lunes, 22 de agosto de 2016

Dos cabezas y un ternero



La enorme vaca negra amaneció con las patitas del ternero asomando apenas entre sus labios vulvares. Ante el gran tamaño y desarrollo de la cavidad pelviana de la mamá, decidimos sacar el ternero haciendo tracción con sogas. 
De todas maneras, al comenzar a tirar, notamos mas resistencia que de costumbre, por lo que finalmente tuvimos que hacer fuerza entre tres personas hasta lograr que cediera.
Al terminar la maniobra vimos lo que pasaba, La criatura tenía dos cabezas perfectamente formadas emergiendo cada una de un segmento cervical distinto ¡Muy bonito! 

domingo, 21 de agosto de 2016

Paciente en apuros


Llegué al campo muy rápido. Roberto me había llamado al amanecer para decirme que una vaquillona no podía parir y que me la dejaba encerrada en la manga. Él se tenía que ir a dar de comer a los corrales.
-¿Te arreglás solo?- Preguntó
-¡Voy a tratar! ¡Cualquier cosa te llamo!-
Cuando la pequeña futura mamá me vio llegar sin Juan, mi hijo y colega, se alarmó:.
-¡Buen día dotor! ¿Le parece que va a poder sacarme al nene de adentro? Vea que estoy así desde anoche y este es hijo del toro Beto que es una bestia...-
-¡Vos quedate tranquila y pasá nomás por la manga que te reviso y vemos!-



Antes de que la pobre tuviera tiempo de asustarse mas, le hice unas elegantes maniobras y en un rato le ayudé a tener un hermoso ternero macho.
Mientras me lavaba y desinfectaba, el tipito se puso trabajosamente de pie y empezó a olfatear la ubre calentita para darse el primer festín.

viernes, 19 de agosto de 2016

La revancha de Evaristo

A medida que Evaristo Martínez se fue poniendo viejo, su espalda cambió de ángulo lentamente. De estar derecha como un asador en los años mozos, haciendo que Evaristo luciera muy galano sobre caballos impecables, a la lamentable inclinación hacia adelante con que se mostró en su vejez. Tanto que los muchachones del pueblo le terminaron diciendo “el busca-hormigas”.
Allá iba Evaristo haciendo a pie sus mandados matinales, escasos como corresponde a un jubilado. Tan inclinado al frente que parecía caerse a cada paso, y haciendo extrañas contorsiones para ver quién era el que lo saludaba a la pasada, con el típico ¡Uep! ¡Evaristo!, tan propio de San Manuel.
Nadie lo decía, pero todo el mundo pensaba que el pobre infeliz ya nada podría hacer en su vida con semejante deformación.
Pero pasó lo que tenía que pasar.
Cuando se jubiló, se vino a vivir a su casita en el pueblo y se trajo dos caballos que quería más que a sus ojos. Un picazo medio desecho por el trabajo, y un moro que era su orgullo para enlazar en las yerras. Los mantenía en los terrenos baldíos, o en alguna quintita de atrás de la vía, gracias a la generosidad de los vecinos.
Una mañana fue a ver sus animales. Desde hacía una semana los había metido en un potrerito cerca de la Estación, con bastante pasto bueno y un rincón plagado de cicuta. Se ve que el moro había andado extrañando y recorriendo de punta a punta el terreno, porque apareció en medio del cicutal. Evaristo, siempre agachadito, se metió entre las plantas altas y, como siempre miraba el suelo, entre unas ramas podridas le llamó la atención un pedazo de madera. Con el palito que llevaba en la mano removió un poco las malezas y se dio cuenta que esa madera no era solo un pedacito roto. Trabajosamente se hincó y empezó a limpiar con sus manos, hasta que apareció completa una caja de madera y hierro. Contaba Evaristo que en ese momento pensó que era un cajón de herramientas,  pero jamás se imaginó que al abrirlo se encontraría con pilas de monedas de oro y un montón de cartas viejas atadas con una cinta.
Loco de contento corrió hasta su casa y se pasó el resto del día leyendo las 62 cartas que había en la caja. Contaban la historia de amor de Luciano Garay y Amelia López, casi cien años antes, cuando en la zona todavía andaban algunos malones. La caja la había enterrado ella, por miedo a los indios, poniendo a salvo los ahorros de toda su vida y el testimonio de sus más íntimos sentimientos. Según supo después Evaristo, los dos murieron lanceados salvajemente por los infieles.
Evaristo se quedó con su “tesoro”. Vendió algunas monedas, se compró el campito del milagro, y hoy pasa sus tardes en el club tomando la copa, y jugando al tute con los amigos.

Siempre agachadito. Pero ya no le dicen “el busca-hormigas”, ahora es Don Evaristo.

Esperanzado

Sabrán los lectores de este sitio que no es común encontrar aquí opiniones políticas, pero hoy “pinto” hacer algún comentario.
Deseo fervientemente que este nuevo gobierno siga trabajando como hasta ahora. Con conocimientos, con transparencia, con vocación y con enormes ganas de hacer que por fin, nuestro país sea el lugar con el que soñamos la mayoría de los argentinos.
Porque hay que tener enormes espaldas y una mente poderosa para aguantar la pesadilla que le dedicaron, aún antes de asumir, los ladrones, mentirosos, hipócritas e insensibles que todos conocemos. Creo que la cárcel y la devolución de lo robado sería un lindo paso como para bajarles el copete.

¡Acá hay un tipo muy esperanzado! 

jueves, 18 de agosto de 2016

En torno a la salud

Lo supe hace un tiempo y me alegró. Se están creando grupos en todo el mundo, que se oponen al sobrediagnóstico médico.
La cuestión es que hay una creciente demanda de atención de la salud humana, generando una industria floreciente en torno a la medicina.
Y como toda industria necesita ganancias, a través de la publicidad y de importantes incentivos a los profesionales médicos, logran que la demanda de servicios siga aumentando. El círculo se cierra perfectamente.
Algo de esto sucede también en algunos sectores de la medicina veterinaria. Lo vemos sobre todo con las mascotas y los caballos deportivos.
¡Pero hay que parar la mano! O al menos gritar bien fuerte que hay otra manera de vivir.
Si algún hipocondríaco siguiera al pie de la letra las recomendaciones increíbles que hacen desde los medios, seguramente visitaría el consultorio médico al menos una vez por mes. Esto no es normal ni bueno para el paciente, ni para el sistema de salud.
Vemos que los centros de atención están colapsados, las obras sociales en su mayoría dando pésimos servicios y pagando peor, las prácticas médicas hechas a las apuradas y en serie, y a  muchos mayores de cincuenta años, tomando de por vida cinco o seis medicamentos diarios.
Creo que si cada uno de nosotros se limitara a requerir del médico lo mínimo indispensable estando sano, solicitando atención solo en casos reales de enfermedad, muchos de esos males tenderían a corregirse.
De todas maneras, tampoco llegar a los extremos como el mío, que deben ser la delicia de cualquier obra social. Visité un clínico hace casi diez años cuando tuve la culebrilla y a un odontólogo, hace ya cuatro años, por unos arreglos en dos muelas.
Aunque parezca mentira, llegué a los cincuenta y ocho años en la plenitud física. Solo con las dolencias propias del trajín. Tal como dijo el Libertador San Martín, son achaques que hay que aguantar porque “toda casa vieja tiene goteras”.
A pesar de esto, si algún día me siento enfermo gustosamente visitaré un médico, y si me toca partir para el lado de arriba, me resignaré ante lo inevitable.


jueves, 4 de agosto de 2016

Poroto el bromista

Miguel “Poroto” Menéndez, es un vecino del paraje Dos Naciones, destacado por sus bromas pesadas. Así como hay gente habilidosa para el fútbol o la carpintería, Poroto nació con facilidad para inventar travesuras.
Una de sus hazañas más recordadas, la hizo en el baile anual de la escuelita, en el año 2006. Resulta que se conmemoraban los 50 años del colegio, y la gente de la cooperadora tuvo la idea de hacer una reunión bastante más importante que otras veces, invitando a ex alumnos y a todas las maestras vivas que habían desfilado por la escuela en tantos años. Contrataron al grupo “Los Narcóticos” de Ayacucho y planearon varias atracciones más, entre ellas, el sorteo con el número de la entrada, de un hermoso lechón carneado, listo para poner en el asador.
La fiesta fue un éxito de público. Para la una de la mañana calculaban que había unas 400 personas colmando el enorme salón de actos, moviéndose al ritmo de Los Narcóticos. De pronto, por esos misterios de la Cooperativa Eléctrica, se cortó la luz. La gente se lo tomó con calma, acostumbrada a los cortes y a manejarse con faroles en los campos. Tanteando y a las risas, siguieron moviéndose despacito en la oscuridad. No faltaron algunos toqueteos indecorosos, los gritos ofendidos de las afectadas y las barbaridades sin control dichas por los borrachines de siempre.
Pero el sorpresivo apagón sirvió para que Poroto pudiera concretar la macana que venía planeando. En un periquete agarró el lechoncito y se fue derecho hasta el lugar donde los músicos tenían sus bolsos y pertenencias, y lo escondió prolijamente en el estuche del acordeón a piano.
Al rato volvió la luz y la fiesta volvió a animarse, hasta que el primer comedido pegó el grito: -¡Se afanaron el lechón!-
Se armó tremendo despelote y Almada, el presidente de la cooperadora agarró el micrófono y dijo que si era una broma, ellos no se iban a ofender, pero que el animal tenía que aparecer. Al no haber respuesta y ya pensando que se trataba verdaderamente de un robo, decidieron pasar a la acción. No dejaron salir a nadie del salón y entre dos o tres voluntarios revisaron el montón de vehículos parados en la calle de tierra, pero sin éxito.
La cosa se ponía fea hasta que Poroto, acodado en la barra tomando un Fernet tranquilamente, le dice a Almada en voz baja: -¡Vea compañero! ¡Yo que usté reviso las cosas de los músicos, porque el viejo ese del acordeón no me gusta nada!-
Y hecho un ovillito, apareció el lechón adentro del estuche. Se armó un revoleo terrible de trompadas entre los indignados vecinos, y los músicos y simpatizantes que habían venido de Ayacucho, hasta que los milicos pararon todo con unos tiros al aire, dando por terminada la fiesta.

Al mes, se supo que todo había sido otra de las bromas de Poroto, pero ya el crimen estaba prescripto y quedó para el recuerdo. 

sábado, 9 de julio de 2016

9 de julio de 2016

¡Viva la patria carajo!

¡Que bien se siente!

sábado, 25 de junio de 2016

De golpe

Así. De golpe. Pensé en mi viejo.
Se fue cuando solo tenía 41 años y yo 15. Fue tremendo por lo inesperado. De tenerlo al lado lleno de vida, de proyectos, con una fuerza de gigante, marcando caminos en la profesión, a esa partida sin despedidas.
Lo bueno es que nunca más me abandonó, desde esos primeros días después del accidente, en que yo tomaba mate en el jardín y le regalaba el primero a la tierra para que él lo compartiera, hasta hoy que charlamos muy seguido, sobre todo cuando viajo solo en la camioneta. Mil veces le he pedido consejos y he imaginado lo que hubiera hecho en mi lugar. Le he contado de mis alegrías y de mis vuelcos pero siempre ha estado ahí. Cerquita.

¡Qué cosa fuerte son los sentimientos!

viernes, 10 de junio de 2016

Cuando hierve la sangre

De un lado se ubica la gente y los países más ricos y desarrollados, y del otro la gente y los países más pobres. Desde que el hombre se organizó en sociedad hubo diferencias. Siempre existieron minorías que disfrutaron lujos y placeres extremos, y mayorías sumergidas, apaleadas, esclavizadas y explotadas salvajemente.
La diferencia es que la comunicación global sin límites, permite “espiar” todo lo que sucede, Las mayorías asisten a los grandes festines de los poderosos, sentados en una paupérrima casilla de cartón, a través de la tele y los medios electrónicos. Y se calientan. Ven a tipos que hace pocos años eran empleados comunes y a los que ahora les encuentran casas, campos, hoteles, barcos, aviones y autos en cantidades y con lujos inconcebibles, e inevitablemente sienten que les hierve la sangre.
Y en el hervir de la sangre se hace difícil separar a los que hicieron su fortuna trabajando o haciendo negocios en forma decente, de los que simplemente robaron impúdicamente lo que se puso a su alcance.
Así también, hay muchos a los que les cuesta diferenciar a los chantas que los sedujeron con mentiras, de la gente con buenas intenciones que quiere arreglar los desbarajustes colosales que les dejaron.
Esto pensaba a la mañana temprano, cuando escuchaba por la radio, la cantidad interminable de paros y cortes programados por los reclamadores seriales.     


jueves, 9 de junio de 2016

Temporal interminable

La imagen del título de este blog refleja lo que nos está pasando desde hace unas seis semanas. Llueve fuerte, llueve más despacio, después sale el sol un rato, de pronto sopla don viento con enormes ganas. Amanece con una gran helada, y vuelve a llover fuerte y así vamos. Mientras tanto, los caminos de tierra se van complicando. Barro, huellones, algún pantano. Lo mismo pasa con las mangas. Los corrales son un pisadero y en los que todavía no hay un pisadero, la gente trata de no encerrar para no estropearlos más. Es lógico que el laburo se resienta. Tenemos montones de vacas y toros por revisar todavía, pero solo vamos haciendo las urgencias a duras penas, envueltos en ponchos y camperas impermeables.

Lo bueno es que nos va quedando tiempo libre para escribir, encarar los proyectos de teatro y leer y estudiar sin apuro. Cosas lindas pero que no nos dan de comer.

martes, 31 de mayo de 2016

Beto y Micaela. El encuentro

Los que vienen siguiendo estos relatos, sabrán ya de las andanzas de Beto Menéndez en Mar del Plata, tratando de “desfacer entuertos”, tal como pretendía el inolvidable Quijote de la Mancha. Sabrán también que hubo una mujer, Micaela Rodríguez, que se enamoró perdidamente del campeón, cuando lo vio en acción enlazando con bravura a dos motochorros.
La cuestión es que Beto pronto comprendió que ya no podía seguir con su tarea vigilante, a bordo solo de sus alpargatas negras. Tenía que tener alguna movilidad, y lo más práctico y económico que consiguió fue una motito Zanella 50 cc, a la que pintó con los colores distintivos de su disfraz. Micaela, para no ser menos, consiguió prestada la moto de un primo y casi todos los días esperaba escondida, la salida del héroe, para seguirlo discretamente en sus recorridas. Hasta que pasó lo que pasó.
Tendrán noticias ustedes, que por estos días se han puesto de moda los secuestros express en Buenos Aires, y los delincuentes de la costa, imitando a los capitalinos, decidieron incursionar en el rubro.
La cuestión es que una noche, pasadas las once, tres enmascarados atraparon violentamente al dueño de una gran casa de deportes de la conocida calle Guemes, metiéndolo a los empujones en un viejo Falcon modelo `87. Justo en ese momento, Beto venía de recorrida por la zona y alcanzó a ver el movimiento. Aceleró violentamente su moto y lo mismo hizo Micaela unos cien metros detrás, sintiendo que su corazón galopaba desbocado ante la nueva aventura. Recorrieron dos o tres cuadras como a 50 km por hora, cuando de pronto, una de las puertas traseras del auto se abrió y salió despedido el cuerpo del infortunado señor, que arriesgó así su vida para escapar de los delincuentes. Beto miró alejarse el auto, mientras se detenía para ayudar al hombre. Enseguida llegó Micaela, a la que Beto no conocía y le dijo que ella se haría cargo de eso y que llamaría también a la policía para pasarle la patente del auto de los secuestradores. Después, mirándolo directamente a los ojos, con el pecho inflamado de amor, le pidió que siguiera persiguiéndolos para descubrir su escondite.

El héroe puso en marcha su aparato y salió raudamente detrás de los malhechores, que por suerte no iban muy bien montados. Pronto se les puso a tiro y comenzó a seguirlos. Iban con rumbo a Batán. Pero el corazón y el pensamiento de Beto habían quedado inundados con la aparición de aquella misteriosa mujer que lo había mirado de una forma tan apasionada… Continuará   

lunes, 30 de mayo de 2016

Cosas íntimas, silenciosas y gratificantes


Y ahí quedó mirándome agradecida

El laburo en el campo con grandes animales es generalmente muy fuerte. Se empieza temprano, con la salida del sol, y se extiende muchas veces hasta que el candidato brillante vuelve a esconderse en el horizonte. Son horas y horas de gritos, mugidos, fuerza, corridas, bromas, golpes, pisotones de alguna vaca y esfuerzo sostenido, que terminan en un dulce cansancio al final del día.
Pero a veces suceden cosas íntimas, silenciosas y gratificantes como la de ayer.
Domingo de lluvia. Estaba solo en casa mirando una buena película en la cama, y disfrutando el día de descanso. A las cuatro de la tarde me llama un cliente desde Tandil, para avisarme que un vecino le pasó el dato, de que una vaquillona estaba caída en su campo, a unos trescientos metros del alambrado de la calle. Quería saber si yo podía llegarme hasta ahí para atenderla.

Me vestí sin mucho entusiasmo, para que negarlo. Crucé hasta la veterinaria, preparé las cosas para la emergencia, me puse encima la ropa de lluvia y las botas de goma y salí despacito para el campo. Por suerte no había demasiado barro en la calle, así que llegué sin problemas y enseguida la vi. Allí estaba tirada la pobre muchacha en medio de un rastrojo de soja. Dejé la camioneta en la cuneta y me largué caminando con las cosas a cuestas. Todo era silencio. En medio del campo la lluvia no hace ruido. Solo se escuchan las gotas que caen sobre el poncho encerado o el equipo de agua. Nos saludamos con un gesto. La pila de bosta cerca de la pobre infeliz, indicaba que estaría caída por lo menos desde la noche del sábado. Además, tenía la mitad del cuerpo embarrada por las horas de intentos desesperados por pararse. Le di los medicamentos que le hacían falta y después, trabajosamente, la hice girar sobre su lomo dos o tres veces hasta que conseguí enderezarla. Mientras estaba guardando mis útiles, la vaquita hizo un esfuerzo tembloroso y consiguió pararse. Y ahí se quedó un buen rato mirándome agradecida, juntando fuerzas, mientras sus compañeras la alentaban y contenían. 

miércoles, 25 de mayo de 2016

Querido Papa Francisco

Tal vez lo que sigue no está en la línea de otros posteos, pero me gustó para compartirlo con los pacientes lectores de este blog, hoy, que se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de este espacio.

Querido Papa Francisco:
            Mi abuelita Bianca nació en Roma y se vino a vivir a la Argentina de joven. Era muy devota. Católica practicante y papista. Desde chico vi estampitas de Paulo VI y de Juan Pablo II en su casa.
            Cuando lo eligieron a Ud., yo estaba en viaje desde San Manuel a Balcarce. Paré la camioneta en la ruta en el momento en que Fernando Bravo, por la radio, contaba emocionado que teníamos un Papa argentino. Me acordé de mi abuelita y pensé que allá por el cielo estaría tan contenta como yo.
            Tan feliz estaba con la buena nueva, que leer las cosas que de Ud. escribieron ese mismo día los simpatizantes del gobierno, me dolió mucho. Dijeron e hicieron cosas increíbles desde la presidenta, hasta el más infeliz de sus seguidores. Esto duró los días necesarios para que la Jefa diera una elegante vuelta retórica, y viera que su futuro estaba pegado a su sotana. Entonces empezaron las alabanzas, los gestos de simpatía y las peregrinaciones para sacarse la foto redentora.
            Y Ud. los recibió amablemente y con una sonrisa, mientras desde acá, los que padecimos tantos años de saqueo, descontrol, ineficiencia, mentiras y devastación del Estado, mirábamos con sorpresa, pensando que tal vez se trataba de un gesto pastoral de reconciliación y perdón. Queriendo entender. Aunque es sabido que los caminos del Señor son inescrutables.
            En diciembre asumió un nuevo gobierno en el país. Una esperanza enorme para la mayoría silenciosa de los argentinos. Una alegría gigantesca para quienes queremos un país sano, ordenado, pujante, con trabajo y oportunidades para los que estén dispuestos a tomarlas.
            Por eso esperábamos un gesto. Una palabra. Una imagen. En este mundo y esta sociedad de imágenes y gestos. Solo una llamada el mismo diez de diciembre. Porque aunque en su nuevo país el protocolo indica no saludar en estos casos, Ud., ante todo, sigue siendo argentino, y ya hemos visto que el protocolo no es lo que más lo desvela.
            Eso pasó. Luego vino la visita al Vaticano. Su cara el día que recibió a nuestro presidente no la merecíamos. Porque no solo el desprecio fue para él. Fue un castigo sutil para la mayoría de los argentinos. Tal vez Ud. no lo quiera porque es “rico”, y por aquello de que los ricos no entrarán al reino de los cielos. Pero ese señor que Ud. castiga es nuestro presidente. De los pobres y de los ricos de su país. Y si ese señor sigue haciendo las cosas bien como hasta ahora, el bienestar llegará para todos.
            Sería lindo y reconfortante que Ud. le diera una mano a su país. Desde su lugar. Acariciándonos el espíritu con una palabra de consuelo. Acompañando. Poniendo las cosas en su lugar con su enorme sabiduría. La mayoría de los argentinos estaríamos enormemente felices si eso sucediera.
            Y por fin, le pido perdón por la soberbia de este escrito.  
     

             

domingo, 1 de mayo de 2016

La vaca discriminada



Llegamos temprano a La Jacinta para atender una vaca Angus negro, que no paraba de reclamarnos. Ya la tarde anterior había sentenciado al dueño, Marcelo Menéndez, con que si no nos llamaba para curarla, iba a saltar los alambrados y a disparar por la calle, hasta caerse muerta de cansancio. A la noche me llamaron.
La metimos en la manga y la agarramos en el cepo.
-¿Qué pasó gaucha?- Le pregunté
-¿Y yo como puedo saber Spinelli? Si lo supiera ya les habría pedido a los Menéndez que me trajeran los remedios-
-¿Y desde cuando estás así?-
-Yo no manejo muy bien los tiempos de ustedes, pero a mí me parece que hace mucho que me enfermé. Lo peor es que ahora todas mis compañeras del rodeo se ríen de mí y me señalan con la cabeza. Dicen que me parezco a un animal grandote que anda nadando en los ríos de otros lugares, porque parece que Aurora, la lechera, pudo espiarlo en la televisión del tambero-
Me reí divertido: -¡Ah! ¡Te hacen bullyng!-
-¿Cómo dijo Spinelli?-
-¡Nada! ¡Nada! Quedate quietita que te voy a dar una inyección endovenosa y si todo va bien, en dos o tres semanas vas a estar recuperada-

La vaca negra cerró sus negros ojos, mientras le inyectaba la droga salvadora. La largamos de nuevo al campo. Allá lejos se dio vuelta y me despidió con un gesto agradecido. En cuanto la muchacha ya no pudo oírnos, Juan comento: -¡La verdad que está muy fea! ¡Espero que se mejore! 
    

martes, 19 de abril de 2016

¿Proteccionistas o agitadores mediáticos?


¿Que clase de mariconería les ha atacado a todos los pseudoproteccionistas de Argentina? ¿Será un mal mundial?
En poco tiempo tuve contacto con dos casos fatales. En el primero, una sensible señora que paseaba con su perrito por un camino en las afueras de Tandil, vio una yegua feamente lastimada en una pata, dentro de un predio privado. La yegua es de un veterinario conocido, que la estaba tratando desde un tiempo atrás. La señora en cuestión, pensó que el animal estaría sufriendo demasiado, entonces lo denunció al Colegio de Veterinarios, luego al Municipio de Tandil y finalmente terminó amenazándolo por Facebook con hacerle daño a sus hijos, para que se diera cuenta de lo que era sufrir.
El otro caso es de un colega muy querido que viajó a B. Aires por un trámite, con un amigo y con su perro. Cuando llegó a destino, puso a su perro en la caja de la camioneta y lo cubrió con la lona que traen esos vehículos. Esa vez pasaron dos sensibles niñas que vieron al animal asomando el hociquito por un hueco, llamaron a la policía, la policía llamó a mi amigo, porque su mascota tenía colgando del collar una chapita con su número de teléfono, y allí mismo, en la calle, comenzó un incordio de dos meses, en los que se comió insultos, amenazas, peroratas sin sentido y mil estupideces mas.
¿Saben qué? Estoy podrido de esta gente que no sabe nada de animales.
Protestan por las carreras de galgos, las cuadreras, las jineteadas, los cortes de orejas y colas de cachorros, el uso de caballos para el trabajo, el sacrificio de perros dañinos y cuanta cosa afecte su alma sensible.
Los dueños de caballos y perros deportivos, y de animales para pruebas gauchas, los cuidan y entrenan con esmero y dedicación. Los quieren tanto o más, que los que usan las mascotas solo para compañía y las confinan en coquetos departamentos.
Los cortes de oreja y cola de los cachorros se hacen en muchas mejores condiciones de asepsia y antisepsia, que tantísimos destrozos corporales que se autoinflingen los humanos.
Los caballos se utilizan para el trabajo, el deporte y la guerra desde hace milenios, así que no me parece mal que sigua esa linda yunta entre el hombre y el equino.
Para terminar el rosario les digo que ¡Sí hay perros peligrosos! No me vengan con la pavada de que un perro, si está bien criado nunca hará daño. En este caso, la enorme cantidad de heridos, mutilados y muertos que dejan todos los años, los perros de razas peligrosas, me eximen de mayores comentarios. Son indefendibles.
Por lo tanto, aquí va este grito fuerte: ¡Juira proteccionistas! ¡No molesten!
Limítense a estar atentos a las verdaderas herejías. Las que sufren tanto los animales como los humanos.  


lunes, 18 de abril de 2016

El flechazo de Micaela

Micaela Rodríguez estaba parada justo detrás de Beto en el momento en que el hombre, pleno de fortaleza y decisión, armó el lazo y comenzó a revolear, esperando a que los bandidos motochorros quedaran a tiro, para tomarlos en un movimiento inolvidable.
Fueron instantes llenos de tensión. Un voltaje misterioso y envolvente que atrapó a los ocasionales espectadores de tremenda captura. Todo duró uno o dos minutos, pero el tiempo pareció detenerse casi a nada, y correr tan despacio, que cada segundo quedó grabado en la memoria de todos.
Micaela sintió que su corazón se prendía fuego y no pudo ya dejar de mirar esas espaldas formidables, esos brazos curtidos y al hombre todo, que desde ese momento, sería su hombre.
Lo siguió cuando Beto, aprovechando el revuelo de la llegada y captura de los ladrones, se escabulló del lugar. Con una astucia y osadía que a ella misma sorprendieron, pudo mantenerse a regular distancia del fugitivo, hasta ver la casa en la que entró el misterioso enmascarado.
Con la tenacidad y locura que regala el amor desesperado, en pocos días fue armando el rompecabezas. Supo que la casa había sido de una viejita que al morir, la dejo en herencia a su único sobrino, Alberto Menéndez. Se enteró de que el muchacho vivía en el campo, muy cerca del pueblo de San Manuel. A través de un conocido, averiguó que Alberto había renunciado a su trabajo un mes antes y que se había mudado a Mar del Plata. Le contaron también de algunos desarreglos cerebrales que provocó la TV y sus historias, en el bueno de Beto, pero también se enteró de la fama de hombre íntegro y campero que había cosechado en sus años juveniles.  
Cada dato que capturaba, bordaba un nuevo punto en el amor imperioso de Micaela. Entonces empezó a espiar sus movimientos. Sus salidas, sus compras y sus gustos. Y esperó el momento de ver de nuevo en acción a su héroe.

Dos noches salieron en busca de aventuras. Beto con su traje de fajina y ella siguiéndolo embobada. Pero no hubo acción... Continuará  

jueves, 14 de abril de 2016

El extraño caso de Benito Aguirre

Hace años que se habla en toda la zona del caso de Benito Aguirre. Todo empezó una mañana en que Benito puso en marcha su Ford Falcon `73, color verde militar, y lo dejó calentando en la puerta del galpón, antes de salir para el pueblo. Se tomó los últimos mates, revisó la billetera para asegurarse de que llevaba todo el dinero que precisaba para los mandados, se subió al auto y arrancó despacito.
En cuanto dejó atrás la tranquera y empezó a tomar velocidad, las vio. Sobre el torpedo color negro del viejo Falcon, se distinguían apenas, montones de cagaditas de rata y varias chorreadas de orina que les hacían juego. Fue tal su sorpresa que sacó la vista del camino y casi vuelca en la maniobra.
Cuando volvió al campo, se pasó un rato largo tratando de encontrar al visitante. Levantó los asientos, revisó los pisos, espió en todos los rincones del tablero y los recovecos del auto, que no eran tantos, pero la rata no apareció. Creyó que se había ido.
Al día siguiente, apenas se levantó, fue hasta el galpón con la linterna y sin abrir las puertas del Falcon, enfocó la luz a través de las ventanillas. Sobre el asiento trasero lo miraba una enorme rata color marrón, que no tardó en desaparecer. Enfurecido, Benito llenó el piso de su máquina con venenos de distintos colores, durante tres días seguidos, hasta que vio que el animal ya había dejado de comer. Pensó que seguramente habría muerto en algún lugar del campo. Pero no. Tardó dos días en aparecer el olor fétido y asqueroso de la rata muerta. Trató de encontrarla de nuevo, pero por más que hizo mil maniobras, no pudo dar con el cadáver. Ya nadie quiso subir al auto de Benito. El olor era demasiado fuerte, repugnante y como se verá después, enfermante.
Al principio, el hombre tuvo que hacer fuerza para pilotear soportando la baranda aquella, pero con los días pareció que no solo se acostumbraba sino que, hasta lo disfrutaba. Pero algo cambió. Primero se lo vio con la barba crecida y el pelo revuelto. Dejo de bañarse. Ni siquiera se lavaba las manos, que llevaban restos de tierra, sangre de las carneadas y otras porquerías. Después se le fueron hundiendo los ojos, y en dos o tres días más, se le cayeron casi todos los dientes. Se le arrugó la piel y terminó por andar descalzo y con la ropa hecha pedazos.
Como a la semana de no aparecer por el pueblo, algunos vecinos se fueron hasta el campito de los Aguirre y, después de mucho buscar, encontraron a Benito muerto dentro del auto, hecho un ovillo sobre el asiento trasero. Tuvieron que usar máscaras de fumigadores para sacar el cuerpo del hombre, tan fuerte era el insoportable olor que salía del Falcon.

Dicen que todavía, veinticinco años después, el galpón de los Aquirre conserva el aroma de aquellos días. Al auto lo prendieron fuego en el medio de un potrero arado. 

lunes, 4 de abril de 2016

Se va la segunda

Fueron pasando los días tranquilamente para el nuevo campeón de la justicia, hasta que una mañana, cuando salió de la casa para hacer los mandados, se encontró con su vecina que barría la vereda. La viejita vivía sola y estaba muerta de miedo por los motochorros que estaban haciendo de las suyas en el barrio. Ya habían asaltado a dos personas en la misma cuadra, y a varias más en las dos o tres manzanas vecinas. Siempre con la misma rutina y horarios, que era lo que más bronca daba a la gente, ya que la policía no parecía tomar en cuenta esos detalles para reforzar la vigilancia.
¡Ahí están los próximos! Pensó Beto.
La cuestión es que los malvivientes eran bastante madrugadores, porque todos los golpes los hacían a la mañana temprano y casi siempre sobre mujeres que esperaban el colectivo para ir a trabajar.
Ese martes, Beto se levantó alrededor de las cinco de la mañana y preparó los primeros mates. Pensaba patrullar las dos o tres calles más golpeadas por los motochorros. Tal vez tuviera suerte. Cuando empezó a clarear, se puso su nuevo uniforme de batalla y salió decidido a jugarse una vez más.
Pero caminó casi dos horas y de los bandidos ni noticias. La gente que lo veía con tan exótica vestimenta, respetuosamente cambiaba de vereda por precaución. Pero en un instante todo se precipitó. En la cuadra siguiente a la que caminaba nuestro amigo, se vio un tumulto y una mujer que luchaba desesperada y a los gritos, contra un tipo grandote que quería quitarle algo que llevaba en la mano. Esa resistencia le dio tiempo a Beto a planear su jugada. El ladrón consiguió por fin arrancar un bolso a la mujer y corrió hasta la calle donde lo esperaba el socio con la moto preparada para huir ¡Justo hacia la esquina donde estaba Beto!
Pero el hombre ya había preparado el lazo trenzado que tantas veces le hiciera ganar premios en los concursos de pialada y lo revoleaba con elegancia suprema, esperando el momento de tirar. Sabía que se jugaba todo a un tiro, pero con nervios de acero y vista de aguilucho, buscó el instante preciso para actuar.
Los ladrones, que seguramente nunca habían visto lo que era un lazo, o tal vez cegados por la adrenalina del momento, ni calcularon lo que estaba por hacer aquel tipo, medio mamarracho, parado en la esquina cerca del cordón de la vereda, con un brazo en alto y revoleando una cuerda.
Pasaron como a 70 km/h al lado de Beto, pero ya la armada bien grandota del lazo volaba inexorable hacia ellos. Y los tomó limpitos, mientras el héroe echaba verija sobre el asfalto. Los testigos contaban después, que fue un momento inolvidable. El lazo se cerró, se tensó, y se vio a los dos cuerpos volar por el aire mientras la moto, ya sin jinetes, corría a estrellarse contra un poste.
Del resto se encargaron los vecinos. Mientras los atontados delincuentes aguantaban una lluvia de golpes y patadas, llegó la policía para arrestarlos. Se tomó declaración a más de treinta personas y todas coincidieron en resaltar el acto heroico de Beto, que para acrecentar su fama y antes de desparecer discretamente, dejó caer como al descuido un montón de tarjetitas hechas a mano, donde se leía “SB auxiliar de la justicia no convencional”.
Al otro día, el Diario resaltó el suceso en la primera página y las radios empezaron a hablar del misterioso personaje, capaz de pelear contra fieros malandras con una alpargata o un lazo.  



sábado, 2 de abril de 2016

La primer hazaña

Así vestido, decíamos, y con un armamento tan extravagante, Beto inició su carrera como “auxiliar de la justicia no convencional”.
El remisero que lo llevó hasta la peatonal no dudo ni por un segundo, que llevaba un pasajero a una fiesta de disfraces. Lo único que no le gustó fue el tremendo cuchillo que Beto sacó de su cintura y colocó prolijamente sobre su falda, para no lastimar el tapizado del auto.
Una vez en el lugar de la acción, y sin saber muy bien cuál sería la primer hazaña, se dedicó a recorrer a tranco firme las cinco o seis cuadras que van de la plaza al mar, ida y vuelta sin parar. Los que todavía circulaban por la calle a esa hora ya medio avanzadita de la noche, se sorprendían al ver semejante figura, pero increíblemente, tal vez por la altura y el tamaño de Beto, nadie se animó a decir una palabra y menos a burlarse de nuestro amigo.
¡Hasta que sucedió!
Llegando casi a una esquina, se empezaron a escuchar gritos desesperados de mujer y pronto se vio lo que pasaba. Un tipo de mala facha arrastraba a una chica de los pelos, mientras le daba patadas donde podía. La pobre chillaba como una loca, pero los tres caminantes ocasionales que se acercaron a prudencial distancia, se limitaron a mirar sin intervenir, mientras se consumaba la paliza. Como una sombra, y adelantándose a Beto, apareció una mujer policía que intimó al agresor con voz aguda, pero el guacho, en lugar de parar el castigo, se limitó a darle una cachetada que le hizo volar la gorra ¡Fue la gota que rebalsó el vaso!
-¿No escuchaste a la señorita, maricón?- Gritó Beto bien cerca de la oreja del delincuente que estaba enardecido, pero se ve que no era estúpido, porque por un momento largó los pelos de su víctima y se dio vuelta para encarar a Beto.
-¿Y a vos que te pasa muñeco?-
-¡Me pasa que a las basuras como vos las cago bien a palos, para que nunca más se animen a hacer estas porquerías!-
El tipo se largó ciego sobre Beto para tratar de pegarle, pero ya la cosa estaba decidida. La herramienta que eligió el héroe para palicear al degenerado fue su alpargata derecha. Y tal como hacía El Zorro, empezó a canchar entre risas al agresor y a darle semejante soba que pronto el desgraciado sangraba hasta por las orejas. Ya se había juntado un montón de curiosos que seguían divertidos la pelea y alentaban al salvador inesperado.
La fiesta terminó cuando llegaron refuerzos en un patrullero, alertados por la mujer policía, y se llevaron esposado al desfigurado agresor, con cargos como pasar unos cuantos días preso y golpes como para recordar toda su vida.
Cuando quisieron agradecer a Beto, sobre todo la mujer golpeada, por su valiente accionar, se dieron cuenta que el hombre había desaparecido.
Al día siguiente, el Diario La Capital, al hacer una pequeña crónica del suceso, por primera vez habló del “auxiliar de la justicia no convencional”. Beto leyó la noticia mientras esperaba que lo atiendan en la verdulería y se puso contento. La cosa iba bien… Continuará



martes, 29 de marzo de 2016

Un superhéroe criollo

A Beto Menéndez lo enloqueció Direct TV. Se lo instaló el patrón en el puesto, creyendo que le hacía un gran favor y le mejoraría la calidad de vida, ya que el único entretenimiento de su peón, hasta ese momento, era la radio a pilas que llevaba a todos lados. Estuviera cambiando un esquinero o trabajando en la manga, siempre lo acompañaba una vieja Noblex con música y noticias.
Seguramente si Beto hubiera sido aficionado a la lectura de libros de caballería, sus instintos se hubieran despertado antes, tal como le sucedió hace mucho tiempo a cierto caballero de La Mancha.
El asunto es que apenas empezó a ver televisión, encontró que lo que más le gustaba eran los noticieros y las series de superhéroes, y en su cabeza ya medio revuelta, se fue armando un gran nudo de hechos policiales verdaderos y personajes de ficción capaces de atrapar a los ladrones y asesinos más bravos. Pero El Zorro era el justiciero que lo volvía verdaderamente loco, sobre todo por los caballos que montaba. Un oscuro tapado y otro blanco como nieve. Además, admiraba al gaucho que peleaba contra todos y encima se les moría de risa en la cara.
Un día Beto le dijo a su patrón que quería vender sus vacas y emigrar al pueblo. En Mar del Plata tenía una casita sin mucho lujo que heredó de una hermana de su papá. Nadie fue capaz de hacerlo entrar en razones para que se quedara en el campo. Beto nació y se crió en la zona de San Manuel y era un hombre hecho como a propósito para las tareas rurales. Alto, fuerte, ágil como un puma, muy buen jinete, pialador sin abuela y de los mejores para sacar enlazado un ternero del rodeo. Manejaba las boleadoras como un maestro y era habilidoso para canchar con el cuchillo, tanto que había algunos paisanos “rayados” por Beto en medio de alguna discusión.
El hombre había tomado la firme resolución de darle una mano a la policía combatiendo a los criminales de Mar del Plata para empezar. Después se vería.
Se instaló nomás en la costa y como no sabía por dónde empezar con sus batallas, se fue derechito a la Comisaría Primera. Allí estuvo conversando con el oficial de guardia y le contó que andaba con ganas de hacer alguna patriada correteando delincuentes. El milico, creyendo que Beto estaba loco o que quería cargarlo con el asunto, le dijo que lo mejor que podía hacer era conseguirse un buen disfraz para que no lo reconozcan y empezar, por ejemplo, patrullando la peatonal San Martín, donde es sabido que a la noche se junta gente de mala calaña.
¡Por fin tengo una punta para arrancar! Pensó Beto, contento, mientras volvía para su casa. Ya tenía decidido el “uniforme” de batalla que usaría.
A la noche siguiente, cenó un churrasquito con un vaso de vino, se preparó mirándose en el espejo, tal como en las películas, y enfiló para la peatonal. Llevaba bombachas batarazas, alpargatas negras nuevas y camisa blanca con un dibujo de un trébol en la espalda hecho con un fibrón. Dentro de una de las hojas del trébol había puesto las letras SB, tal vez por Super Beto. Además tenía la cara cubierta por un gran pañuelo rojo al que le hizo dos agujeros para ver y remato la obra con un lindo chambergo negro bastante baqueteado.

El armamento consistía en un cuchillo atravesado en la cintura, el rebenque en la mano derecha y un lazo trenzado de ocho cruzado en bandolera, ya que no había encontrado la forma de llevarlo mejor…       Continuará