lo voy a cagar a palos! ¡Yo se karate así que en cuanto me diga algo lo reviento a golpes!-

Yo me quedé sin palabras ante tremendo despliegue de amenazas y por las dudas, me despedí cortésmente de la dama ¡Como para decirle un piropo! 

Vaca burlona



-¡Andá Damián! ¡Encerrá la 369 así la revisa Spinelli!- Gritó Rosales para que el peoncito nuevo lo escuchara. El muchacho, ni lerdo ni perezoso, saltó sobre el caballo gateado que tenía ensillado y se fue a buscar la vaca que le pedía el encargado.
-¿Qué le pasó a esa vaca Rosales?- Le pregunté mientras tomábamos mate y esperábamos sentados en las tablas de la manga.
-¿Qué le pasó? ¡Ya la va a ver! ¡Esa vaca se está riendo de nosotros desde hace dos días!-
-¿Cómo es que se ríe de ustedes?-
-¡Sí! ¡Nos hace burlas!- Contestó el hombre y cambió el tema de conversación.
Al rato llegó Damián con la vaca Hereford y la metió en la manga. Yo me fui hasta la camioneta para bajar la caja con el instrumental, y de pronto me la encontré agarrada en el cepo…¡Y sacándome la lengua!

-¿Qué le dije Spinelli? ¡La tipa se está riendo de todos nosotros!-  

lunes, 22 de agosto de 2016

Dos cabezas y un ternero



La enorme vaca negra amaneció con las patitas del ternero asomando apenas entre sus labios vulvares. Ante el gran tamaño y desarrollo de la cavidad pelviana de la mamá, decidimos sacar el ternero haciendo tracción con sogas. 
De todas maneras, al comenzar a tirar, notamos mas resistencia que de costumbre, por lo que finalmente tuvimos que hacer fuerza entre tres personas hasta lograr que cediera.
Al terminar la maniobra vimos lo que pasaba, La criatura tenía dos cabezas perfectamente formadas emergiendo cada una de un segmento cervical distinto ¡Muy bonito! 

domingo, 21 de agosto de 2016

Paciente en apuros


Llegué al campo muy rápido. Roberto me había llamado al amanecer para decirme que una vaquillona no podía parir y que me la dejaba encerrada en la manga. Él se tenía que ir a dar de comer a los corrales.
-¿Te arreglás solo?- Preguntó
-¡Voy a tratar! ¡Cualquier cosa te llamo!-
Cuando la pequeña futura mamá me vio llegar sin Juan, mi hijo y colega, se alarmó:.
-¡Buen día dotor! ¿Le parece que va a poder sacarme al nene de adentro? Vea que estoy así desde anoche y este es hijo del toro Beto que es una bestia...-
-¡Vos quedate tranquila y pasá nomás por la manga que te reviso y vemos!-



Antes de que la pobre tuviera tiempo de asustarse mas, le hice unas elegantes maniobras y en un rato le ayudé a tener un hermoso ternero macho.
Mientras me lavaba y desinfectaba, el tipito se puso trabajosamente de pie y empezó a olfatear la ubre calentita para darse el primer festín.

viernes, 19 de agosto de 2016

La revancha de Evaristo

A medida que Evaristo Martínez se fue poniendo viejo, su espalda cambió de ángulo lentamente. De estar derecha como un asador en los años mozos, haciendo que Evaristo luciera muy galano sobre caballos impecables, a la lamentable inclinación hacia adelante con que se mostró en su vejez. Tanto que los muchachones del pueblo le terminaron diciendo “el busca-hormigas”.
Allá iba Evaristo haciendo a pie sus mandados matinales, escasos como corresponde a un jubilado. Tan inclinado al frente que parecía caerse a cada paso, y haciendo extrañas contorsiones para ver quién era el que lo saludaba a la pasada, con el típico ¡Uep! ¡Evaristo!, tan propio de San Manuel.
Nadie lo decía, pero todo el mundo pensaba que el pobre infeliz ya nada podría hacer en su vida con semejante deformación.
Pero pasó lo que tenía que pasar.
Cuando se jubiló, se vino a vivir a su casita en el pueblo y se trajo dos caballos que quería más que a sus ojos. Un picazo medio desecho por el trabajo, y un moro que era su orgullo para enlazar en las yerras. Los mantenía en los terrenos baldíos, o en alguna quintita de atrás de la vía, gracias a la generosidad de los vecinos.
Una mañana fue a ver sus animales. Desde hacía una semana los había metido en un potrerito cerca de la Estación, con bastante pasto bueno y un rincón plagado de cicuta. Se ve que el moro había andado extrañando y recorriendo de punta a punta el terreno, porque apareció en medio del cicutal. Evaristo, siempre agachadito, se metió entre las plantas altas y, como siempre miraba el suelo, entre unas ramas podridas le llamó la atención un pedazo de madera. Con el palito que llevaba en la mano removió un poco las malezas y se dio cuenta que esa madera no era solo un pedacito roto. Trabajosamente se hincó y empezó a limpiar con sus manos, hasta que apareció completa una caja de madera y hierro. Contaba Evaristo que en ese momento pensó que era un cajón de herramientas,  pero jamás se imaginó que al abrirlo se encontraría con pilas de monedas de oro y un montón de cartas viejas atadas con una cinta.
Loco de contento corrió hasta su casa y se pasó el resto del día leyendo las 62 cartas que había en la caja. Contaban la historia de amor de Luciano Garay y Amelia López, casi cien años antes, cuando en la zona todavía andaban algunos malones. La caja la había enterrado ella, por miedo a los indios, poniendo a salvo los ahorros de toda su vida y el testimonio de sus más íntimos sentimientos. Según supo después Evaristo, los dos murieron lanceados salvajemente por los infieles.
Evaristo se quedó con su “tesoro”. Vendió algunas monedas, se compró el campito del milagro, y hoy pasa sus tardes en el club tomando la copa, y jugando al tute con los amigos.

Siempre agachadito. Pero ya no le dicen “el busca-hormigas”, ahora es Don Evaristo.

Esperanzado

Sabrán los lectores de este sitio que no es común encontrar aquí opiniones políticas, pero hoy “pinto” hacer algún comentario.
Deseo fervientemente que este nuevo gobierno siga trabajando como hasta ahora. Con conocimientos, con transparencia, con vocación y con enormes ganas de hacer que por fin, nuestro país sea el lugar con el que soñamos la mayoría de los argentinos.
Porque hay que tener enormes espaldas y una mente poderosa para aguantar la pesadilla que le dedicaron, aún antes de asumir, los ladrones, mentirosos, hipócritas e insensibles que todos conocemos. Creo que la cárcel y la devolución de lo robado sería un lindo paso como para bajarles el copete.

¡Acá hay un tipo muy esperanzado! 

jueves, 18 de agosto de 2016

En torno a la salud

Lo supe hace un tiempo y me alegró. Se están creando grupos en todo el mundo, que se oponen al sobrediagnóstico médico.
La cuestión es que hay una creciente demanda de atención de la salud humana, generando una industria floreciente en torno a la medicina.
Y como toda industria necesita ganancias, a través de la publicidad y de importantes incentivos a los profesionales médicos, logran que la demanda de servicios siga aumentando. El círculo se cierra perfectamente.
Algo de esto sucede también en algunos sectores de la medicina veterinaria. Lo vemos sobre todo con las mascotas y los caballos deportivos.
¡Pero hay que parar la mano! O al menos gritar bien fuerte que hay otra manera de vivir.
Si algún hipocondríaco siguiera al pie de la letra las recomendaciones increíbles que hacen desde los medios, seguramente visitaría el consultorio médico al menos una vez por mes. Esto no es normal ni bueno para el paciente, ni para el sistema de salud.
Vemos que los centros de atención están colapsados, las obras sociales en su mayoría dando pésimos servicios y pagando peor, las prácticas médicas hechas a las apuradas y en serie, y a  muchos mayores de cincuenta años, tomando de por vida cinco o seis medicamentos diarios.
Creo que si cada uno de nosotros se limitara a requerir del médico lo mínimo indispensable estando sano, solicitando atención solo en casos reales de enfermedad, muchos de esos males tenderían a corregirse.
De todas maneras, tampoco llegar a los extremos como el mío, que deben ser la delicia de cualquier obra social. Visité un clínico hace casi diez años cuando tuve la culebrilla y a un odontólogo, hace ya cuatro años, por unos arreglos en dos muelas.
Aunque parezca mentira, llegué a los cincuenta y ocho años en la plenitud física. Solo con las dolencias propias del trajín. Tal como dijo el Libertador San Martín, son achaques que hay que aguantar porque “toda casa vieja tiene goteras”.
A pesar de esto, si algún día me siento enfermo gustosamente visitaré un médico, y si me toca partir para el lado de arriba, me resignaré ante lo inevitable.


jueves, 4 de agosto de 2016

Poroto el bromista

Miguel “Poroto” Menéndez, es un vecino del paraje Dos Naciones, destacado por sus bromas pesadas. Así como hay gente habilidosa para el fútbol o la carpintería, Poroto nació con facilidad para inventar travesuras.
Una de sus hazañas más recordadas, la hizo en el baile anual de la escuelita, en el año 2006. Resulta que se conmemoraban los 50 años del colegio, y la gente de la cooperadora tuvo la idea de hacer una reunión bastante más importante que otras veces, invitando a ex alumnos y a todas las maestras vivas que habían desfilado por la escuela en tantos años. Contrataron al grupo “Los Narcóticos” de Ayacucho y planearon varias atracciones más, entre ellas, el sorteo con el número de la entrada, de un hermoso lechón carneado, listo para poner en el asador.
La fiesta fue un éxito de público. Para la una de la mañana calculaban que había unas 400 personas colmando el enorme salón de actos, moviéndose al ritmo de Los Narcóticos. De pronto, por esos misterios de la Cooperativa Eléctrica, se cortó la luz. La gente se lo tomó con calma, acostumbrada a los cortes y a manejarse con faroles en los campos. Tanteando y a las risas, siguieron moviéndose despacito en la oscuridad. No faltaron algunos toqueteos indecorosos, los gritos ofendidos de las afectadas y las barbaridades sin control dichas por los borrachines de siempre.
Pero el sorpresivo apagón sirvió para que Poroto pudiera concretar la macana que venía planeando. En un periquete agarró el lechoncito y se fue derecho hasta el lugar donde los músicos tenían sus bolsos y pertenencias, y lo escondió prolijamente en el estuche del acordeón a piano.
Al rato volvió la luz y la fiesta volvió a animarse, hasta que el primer comedido pegó el grito: -¡Se afanaron el lechón!-
Se armó tremendo despelote y Almada, el presidente de la cooperadora agarró el micrófono y dijo que si era una broma, ellos no se iban a ofender, pero que el animal tenía que aparecer. Al no haber respuesta y ya pensando que se trataba verdaderamente de un robo, decidieron pasar a la acción. No dejaron salir a nadie del salón y entre dos o tres voluntarios revisaron el montón de vehículos parados en la calle de tierra, pero sin éxito.
La cosa se ponía fea hasta que Poroto, acodado en la barra tomando un Fernet tranquilamente, le dice a Almada en voz baja: -¡Vea compañero! ¡Yo que usté reviso las cosas de los músicos, porque el viejo ese del acordeón no me gusta nada!-
Y hecho un ovillito, apareció el lechón adentro del estuche. Se armó un revoleo terrible de trompadas entre los indignados vecinos, y los músicos y simpatizantes que habían venido de Ayacucho, hasta que los milicos pararon todo con unos tiros al aire, dando por terminada la fiesta.

Al mes, se supo que todo había sido otra de las bromas de Poroto, pero ya el crimen estaba prescripto y quedó para el recuerdo.