jueves, 13 de julio de 2017

Un tratado y un compendio

La plaza de San Manuel

Una ciudad es un tratado. Un pueblo es un compendio. Hablando de textos, un tratado es aquel libro donde cada tema es explicado hasta en sus menores detalles. Allí está todo el conocimiento posible sobre un tema, mientras que un compendio es algo así como un resumen, donde no falta ninguna de las ideas principales.
Me gusta vivir en un compendio.
En las treinta manzanas de San Manuel encontramos resumidas las virtudes y defectos de las ciudades. Una casa deslumbrante a una cuadra del ranchito humilde pero digno. El auto de alta gama estacionado en la panadería, detrás del destartalado R12. El tipo más fanfarrón y presumido, haciendo cola en el banco con el esquilador chupandín y algo mugriento.
Es verdad que faltan algunas cosas. Un gran cine o un teatro con un escenario bueno. O las tiendas de grandes marcas que deslumbran en las ciudades, pero también faltan la inseguridad, las colas para cualquier trámite, el apuro, el aire contaminado, la intolerancia y el desprecio hacia los vecinos, los embotellamientos de tránsito, los piquetes, y tantas otras porquerías que más vale perderlas que encontrarlas.

Creo que el futuro son las comunidades chicas. 

martes, 11 de julio de 2017

De gatos y ratones

Esta mañana crucé el patio desde la casa hasta la veterinaria, rompiendo la escarcha del pasto al caminar. Una helada bruta cubría todo. Apenas prendí la luz apareció Tiger a pedir su ración.
-¡A vos te quería ver!- Le dije después de saludarlo y ponerle el alimento en su platito.
Tomando grandes bocados con avidez, porque el frío le había aumentado el apetito, me preguntó:
-¿Y para qué me querías ver Jorge?-
-¡Tengo una duda!- Y seguí hablando para no cortarle el mastique –En tu mundo gatuno, cuando un animal tiene cuatro patas, cola y pelaje de ratón, olor y movimientos de ratón, vive en cuevas de ratón, hace cagadas de ratón y se aparea con ratonas ¿Qué es?-
Levantó la cabeza, dejo de comer y me miró -¡Un ratón!-
-¿Y vos que hacés con ese animal?-
-¡Me lo como!-
-¡Ahí tenés!- Respondí aliviado -¡Eso es hacer las cosas simples y bien!-
-¿Por qué? ¿Ustedes los humanos no hacen lo mismo?-
-¡No! Acá en Argentina las personas pueden estar negras como la noche, pero no hay manera de atraparlas ¡Y además! Hay otras muchas personas que afirman que son unos soles-
-¡Pobres argentinos!- Dijo Tiger y siguió comiendo.


domingo, 9 de julio de 2017

Domingo de parto


El domingo pintaba para la famosa “come y duerme”, actividad especial para los días de lluvia, o cuando los caminos están intransitables por el barro. Me levanté temprano, preparé el mate y me dispuse a leer cosas atrasadas y escribir varios informes. Pero en época de parición las sorpresas siempre se presentan.
Alrededor de las nueve, me llamaron porque una vaquillona no podía parir cerca de La Numancia, un paraje que está a más de 30 kilómetros del pueblo, y al que se llega por un camino entre las sierras. Me puse la ropa de trabajo, cargué todos los elementos y salí silbando bajito.
Cuando llegué, me encontré con un cuadro desalentador. La parturienta estaba suelta en el potrero y solo había un muchachito sin experiencia dispuesto a ayudarme. Junté coraje, llevé al animal hasta un rincón arreándolo con la camioneta, bajé despacio para que no se moviera y después de revolear con cuidado, alcancé a enlazarla limpiamente. La até en un poste, la voltee y me puse a trabajar para acomodar el ternero que venía con la cabeza desviada hacia atrás. De pronto, entre pujo y pujo, la vaquillona me dijo:
-¡Que manga de inútiles hay en este campo dotor!-
Al principio me sorprendí, pero enseguida me di cuenta que la pobre estaba con ganas de desahogarse -¿Por qué lo decís morocha?
-Porque somos 120 compañeras que estamos preñadas y de las primeras 25 o 30 que parieron, estos tipos no pudieron ayudar a ninguna. Se murieron 7 terneros y 2 hermanas mías ¿No le parece una barbaridad dotor?-
-¿Cómo puede ser? ¿Y por qué no me llamaron antes?-
-¡Porque dicen que el pobre pibe este que lo está mirando se tiene que arreglar solo! Y la verdad es que no sabe ni donde tiene la cabeza, pero hoy, cuando me encontró a mí, con mi hijo atravesado, llamó a los jefes y les dijo que si no mandaban al veterinario, él se iba del campo… ¡Por eso lo llamaron!-
En un último tirón acomodé el ternero y pudimos sacarlo sin mucho esfuerzo.
Después de lavarme y al tenderle la mano para despedirme, Martín, que así se llama el chico, mi miró contento y pidió mi número de teléfono.
-¡Gracias Doctor! ¡No sabe la bronca que me da que se me mueran terneros y vaquillonas por no poder parir! En la próxima lo llamo directamente y que salga pato o gallareta.
-¡Nos vemos Martín!-
-¡Chau doctor!


  

jueves, 29 de junio de 2017

Cirujano aficionado

Así encontramos a la criatura intervenida por Miguel

Por suerte pudimos arreglar el asunto

-¿Pero porqué lo cortaste Miguel?- Le pregunté al muchacho cuando vi al pobre ternero con sus tripitas afuera.
-¡Es que pensé que era un quiste con pus! Y ya que lo dejaba capado y señalado, calculé que lo mejor era operarle también ese bulto- Contestó, muy gracioso, el mensual encargado de atender el rodeo de vaquillonas en parición.
Miguel trabaja en la Estancia El Picaflor y allí van castrando los terneritos apenas nacen. Los toman en el potrero y les hacen la pequeña cirugía y ya los dejan señalados, con lo que logran que, al finalizar la parición, todos los machos estén castrados y contados. Es un buen sistema.
En este caso, el voluntarioso personaje se pasó de comedido y extendió su arte a la hernia umbilical del neonato, pero cuando vio que se le salía el intestino, me llamó enseguida para tratar de arreglarlo.

Por suerte todo se hizo bien rápido y el día, no demasiado frío, ayudo para que la víctima pudiera salvarse ¡Eso sí! Le deje a Miguel la recomendación de que limite sus operaciones a los testículos y el resto me lo deje a mí. 

viernes, 16 de junio de 2017

Parto con lluvia


Hoy no amaneció feo. Amaneció asqueroso. Todo mojado por una mezcla de niebla y llovizna. Presión altísima y calor, anunciando alguna catástrofe climática, cosa que ya gritaban ayer las hormigas negras del jardín mientras yo cortaba el pasto, trotando frenéticas con cuanta comida podían acarrear. Al rato nomás se descargó el primer aguacero.
¡Qué bueno! Pensé. Tengo toda la mañana para dedicarme a poner en orden los papeles en la veterinaria.
Pero cerca de las diez de la mañana, me llamó Roberto para avisarme que tenía una vaquillona que no podía parir:
-¿Podrás venir? Me parece que el ternero tiene la cabeza para atrás, le metí la mano y no toco nada-
-¡Si Roberto! Enseguida voy para allá y de paso aprovecho que el día está buenísimo para andar en el campo- Le dije, riendo para no llorar.
-¡Vamos dotorcito! ¡No se me achique! ¡Ah! ¡Otra cosa! La vaquillona se me empacó y no la pude llevar a la manga así que la dejé en el potrero.
Antes de salir me cambié con cuidado en la veterinaria, poniéndome todo el atuendo de partero, más el equipo impermeable y las infaltables botas de goma ¡Y salí nomás! El camino de tierra todavía estaba transitable, aunque bastante resbaloso. Pasé por la casa del campo a buscar a Roberto, y nos fuimos hasta el potrero, donde estaba esperándonos la parturienta.
El resto fue pura diversión. Enlazamos, volteamos y maneamos la vaquita, y pronto supe que el ternero venía de patas y por eso Roberto no había tocado la cabeza. Lo acomodé para que encajara su caderita en la de la madre y lo sacamos, ayudándonos con un aparejo para hacer fuerza. El tipo, un machito, estaba medio ahogado pero vivo, así que después de alguna asistencia agarró mecha y empezó con los intentos de pararse.

A la vuelta, nos entretuvimos un rato largo tomando mate y charlando en la casa, mientras la lluvia seguía cayendo incansable.  

jueves, 15 de junio de 2017

Vida retirada

“Que descansada vida la del que huye del mundanal ruido y sigue la escondida senda, por donde han ido, los pocos sabios que en el mundo han sido”… dice, al comenzar la Oda a la vida retirada, Fray Luis de León. Lo notable es que esto fue escrito en el siglo XVI, cuando no había electricidad, ni empleo de combustibles fósiles, ni vehículos automotores, ni gas natural. Entonces, ¿Cuáles eran las cosas de la vida en las ciudades que agobiaban al fraile?         En esos tiempos, la actividad física era imprescindible. Casi todos los trabajos eran manuales y demandaban notables esfuerzos. No había llegado la era industrial al mundo, y todos los objetos de uso cotidiano se elaboraban artesanalmente. La agricultura y la ganadería eran trabajos de hormiga. Los viajes se hacían a pie o a caballo. Pocos privilegiados disponían de carruajes más cómodos. Hasta las guerras eran artesanales y los combates se hacían cuerpo a cuerpo con armas blancas. Tal vez por eso la obesidad no era una epidemia mundial y estaba reservada a clérigos sedentarios o funcionarios ricos. También se vivía menos tiempo. El agobio de esos rigores y la falta de medicinas para aliviar casi cualquier dolencia, hacían que vivir más de cincuenta años fuera un premio.
No nos imaginamos cuales serían las cosas que Fray Luis Beltrán veía tan distintas en las ciudades. Tal vez fueran los olores insoportables que despedían los excrementos y la orina humanas, arrojados a las calles desde cualquier hogar, sumados a la bosta de caballos y perros, que solían fundirse en barros pestilentes los días de lluvia. O tal vez le molestara la promiscuidad y la violencia que se mostraban en cualquier rincón. La prostitución, invento viejo, era cosa natural, y las peleas a muerte también. El orden se imponía a palos y la autoridad era la que tocaba en suerte, ya que tampoco había leyes. Solo la voluntad del que mandaba.
Capaz que por eso era preferible la vida retirada en el campo, donde la naturaleza se presentaba menos hostil para un hombre de reflexión.

En nuestros días, las diferencias todavía siguen estando. La vida en las ciudades se ha vuelto más blanda. Ya no se requieren enormes esfuerzos físicos, pero sigue habiendo violencia, prostitución y malestar generalizados. Hay exceso de vehículos. Autos, micros, camiones, trenes y aviones que se enredan en todos lados. No se ve el cielo. Ni las estrellas, ni la luna. En las ciudades solo es posible saber en que cuarto de luna se vive, por las hojas del almanaque,  mientras que en los pueblos o en el campo, todavía hay un contacto más estrecho con la naturaleza, que es la mejor maestra de vida. Aún se anda a caballo o a pie. Se vive rodeado de animales salvajes. Aves, reptiles y mamíferos. Tenemos todo el cielo limpio para admirar y el aire purísimo. Hay menos gente y menos máquinas; y finalmente, se pierde menos tiempo que en las ciudades. Si se calcularan las horas que se desperdician al día en nuestras grandes urbes en viajes al trabajo, colas interminables para todo y tiempo frente a pantallas y dispositivos, veríamos que el porcentaje de actividad provechosa es muy escaso. Estos valores se invierten en los pueblos o en los campos. En ellos podemos hacer buenas huertas, criar animales, caminar alegremente por las sierras, escribir cartas y poemas, dedicarnos al teatro o el baile. Y todo sin apuro. Me gusta el pueblo.

sábado, 20 de mayo de 2017

Un cuello averiado



Tener un cuello largo a veces es una desventaja. Casi todos los mamíferos, salvo los primates, lo tienen. Tal vez sea una adaptación evolutiva para tener más movilidad en la cabeza y mayores posibilidades de éxito en la lucha por la supervivencia.
Lo que pasa es que el cuello largo puede sufrir accidentes como torceduras, golpes, quiebres o dislocaciones, derivados de su misma exposición.
Así le pasó a esta pobre ternera.
Entró de lo más contenta a la manga para que le dieran la vacuna contra la Aftosa. Atrás de ella se vino una vaquillona grandota y peleadora que, por molestar nomás, le dio un fuerte empujón a nuestra amiga y la estrelló contra las tablas, con tanta mala suerte, que le dobló su largo y fino cogotito, sacándole las vértebras cervicales de lugar.
Nosotros sentimos el grito dolorido y en cuanto salieron al corral, nos encontramos a la ternera careta con el cuello irremediablemente torcido.

De esto ya pasaron más de veinte días. Ayer volvimos a ese campo y preguntamos por la averiada. Nos dijeron que anda bastante bien. Ya se acostumbró a comer haciendo algunas contorsiones, así que es muy posible que se salve ¡Cosas de la naturaleza!

viernes, 12 de mayo de 2017

De parquero a millonario

Martín Roldán trabaja de parquero en la estancia “La Morocha”, cerca de Napaleofú. Esa estancia se ha “reconvertido” en un lugar turístico. En el inmenso y lujoso caserón principal, hay habitaciones de película, donde se han alojado la mayoría de las estrellas del espectáculo nacional, y multitud de políticos y nuevos ricos.
Hay allí canchas de tenis, paddle, fútbol, polo, pato, básquet, y una enorme pileta de natación cubierta, con agua climatizada, para delicia de los nadadores. Además, tienen un coto de caza de ciervos, y gran cantidad de animales de distintas especies que pastan como al descuido cerca del casco, para recrear la vista de los huéspedes.
Entre estos animales, hay una majada de ovejas Scotish Black Face, a las que siempre se puede ver entre las sierras, pero no muy lejos del monte. Los corderos sirven para agasajo de los visitantes y para comida del personal, así que de estos animalitos, Martín eligió el más gordo para carnear, aquel caluroso día de febrero.
Prolijo como pocos para la faena, Martín cuereo con esmero y colgó al animal por los garrones, en el balancín del carneadero. Después lo abrió desde la pelvis hasta el cogote y retiró las vísceras. Tomó con cuidado la grasa mesentérica y cubrió delicadamente los cuartos con ella, y para terminar, abrió el rúmen, y vaciando su contenido, se dispuso a lavarlo en un balde dejando el fino mondongo aparte para un guiso, pero algo le llamó la atención. Entre el pasto triturado, algo brillaba. Un collar y un gran anillo con piedras transparentes, aparecieron en la bosta. Les dio una primera lavada y se los metió en el bolsillo de la bombacha, por las dudas que apareciera algún curioso.
Se fue al trote a ver al encargado y le dijo:
-¡Vea Maidana! El cordero que me dio para carnear ¿Es mío?
-¿Vos estás bien Martín? ¡Claro que es tuyo!
-¿Y todo lo que hay adentro del cordero también es mío?
-¡Si Martín! ¡Todo enterito con lo que hay adentro es tuyo!- Dijo Maidana, francamente divertido con la charla.
-¡Gracias Maidana!- Exclamó Martín y le dio un abrazo y un beso
-¡Avisá! ¡Paisano mimoso! ¿Qué es esto de andar a los besos?
-¡Mire lo que encontré!- Y sacó el collar y el anillo, mostrándoselo al encargado.
-¡Que lo parió Martín! ¡Esto lo debe haber perdido alguna ricachona quien sabe cuando, y tu cordero se lo habrá comido de curioso! ¡Vos si que tenés suerte!
Al otro día, Maidana averiguó discretamente, y supo que en la Navidad pasada, se habían hospedado un político muy famoso con su esposa. El asunto fue que al tipo, conocido por sus procederes turbios al frente de su municipio, le llegaron unos mensajes escandalosos de su amante, justo cuando se estaba bañando. La mujer los leyó y tuvo un ataque de furia. Al hombre le tiró con lo que tenía a mano, y después agarró la valija, metió todo lo que pudo adentro, incluso las joyas que él le había regalado, salió corriendo de noche por el parque, y la largó desde lo alto de la barranca que está detrás del monte, justo por donde suelen andar las ovejas.
Por su parte, Martín Roldán aprovechó un franco para irse hasta Tandil, a consultar a un joyero amigo sobre el valor de su hallazgo. Casi se desmaya cuando el buen hombre le dijo que las piedras del collar y el anillo, eran finísimos diamantes montados sobre el oro más puro, y que valdrían no menos de un millón de dólares.

Cuando se enteró, Maidana solo pudo repetir el dicho: “Algunos nacen con estrella y otros estrellados” 

martes, 18 de abril de 2017

Selección natural acelerada

Llegando al pueblo, por el acceso desde la ruta 227, hay una última curva de 90º, paralela a las vías del tren. Allí se ve una pequeña ermita con la Virgen de Fátima, Patrona del lugar, y pegado a esta, la tranquera de entrada de una modesta quinta.
El asunto es que hace unos años, se mudaron a esta quinta los Benítez, una familia muy laboriosa, que tiene algunas vacas, caballos, ovejas y una porción de gallinas de varias razas.
Como San Manuel es un pueblo con una gran actividad agrícola, permanentemente pasan por esa curva camiones cargados con distintos granos. Algunos camiones son un poco antiguos y van dejando el típico chorrito de semillas sobre el asfalto. Esto hace que desde siempre, las aves de los Benítez hayan vivido cerca de la ruta.
Al principio, era cosa cotidiana, que alguna gallina o pollo nuevo, terminara despanzurrado debajo de las ruedas de algún vehículo. Era inevitable. Pero desde hace casi un año, ya no se ven más cadáveres en la curva, a pesar de que las gallinas de Benítez siguen ahí.

Seguramente, las que fueron más hábiles para escapar de los autos, son las que lograron reproducirse y pasar ese “don” a las nuevas generaciones. Y todo esto pasó en no más de cinco años y, tal vez, ocho o diez generaciones plumíferas ¡Impresionante! 

miércoles, 12 de abril de 2017

Informes en TV


     Aquí va uno de los informes que estamos haciendo semanalmente para el programa "Entre surcos y corrales" que se emite por el canal AM sports, de lunes a viernes de 6.30 a 7.30 hs. Nosotros (me refiero a que los hacemos con mi hijo Juan) salimos los días miércoles, y vamos tocando distintos temas de la práctica profesional en bovinos. Cuando alguno quede bueno, lo pondré en este sitio por si a alguien le interesa. 

martes, 11 de abril de 2017

Un hombre solo


Me lo contó Arnoldo Fuentes cuando le pregunté por su familia, sobre todo por su hermano mellizo Hortensio, que se fue de la zona hace más de veinte años, después de separarse de su mujer en muy malos términos.
-¡No sabe que triste Jorge! Por lo que me dijeron, la cosa fue así. Arrancó con un temporal tremendo que duró casi una semana. Llovió sin parar. A veces con alguna granizada, mientras el viento volteaba los árboles, que no hacían pie en el suelo blando y barroso. Noche y día. Día y noche sin parar. Dicen que fue tremendo. Hortensio vivía solo en un ranchito asentado en barro, en la parte más alejada de la estancia Los Miraflores, en La Pampa. Casi no veía gente, porque solo se movía a caballo, y el casco de la estancia estaba a más de un día de marcha entre cañadones, lomadas y montes de piquillines, talas y arbustos espinosos. No tenía teléfono porque en esa zona no hay señal. Tampoco luz ni televisor. Solo se entretenía escuchando la radio a pilas y conversando con sus siete perros.
Una vez por semana, el encargado del campo, le llevaba las provisiones y los vicios en un jeep destartalado. Se quedaba un rato mientras tomaban mate. Se contaban algunas novedades, y ahí nomás empezaba otra semana de soledad ¡Pobre Hortensio! ¡No se cómo aguanto tantos años viviendo así!
La cuestión es que en esos días de temporal, el encargado no hizo su recorrida, esperando que el tiempo mejorara. En cuanto oreó un poco el camino, se largó para el puesto de Hortensio. No bien llegó, le llamó la atención que no saliera a recibirlo, entonces vio que parte del techo del rancho se había volado, y se preparó para alguna mala noticia.
Apenas abrió la puerta, sintió el fuerte olor a podrido. Allí estaba Hortensio, caído debajo de unas chapas, atravesado por un tirante de madera y medio comido por los peludos.
Dijo después el hombre, que se descompuso con semejante cuadro, pero no tuvo más remedio que meter a la fuerza lo que quedaba de mi hermano en una bolsa y llevarlo para la estancia. Como no pudieron encontrar a ninguno de la familia para avisarle, el patrón ordenó que lo enterraran ahí nomás, al lado del galpón. No muy hondo, por si alguna vez aparecía alguno de nosotros a reclamar el cuerpo.

¡Así terminó el Hortensio, Jorge! Una vida triste y una muerte fea. 

lunes, 10 de abril de 2017

Tiger y la hambruna

Como hace dos días que llueve sin parar, Tiger tiene permiso para estar en la churrasquera. De todas maneras no le gusta mucho el asunto porque se aburre, así que me pide que le prenda la tele y se pasa el día empapándose con las noticias.
Recién preparé el mate y me fui a verlo. Estaba lleno de preguntas.
-¿Por qué no me dijiste que Argentina estaba en llamas? ¿Y que la gente se está yendo a vivir a otros países porque acá hay una hambruna general?-
-¿Qué te pasa?- Le pregunté asombrado -¿Te sentís bien?-
-¡Sí! Por suerte me siento bien, pero tengo miedo de morirme de hambre. Recién vi a unas viejas que gritaban malas palabras. Aseguraban que el país está gobernado por gente muy mala, que ganó las elecciones por culpa del periodismo, que ya no hay trabajo para nadie, y que Argentina está peor que en el año 2000-
-¡No les des pelota Tiger! Por suerte tenemos un gobierno sensato después de tanto tiempo. No hay magos ni iluminados. Solo gente con ganas de hacer las cosas bien y acomodar tantas cosas desacomodadas-
-¿Pero entonces porqué decían tantas barbaridades?-
-¡Mirá! Vos sos un gato bastante capo. Todos tus conocidos te respetan y te tienen miedo, pero ¿Qué pasaría si un día aparece otro gato más duro y a vos te pierden el miedo y te sacan la comida?-
Tiger se quedó pensando. Lentamente. Como piensan los gatos. Por fin me dijo:
-¡Trataría de que el nuevo se fuera de cualquier manera! Le haría todas las maldades posibles con tal de obligarlo a dejar el lugar. Además, inventaría historias horribles para que los gatos comunes se le vuelvan en contra ¡Sí! ¡Eso haría!-
Mi miró fijo con sus grandes ojos amarillos, mientras las ideas se amontonaban en su cabeza felina. No le dije nada. La realidad se le apareció de pronto.
-¡Ah! ¡Ya entendí Jorge! ¡Gracias!-

Por las dudas agarré el control remoto y puse Disney Channel.

Almuerzo campero

Almorzando el último viernes. Día ventoso pero carne de primera

Casi siempre se empieza cerca de las 10 y media de la mañana. El encargado de hacerlo es el más viejo, o el que está con una tarea más liviana, o el que sea mejor asador. Allá va el cocinero por su noble arte, mientras el resto sigue trabajando fuerte con las vacas en la manga.
Primero elige con cuidado el lugar, tratando de que no sea muy lejos, ni que quede tan mal ubicado como para que la gente reciba todo el humo en la cara. El viernes, como había mucho viento, Luis prendió el fuego al reparo de un gallinero de chapas, justo al lado de la manga.
Siempre se usan parrillas muy bajitas o, si hay un poco más de tiempo, la carne se hará al asador. Si es en la parrilla, se pueden cocinar tiras de asado, algún vacío, los huevitos de los terneros recién castrados y, tal vez, algún matambre; en cambio, si el maestro usa el asador, podrá ser un costillar entero o algún cordero, lo que figure en el menú.
Esta vez nos tocaron tiras de asado.
Se condimenta solo con sal o alguna salmuera bien sabrosa, y se toma vino o jugo.
Se agrega galleta o pan ¡Y listo! Ahí está el almuerzo más campero. Carne, pan y vino. Sencillito pero buenísimo. No se si porque cuando está listo, uno lleva más de 5 o 6 horas moviéndose sin parar y tiene más hambre que lima nueva, o porque es rico nomás.
El comedor se arma cerca del fuego, y los comensales se sientan en lo que encuentren. Pueden ser las tablas de la manga, algún tronco viejo, un bidón, o un balde dado vuelta; y se come usando solo un cuchillo bien filoso, sosteniendo la carne caliente sobre un trozo de galleta.

Estos asados son un buen premio después de una mañana de trabajo fuerte.  

martes, 28 de marzo de 2017

Las sierras

     Mateando después de la recorrida

Ya les he contado muchas veces que San Manuel está metido entre las sierras del cordón de Tandilia. Uno no se cansa de recorrerlas porque cambian con las estaciones. Están llenas de animales salvajes. Hay ciervos, pumas, liebres, peludos, mulitas, zorros, vizcachas, carpinchos, hurones, comadrejas, gatos monteses y otra multitud de bichos. Además, hay una enorme cantidad de pájaros de todos los tamaños, plumajes y colores. Hasta vacas salvajes tenemos. Por lo menos en nuestra zona.
Y también hay montones de plantas. Algunas espinosas y otras desarmadas. Flores de todos colores, arbustos, árboles y arbolitos, decoran las piedras duras.

Esta bueno salir a caminarlas cuando hay un rato.   

martes, 14 de marzo de 2017

Con la santa paciencia


Llegué al campo y no había nadie. Solo la vaquillona que tenía que atender encerrada en un cargador. Me las tuve que ingeniar para inmovilizarla, porque la tipa tenía unos nervios locos y me quería agarrar a golpes contra las tablas. La até con mucho trabajo a un palo, le puse la mocheta y como seguía queriendo encarar cada vez que me acercaba, me tuve que sacar el pulover y taparle los ojos. Recién ahí pude darle la inyección endovenosa que necesitaba.

¡Más vale maña que fuerza! ¡Lástima que ahora tengo que lavar mi abrigo!

miércoles, 8 de marzo de 2017

Tiger es muy joven


Llegué a casa a mediodía muerto de hambre y bien cansado después de una mañana de trabajo fuerte en la manga. Comí apuradito, mientras veía algunas imágenes de la concentración de gente en Buenos Aires y después las noticias de los docentes en huelga.
La tarde fue casi tan dura como la mañana, así que en cuanto volví, me fui derecho a darme una ducha y preparé unos mates espumosos y reparadores.
Tiger me miraba hacer. Prendí un rato la tele para enterarme como había terminado la movida del día y me encontré con que todo el asunto había sido un gran despelote.
-¿Qué te parece Tiger? ¡Semejante cantidad de gente al pedo! ¿Quién les paga el día? ¿Qué es lo que quieren?-
Tiger, tranquilito como todo gato capón, me contestó:
-¡Será gente que se está muriendo de hambre y lucha por un poco de comida y un buen sueldo para vivir mejor! ¿O no?-
-¿Me estas cargando Tiger?-
-¡No! ¿Por qué? Yo tengo tres años y nunca vi algo así-
-¡Claro! ¡Vos decís eso porque solo tenés tres años! Yo tengo 59 y ¿Sabés que pienso? Que no hay caso. Que estamos jodidos. Estos días son muy tristes. Parece que no hubiera salida para Argentina con tanta gente enardecida como se está viendo. No entiendo si es poca memoria o boludez nomás, lo que tienen los que andan a los gritos haciendo el coro a los supuestos representantes de los trabajadores. Después de doce años de aguantar a la banda más perversa que saqueó el país y destruyó las instituciones, vemos montones de tipos diciendo que esta gente que gobierna es más de lo mismo. Que están en contra de los pobres. Que no hacen las cosas “bien”.
No soy un iluminado. Soy solo un trabajador incansable. En más de 35 años de profesión fui progresando con esfuerzo y sacrificio y, por suerte, sin precisar nunca que el Estado me regalara nada. Por eso creo que tengo autoridad para poder dar mi opinión.
Y veo que por fin llegó al gobierno gente con preparación y vocación de hacer las cosas bien por el país. Que todos los días van dando un pasito hacia adelante a pesar de todo. A pesar de los insultos, de la porción de justicia “legítima” que sigue con la injusticia, de la falta de mayoría en el Congreso, de los sindicalistas traidores que reciben lo que piden pero traban cualquier medida, de los supuestos periodistas que ahora hacen oposición queriendo ensuciar y emparejar al gobierno con los delincuentes anteriores, y a pesar también de  los simpatizantes del anterior gobierno, que siguen tan bocones como siempre y creyendo que su jefa es solo una víctima inocente-
-¡Tiger! ¿Me escuchas?-
El tipo se dio vuelta y me dijo: -La verdad es que me perdí cuando dijiste que estábamos jodidos ¡Perdón!-
-¡No hay problema! ¡Al final termino siempre en lo mismo!-

Apagué la tele y seguí tomando mate tranquilamente.     

jueves, 2 de marzo de 2017

Un caso triste

En plena cesárea

El ternerito deforme

La vaca de velorio

La enorme vaca Holando Argentino estaba llena de ilusiones con su futuro ternero. Había sido ganadora del premio “Vaca del año” en la Exposición de Córdoba, y apenas llegada al campo con su cucarda a cuestas, se la inseminó con semen de un excelente toro americano. Soñaba con tener un hijo Campeón en Palermo, y todo estaba dado para que su cría se destacara dentro de la raza.
Pero la cosa se complicó. El día del parto, Arturo Ordoñez la encontró haciendo pujos sin poder largar su cría. A la pobre se le caían las lágrimas porque sabía que cada minuto que pasaba era menos esperanza de que su bebé naciera vivo. Ordoñez es muy baqueano en esto de atender partos y en cuanto le metió la mano supo que el asunto era para cesárea. Me llamó desde el corral mismo donde la tenía encerrada y en un rato llegamos con Juan.
La vaca balaba tristemente pidiendo que nos apuráramos para cortarla. Por fin pudimos sacar el ternero. Pero eran todas malas noticias. No solo salió muerto, sino que tenía una rara malformación que lo hacía lucir como dos medio animalitos pegados entre sí. Una porción delantera relativamente normal y los cuartos traseros pequeños y deformes.
-¿Y? ¿Cómo está doctor?- Preguntó ansiosa la mamá -¿Vive?-
Lo cierto es que no tuve coraje para contarle la verdad, así que me hice el sordo y me fui para la camioneta con todos mis bártulos.
Al rato la largaron, y en cuanto se paró, se acercó a su cría muerta ¡Pobre vaca! Lo estuvo mirando un rato largo, como velándolo.


miércoles, 22 de febrero de 2017

Calores de febrero

La pobre vaca insolada fue a morir justo dentro del bebedero

Cuatro de la tarde. Calor agobiante. Casi no había viento y la siesta era bochornosa. Cuando Gutierrez llamó, supe enseguida que la cosa era grave. Me contó que al entrar al potrero de las vacas, encontró cuatro muertas  y varias mas como “borrachas”, jadeando y con la lengua afuera.

En estos días nos tocaron varios casos de golpe de calor en rodeos de cría, y pensamos este era uno mas. Corrimos hasta el campo y nos encontramos con el cuadro desolador que nos había pintado por teléfono. A las apuradas tratamos a todas las afectadas e hicimos dos necropsias como para descartar algún otro problema. El trabajo confirmó las sospechas. Se trataba de varias nuevas víctimas de los calores inclementes de febrero.

sábado, 18 de febrero de 2017

Otro bloguero en la familia

Resultó una sorpresa. Hace alrededor de un mes, mi sexto hijo, Lorenzo, de once años, me dijo que quería tener un blog.
-¿Y cual va a ser el tema?- Le pregunté.
-¡Quiero escribir sobre drones!-
-¡Mirá! ¡Si te animás metele! Pero tenés que saber que hacerlo es fácil, pero después hay que tener constancia para seguir escribiendo y mantenerlo, limpio y cuidadito-
-¡No importa! ¡Voy a probar!- Me contestó seguro.
Y se largó a escribir.

A mi me gusta como va. Si quieren pasar a ver algo sobre drones están todos invitados.

viernes, 10 de febrero de 2017

El cerebro humano

Creo que en algún momento lo he mencionado en este blog. No estoy seguro. Hay una teoría que intenta explicar el fenómeno de la inteligencia humana, tan “fuera de lugar” en la naturaleza. En esa teoría se postula que el cerebro del hombre escapó al camino natural de la evolución en cualquier especie, al establecerse la vida en sociedad. Se formó el llamado bucle retroactivo.
El humano se agrupó e interactuó cada vez más. Esto supuso nuevos desafíos para la mente, al ser estimulada por el lenguaje y la interpretación de millones de señales emitidas por otros congéneres. Esta exigencia hizo que el cerebro diera un “salto de calidad”, generando nuevas aptitudes en sus usuarios. Esto aumentó las demandas de funcionamiento, lo que a su vez provocó un nuevo salto, y así indefinidamente.
Es muy posible que esta teoría sea cierta.
Por eso genera mucha curiosidad saber qué pasará con los humanos actuales, enfrentados al desafío que supone esta hiperconectividad y sobreoferta de tecnología que no da respiro ¿Cuál será el nuevo cerebro que se está gestando? ¿Cómo serán sus portadores?
Es posible que los cambios no sean muy parejos para los 6 o 7 mil millones de personas del mundo. Seguramente las comunidades mejor nutridas y estimuladas evolucionaran primero. El problema es que el porcentaje de humanos mejor nutridos y estimulados ronda el 20% del total.
¿Habrá un grupo minoritario de individuos portando los nuevos cerebros tecnológicos y una mayoría con un cambio menos? ¿Estas diferencias no generarán más conflictos? ¿Los humanos vivirán mejor?