sábado, 26 de mayo de 2012

La trampa

Corté un pastito seco y me lo llevé a la boca. Es una buena costumbre en el campo. Uno va jugando con el tallito entre los labios, dando mordiscos chicos, y sacando un jugo especial, mientras piensa tranquilamente en cualquier cosa.

Ese día estaba esperando que me abrieran la tranquera del fondo, para entrar en la estancia “El Amancay”. El encargado avisó que venía en camino. Se le había complicado la mañana, así que me encontré con un buen rato vacío por delante. Era la primera hora de la tarde y solamente se oía el aleteo de las moscas y el zumbido de algunas abejas que andaban pecoreando. Recién terminaba de almorzar unos buenos tallarines con tuco y tomarme algún tintillo, así que sentía la dulce modorra siestera.

Me acomodé entre unos pajonales buscando que el solcito me diera bien de lleno y en las dos luces del sueño lo vi. Justo atrás del alambrado, y disimulado entre los cardos, me topé con los dos ojos que me miraban fijos. Una enorme panterita, como llaman en el campo al gato montés negro, se había estacionado a prudencial distancia y me estudiaba. Me quedé quietito y le hablé:

-¿Cómo andás hermano?- Pero el bicho no me contestó, ni se movió, ni pestañeo siquiera. Yo insistí:

-¿Andás alunado que no contestas? ¿O no me conocés? ¡Soy Spinelli!- Ahí sí pareció cambiar la cara y con voz panteril me dijo:

-¡Me parecía que era usté dotor pero no me quise jugar! ¡Vio como somos de desconfiados los gatos!-

Yo seguía sin moverme para no asustarlo, y le dije que se arrimara a charlar un rato. Entonces, cuando se vino y quedó mas cerca, pude ver algo asombroso. La pata de atrás, del lado zurdo, era como una muletita de hueso. Desde la mitad de arriba y hasta las uñas, no tenía ni piel ni músculos, solo el blanco grisáceo del esqueleto y los ligamentos y tendones amarillentos.

-¿Y eso? Pregunté asombrado ¿Qué te pasó?-

-Esto me lo hizo una trampa para zorros que me puso el viejo Menéndez. Me arrimé una noche a robarle algún pollito, como hacía bien seguido, pero el viejo bandido me había puesto la trampa, frotada con carne y grasa para que yo no sintiera el olor, y caí como un estúpido. Quedé agarrado toda la noche hasta que, cuando salió el sol, lo vi venir con un palo y con las ganas de dármelo por la cabeza. Me puse loco y empecé a tirar con todas mis fuerzas, hasta que sentí que parte de la pata se me desprendía y pude escapar. Corrí sin parar como una hora y cuando se me pasó el susto, me di cuenta que había dejado un pedazo mío agarrado en esa trampa ¡Pero por lo menos me salvé!-

-¿Y cómo te curaste?-

-¡Solo! Estuve tratando de encontrarlo a usté, pero me dijeron que no viene muy seguido por “El Amancay”, así que me armé de paciencia y fui limpiando con cuidado mis huesitos, hasta que me curé y quedé así-

-¡Lo que es la naturaleza!- Dije yo

-Aja- Dijo él y se despidió porque ya llegaba Menéndez para abrir el candado.





jueves, 24 de mayo de 2012

Babas del Diablo

Las babas del diablo son esos filamentos largos, blancos y pegajosos, que vuelan arrastrados por el viento, hasta que encuentran un alambrado, una planta o alguna piedra donde estaquearse.

Ayer y anteayer aparecieron por todos lados, y se dice que atrás de ellos se viene un aguacero.

-¡Que lo tiró dotor! ¿Vio como se llenó de esta porquería?- Dijo Guzmán mientras se despegaba a los manotazos las hilachas que había arrastrado al abrir una tranquera.

-¡Y si! ¡Será que se viene la lluvia!-

-¿Cómo la lluvia? ¿Nunca le contaron de donde salen?-

-¡Sí! ¡Como no! Son telas de araña nomás-…

Guzmán largó la carcajada y me dijo medio en broma –Se ve que lo carcome la inorancia dotor ¿Quiere que le cuente?-

-¡Y metalé Guzmán!- Le dije mientras empezaba a operar una vaca con cáncer de ojo.

-¡El asunto es así! Arrancó -Yo lo se porque me lo contó mi abuelo cuando era chico. El viejo era un indio de allá, de Corrientes, que sabía mucho de estas cosas. Parece que la gente y los animales van largando ideas al viento todo el tiempo. Las ideas buenas no se ven ni se tocan, pero las malas van germinando y formando bolitas muy chiquitas de color blanco. Como lo malo busca lo malo, esas bolitas se van pegando y pegando, hasta que, de vez en cuando hay tantas amontonadas, que Don Viento no aguanta mas el ver tantas maldades juntas y las empieza a desparramar por todos lados para hacer limpieza-

-¿Así que las babas del diablo son los malos pensamientos de la gente y de los animales que vuelan todos pegados?-

-¡Claro! Por eso se llaman así ¡Además! Si le llega a entrar alguna en los oídos, en la boca o en los ojos sonó… seguro que va a pensar macanas por un tiempo largo-

Mientras me ayudaba a operar, Juan me miró de pronto y dijo en voz baja: ¡Ahí tenés una debajo de la boina, cuidado a ver si te entra en la oreja y te ataca el cerebro!

Me di vuelta con ganas de risa, pero preferí sacarme la pegajosa, por las dudas, y seguí operando mientras pensaba: -Si acá en el campo aparecen cada dos o tres meses, lo que será en otros lugares donde pareciera que los malos pensamientos han echado raíces ¡Deben estar tapados de Babas del Diablo!-

jueves, 17 de mayo de 2012

Triste final


¡Otra vez! Pensó la vieja vaca careta.
Allá andaba Ramón, el encargado, en su caballito gateado overo, con sus perros malos detrás, encerrando el lote de vacas y vaquillonas. Era el día del tacto y el sangrado anual para diagnóstico de brucelosis.
Los perros corrían afanosos ladrando y mordiendo a las remolonas. Nuestra protagonista se ligó una tremenda dentellada en el garrón izquierdo, solo por ser vieja y no poder trotar a la par de las otras. Llegaron a la manga.
-¡Ahí anda Spinelli!- Dijo una. Se dieron vuelta para mirarlo. Los últimos años se habían acostumbrado a su inspección rápida y con poca molestia. Empezaron a desfilar. Alrededor de las diez de la mañana entró la vaca vieja.
-¡Acá voy de nuevo!- Pensó, mientras el cepo le apretaba el cogote. Le dolía el mordisco en la pata, pero ya estaba acostumbrada a esas cosas.
-¡Vacía!- Cantó Spinelli -¡Esperen que le corto la cola!-
-¡Como si no supiera yo que no estoy esperando un ternero! Este verano no se me acercó ningún toro. Debe ser porque estoy fea nomás- Razonaba la rumiante
-¡Y vieja!- gritó Juan después de mirarle los dientes. Pero cuando nuestra vaca estaba por salir se oyó: -¡No la larguen que le corto la oreja!- El del cepo volvió a cerrarlo con fuerza y algo así como electricidad recorrió el cuerpo de la pobre, y por si fuera poco, sintió el frío del cuchillo cuando le rebanó la punta de la oreja derecha.
-¡Listo!- Dijo Juan. Ramón abrió el cepo pero ya la vaca no pudo caminar y se largó con la fuerza de las patas traseras hacia adelante, mostrando claramente que tenía una fractura total sobre la mano derecha, a la altura de la escápula. Quedó caída sin remedio en el corral de la manga.
A mediodía, mientras la gente comía la carne asada al costado de la manga, el dueño llamó un carnicero de Balcarce, que apareció un rato después con dos ayudantes. Hicieron negocio mientras la vaca escuchaba muy atenta el precio, casi de risa, que el matarife le ponía en ese instante.
-¡No valgo nada!- Pensó -Con todos los terneros que le di a este hombre, ahora me negocia por menos de quince kilos de carne en el mostrador ¡Vida triste la de la vaca!-
Enseguida el carnicero se acercó a la vaca con una cuchilla enorme mientras el resto de la gente miraba.
-¿Qué estará por hacer?- Pensó la pobre diabla. Y casi ni sintió el acero que le entró entre las dos primeras costillas, haciendo explotar un gran borbotón de sangre. Antes que diera las últimas patadas, el tipo empezó a cuerearla por la cabeza, y enseguida se la apartó del cuerpo y la tiró a un costado.
La vaca todavía tenía los ojos bien abiertos y miraba todo con calma y resignación. Nada le dolía. Solo sentía una dulce tranquilidad. Alcanzó a ver como partían su cuerpo en seis pedazos y lo  cargaban en la camioneta mientras el resto de la gente, aburrida con el asunto, seguía revisando a las chicas como si nada pasara.
De a poco se le apagó la luz y se fue sin una queja.

martes, 15 de mayo de 2012

Amaneciendo



Crucé el jardín que separa la casa de la veterinaria antes de las 5 de la mañana. Estaba muy oscuro porque la luna apenas creciente no daba ninguna luz a la noche. Una helada machaza había congelado los pastos que crujían al pisarlos y el aliento se me iba en una columna de vapor.
Mi perro Protón me saludó contento y se estiró voluntarioso esperando alguna caricia al pasar.
Preparé los tubos para el sangrado, las cosas que iba a usar en el tacto de las vacas y la revisación de los toros, y armé el equipo de mate. Cargué la camioneta, y a las 5 y media, salí de viaje para Claraz, feliz y contento. Se venía otro día de trabajo fuerte y seguramente sol pleno, en el campo de los Leguizamón. En el pueblo todavía dormido, lleno de silencio, solo vi dos o tres conocidos madrugadores preparándose para arrancar.
Cuando pasaba por la localidad de Juan N. Fernandez, el sol despuntó sobre el horizonte que blanqueaba y las últimas estrellas se escondieron despacito, mientras desde Radio Necochea, Federico Cañada seguía promocionando las domas y pruebas de rienda de la zona en su programa “Mañanitas Camperas”.
Otro lindo amanecer en el campo.

lunes, 7 de mayo de 2012

Un buen desafío


Uno tiene siempre la invencible tentación de contar las grandes batallas ganadas. No puedo ser la excepción en este caso.
Llegué al campo de Héctor López a primera hora de la tarde a revisar un novillo que, según él, estaba “hinchado”. Era un animal de la raza Holando Argentino, de alrededor de 300 kg, que efectivamente tenía una curiosa deformación en forma de pera en la parte baja de la panza. En cuanto lo hicimos caminar en el corral, se pudo oír bien claro un ruido de chapoteo. Como de líquido libre en el abdomen. Sospechando lo que pasaba, lo agarramos en la manga y le realicé una punción ¡Salía orina!
Suele pasar que los novillos padezcan problemas de litiasis uretral. Los cálculos, más o menos grandes, van obstruyendo la luz de la uretra haciendo cada vez más difícil la micción, hasta que la tapan completamente. La vejiga se distiende cada vez más con el líquido, hasta que finalmente explota.
El asunto era que podía hacer yo en ese momento. Pensé un rato y después me decidí. Hablé con López y parte de la familia, los que comprendiendo la gravedad del problema, me dejaron libre para hacer lo que me pareciera mejor. Primero inmovilizamos el animal en el suelo y haciendo una incisión en el abdomen de unos veinte centímetros paralela a la línea media, pude evacuar casi cincuenta litros de orina libre. Después metí ambas manos en la panza y, comprobé que la vejiga tenía un desgarro de unos diez centímetros. A tientas, ya que el órgano estaba dentro de la cavidad pelviana y no lo podía exteriorizar, lo suturé lo mejor que pude. Luego cerré la pared abdominal y la piel. El primer paso estaba dado. Ahora había que lograr que el animal obstruido pudiera orinar al exterior para que el problema no se volviera a repetir. Entonces descubrí el pene a la altura del periné haciendo otro corte, separé la uretra y después la suturé a la piel por debajo del ano.
Fue una enorme operación y quedaba por ver como resultaba. Lo seguí unos cuantos días con la esperanza de que anduviera bien. Y tan bien anduvo, que se vendió al año siguiente con más de 500 kilos de peso y llamando siempre la atención de todos por orinar como hembra siendo macho ¡Fue muy gratificante ganar esa pelea! ¡Que cada competidor tiene sus propios desafíos!

sábado, 5 de mayo de 2012

Alfredo el expropiado

Algo me quería decir. Ya lo estoy conociendo a Román. Cuando entro a la cocina a preparar el mate y en lugar de saltar de un palo a otro y revolear las alitas, se queda quieto y me mira fijo, seguro que anda con algún tema atragantado.


-¡Buen día macho!- Lo saludé bravamente y prendí el fuego para calentar el agua.

-¡Ja!- Me contestó -¡Miren al tipo! Se pone a preparar el mate como si nada pasara-

-¡Mirá Román! Son las 5 y media de la mañana. No empieces con tus cosas ¿Qué te está pasando?-

-¿No sabés lo que le pasó al gorrión Alfredo?-

-¿Vos estás loco?- Lo increpé -¿Qué se yo quien es el gorrión Alfredo?-

-Te voy a contar. Vas a ver que te va a poner mal. Resulta que hace un tiempo, Miguel el hornero tuvo que dejar la casita que había armado con tanto tiempo y esfuerzo. Al pobre lo engañaron y le prometieron otro nido mejor y que se yo cuantas cosas mas. El nido vacante lo querían ocupar el gorrión Alfredo y el tordo Marcos. La cuestión la definió la sabia lechuza y le otorgó la casita al primero, que tenía una enorme familia, a cambio de que la habitara y la mantuviera en orden ¿Me seguís?- Dijo de pronto Román, demostrando que se copia los dichos de algunos personajes que oye en la radio.

-¡Sí! ¡Te sigo!- Contesté divertido –Pero no veo lo malo del asunto-

-¡Bueno! La cosa es que ahora, a una lechuza pichona se le antojó que el nido volviera a ser del hornero, los borró a Alfredito y su familia, y además, se mandó algunos discursos fatales, diciendo que las ideas de las lechuzas pueden cambiar cuando se les de la gana o la conveniencia-

-¡La verdad es que eso no suena bien! Pero seguro que al gorrión Alfredo le han dado algo tan valioso como lo que le quitaron, porque al fin y al cabo, el no habría hecho ese nido, pero tampoco lo había usurpado-

-¡Que le van a dar! Lo echaron de su casa a patadas en el culito emplumado, no le dieron nada, y encima dicen que el le debe plata a la lechuza por el daño al medio ambiente que ocasionan las cagaditas que quedaron alrededor del domicilio del famoso nido ¿Qué te parece?-

-Me parece que los pájaros se están pareciendo mucho a los humanos ¡Pobres emplumados! ¡La verdad es que da un poco de bronca!-

-¿Viste? ¿Qué te dije?-



viernes, 4 de mayo de 2012

Ser cumplidor


Una de las cosas que resalto en cualquier persona es el cumplimiento de la palabra. Me gusta el que me dice: -Te paso a buscar a las 6 de la mañana- Y a las 5.58 hs está en la puerta de casa. O el que asegura que el martes tendrá listo el trabajo y ese día tiene todo terminado para llevar. Yo soy así. Y la mayoría de los que trato en la zona lo son. Es bueno tener certezas y poder darlas.
Por eso, hoy me dio tanta bronca cuando hable con el encargado de un campo grande.
Hace tres semanas habíamos acordado que el viernes 4, a las 7 de la mañana, estaría allá para hacer el tacto a unas 300 vacas. Llegué a la tranquera del fondo a las 6.45 hs y me la encontré cerrada con candado. Lo llamé por teléfono.
-¡Hola Perez!-
-¿Cómo anda Spinelli?-
-¡Acá estoy! En la tranquera esperando que me abran. ¿O te olvidaste del trabajo?-
Después de un segundo de duda me dice:
-¡Ah! Como usted no me avisó nada pensé que no se hacía, además ahora tengo que salir de urgencia para Lobería-
-¡Pero hace tres semanas que acordamos que la cosa era hoy!-
-¡Se ve que no le entendí Spinelli! ¡Qué macana! ¿Y si lo hacemos el lunes?-
-¡Está bien! Lo hacemos el lunes-
Me volví para San Manuel con mucha bronca. Estas cosas no tienen que pasar y menos si son por estupidez y no por fuerza mayor.


miércoles, 2 de mayo de 2012

Algo notable



La veterinaria es una profesión a la que no le encuentro parecido con nada. Uno vive al aire libre. En el campo. Siente los fríos y los calores y va amoldando el cuerpo a ellos. Hace fuerza permanentemente y ejercita hasta el último musculo de su osamenta. Corre, se mueve y salta en mangas y corrales. Y todo esto dura horas y horas de trabajo. Y transpira, y canta, y charla de mil cosas, y se ríe casi siempre con los mismos temas que ocupan al sector masculino.
Al estar en un pueblo, se llega al lugar de trabajo en poco rato y sin tránsito en las callecitas de tierra. Solo algún camión que nos detiene atrás de una pared de tierra voladora en época de cosecha, o alguna máquina que busca el momento para dejarnos pasar en cuanto el sendero se ensancha.
Se come carne muy seguido, verduras de la zona y de estación, mucha fruta del montón de árboles que se encuentra por el campo, y algunas perdices cazadas al vuelo o bagres del arroyo bien hechos en milanesa. Y en estos días empiezan las carneadas de chanchos así que empezarán a llegar los chorizos y salamines que alegran las nochecitas de invierno acompañados por buen vino tinto.
Además estamos obligados a leer todo el tiempo, a redactar informes, a estudiar casos difíciles y a pensar con intención, que sería concentrarse en un punto y tratar de verle todos los costados sin distraerse. Porque hay que decirlo. El clínico y cirujano de grandes y pequeños animales, debe hacer un notable esfuerzo intelectual si quiere desempeñar su tarea con honor.
Se madruga fuerte. En verano cuatro y media, o cinco de la mañana, y en invierno las seis, son los horarios más habituales, siempre y cuando uno no tenga que hacer algún trabajo en un tambo, que empieza el ordeño a las tres de la mañana. Así que vemos salir el sol casi todos los días y se nos llenan los pulmones del aire fresco del amanecer.
¿Qué más se puede pedir?

martes, 1 de mayo de 2012

Entre mate y mate


Un patio separa mi casa del edificio de la veterinaria. Hace unos días me senté a tomar mate debajo de un cedro, y miraba la enorme antena de treinta metros pegada a la pared del fondo del local.
La pusimos para tener comunicación radial entre el negocio y la camioneta. Hace solo 14 años, era lo más moderno. Parecía increíble poder hablar a cada rato con mi empleado, o conseguir auxilio sin tener que caminar, las veces que me encajaba en algún pantano parido por un temporal.
Hoy no se usa más. En este poco tiempo, todo ese equipo de comunicación es una antigüedad. Apareció la telefonía celular y barrió con todo. Ahora salimos al campo en esta zona quebrada de sierras y cuando ocasionalmente perdemos la señal del teléfono celular, ya nos preocupamos.
Y cuando iba por el quinto mate, y mezclando todo, seguí pensando que los cambios han sido tan vertiginosos que es un milagro que el ser humano no haya perdido la cordura completamente. Que cada vez es más difícil sostener los principios básicos para la convivencia en sociedad. Que los pibes de la nueva generación argentina reciben tanta información cruzada y contradictoria, sumado a que los padres hemos perdido el rumbo y las ganas de ser el ejemplo para ellos, que el futuro será muy distinto a lo que conocimos antes y vemos hoy.
Me parece muy difícil que salga un tipo útil a la sociedad sin haber aprendido que el esfuerzo físico e intelectual son parte esencial de cualquier trabajo, sin que sepa que el respeto a la ley, a las instituciones y a las autoridades son claves, viendo enriquecerse a gente que solo tuvo habilidad para robar sin que lo castiguen, y sin tantos valores que nos parecen imprescindibles.
Digo que me parece difícil, pero seguramente la humanidad logrará dar ese salto como lo ha hecho tantas veces antes… ¡O no!     

domingo, 29 de abril de 2012

Fuera de programa


Ayer sábado amaneció gris y lluvioso. Después de una semana muy intensa de trabajo en el campo, solo tenía programada la castración de una perra Border Collie. De todas maneras me levanté muy temprano y me puse al día con fichas e informes. Como a las ocho y media llegó la paciente y nos pusimos con Juan a operar tranquilamente. No habíamos terminado de suturar cuando me llaman de un campo cerca de La Numancia para atender una yegua. La pobre tuvo una luxación de la rótula derecha así que le hicimos las primeras curaciones y nos volvimos para San Manuel. En el camino nos avisaron que había muerto un novillo de feed lot cerca de Licenciado Matienzo. Y allá fuimos por la necropsia. Llegamos de vuelta cerca de mediodía y apenas terminamos de almorzar, nos trajeron una perra galgo con un filoso hueso de pollo atrancado en su garganta. Y se lo sacamos.

El día seguía muy feo. Además muy frío. Pensé que la actividad semanal por fin estaba terminada y me despedí de Juan y su familia que se iban a Tandil. Preparé el mate y me senté a escribir, pero al rato nomás llegó un cliente con una perra con vómitos y diarrea. Mientras la atendía saboreaba la posibilidad de que fuera la última tarea, pero cuando estaba dando una de las inyecciones, oí el ruido de una camioneta que paraba frente a la veterinaria. Era un muchachón con una oveja parturienta, así que tuve que asistir el nacimiento y después ayudar al dueño a enjuagar la caja del vehículo que había quedado llena de sangre y restos de placenta.

Y por fin llegó el descanso que esperaba, ya anocheciendo, mientras el lavarropas hacía su trabajo sobre las ropas de los últimos días. 

sábado, 28 de abril de 2012

Boca brava


Cuando Benito Pujol abre la boca se ven clarito los pedazos de dientes marrones que le quedan, la lengua con una costra amarillenta, tal vez porque vive a mate y papa, y entre los labios resecos y partidos, se le escapa un olor a resumidero escandaloso.
Será por eso que cuando viene a la veterinaria y se acoda a conversar en el mostrador todos hacemos un prudente paso atrás para lograr una distancia prudencial.
Cuando entró a trabajar con Norberto Alonso, el bueno de Don Beto, le aconsejó que, además del examen físico pre ocupacional, se hiciera una reparación del comedor. Y allá fue Benito al dentista por primera vez en su vida.
La salita del pueblo estaba llena de gente, pero como por milagro, cuando Benito dijo ¡Buenos días!, se abrió un gran espacio en el banco largo de la sala de espera y el candidato se sentó tranquilamente a matar el tiempo hasta que el muelero lo llamó.
-¡Cómo anda Benito!- Saludo canchero el dentista. Pero cuando el paciente abrió la boca y le devolvió la atención, el profesional supo que sería un caso bravo. Se puso el barbijo, previamente rociado con un poco de colonia, y se dispuso a intervenir.
Pero la boca de Benito era como un pozo ciego. En esos años le quedarían unos ocho dientes y seis o siete muelas. Pero en pedazos malolientes y podridos. Como sería de fea la situación que el tipo casi ni se atrevió a meterle siquiera un instrumental. Entonces, poniendo cara de gravedad, el matasanos le dijo: -¡Vea Benito! Acá hay que hacer un trabajo con un elemento especial que yo no tengo, así que mejor es que saque un turno en Tandil y se vaya para allá así lo atienden bien. Yo no puedo hacer nada-
Y aunque Benito le pidió que hiciera lo que pudiera, no hubo caso. Lo mando de vuelta a casa sin tocar.
-¡Que va`cer Don Norberto!- Dijo Benito cuando volvió -Se ve que el pobre dentista esta medio pobrón de herramientas y no me pudo hacer nada. En cualquier momento voy a Tandil. No se preocupe-
Pero no fue nunca más. Y ya pasaron seis años.

jueves, 19 de abril de 2012

Un momento especial




Hubo un momento especial en esta dura y linda semana de trabajo. El martes tuve que revisar un lote de 400 vacas y vaquillonas. El día estaba justo para andar en el campo. Un buen sol, casi nada de viento y poco calor.
Yo ya estaba transpirando fuerte como siempre y de pronto miré alrededor. Mi hijo Juan, ya recibido de veterinario, trabajando a la par mía, Lorenzo, de seis años ayudando en la tranca y Margarita, la más chica, por primera vez conmigo en una manga.
Un momento especial. Yo me entiendo.

lunes, 16 de abril de 2012

¡Arreglá la manga!

Uno de los temas de preocupación del veterinario de grandes animales es el estado de las mangas donde trabaja. Para el que no conoce, la manga es como un pasillo de tablas donde desfilan los animales para ser vacunados, marcados y tantas otras tareas. Ese pasillo tiene un montón de accesorios, como trancas para cerrar los distintos sectores, una casilla de operaciones adelante con varias puertas para acceder al animal, un cepo para inmovilizarlo y algunas otras cosas. Finalmente, alrededor de la manga hay una cantidad variable de corrales, donde se pueden encerrar varios lotes de hacienda y apartar o clasificar.
Ocurre que las mangas son inversiones relativamente importantes que se hacen una vez, y en muchos casos, no se vuelven a arreglar o reemplazar hasta que literalmente se caen a pedazos. Entonces es común que los alambrados de los corrales estén con las varillas rotas, los palos flojos y los hilos cortados, haciendo que se escapen algunos pacientes con enorme pérdida de tiempo para todos los que trabajan. O las trancas y puertas están flojas o rotas y el veterinario tiene que atender no solo el trabajo del tacto que está haciendo, sino también andar con el ojo largo previendo el salto olímpico de una vaca que pueda aterrizar sobre su lomo. O el cepo no agarra bien y entonces las señoritas se vuelven en el momento de la revisación apretando al operador contra una tranca. O directamente no hay puertas y entonces debemos trabajar dentro de la manga entrando los animales con un palito y de a uno, haciendo grandes avances en nuestro estado físico.
Muchos de los accidentes que he tenido en tantos años se deben a estas cosas.
Y anteayer me volvió a pasar.
Entró a la manga una vaquillona chiquita para revisar. La bandida estaba furioso y daba saltos a lo loco hasta que la puerta del costado delantero derecho de la manga, que no cerraba bien, se abrió de golpe y el culo del animal salió para el costado rozando el parante de madera ¡Con mi brazo adentro! La verdad es que no sé cómo no me quebró un hueso. El útil se me arqueó y laceró hasta que pude sacarlo recién cuando la vaquillona estuvo afuera. Como es natural, una vez que noté que no estaba quebrado, me cambié el guante y seguí haciendo tacto, aprovechando que el cuerpo estaba caliente.
A la noche me dolió bastante pero ya estoy bien.
Y todo por culpa de las mangas en mal estado.

jueves, 12 de abril de 2012

Temporada de tactos

No sé de aquel lado. Pero de este, se extraña el estar en contacto más seguido. Sucede que estamos en plena temporada de tactos y no sobra mucho tiempo para escribir. Es la época de revisar vacas y vaquillonas para ver como se han hecho las cosas durante el año previo, en los rodeos de vacas de cría. Sería algo así como el momento de la cosecha para los agricultores. Solo el rinde nos dará idea de cómo se ha trabajado antes.
Eso pasa con las vacas.
Este 2012, en nuestra zona, las cosas vienen bien. Hubo buenos pastos durante la temporada de servicios, que es cuando las vacas, con sus crías al pie, deben reiniciar sus ciclos sexuales, aceptar el cortejo y la monta de algún toro guapetón y quedar preñadas. La nutrición influye enormemente en esto. También debe ajustarse la sanidad para descartar enfermedades venéreas o abortivas y por fin, hacer un correcto manejo del rodeo para tener la cantidad exacta de toros en el lote, con lo que se evitarán peleas, celos y rencores entre ellos.
La época de tactos dura unos 60 días y en nuestro caso revisamos más de 10.000 hembras de todas las edades. Este no es un número extraordinario. Quienes se dedican solo a esto pueden llegar a revisar más de 30.000 por temporada. De todas maneras, son días de intenso trabajo físico, varios golpes y magullones, y el placer de llegar a la noche a casa, darse un buen baño y tomar un vinito antes de ir a la cama y dormir como un potro hasta las cinco de la mañana del día siguiente.

viernes, 30 de marzo de 2012

Esperando que pase la lluvia

Había llovido toda la noche y la mañana siguiente se pasó entre lloviznas y chaparrones. Como a las 10 me llamó Marcelo desde el campo, cerca de Licenciado Matienzo:
-¿Y doctor? ¿Qué hacemos?- Esa misma tarde teníamos programado el tacto de 280 vacas.
-¡No sé Marcelo! ¡Cómo te parezca! ¿Hay mucho barro?-
-¡Y sí! Hay barro, pero tengo todo encerrado desde ayer, así que si no llueve mucho podríamos tratar de hacerlo-
-¡Dale!- Contesté sin mucho entusiasmo –A las dos de la tarde estoy ahí-
Y después de almorzar, nos fuimos despacito con Juan. Llevamos algo de ropa para cambiarnos, por las dudas, y encaramos ¡Que de los cobardes no hay historia!
Hicimos el primer lotecito de 60 vaquillonas sin problemas, pero desde el sur se nos venía encima una tormenta gorda y gris. Y el aguacero se largó cuando estábamos palpando el lote de las vacas viejas.
Corrimos al galpón. Marcelo metió el caballo bajo techo y corrió hasta la casa para calentar el agua del mate. Y de paso se trajo una botella de caña “Mariposa” que fuimos bajando con discretos besos al gollete, entre mate y charla. Se nos fue mansamente una hora larga y la lluvia que no paraba.
Por fin decidimos abandonar la tarea porque seguramente el camino de tierra para volver a casa, se estaría poniendo muy bravo.
Una tarde de lluvia.

viernes, 16 de marzo de 2012

Accidente nocturno

Pleno verano. Nos habíamos acostado como a las 11 de la noche. Dejamos la ventana abierta para que entrara el fresco, y por ahí se colaba el canto de algunos grillos.
Sería la una de la mañana cuando me despertó el motor de un vehículo que se detenía frente a la casa. Mi mujer y los chicos dormían placidamente. Después de algunas corridas y golpes fuertes sobre la puerta, se oyó una voz desesperada que gritaba: -¡Spinelli! ¡Spinelli!-
Me levanté sobresaltado, y en calzoncillos nomás, arrimé mi cara a la persiana entreabierta y dije: -¿Qué pasó? ¿Quién es?-
-¡Somos los Cabrera, Spinelli! ¡Por favor atiéndanos el perrito que lo piso una camioneta!-
Miré el reloj. La una de la mañana. Me vestí a medias, mientras pensaba que corno estaría haciendo el perrito a esa hora para que lo pisara una camioneta.
Cuando salí. Solo con un pantalón y los zapatos puestos, me encontré con un cuadro tremendo. La mamá Cabrera se paseaba hecha un manojo de nervios por el frente de mi casa, mientras las dos hijas Cabrera, una chicas cuartudas de 19 y 20 años, lloraban a moco tendido, sentadas en el borde de la ventana. Me llamó la atención que papá Cabrera estaba al volante del auto, fumando tranquilamente.
En cuanto me vio, mamá Cabrera pegó el grito: -¡Acá está Spinelli che! ¡Bajá al Cuchu para que lo revise! Y las chicas redoblaron el llanto haciendo coro.
Por un instante pensé que lo que papá Cabrera iba a bajar del auto eran los flecos del Cuchu ¡Pero no! El hombre bajó, rodeó el auto, abrió la puerta del acompañante y con un elegante saltito, el Cuchu se vino moviendo la cola a saludarme.
Dudando les pregunté: -¿Este es el Cuchu?-
-¡Sí Spinelli! ¿Se va a morir?- Grito la madre.
-¿Pero como se va a morir si está mejor que yo?- Contesté un poco amoscado por todo el asunto, mientras acariciaba al animalito que me lamía las manos.
-¿Viste que no tenía nada? ¡Yo te dije!- Largó papá Cabrera.
-¿Y vos que sabés? ¿Acaso sos veterinario? Lo atacó la madre. Y se pusieron a discutir como locos, mientras las lloronas abrazaban felices a su mascota.
Al final tuve que cortar la escena diciéndoles que si no les molestaba, me iba a la cama de nuevo. Que cualquier cosa, volvíamos a ver al Cuchu al día siguiente.
Papá Cabrera no sabía como disculparse pero la rama femenina, ofendida con el jefe de familia, se subió al auto muy enojada y ni siquiera me saludo.
¡Cosas que pasan a los vivos! Diría Cacho Souto.

martes, 13 de marzo de 2012

Habló Román

-¡Decime una cosa Jorge!- Me largó de pronto Román cuando vio que entraba a la veterinaria. Yo me di vuelta y lo miré sin contestar
-¿Por qué hay tantos argentinos a los que el coraje les parece una cosa mala? ¿Están bien de la cabeza?-
-¡Pará un poquito Román!- Le contesté -Además de la sorpresa de que por fin me vas a hablar de algo, me haces semejante pregunta ¿Qué estás diciendo?-
-¡Estoy caliente!-
-¡Ah! ¡Bueno! El canario está caliente ¿Y se puede saber por qué?
-Porque toda la mañana han estado machacando en la radio con la noticia de que un tal Baby no se que, se tiroteó con unos ladrones plaga que entraron en la casa, y como dejó uno con las alpargatas para arriba y al otro le metió unos plomos…-
-¡Mira el lenguaje del pajarito!…- Dije divertido.
-¡Dejáme terminar Jorge!... Y como se mandó semejante patriada para defender su casa y su familia, algunos dicen que es una bestia, que cómo puede ser que haya matado a alguien, que cómo va a vivir de ahora en adelante habiendo matado un tipo, y que se yo cuantas estupideces así…-
-¡Bueno Román! Lo que pasa es que los seres humanos, desde que vivimos en sociedad, hemos creado códigos llamadas leyes y puesto gente a hacerlas cumplir, que son las fuerzas de seguridad, para que los ciudadanos comunes no tengamos que andar a los tiros por ahí-
-¡Aja! ¿Y entonces porqué ayer no los mataron las fuerza de seguridad a los tipos esos y a tantos otros que se meten en casas ajenas, violan, golpean, roban y matan porque si nomás, o porque tienen la cabeza tapada en drogas?- Discurrió Román dejándome sin palabras. Y siguió:
-¿A vos te parece que no está bien que una pobre calandria se reviente a picotazos con un carancho que es diez veces más fuerte con tal de salvar su nido y sus pichones? ¡No Jorge! ¡Le están errando el bochazo! Ese Baby es un tipo cojonudo y a mí me pone contento lo que hizo. El coraje es una gran virtud en cualquier ser vivo. Los opinadores que cuestionan a este hombre son una manga de cagones y me parece que en el fondo, lo que les pasa, es que saben que nunca se animarían a hacer algo así. Capaz que prefieren dejar que pasen las macanas y después organizar marchas pidiendo la “justicia” que nunca llegará-
Después de semejante perorata, Román se quedó mirándome sin aliento y revoleando el ojo. Estaba furioso. Solo atiné a decirle:
-¡Qué suerte Román!-
-¿Qué suerte con qué?- Pregunto en un pitido
-Creí que después de Benítez no iba a tener nunca más un canario conversador que me ayudara a pensar en estas cosas-
-¡Se hace lo que se puede!- Me contestó, y se quedó callado. Aunque no supe porqué terminó con esta frase.

jueves, 8 de marzo de 2012

Juan Diez

Aprendí muchas cosas de Juan Diez. Lo conocí apenas llegué al pueblo. Era un tipo con una enorme energía. No muy alto, robusto, gritón, trabajador incansable, perfeccionista en todo y prolijo con su ropa, con su campito y con su vehículo.
Nació por acá cerca, y en la zona se crió trabajando como un burro, hasta poder tener su pedacito de tierra y una linda casa en el pueblo.
Yo llevaba años de andar a caballo en arreos, traslados, recorridas y viajes. Hasta había intentado alguna jineteada, pero ese día que Juan me pidió que le ayudara a encerrar unas vacas, me sorprendió cuando al llegar de vuelta a la casa y bajar a tierra para desensillar, me dijo así mandón como era:
-¡Subí de nuevo a caballo!- Yo volví a montar obediente y siguió -¡Baja!- Yo bajé -¡Subí de nuevo!- Y yo subí -¡Volvé a bajar!- Y cuando bajé ya medio fastidiado, sentenció: -¡Que lo parió! Ni siquiera te sabés bajar bien del caballo- Y enseguida me mostró cual era la forma más campera de poner el pie en tierra. Y me enseñó a trabajar con la hacienda en la manga usando unas varas largas de eucaliptus, costumbre que conservo hasta hoy porque no he visto cosa mejor, me mostró la diferencia entre un lote sembrado por un tipo que sabe y otro que no, me largó algunos secretos como para que la marca a fuego en un animal quede perfecta, como carnear de la mejor manera un cordero y montones de cosas así.
Además, era un hombre bailarín, contador de cuentos y el más divertido a la hora de una fiesta, pero con una enorme sensatez en el momento de opinar sobre las cosas de la vida.
En realidad este no era el tema en el que pensé cuando me decidí a escribir algo de Juan. El tema era que ayer escuche que hablaba un tipo sobre la necesidad de viajar por el mundo, conocer distintas gentes y lugares, ver otros paisajes y probar comidas exóticas para “tener abierta la cabeza” y ser más sabio. Esto es como una verdad revelada y no es la primera vez que oigo un comentario así, pero cada vez que pasa eso, enseguida me acuerdo de Juan y del día que me contó, mientras tomábamos mate al lado de su cocina a leña, que él, lo más lejos que había viajado era a Mar del Pata. Ni siquiera llegó a conocer Buenos Aires, y sin embargo, tenía más sabiduría y buen juicio que muchos que se lo han pasado dando vueltas por el mundo.

lunes, 5 de marzo de 2012

El tumor del toro

Estaba operando un gran papiloma de pene en un toro. Después de algún trabajo conseguí prepararlo bien. Ahí quedó el tipo maneado en el suelo. Exterioricé la enorme herramienta, que lucía una fea masa colorada y deforme en su glande. Después de hacer la ligadura compresiva para evitar hemorragias y anestesiar convenientemente, me puse a preparar el instrumental.
Camilo Pereira me miraba sin hablar. Nunca había visto esta operación así que no se perdía detalle del asunto. Camilo es un muchachote bien dispuesto, curioso, trabajador y con una energía inagotable, pero a veces se le va la mano con los chistes y comentarios y se gana algún reto del encargado.
En cuanto preparé todo, tomé el bisturí y una gran pinza Kocher, aseguré el tumor con la pinza y corté la adventicia del pene rodeándolo suavemente. Una vez sacada la parte más importante, fui extrayendo pequeños tumorcitos diseminados.
Y mientras yo cortaba y el pene se adelgazaba cada vez más, el toro se largo tremendo viento por el ano, entonces Camilo, sufriendo con la abstinencia de chistes en su haber, largó:
-¡Que lo parió dotor! No le afine más el bicho porque se ve que a más finura, más pedos se tira el animal-
Esta vez Acosta, el encargado, no lo pudo retar porque lloraba de la risa y repetía: -¡A mas finura mas pedos!

jueves, 1 de marzo de 2012

Día triste

Ayer llamó Leiva para avisarme que una vaquillona no podía parir. Yo estaba ocupado en otra cosa, así que al ratito le hablé de nuevo para decirle que iba a ir Jerónimo en mi lugar.
-¡Gracias Jorge!- Dijo muy contento -¡Mañana lo llamo para ver qué hacemos con los novillos del feed lot! Ahora voy a ensillar así cuando llegue Jerónimo se la enlazo y se lo sacamos-
-¿Está lejos de la manga?- Le pregunté
-¡No! Pero la volteo en el campo y listo-
Más tarde me contó Jerónimo que en cuanto llegó, Leiva lo saludó y le dijo que lo esperara un poco nomás, que enseguida le iba a agarrar la enorme vaquillona Angus que, tal vez porque la estaban molestando durante el parto, andaba hecha una furia. En el segundo tiro de lazo la tomó limpiamente, pero una vuelta de la cuerda se le enredó en la estribera derecha, tomándole la pierna. Al tensarse, lo sacó del recado, y el pobre Leiva cayó de costado asustando al caballo que, en la disparada, fue moliendo a patadas el cuerpo y la cabeza del buen correntino. Jerónimo alcanzo a cruzarle delante la camioneta y en cuanto el caballo se paró, cortó las sogas con el cuchillo. Leiva cayó al suelo casi en las últimas. Murió al rato cuando llegó la ambulancia de San Manuel a cargarlo.
Yo lo conocí hace dos años cuando llegó a la zona a trabajar en La Palmera. Era un hombre menudo pero fibroso. Curtido. Trabajador. Sabía mucho de hacienda como todos los correntinos que andan por la zona. Siempre amable y con un chiste en la boca. Su voz gruesa era inconfundible cuando se presentaba por teléfono. Pero me impresionó un cuento que me hizo en aquellos días. Unos meses antes había tenido un feo accidente y estuvo a punto de morir. Cuando se recuperó contó que había visto la famosa luz y que había estado con los ángeles y que estos le dijeron que todavía no se tenía que ir.
¡Vaya uno a saber porqué le dieron este tiempo de regalo hasta ayer! Hay misterios en la vida y la muerte que nos sorprenden.
¡Chau amigo Leiva! ¡Ojalá esté bien!