miércoles, 3 de febrero de 2016

Un buen partido

Juanita hace como diez años que es viuda. Tiene una linda casa en San Manuel y unas ganas enormes de tener novio. Por eso, cuando Francisco la sacó a bailar una milonga en la fiesta de los jubilados, vio la luz en el fondo del túnel. Francisco pisa los setenta, está gordo y deshecho, pero es simpático y, lo que es más importante, vive solo con su madre en un campito importante en el acceso a San Manuel.
Juanita tendrá tres o cuatro años menos, pero está fibrosa y aguerrida como en sus años mozos, así que a partir de ese sábado de noviembre, empezó la “cacería” de ese buen partido. Un solterón y con campo.
Esperó encontrarlo en el baile de Fin de Año de la escuela 15, pero Francisco andaba con la cosecha de cebada. Le mando mil señales a través de conocidos, pero el pobre, tal vez sin experiencia en esos manejos, no las registró.
La última desilusión fue el esperado encuentro de Navidad en el Club Atlético, donde la comunidad del pueblo se junta después de las 12 de la noche, y se desparrama en brindis y bailes alocados. Pero Francisco tampoco fue. Entonces, dos días después de Reyes, Juanita tomó la resolución de agarrar el toro por las astas. Armó una valija grande con la ropa más necesaria, se puso coqueta, se maquilló y se tomó el colectivo que lleva a la gente hasta el paraje la Alianza. Se bajó en la tranquera del campo de Francisco y caminó los cien metros hasta la casa, con la valija a cuestas, decidida a instalarse allí para compartir la vida de su hombre.
Cuando Hortensia, la madre de Francisco, se enteró de que Juanita estaba decidida a ser su nuera, se calentó al instante. Gallega temperamental y celosa de su “pollito”, comenzó increpándola de palabra y terminó sacándola de la casa a los empujones.
Cuando Dante regresó desde La Alianza manejando el colectivo, se la encontró de nuevo a Juanita que volvía derrotada para San Manuel. En un ratito se le había terminado la historia de amor.




martes, 26 de enero de 2016

Lucio y el TOC

-¡Para mí que Lucio tiene un TOC!- Me dijo Carolina preocupada.
Estábamos los dos parados al pie de la cama en la Unidad Sanitaria de San Manuel. Lucio estaba inconsciente, con una sonda que goteaba suero en su gruesa vena. Lo habíamos encontrado caído debajo de los árboles de ciruelas, en el potrero de la sierra, en la Estancia “Los Cerros”, cerca de Licenciado Matienzo.
-¿Por qué pensás que tiene un TOC?- Le pregunté.
-¡Porque no se puede creer lo que hace! Todas las mañanas que sale a recorrer, se va al potrero del monte de frutales, estaciona el overo al pie de los árboles, y se pone a comer hasta que le queda la panza como un globo ¡Se sabía que un día le iba a pasar algo así! Menos mal que Martínez lo vio cuando se desplomaba desde arriba del caballo, completamente pasado de ciruelas-
-¡Yo creo que vos tenés mucho psicoanálisis Carolina! Esto no es un TOC. El problema de Lucio es su tremenda afición a las ciruelas y nada más. En cuanto se termine la temporada vas a ver que se le pasa todo-

Pero me equivoqué. Cuando terminó la época de las ciruelas, el bueno de Lucio atacó los duraznos y los pelones, y después siguió con las manzanas. Hasta que Carolina lo despidió, cansada de traerlo a San Manuel a que lo curaran, cuando los atracones eran demasiado fuertes ¡Capaz que era un TOC nomás que lo hacía comer fruta hasta reventar!

lunes, 25 de enero de 2016

Deportistas camperos

Se ha puesto muy de moda en los últimos años esto de caminar o correr. Es divertido y bueno para la salud. Además, gracias a la super-comunicación en las redes sociales, todo se comparte, y hay enormes comunidades de atletas, tanto de elite como amateurs.
San Manuel, para no ser menos, tiene un montón de caminantes y corredores. Algunos muy buenos y otros bien camperos. Y esto sí es algo raro, ya que la mayoría de los que practican estas actividades se envuelve en ropajes caros y especiales. Zapatillas con aire y colores terribles, calzas, remeras y medias que absorben sudores, cinturones con cositas colgando para usar durante la carrera, relojes y teléfonos con programas que miden todo y muchas cosas más.
Para demostrar que tanta sofisticación no hace falta, acá los tenemos a Juan Ramírez y Tomás Gandoy. Juan es un caminante empedernido, sale entre las cinco y las seis de la mañana en verano y no más tarde de las siete en invierno. Arranca en el campo “La Marta”, donde vive, y camina 5 o 6 kilómetros diarios por la ruta. Sale de bombachas, camisa, faja, rastra de botones, gorra visera y botas de goma cuando hay rocío o botas de suela cuando está seco.
Al otro, Tomás, le gusta trotar, pero el tipo, dedicado a la chacra y tractorista consumado, corre por las calles de tierra de los alrededores del pueblo en las horas de más calor, vestido con pantalón y camisa grafa, botines de cuero y suela de goma, y así nomás en cabeza.

En San Manuel estamos acostumbrados a verlos, y cada vez que aparece alguno con atuendo o accesorios estrambóticos para el “running” o el “trekking”, no falta quien le recuerde que es todo al pedo, viendo lo bien que andan Juan y Tomás con sus pilchas camperas.      

sábado, 23 de enero de 2016

Escuela de equitación



¡Da gusto verlo! Osvaldo Fuentes tiene 19 años. Es un tipo alto, fibroso y oscuro de piel. Se viste sencillito. Camisa, pañuelo, bombachas, faja y alpargatas negras. Es hijo de Don Juan Fuentes, el encargado de la estancia Miraflores, cerca de Juan N. Fernández. Lo conozco casi desde que nació y lo fui viendo crecer arriba de los caballos. Pero siempre me impresiona. Para él los estribos son como un adorno del recado. Cuando va a montar, apoya apenas la mano izquierda con las riendas, sobre el tuso del animal y pega un salto, con la agilidad de un gato, para caer sobre el cuero como la cosa más natural. Se sienta de una manera extraordinaria, como si formara parte de una misma cosa con el lomo del yeguarizo, y cuando arranca al galope tendido ¡Mamita! Es como ver un ciervo a toda carrera. Cuando desmonta, lo hace de tal forma, que parece que el yute de sus alpargatas acariciara apenas el suelo.
Hace unos días me entretuve viendo como encerraban una tropa de novillos de venta. De repente se cortaron dos o tres animales y Osvaldo se fue detrás de ellos, en toda la furia, sobre un ágil redomón tostado. Tan fuerte iba corriendo, que en un golpe de viento, se le voló la boina colorada. El tipo, en plena carrera como venía, paró al tostado sobre las dos patas haciéndolo rayar el suelo, lo dio vuelta y lo largó para atrás tan ligero como antes. Cuando llegó al lugar de la voladura, se inclinó hasta el suelo y con la mano derecha alzó la gorra limpiamente, enderezó de nuevo al animal para seguir a los escapados, y tomando las riendas entre los dientes, se acomodó la boina y siguió corriendo.

Me quedé pensando en la cantidad de buenos jinetes que tenemos en el campo, hechos a los golpes y a los tropezones, viendo desempeñarse e imitando a sus mayores ¡Una linda escuela!    

viernes, 22 de enero de 2016

Arturo y los fantasmas


-¡No se por qué me dicen loco!- Me confesó muy serio Arturo, mientras conversábamos afirmados en el alambrado, esperando que Lucero y Domínguez llegaran con la tropa para revisar -¡Al final, Lucero tiene días peores que los míos! La otra vez se levantó en cueros en la mitad de la noche, y anduvo a los gritos correteando por el monte, jetoneando que era el lobizón, y que la luna llena le hacía ver cualquier cantidad de fantasmas ¡Si eso no es estar loco yo no se que es dotor!-
-¿Y a vos no te hace nada la luna llena Arturo?- Le pregunté para seguirle la charla.
Se rió con ganas -¡Nada que ver! ¿Qué me va a hacer? Para mí que eso es todo un invento. ¡Los fantasmas andan con cualquier luna!-
-¡A la pelota!- Pensé
-¡Che Arturo! ¿Y vos los ves seguido a los fantasmas?-
-¡Más vale! ¡Los veo y converso con ellos! Ayer se me presentó el de Prudencio, el patrón viejo, y me estuvo charlando de algunas cosas que quiere hacer acá en el campo. Me dijo que va a meter más vacas en el potrero de la laguna, y que en cuanto pueda, va a hacer bajar la luz eléctrica. Yo le dije que lo que podría hacer era hablar con Jaime, para que afloje un poco la mano y que sea un patrón más querendón con la peonada, como era él-
Yo lo miraba sin poder creer lo oía. Y terminó:
-Así que yo no entiendo porqué me dicen loco ¡Loco está Lucero que vive hablando boludeces sobre la luna llena!-
-¡Tenés razón Arturo! ¡Hay cada loco!


El bicho moro


Viviendo en medio de la naturaleza uno va registrando los cambios periódicos en las poblaciones de insectos, aves, batracios y mamíferos varios. Esto ya lo he comentado en entradas anteriores. Ahora estamos sufriendo el azote del bicho moro en toda la zona. Digo que lo estamos sufriendo porque este insecto anda en bandas voladoras buscando algo verde para comer y lo más lindo que encuentra son nuestras huertas bien regadas y verdosas. Empieza casi siempre con las plantas de morrón y de ahí sigue con las remolachas, tomates y cuanto encuentra al alcance de sus mandíbulas como sierras. De un día para otro son capaces de dejar solo los tallitos. Dicen que es algo parecido, aunque en menor escala, al daño de las langostas.
Los ecologistas recomiendan no utilizar químicos en la huerta, pero les cuento que en la zona se han probado todos los remedios que no contaminan y los bichos moros agradecidos. Lo mejor es echar mano a algún buen insecticida y liquidarlos antes de que ellos liquiden el esfuerzo de meses en unas pocas horas.



jueves, 21 de enero de 2016

Tiempo de calor y urgencias

¡Claro! A lo largo del año hay distintas temporadas de trabajo. Están los meses de tactos, donde la agenda está completa hasta con quince días de anticipación, o el tiempo de la revisación de toros, donde se suceden los esfuerzos con las grandes bestias, por dos o tres meses sin parar.
Nos tocan también los períodos de las sorpresas y urgencias, como en los meses de diciembre y enero. Es pleno verano y la mayoría de los productores está más dedicado a los trabajos agrícolas que a la ganadería, y solo se acuerdan de las vacas y los caballos, cuando sufren heridas y fracturas de todo tipo, o cuando hay algún parto distócico. Por suerte la cantidad de gente que nos ocupa es grande y, aún en estos meses, andamos sin parar.
Ayer fue un día típico. Me levante cinco y media, cuando recién amanecía. Al cruzar a la veterinaria sorbí un poco de la frescura del ambiente, pero el cielo despejado anunciaba otro día de calor. Preparé el mate y me senté a trabajar en los papeles, mientras la radio me mandaba las primeras noticias. Ahí anda el presidente por Suiza buscando acomodar el panorama con otros países, mientras acá se discute la medida de derribar aviones de narcos que no acaten las órdenes de los que cuidaran las fronteras. En realidad parece que por estos días, todo es motivo de discusión.
Antes de las siete de la mañana sonó por primera vez el teléfono. Un potro mestizo polero que castramos hace dos meses estaba rengo. Salimos con Juan para la Estancia “Cardales”. Resultó que el animalito tenía un hematoma del tamaño de una pelota de futbol sobre el anca izquierda. En cuanto hicimos la punción que confirmaba el asunto, Vicente, el muchacho que cuida los caballos, “se acordó” de que, una semana después de la castración, lo voltearon para curar la herida y que allí arrancó con la claudicación. Lo curamos sin hacer mayores comentarios, sabiendo que el jefe es bien propenso a cargar culpas y que en este caso, el pobre Vicente podría comerse alguna levantada en peso.
Ya en camino para San Manuel, tuvimos el segundo llamado. El encargado de “El Tatita” nos avisó de una mortandad de novillos. Y como hacía Batman cuando veía la batiseñal en el cielo, enfilamos para Licenciado Matienzo sin demora. El panorama en “El Tatita” era complicado. De un lote de 55 novillos de alrededor de 400 kilos de peso, ya habían muerto seis. Estaban en una pastura con poca disponibilidad y se los estaba racionando con maíz y menos de un kg de grano de soja diario. Parecía un caso raro, pero en cuanto hicimos la primera necropsia encontramos no menos de 30 kg de soja en el rumen del finadito. Estaban presentes el dueño, el encargado y el muchacho que daba de comer. El clima se puso espeso. Abrimos el segundo animal con el mismo resultado y cuando en el tercero apareció otro gran montón de soja, el dueño no aguantó más y lo llamó aparte al chico. Se ve que le dio una felpeada histórica porque el víctima, cuando se despidió, tenía los ojos lacrimosos.
Nos embarcamos con Juan en la camioneta, y mientras nos lamentábamos por el pobre muchacho y lo que le había pasado, llamó el encargado de “El Tatita” para decirnos que recién se acordaba de que el día anterior, justo los seis animales muertos, que él conocía bien por algunas señas particulares, habían saltado un alambrado y estuvieron comiendo soja de un carro que abastecía una sembradora. Él mismo los había sacado pero, según nos dijo, no se había acordado hasta este momento.
Curiosidades de la memoria humana.
Al llegar al pueblo, casi mediodía, nos encontramos con una perra Boxer que no podía parir así que terminamos en una bonita cesárea, con cuatro cachorros vivos y uno muerto.
A la tarde fuimos a revisar un toro con una fractura o hematoma de pene en lo de los Fernández, de ahí corrimos a otro campo para reducir el prolapso de útero de una vaca, y a la hora del mate cocido estábamos suturando la pata de un potro bayo, que no paraba de lamentarse por la mala suerte que tuvo al enredarse en un alambrado.
A la nochecita entró Pirucha Mendez en la veterinaria y dijo: -¡Que día de calor! ¿No? ¡Estuvo insoportable!-
-¡La verdad es que ni tiempo de darnos cuenta si hacía calor tuvimos!- Le contesté
-¡Eh Jorge!- Dijo Pirucha entre risas -¿Tan ocupados estuvieron?-

-¡Más o menos!- Le contesté modestamente       

viernes, 1 de enero de 2016

Todo es relativo

Hace un rato me senté en una cómoda silla de paja, a tomar mate en la puerta de mi casa. Quien sabe de donde apareció nuestro gato Tiger a frotarse contra mis piernas. Todavía llevaba entre sus dientes el mismo hueso con que lo vi jugando ayer.
Lo miré y no pude contenerme.
-¡Que vida aburrida la tuya Tiger! ¡Siempre haciendo lo mismo! Comes, dormís, jugás con cuanta cosa se te ocurre, les haces muecas ofensivas a los perros de la vecina para que se desesperen tratando de agarrarte, en los ratos libres te esmerás limpiándote con tu lengua rasposa, pero te perdés las grandes cosas que vivimos nosotros los humanos-
-¿Ah sí? ¿Y cuáles son esas cosas imperdibles?- Preguntó Tiger con cara sobradora.
-¡Uh! ¡Ni te imaginás! Fijate nomás en el último mes de diciembre que pasé. Todos los días tapado de trabajo con animales grandes y pequeños, con llamadas a toda hora y en cualquier día. Hasta el 25 y el 31 tuve jaleo. Además hicimos las obras de teatro con los egresados del secundario y con la gente de la Escuela 27. Para eso tuvimos ensayos y preparativos casi toda la primera quincena. Y hubo cenas, y reuniones, y festejos de cumpleaños, y madrugones cotidianos para terminar las últimas cosas comerciales del año. También hubo algunas carreras para mantener el plan de entrenamiento y tiempo destinado a escribir ¿Qué te parece?-
El buen gato me miraba con curiosidad.
-¿Qué te parece?- Volví a preguntar.
-¡Mirá Jorge! Estaba esperando para ver si me decías que era un chiste. No puedo creer que pienses que es mejor tu vida que la mía ¡Pobres humanos!-
-¡Pero!-
-¡Pero nada!- Dijo Tiger tranquilamente –Andá a descansar de tantas actividades y festejos que yo me voy a jugar otro rato-


domingo, 20 de diciembre de 2015

¡Cuidado! Hombre meditando

Los K llegaron a la primera presidencia con no más del 22% de los votos. Atrás quedaban años de intenso despelote, seguidos por el gobierno de transición de Eduardo Duhalde, que verdaderamente logró encaminar la economía y ordenar un poco el país.
Al principio me gustó lo que vi. Desde los gestos austeros e informales del nuevo presidente, hasta varias de las primeras medidas que tomaron. La economía funcionó bien gracias al trabajo de Roberto Lavagna y su equipo, se arregló la Corte Suprema, y se intentó ampliar la base electoral, incorporando al gobierno figuras extrapartidarias. En ese entonces ya había gente que hablaba mal de ellos, y yo los defendía con entusiasmo.
No sé exactamente en que momento desbarrancaron tan feo. Supongo que fue en 2008, a raíz del conflicto con el campo, aunque ya hacía algunos años que habían empezado a mostrar varios de los rasgos autoritarios que explotaron después.
Fue en ese conflicto que perdieron la línea. Ahí empezaron los discursos enloquecidos, los insultos sin fundamento, los gritos, el prepoteo, la patota, y toda la porquería que dividió definitivamente a la sociedad. Quedamos separados. De un lado los que creyeron que el gobierno era la gran víctima de la historia, y del otro los que no soportamos la mentira ni la estupidez.
Encima, la entonces presidenta, al poco tiempo quedó sola, y muchos la vieron como la pobre mujer desamparada que había que proteger y ayudar.
Hicieron mucho daño en este tiempo. No solo con la destrucción de la economía y la justicia, con el robo descarado de bienes del Estado, o las locuras de la política exterior.
Creo que lo peor fue el daño moral. Llevará mucho tiempo superarlo.
Eso de querer inculcar su delirio en la mayor cantidad de personas posible. Me acuerdo de los “linchamientos de periodistas” en la plaza de mayo, donde ponían fotos de gente intachable como Magdalena Ruiz Guiñazú, para que sus loquitos pudieran escupirla. Allí había chicos que repetían esa barbaridad como monos, mientras todo se reproducía por TV. Lo mismo hicieron al simular el entierro del Dr. Fayt, porque no obedeció sus caprichos. Pienso en el delincuente de Boudou, haciendo saltar de sus puestos a dos miembros destacados de la Justicia que osaron acusarlo, o en la bestialidad de los rentistas de La Cámpora, repartiendo pecheras con su logo en jardines de infantes y colegios primarios. ¿Cómo no despreciar el multimillonario despilfarro de recursos que hicieron para generar sus movilizaciones? Cada acto con la jefa, o fiesta del bicentenario, o festejo del regreso de la Fragata Libertad a Mar del Plata, implicó una movida increíble de gente y dinero, solo para que ella se diera el gusto de aparecer en medio de una multitud enfervorizada, que le acariciaba el ego.
¿Y cuando Bergoglio se transformó en Francisco? Ese día yo volví contento de un viaje hasta Balcarce. La noticia me pareció maravillosa. Pero me encontré con que varios pibes de San Manuel, ya quemados por la idea K, habían escrito en Facebook: ¡Te odio Bergoglio! ¡Cura genocida! ¡Me siento mal por esto! ¡Es el peor día de mi vida! Y otros disparates semejantes, que se reprodujeron por todos lados, hasta que la jefa entendió que el hombre tendría infinitamente más poder que ella, cambió su discurso, y se arrastró falsamente hasta el fin de su mandato.
Siento que fue algo patético y denigrante que nos fue anestesiando. A una bestialidad sucedía otra mayor, y fuimos perdiendo la capacidad de asombro.
En otras notas he comentado que me parece fundamental la conducta y la imagen que trasmite un presidente. Que no es menor que un tipo que llega a serlo, diga sin problemas que “recibirse con un 4 es lo mismo que con un 10”, o que se pase las leyes por el traste manejando una Ferrari a 200 km/h, o que desprecie a un montón de colegas presidentes llegando a las reuniones cuando se le canta, o que insulte a un ciudadano cualquiera desde un escenario teniendo todo el poder del estado o, todavía peor, que mientras le toca gobernar se apropie indebidamente de inmensas riquezas. Estos no son hechos particulares. Son cosas que la sociedad mira. Y si esas cosas las hacen o las dicen los presidentes y los que los rodean, estamos jodidos.
¿Cómo pedirle a un chico que estudie y se rompa el alma para ser alguien de provecho? ¿Cómo exigirle a un productor, o a un industrial, que pague alegremente sus impuestos si todo se lo afanan? ¿Cómo hacerle entender a un “militante”, que los que piensan distinto no son sus enemigos y corresponde matarlos a palos?
Hoy, 20 de diciembre de 2015, estoy contento. Todo esto terminó. Tengo una enorme esperanza en el futuro del país, y me gusta cómo va dando sus primeros pasos el nuevo gobierno. Hacía días que no escribía en el blog, pero creo que era porque tenía esto atragantado y no me resolvía a largarlo.
 ¡Listo! ¡Ya está!







miércoles, 25 de noviembre de 2015

Cierre de campaña

El jueves pasado fue el cierre de campaña. Algunos muchachos cerraron su actividad proselitista para las elecciones del domingo 22, y nosotros terminamos la campaña 2015 de Inseminación a Tiempo Fijo. Justo ese día, uno de los candidatos habló frente a una multitud en Humahuaca y el otro dio dos discursos. Uno en Mar del Plata y otro en La Matanza
Mientras esto pasaba, Juan y yo íbamos en camino hacia el establecimiento El Jaguel, ubicado entre Matienzo y El Lenguaraz, a 35 kilómetros por tierra desde San Manuel.
Teníamos que hacer una inseminación grande en un rodeo sincronizado. Esto quiere decir que les habíamos hecho un tratamiento para que ovularan todas juntas, y nuestro trabajo, era hacer el servicio a partir del mediodía de ese jueves. Ni antes ni después.
El problema fue que desde las 10 de la mañana empezó a llover. Primero suavecito y al rato a baldes.
El viaje de ida no fue tan malo, porque la calle estaba livianita y pudimos llegar bien, pero las casi tres horas de tarea que siguieron, nos dieron una paliza. Cuando uno trabaja en la manga mientras llueve, pasa por varios estados. Al principio, el agüita es refrescante y la inquietud por lo que se viene, hace que la gente hable fuerte y se ría por cualquier pavada. Al rato, ya la humedad pasa la ropa y llega al cuerpo. Uno siente algún hilo de agua que corre por el medio de la espalda, siempre buscando hacia abajo y se pierde en ciertos canales. La charla se va apagando. Después viene la etapa del embrutecimiento. Está todo perdido. La gente mojada hasta los huesos, pero ya insensible al frío, se mueve casi sin pensar; y por fin, el barro y el agua que levantan las vacas al zapatear en cualquier charco, hacen que la mayoría termine a las puteadas. Así le metimos hasta las 3 de la tarde. Todavía nos quedaba el viaje de vuelta al pueblo. Desinflamos las ruedas traseras, para que la camioneta se afirme un poco más, y nos largamos. Todavía no habían abierto huella en esa calle repleta de barro, pero entre aceleradas, barquinazos y patinadas, llegamos a la veterinaria casi a las cuatro, en muy malas condiciones.
No sé cómo habrán terminado el día de cierre los candidatos. Nosotros llegamos molidos a la noche, y el vino y la picada con queso y salame, acariciaron más que nunca.  


viernes, 13 de noviembre de 2015

Una chancha acalorada

Ayer bien temprano, sonó el teléfono en la veterinaria. Era Reinaldo. Después de los saludos de rigor, me preguntó si podía ir a ver la chancha que tiene en la quinta detrás del pueblo.
-¿Qué es lo que tiene la chancha Reinaldo?- Le pregunté como para ir pensando en las posibilidades.
-¡Es medio raro!- Me contestó.
-¿Cómo que es medio raro? ¿Qué le pasa?-
-¡Es que la usó un torito como de 400 kg y la dejó toda descuajeringada!-
Enseguida cargué todo los instrumentos y me fui hasta la quinta.
Era verdad. De a poco fuimos desenrollando la historia. La famosa chancha entró en celo y parece que se puso tan atractiva, que el torito Holando argentino que Reinaldo tenía en una parcela contigua, no aguantó la emoción, saltó el alambrado y se fue derecho a la hermosa y redondeada hembra.
Reinaldo estaba viendo todo, pero no se imaginó lo que iba a pasar. El toro empezó a lamer a la dama y esta, como toda chancha en celo, se quedó quietita. De pronto, lo inevitable. El toro se puso donde se tenía que poner, sacó lo que tenía que sacar, se subió donde se tenía que subir y perforó lo que no le correspondía.
Dice Reinaldo que la tipa pegó un terrible alarido mientras el galán terminaba su faena.
Mientras comentábamos el suceso, fui aplicando el coagulante y el analgésico correspondientes. Además tuve que tranquilizar a Reinaldo. Le aseguré que la chancha no puede quedar preñada en este caso, y menos tener algún cachorro cruza entre cerdo y vaca como él pensaba.



  

miércoles, 28 de octubre de 2015

¡Estoy contento!

Los seguidores de este blog habrán leído mi primer posteo del año y estarán sabiendo que estoy muy contento después de las elecciones del domingo.
¡No hay tiempo que no se acabe, ni tiento que no se corte! Dice Martín Fierro.  

Qué lindo es saber que en pocos días más se termina toda esta porquería que tuvimos que aguantar. Tanto desprecio hacia el campo y todos los que trabajamos en él, tanta soberbia, tanto insulto y descalificación, tanta chambonada, tanto robo descarado.

viernes, 16 de octubre de 2015

Atracción fatal


Los sicólogos lo llaman transferencia.
Resulta que es muy común que los pacientes de ambos sexos sientan una especial atracción por los facultativos de todo tipo. No se sabe si es el olor del guardapolvo almidonado, o el bienestar que produce una persona dispuesta a escuchar sus cuitas y a veces aliviarlas, o el contacto de las manos del entendido sobre un cuerpo enfermo, o la fantasía del acercamiento con otra persona.
Cualquiera sea la causa verdadera, esto pasa a menudo. No solo con los médicos de humanos, sino también con los de animales. Doy fe.
Tengo una paciente lanuda, la oveja Marta, que no puede disimular sus sentimientos. Ayer fui a trabajar al campo de Horacio Camejo y me la encontré de nuevo. Ya es grande para hacer pavadas pero no hay caso. No se corrige. Tiene como 6 años y anda así desde que le hice una cesárea, cuando quedó preñada por primera vez y se le complicó el parto de dos corderos grandiosos. Esa vez salió todo bien. El cordero que vivió resultó un animal bárbaro, y ella se recuperó en pocos días y andaba luciendo orgullosa la impecable herida de la operación en su panza.

Desde entonces, cada vez que voy a lo de Camejo, la tipa se viene al trote y empieza a frotarse contra mis piernas mientras me tira terribles miradas amorosas. Ya me tiene cansada con estas cosas, además, me da vergüenza la risa burlona de Horacio cuando pasa esto ¡Vaya a saber qué piensa de mí!

martes, 13 de octubre de 2015

Mas sobre la cesárea en yeguas

Parece que el asunto de la cesárea de la yegua que comenté en una entrada anterior, ha llamado la atención, porque en estos días recibí algunos correos de varios colegas que me pidieron más datos sobre ese trabajo.
Por eso, y siguiendo con la moda, aquí van varios “tips” para la operación cesárea de una yegua a campo:
1)     Anestesia y analgesia: Aplicamos acepromazina endovenosa como sedante y miorrelajante, y luego infiltramos con procaína en el área de la incisión.
2)     Sujeción: Trabajamos con el animal en decúbito lateral izquierdo. Esto contesta la pregunta sobre la causa por la que hacemos la incisión sobre el flanco derecho, paralela a la última costilla (ver foto en entrada anterior). Se unen ambos miembros anteriores y se atan hacia craneal, luego se toman los dos posteriores, sujetándolos hacia caudal. Una vez realizado el primer plano de sutura en la pared abdominal (peritoneo y m. oblícuo interno), se juntan los cuatro miembros, lo que facilita enormemente la sutura del segundo plano de la pared (m. oblícuo externo) y de la piel.
3)     No hay demasiadas novedades en el abordaje del abdomen ni en la sutura. Utilizamos catgut N° 4 para la síntesis del útero y de los dos planos de pared, y lino N° 20 para la piel. Es conveniente dejar un drenaje en la parte inferior de la sutura de piel.
4)     Medicación complementaria. Nosotros optamos por aplicar: En el momento de la operación, dos frascos de penicilina-estreptomicina de 5.000.000 de UI, una dosis de meglumina de flunixin y un cardiotónico. A las 24 hs. repetimos las mismas tres cosas, y a las 48 hs, solo las dos penicilina-estreptomicina.
5)     En el postoperatorio, es muy importante mover el animal. Tal vez más de lo que se sospecha. Nosotros incorporamos este detalle después de un ensayo en el que probamos la influencia del ejercicio post-castración en los equinos  Hay que hacer que la yegua camine o trote por períodos de 5 minutos, dos o tres veces por día, y además, lavar diariamente la herida, masajeando hacia abajo suavemente.
6)     La última recomendación es la que me dio Eduardo Ramírez, cuando le tuve que intervenir una parturienta en su campito de Licenciado Matienzo. Esa vez, Ramirez me estuvo ayudando con el trabajo, una noche de lluvia y frío, hasta que dejamos a la pobre infeliz operada, bien abrigada en el galpón. Cuando terminamos, Ramírez me miró y dijo muy serio: -Después de todo lo que hemos hecho lo único que nos queda es encomendarnos al creador-
-¡Bien pensado!- Le conteste. Y nos fuimos para la casa a tomar una sopa caliente.



miércoles, 7 de octubre de 2015

El Padre Julio

Nuestra última foto

Hoy me levanté a las cinco y media. En estos días me despierto solo y me dan ganas de empezar a moverme temprano. Enseguida arranco con mis pequeñas rutinas que terminan con el mate en la oficinita, la radio con las noticias y los primeros papeles.
Antes de abrir la puerta de la veterinaria, entre dos luces, vi la sombra de mi gato Tiger que se descolgaba desde el techo.
-¿Que andas haciendo amigo?- Le pregunté, sorprendido de que ya anduviera afuera de la casita del árbol donde pasa la noche.
-¿Cómo amaneciste Jorge? Estaba tratando de ver si desde allá arriba podía pescar algo del movimiento que hay en la Iglesia, donde lo están velando al Padre. Hoy va a ser un día bravo ¿No?-
-¡La verdad que sí! ¡Se nos fue otro grande de San Manuel! Hace unos días Manolo y ahora le tocó al Padre Julio ¡Que personaje Tiger!-
-¡Mirá! Lo único que supe de él, es que se preocupaba mucho por un montón de compañeros míos de la calle que alimentaba diariamente-
Inevitablemente me sonreí, recordando los 15 o 20 gatos que el Padre atendía todos los días. Se acercaban solo a comer, pero era imposible agarrarlos cuando teníamos que hacerles alguna curación con Juan.
Seguía con la mano en el picaporte cuando Tiger me propuso: -¡Decime en diez palabras las cosas que más te impresionaron de él!-
Y me salió como un rosario: -Austeridad, tenacidad, sencillez, dureza, discreción, laboriosidad, astucia, rebeldía, soledad y entrega-
Creo que las dije demasiado rápido porque Tiger se quedó en silencio un rato largo. Por fin reaccionó y dijo: -¡La última! ¿Y una imagen con la que te quedás?-
Tuve que revolver en mi cabeza entre mil cosas guardadas en estos 34 años de compartir la vida en el Pueblo.
-¡Ya sé! Hace un tiempo surgió la idea de hacer el Vía Crucis Viviente en el Calvario del Cerro El Toro y me encargaron el asunto. Fue un enorme trabajo con casi 50 personas actuando. En un terreno escarpado, difícil; a plena luz del día, lo que nos dejaba menos posibilidades artísticas con la luz artificial; y con la escena y los espectadores en movimiento lo que implicaba otro desafío. Hubo que poner a punto muchos detalles y movilizar un montón de gente, pero salió redondamente. Sobre todo el momento en que Jesús es izado, sufriente, clavado en la enorme cruz de madera. El efecto de la imagen, la luz del sol escondiéndose, que pegaba detrás de los artistas allá en la punta del cerro, la música grave y pesada y el silencio profundo de todos los que allí estábamos, fue tremendo-
Mientras esto sucedía, alcancé a ver al Padre Julio, arrodillado al pie de la cruz, entre los que representaban al pueblo de Israel. Tenía la vista clavada en el Jesús y lloraba como un chico. Quien sabe las cosas que pasarían en su mente y su corazón. Muchos lo vimos, y esa emoción se contagió de tal forma, que el momento tuvo algo inolvidable. Pocas veces se lo vio llorar. Esa fue una-
Nos miramos con Tiger. Yo entré en la veterinaria y él siguió con su recorrida mañanera.



lunes, 5 de octubre de 2015

La cesárea de la yegua y otras cositas


Mientras la revisaba, la yegua levantó la cabeza y me dijo: -¡No va a salir dotor! ¡Corte nomás que estoy muy cansada de hacer fuerza!


Hicimos una linda cesárea y sacamos este potrillo que, al venir con la cabeza hacia atrás, no pudo salir por donde debía.


Al levantarse, la madre lucía esta sutura en su flanco derecho. Me dijo que estaba conforme.


¡Y en esta! Tres días después de la operación todo marcha bien.

Mientras lavaba los baldes en la pileta del lavadero, iba repasando lo que fue el día. Teníamos algunos trabajos programados así que arrancamos bien temprano. Juan salió para La Bodega y yo para el lado de Matienzo. Pero a medida que pasaban las horas se nos fueron agregando urgencias. Lo particular fue que terminamos haciendo partos en tres especies distintas. A la mañana una distocia en una vaca. El ternero presentó bien sus manitos, pero no alcanzó a encajar la cabeza en el canal del parto y hubo que hacer unas lindas maniobras para acomodarlo. Mientras eso pasaba, nos llamaron por una perra Caniche primeriza que tampoco podía parir. Hubo que tomar delicadamente el primer cachorro, muy cabezón y sacarlo con un tirón suave. Después terminó largando otros cinco cachorritos parecidos a su mamá. Llegamos a mediodía, sucios y cansados. A la tarde nos esperaban algunos toros para revisar. La novedad fue que nos volvieron a llamar de urgencia. Esta vez era una yegua la que tenía un parto complicado. Y tan complicado venía que terminamos haciendo una cesárea.
Las distocias en las yeguas son mucho más raras que en otras especies. Los resultados de esta operación a campo no son tan buenos como, por ejemplo, en las vacas. En 34 años de profesión, con la de ayer sumé solo 12. Hasta ahora llevaba 6 éxitos y 5 fracasos. Esta decidirá un empate o inclinará la balanza a favor de la vida.
Todo esto pensaba mientras cepillaba concienzudamente los útiles, sacando hasta el último rastro de sangre.
De pronto escuché una voz conocida. Era Tiger. Mi gato. Estaba sentado en la puerta del lavadero y me miraba hacer.
-¿Cansado?- Me preguntó
-¡La verdad que sí! ¡Tuvimos un día fatal!-
-¡Sí! ¡Los escuché cuando llegaron! ¡Qué manera de andar! ¿No? Tendrían que llevar con ustedes a Pedro Remo unos días, para que aprenda lo que es trabajar fuerte y ganarse la plata con verdadero sudor-
-¿Quién es Pedro Remo?- Le pregunté curioso, sabiendo que Tiger siempre maneja buena información.
-¡Es el dueño de mi primo Bombita! Me contó mi pariente que el tipo andaba sin trabajo y lo contrataron para hacer carteles y viajar a todos los actos de un candidato presidencial-
-¡Pobre hombre!- Dije yo -¡Andará tirado! ¡Sobreviviendo apenas!-
Tiger se rio con su mejor risa gatuna

-¿Pobre? Ese pobre está ganando casi como ustedes, sin hacer nada ¡Es injusta la vida! ¿No?-

domingo, 27 de septiembre de 2015

Operando la monona


Una vulva pequeña y ausencia total de vagina


Ya retirado el colgajo de piel, antes de la sutura


Terminada la operación, la ternera prueba su nuevo instrumento

-¿Doctor?-
-¡Sí Pedro!-
-¡Nos nació una ternera sin la monona! ¿Tendrá un ratito para venir a verla?-
-¿Pero que es la monona Pedro? ¿No sé lo que es?-
-¿No va a saber lo que es doctor? ¡La monona es la de hacer pis!- Dijo Pedro juguetón.
Medio intrigado con el asunto, llegué a la guachera del tambo “La Irene” a media mañana. Revisé a la muchacha y me encontré con un lindo y raro caso. La pobre tenía una vulva muy poco desarrollada, el meato urinario normal,  pero no existía vagina, ni forma de vagina, ni cavidad alguna.
El problema era que esa vulva rudimentaria estaba dispuesta de tal manera, que toda la materia fecal de la pequeña caería sobre ella, con el riesgo de infecciones urinarias a repetición para el futuro.
Decidimos operarla. Y podríamos decir que para nuestro propósito la intervención fue un éxito.
La única consecuencia inesperada fue que Pedro anda diciendo por el pueblo que el doctor Spinelli hace cirugías vaginales como las de las famosas de la tele.


domingo, 20 de septiembre de 2015

Un amigo español


Juan y Pedro, una mañana en el campo.

En estos días anda compartiendo nuestras tareas un colega muy joven de España. Don Pedro Nicieza, de Asturias. Me encontró en Internet, me pidió algún lugarcito como para pasar aquí dos meses de trabajo, y en unos pocos correos nos pusimos de acuerdo.
Llegó en agosto, se instaló en el famoso “sucucho” para residentes, y desde entonces, se esmera atendiendo vacas, caballos, perros y gatos con nosotros.
Por si esto fuera poco, Pedro me prometió que antes de irse me va a enseñar a castrar pollos de un mes para engordarlos mejor. Dice que ha hecho este trabajo allá en España y que es bastante capaz. Ya con esto me doy por bien pagado.
Lo que él está haciendo es el mismo proyecto que armé en los años que recibía residentes de la Facultad de Tandil. Tuve la intención de irme algunas semanas por año a trabajar y compartir experiencias con otros veterinarios de Sudamérica. Ya tenía todo arreglado con un colega de Bucaramanga, en Colombia, como para dar el primer paso, pero los caminos de la vida me hicieron desistir.
Es algo muy bueno esto de vivir con gente que hace lo mismo que nosotros porque, además de llenarnos el alma conociendo otras personas, lugares, costumbres y culturas, podemos “robarles” trucos y habilidades que nos enriquecen como profesionales.
Creo que sería muy bueno armar un lugar de intercambios internacionales para veterinarios. Haciendo residencias cortas en las que se pueda compartir la vida y el trabajo. Yo tengo un lindo lugar acá en San Manuel para el que se anime.


viernes, 18 de septiembre de 2015

La zaina agradecida



No es lo mismo oír el griterío desaforado de un montón de hormigas maleducadas, que sentir el hablar acariciante y melodioso de una yegua zaina malacara, como la que me conversó esta mañana en el campo de los Aguirre. Acá nomás. Muy cerca de San Manuel.
Como negarlo. La dama tiene sus encantos. A pesar de ser algo entrada en años, luce graciosamente un cuello arqueado y sutil, unas grupas poderosas y un pecho franco y generoso.
Juan Aguirre me avisó por teléfono que la viene notando decaída desde hace unos días y que me la dejaba encerrada en el callejón de la manga, para que yo la revise en el momento que pueda. Pasé a verla cerca de las 10 de la mañana. Ya les he contado que cuando nadie los escucha, los animales me hablan de cuanta cosa se les ocurre, y esta vez, fue la zaina la que me saludo contenta:
-¡Hola dotor! ¿Cómo anda? ¿Le avisó el jefe que me venga a ver?-
-¿Que decís amiga? ¡Sí! Esta mañana me llamó Juan para decirme que hace días que te nota caída ¿Qué te anda pasando?-
Ya que estamos les digo que es una gran comodidad que los animales me cuenten sus dolores, penas y aflicciones. El trabajo se me hace mucho más fácil que al resto de los veterinarios, que no pueden conversar con sus pacientes.
-¿Y qué me va a pasar dotor? ¿Cómo estaría usté con un palo clavado entre las muelas y sin manos para poder sacarlo? ¿Quiere ver?-
-¡Y sí! ¡Mostráme que es lo que tenés!-
La yegua zaina abrió bien grande la boca y allá al fondo, clavada entre los dos últimos molares inferiores del lado izquierdo, alcancé a ver una astilla del tamaño de un dedo meñique, apenas asomando en medio de una gigantesca inflamación de la encía.
-¡Ajá! ¡Es así nomás! ¡Tenés un gran trozo de madera incrustada ahí en la boca! ¡Si te animás te la saco enseguida!-
-¿Cómo no me voy a animar dotor? Le prometo que si me saca esa porquería le doy un beso grande, ya que no puedo abrazarlo- Me lo dijo con semejante voz de teleteatro, que les juro que se me pusieron de punta los pelos de la nuca.
Mientras preparaba las cosas, llegó Juan Aguirre y le conté rapidito lo que pasaba.
-¡Que bárbaro Jorge! ¿Cómo encontraste el problema tan rápido?-
-¡Son años!- Le contesté sin darle demasiadas precisiones, mientras la zaina me guiñaba un ojo.
En un ratito pude sacar la astilla y el resto fue un trámite. Le apliqué antibióticos y antiinflamatorios, y mientras cargaba las sogas que usé para manearla, la zaina me dijo bajito:
-¡Te debo el beso!-
¡A la pucha! Pensé yo.


jueves, 17 de septiembre de 2015

La hormiguita pleitera

Parece chiste, pero así como se las ve, tan ordenaditas y andariegas, las hormigas negras pueden ser de lo más conversadoras si se les busca la boca. Hace tres días me pasó algo increíble. Recién terminábamos un duro trabajo con unos cuantos toros Hereford y me fui al trote hasta la camioneta, que había quedado atrás de unos álamos, algo alejada de la manga.
Me senté sobre un balde dado vuelta para acomodar el instrumental, mientras el resto de la gente se iba a caballo con los toros. A la vuelta nos esperaba un  asado tremendo.
Había un buen sol y muy poco viento. Al reparito de los árboles y la camioneta, me empecé a amodorrar. Cambié el balde por el suelo, me acosté sobre el pasto, me tapé la cara con la gorra y me dispuse a descansar un rato.
Enseguida nomás, la oí que me gritaba. Sorprendido di vuelta la cara y me encontré con el hocico de una hormiguita que me gritaba, parada sobre sus últimas patas flacas.
-¡Que haces grandote! ¿No te das cuenta que estás tapando la entrada del hormiguero? ¿Vos sos loco? ¿Qué? ¿Estás mudo?-
Yo no lo podía creer, así que seguía sin moverme y sin reaccionar.
-¿Me oís? ¿O hablo en chino?- Insistió.
Ya convencido que era verdad que una hormiga me estaba hablando, y por seguirle la corriente, me levanté perezoso para destapar el hormiguero y le dije:
-¡Perdonemé doña! La verdad es que no me di cuenta de la macana que me estaba mandando-
Pero la tipa estaba que volaba de la bronca y pronto, al sentir el griterío, llegaron varias compañeras. Es sabido que cuando la gente se amontona, pierde el miedo y se agranda, así que al rato era un griterío desaforado de hormigas que me puteaban ¡Sí! Las candidatas me puteaban en colores. Entonces sí. Ya no aguanté tanto maltrato y me largué también a insultarlas. Yo me había calentado hasta el caracú y no les aflojaba un tranco de pollo. Pero las tipas dale que dale con los gritos, hasta que se armó la grande. Unas cuantas me avanzaron por las piernas y se me prendieron con sus pinzas. Yo empecé a darles guacha a los saltos, con el ancho de mis zapatillas, dejando un enorme tendal de muertas y heridas.
En eso estaba cuando oí la voz de Venancio Torres. Había llegado sin que me diera cuenta y me encontró en plena batalla.
-¿Que está haciendo dotor?-
-¡Nada Venancio! ¡Me estaba sacudiendo unas hormigas que se me prendieron!- Como un pavo no me animé a decirle que las muy bandidas me habían insultado y después me habían agredido físicamente. Capaz que no me creía.