lunes 5 de marzo de 2012

El tumor del toro

Estaba operando un gran papiloma de pene en un toro. Después de algún trabajo conseguí prepararlo bien. Ahí quedó el tipo maneado en el suelo. Exterioricé la enorme herramienta, que lucía una fea masa colorada y deforme en su glande. Después de hacer la ligadura compresiva para evitar hemorragias y anestesiar convenientemente, me puse a preparar el instrumental.
Camilo Pereira me miraba sin hablar. Nunca había visto esta operación así que no se perdía detalle del asunto. Camilo es un muchachote bien dispuesto, curioso, trabajador y con una energía inagotable, pero a veces se le va la mano con los chistes y comentarios y se gana algún reto del encargado.
En cuanto preparé todo, tomé el bisturí y una gran pinza Kocher, aseguré el tumor con la pinza y corté la adventicia del pene rodeándolo suavemente. Una vez sacada la parte más importante, fui extrayendo pequeños tumorcitos diseminados.
Y mientras yo cortaba y el pene se adelgazaba cada vez más, el toro se largo tremendo viento por el ano, entonces Camilo, sufriendo con la abstinencia de chistes en su haber, largó:
-¡Que lo parió dotor! No le afine más el bicho porque se ve que a más finura, más pedos se tira el animal-
Esta vez Acosta, el encargado, no lo pudo retar porque lloraba de la risa y repetía: -¡A mas finura mas pedos!

jueves 1 de marzo de 2012

Día triste

Ayer llamó Leiva para avisarme que una vaquillona no podía parir. Yo estaba ocupado en otra cosa, así que al ratito le hablé de nuevo para decirle que iba a ir Jerónimo en mi lugar.
-¡Gracias Jorge!- Dijo muy contento -¡Mañana lo llamo para ver qué hacemos con los novillos del feed lot! Ahora voy a ensillar así cuando llegue Jerónimo se la enlazo y se lo sacamos-
-¿Está lejos de la manga?- Le pregunté
-¡No! Pero la volteo en el campo y listo-
Más tarde me contó Jerónimo que en cuanto llegó, Leiva lo saludó y le dijo que lo esperara un poco nomás, que enseguida le iba a agarrar la enorme vaquillona Angus que, tal vez porque la estaban molestando durante el parto, andaba hecha una furia. En el segundo tiro de lazo la tomó limpiamente, pero una vuelta de la cuerda se le enredó en la estribera derecha, tomándole la pierna. Al tensarse, lo sacó del recado, y el pobre Leiva cayó de costado asustando al caballo que, en la disparada, fue moliendo a patadas el cuerpo y la cabeza del buen correntino. Jerónimo alcanzo a cruzarle delante la camioneta y en cuanto el caballo se paró, cortó las sogas con el cuchillo. Leiva cayó al suelo casi en las últimas. Murió al rato cuando llegó la ambulancia de San Manuel a cargarlo.
Yo lo conocí hace dos años cuando llegó a la zona a trabajar en La Palmera. Era un hombre menudo pero fibroso. Curtido. Trabajador. Sabía mucho de hacienda como todos los correntinos que andan por la zona. Siempre amable y con un chiste en la boca. Su voz gruesa era inconfundible cuando se presentaba por teléfono. Pero me impresionó un cuento que me hizo en aquellos días. Unos meses antes había tenido un feo accidente y estuvo a punto de morir. Cuando se recuperó contó que había visto la famosa luz y que había estado con los ángeles y que estos le dijeron que todavía no se tenía que ir.
¡Vaya uno a saber porqué le dieron este tiempo de regalo hasta ayer! Hay misterios en la vida y la muerte que nos sorprenden.
¡Chau amigo Leiva! ¡Ojalá esté bien!

viernes 24 de febrero de 2012

Feto macerado

La enorme vaca Holando Argentino apenas llegó hasta el corral donde la encerraron para que la revisara. Estaba en la etapa de preparto, y por los registros, le faltaban 20 días para tener su criatura.

Pero estaba enferma. Tenía el abdomen tremendamente abultado, la respiración estertorosa y gran dificultad para moverse.

Le hice una revisación y palpé cosas extrañas en su panza así que decidí hacer una cesárea. En cuanto incidí la pared abdominal y luego el peritoneo, salieron en un chorro sanguinolento, unos 40 litros de líquido, que hicieron el barro que se ve en la foto. Después acomodé el útero, y al abrirlo, aparecieron partes del feto que fuí sacando de a poco, mientras los curiosos que hasta ese entonces me charlaban, se retiraron prudentemente al sentir el fuerte olor a podrido de aquello que quedó ahí tirado al costado de la pobre mamá.

¡Cosas que pasan!

miércoles 22 de febrero de 2012

Cruzando la raya

Recién vino el cura del pueblo a comprar alimento para sus gatos.
Me contó que ayer le fue a dar la unción de los enfermos a un vecino del pueblo que está muy jodidito. El hombre rezó mucho. Estaba contento. Cuando se despidieron, lo saludaba con la mano y todo alegre le decía: -¡Me voy padre! ¡Nos vemos!-
-¡Qué bueno! ¿No?- Le dije -¡Irse así de feliz!-
-¡Que te parece! Lo que pasa es que muchos tienen miedo, pero no se dan cuenta que en cualquier momento la muerte nos agarra de la mano y nos lleva-
¡Uh! Que tema.

martes 21 de febrero de 2012

Del domingo al lunes

El domingo fuimos a la playa en Mar del Plata. Calor, autos, tránsito insoportable, gente de todos los calibres, montones de personas sobre la arena, viento del oeste bastante fuerte y molesto, mar peligroso por un canal pegado a la costa, vendedores de todo tipo de cosas a los gritos entre las sombrillas, desubicados tratando de paletear sin herir a nadie y regreso en caravana interminable por la costa.
Ayer lunes abrí la veterinaria para no quedar pegado con este feriado, para mí, sin fundamento. El pueblo en calma, los pocos autos que pasan frente al local marchan despacio, algunos chicos en bici y otros a pie van en manada hasta la pileta. Charlé un rato en el almacén y salude unos cuantos. Después de comer una siestita y vuelta al trabajo.
Linda la vida en el pueblo.

lunes 20 de febrero de 2012

Tierras cariocas





Siempre me pasa lo mismo. Y esta vez, en Brasil, no fue la excepción. Cada vez que ando de viaje disfruto mirando animales, árboles y plantas nuevos para mí y tratando de descubrir secretos de otras geografías.
Ahora encontré peces pequeños de colores que me acompañaban mientras nadaba tranquilamente cerca de la playa, algunos pájaros que nunca había visto, como esos del tamaño de un tordo, de color gris por arriba y amarillo en el pecho, y con el pico rojo y negro, o alguna iguana pinchuda bien distinta a las de nuestras sierras. Y sembradíos de arroz en cantidades, y cultivos de mejillones y ostras en lagos cerca del mar, y morros cubiertos de vegetación selvática con flores de todos colores, insectos tremendos por lo grandes y vistosos, y delfines amontonados cerca de los botes pesqueros esperando algún desperdicio.
Cuando el micro paró en la banquina por un desperfecto menor y me bajé a tomar mate a la sombra de unos árboles, de pronto se me apareció una búfala de las de tambo y me preguntó que me parecía su país.
-Impresionante la fuerza de la naturaleza tropical. Me gustaría poder conocerlo más- Le dije.
-¡Y entonces tendrá que volver, amigo!-
-¡Ojalá!- Le contesté.




viernes 3 de febrero de 2012

¡Ver para saber!

Esta mañana hicimos la necropsia a dos novillos de feed lot que aparecieron muertos cuando el encargado llegó bien temprano a darles de comer.
Hay enfermedades comunes en estas explotaciones como neumonías y algunos disturbios digestivos, y cuando aparecen dos animales muertos en un mismo corral uno tiende a pensar que es un único problema. Pero ahí está la naturaleza para recordarnos que no debemos prejuzgar.
El primero tenía lindísimas lesiones de peritonitis, después de que un alambre le perforara el abomaso; y el otro, inesperadamente, presentaba signos de un golpe tremendo en el abdomen. Después de algunas averiguaciones, supimos que ayer había entrado una máquina grande a terraplenar las bebidas. Vieron que los novillos, curiosos, revoloteaban atrás del artefacto. Es casi seguro que la víctima se le cruzó al aparato y así terminó.



Estas son las claras señales del golpe que recibió el candidato.


Acá vemos como quedó el intestino del animal con peritonitis.




sábado 28 de enero de 2012

Llegó Román

El lugar de Benítez lo ocupó Román.
Es un canario amarillo con algunas rayitas negras. Es lindo pero todavía no me encariñé con él. Hoy tuvimos la primera charla:
-¡Vos a mí no me querés!- Me largó de pronto, mientras se calentaba el agua del mate.
Lo miré sorprendido porque en estos días ni siquiera había cantado, así que lo que menos me imaginé es que hablara como Benítez.
-¿Cómo? ¿Y por qué decís eso?-
-Porque lo único que oigo todo el día son cosas de ese tal Benítez. Qué bonito que era. Como hablaba. Que juicioso y certero era en sus comentarios y mil cosas mas ¿O no?-
-¡Bueno! Lo que pasa es que vivió acá como dos años y uno se va haciendo amigo, pero seguramente con vos va a pasar lo mismo. Podremos charlar de todo y cuando se te dé la gana. Con él coincidíamos en casi todo. Sobre todo cuando hablábamos de la actualidad y del Gobierno ¿Vos tenés alguna afinidad política?-
-¡Ma que afinidad política! Si todos los humanos dedicados a ese oficio son una manga de corruptos y ladrones. Y además cínicos y mentirosos-
-Me parece que vamos a coincidir Román-

jueves 26 de enero de 2012

Algunos amigos menos

En unos pocos días se fueron Benítez y Protón.
A Benítez ya lo conocen porque varias veces les conté de nuestras charlas. Era un canario muy conversador y entendido que me sorprendía con su agudeza para hablar de los temas más picantes de la actualidad. Vamos a ver como me sale Román, el nuevo pajarito que se instaló en la jaula que tengo en la cocina de la veterinaria. Por ahora ni canta. Será que está emplumando.
Lo de Protón fue un accidente. Era un perrito cruza. Bastante callejero y simpático, pero tuvo la mala suerte de que le tocó pelear contra seis perros bandoleros. Se defendió bastante bien hasta que en el remolino de los mordiscones, el camión del vecino le pasó por encima, le fracturó la cadera y además le abrió la pared abdominal provocándole una hernia gigantesca. Vivió dos días más y terminó muriendo metido en una cueva que él mismo construyó con sus últimas fuerzas.

lunes 16 de enero de 2012

Un enero caliente

Casi siempre el trabajo en grandes animales durante el mes de enero afloja un poco. Es la época para tomarse algún día de vacaciones en la playa o planear alguna carrera de diez o doce kilómetros para despuntar el vicio. Pero este enero se nos apareció especial. Hemos andado moviéndonos fuerte desde los primeros días del año. Partos, tactos, heridos, agusanados, enfermos de todas las especies y muchas otras cosas.
Además, estoy terminando de armar el segundo libro que, esta vez, será solo de relatos, anécdotas e historias. Así que sobran los motivos para madrugar y aprovechar la frescura de la mañana en el campo y después dedicarse a las teclas durante horas y horas.
Un enero caliente.



lunes 9 de enero de 2012

Hombre religioso

Tococho Alberio siempre fue muy religioso. No es practicante, pero cada cosa que le pasa, el tipo la agradece a Dios. Hasta en las peores circunstancias invoca al Altísimo. También es de buen tomar y cada arrimada al boliche, termina con Tococho desmayado por la curda, volviendo a su casa milagrosamente montado en el fiel Panoja, un zaino grandote y mansito.
Cuando el progreso trajo las dos cabinas telefónicas a San Manuel, instalaron una frente al Banco y la otra en la plaza, haciendo cruz con la Delegación Municipal.
Tococho se enteró de la noticia mientras tomaba la copa en el boliche de Leonardo. Pero se la vendieron cambiada. Le dijeron, solo por reírse un rato, que aquello eran dos oratorios y que en cada uno estaba la imagen de la Virgen María.
Tococho, hombre desconfiado y perspicaz, no dijo nada, pero tomó debida nota del asunto.
Como a las 9 de la noche salió del boliche adobado como siempre, le ayudaron a montar a caballo, y el Panoja arrancó al tranco para la salida del pueblo, pero se ve que Tococho, en medio de la niebla del alcohol, algo razonaba, porque tiró de las riendas y se fue hasta la plaza, se paró frente al teléfono, se sacó el sombrero respetuosamente, se persignó, y después sí, mas aliviado, lo dejó al Panoja que hiciera su trabajo.

jueves 5 de enero de 2012

La inspiración

Me gusta escribir.
Me gusta contar historias y hay miles de historias por contar.
Pero hace más de un mes que cada vez que me siento frente a la máquina y abro la página en blanco de Word, me quedo tan en blanco como esa página.
Recién me pasó lo mismo. Hoy tengo tiempo y decidí escribir, pero por la ventana de este laboratorio se ve tan lindo el jardín y las plantas, que se me fue la mirada por ahí y el pensamiento atrás de la mirada.
Creo que esto me pasa por tener tiempo. Reconozco que las cosas fluyen de mí cuando estoy bajo presión. Cuando tengo que terminar de escribir una obra de teatro para empezar los ensayos y ya no queda más tiempo, cuando espero y espero la idea de un texto hasta que me aparece de repente y tengo pocas horas para escribirlo. Ahí sí. Los dedos vuelan por las teclas.
Cada uno de los que escriben tendrá su motivación y su fuerza. No hay recetas.

sábado 24 de diciembre de 2011

¡Engañoso el flaco negro!

24 de diciembre. Sábado a la mañana y muy poca actividad en el pueblo. Salí hace un rato, sin ningún apuro, en camino a la Estancia La María para inseminar unas vaquillonas.
Hay solcito pero está fresco. Cuando terminé el trabajo, me subí a la camioneta y apenas arranqué, despacio nomás, se me puso a la par el Raya. Un galgo negro con una rayita blanca en el pecho. El pobre está demasiado flaco. Se le cuentan las costillas y los huesitos de la cadera forman dos crestas sobre la cola. Además muestra un cuero lleno de cicatrices y peladuras. Sin contar la mirada tristona, igual que la mayoría de los galgos.
Lo voy mirando en el camino que va de la manga a la casa. Trotea suave y levantando tierrita. Como sin ganas. De pronto alza la cabeza y parece como si una electricidad le recorriera el cuerpo. En el potrero pelado saltó una liebre y el tipo sale disparado como un refucilo. Solo. El resto de los perros apenas atinan a ladrar y correr entusiasmados atrás del Raya, pero bien de lejos. Paro la camioneta y me quedo mirando. La liebre intenta algunas gambetas pero el Raya, en cada salto, le descuenta unos metros, hasta que por fin, allá en el medio del lote, la pesca a la pasada y la desnuca en tres revoleos.
Y ahí nomás termina su función. Pronto llegan los amigos y empiezan a discutir por el bocado. El Raya, sobrador, se vuelve al trote hasta la camioneta, me mira, y en cuanto muevo nuevamente, sigue acompañándome como si nada hubiera pasado.
¡Engañoso el flaco negro!

jueves 22 de diciembre de 2011

En algún lugar solitario



Si uno se va al medio del campo. Lejos. Donde no anda nadie. En un día calmo y soleado. Tal vez por esos caminos donde si pasa más de un auto al día, es mucho. Ahí donde hay pura naturaleza y solo plantas y animales.
Y apaga el motor del vehículo, la radio y cualquier otra cosa que haga ruido, y se sienta a tomar mate en un costado, entre cardos, yuyos altos o algún árbol. Bajo la atenta mirada de una vaca aburrida, de un zorro ladino o algún peludo. Con el concierto de pajaritos saltones, mezclado con zumbidos de moscas y mosquitos.
Si uno hace eso, sentirá por donde pasa la vida. Se le hará notable la relatividad de las cosas humanas. Advertirá cuanto nos ha arrastrado esta era de comunicación instantánea hacia quien sabe dónde. Se dará cuenta de lo vano y superficial que nos atosiga desde los medios.
A juzgar por lo que se ha visto este año 2011, pareciera que hay una insatisfacción generalizada en gran parte del planeta, pero insistimos torpemente en el mismo camino.
Me pasa que encuentro más cosas auténticas y puras cuanto más lejos está la civilización.
Por cada elemento de progreso adquirido hay un elemento de humanidad que se pierde.

jueves 8 de diciembre de 2011

¡Animate Celestino!

Alcancé a conocer la estancia San Juan de Pereyra Iraola cuando todavía estaba en su esplendor. Era un lugar increíble. Casi un pueblo. Trabajaban más de doscientas personas. Había casas por todos lados, galpones para herramientas, otros para los animales de la cabaña, herrería, almacén, escuela, taller, montes interminables, árboles frutales de todo tipo, maquinarias surtidas, especialistas para cada tarea, y movimiento permanente de gentes y animales.
Celestino Villegas entró de mensual en los años `60. Debe haber sido un mozo bien plantado, porque cuando yo lo conocí todavía era un tipo elegante para montar y prolijo en todas sus pilchas. Me contaba que ahí conoció a Margarita Ramirez, la segunda hija del capataz de hacienda. Parece que se flecharon enseguida, pero Celestino, rústico y apocado, no se atrevía a decirle nada. Pasaron los meses y ya el chico estaba que deliraba de amor, pero en cada ocasión en que se encontraban, la lengua se le hacía un nudo y solo atinaba a mirarla con los ojos prendidos fuego.
Pero el destino quería que se juntaran de alguna forma y llego el día marcado.
Fue un 10 de noviembre. En la estancia se había organizado un desfile para el día de la tradición. Llegaron paisanos de todos los campos de alrededor. Celestino agarró un picaso que era un lujo, y lo ensilló con las prendas de plata y tejido en tientos que le había regalado su viejo. Pero el corazón y la cabeza estaban puestos en Margarita. Se vistió con sus mejores ropas. Bombachas negras, botas impecables, camisa celeste, pañuelo rojo al cuello y sombrero bien requintado. Y quiso lucirse con la muchachita, así que se le sentó al picaso, y en un galopito rodeó las casas para pasar frente a la ventana del capataz, donde estaba asomada Margarita.
Se encontraron con los ojos y se les enredaron las miradas, y así se quedaron embobados, con tanta mala suerte, que Celestino ni vio la rama de lamberciana que, como a propósito, se le cruzo adelante y lo golpeó en el cogote. El picaso se abalanzó y el pobre muchacho se desparramó de espaldas y quedó tendido como muerto.
Margarita salió corriendo y se arrodillo asustada al lado de Celestino, pero el chico no reaccionaba. De pronto ella, juntando coraje, le metió un beso bien gustoso en la boca y pudo devolverle el alma al cuerpo al enamorado.
Se perdieron el desfile, pero ese día se ganaron una pila de besos y abrazos, y ahí nomás arrancaron juntos su camino. Hoy siguen casados. Con cuatro hijos criados y varios nietos se acuerdan a las risas de aquel primer beso.

martes 6 de diciembre de 2011

Se me pasó rápido

Terminé mis estudios de veterinaria el 15 de diciembre de 1981. Argentina me dio esa posibilidad. Siempre lo valoro y trato de retribuir con mis acciones un regalo tan extraordinario. Se cumplen 30 años.
En esos tiempos no se hacían residencias, así que salí directamente al campo solo veinte días después. Claro, tenía a favor el haber estado al lado de mi padre, viendo la profesión, hasta mis 15 años. Pero en muchas cosas prácticas fui casi autodidacta. En mis primeras salidas repasaba mentalmente varias veces la operación que posiblemente haría, o me devoraba los libros al volver de un caso complicado, cargado de datos clínicos.
Aprendí mucho y vi mucho. A veces pienso que tuve a favor el haber caído en un lugar donde prácticamente vivo al lado de los campos que atiendo. El que se instala en medio de una gran ciudad, pierde muchas horas al día solo en entradas y salidas del pueblo, o en viajes muy largos. Sumado a esto mi naturaleza de ardilla, que me lleva a despedirme sin perder tiempo después de terminar cada tarea, para empezar enseguida otro trabajo.
En estos años tuve varias fracturas, cortes, desgarrones y golpes, pero increíblemente sigo en pie y con buena salud. Pasé días de sol agobiante, fríos que cortaban, lluvias y granizadas, barros consistentes y vientos inclementes, pero también momentos de intenso bienestar o atardeceres increíbles.
Me gustan casi todas las posibilidades de la veterinaria y poco las rutinas. Tal vez por eso he hecho las cosas más variadas. Quizás la clínica y la cirugía en bovinos y equinos sea lo que me defina, pero trabajé con ovinos, cerdos, perros y gatos; en tambos y cabañas, en mucho de reproducción, en cosas de laboratorio, en bromatología, en temas de apicultura y calidad de mieles, en ensayos a campo de distintos temas y asesorando en nutrición y manejo de bovinos.
Escribí artículos que se publicaron en revistas nacionales e internacionales, y durante 16 años ejercí la docencia universitaria con vocación y esmero.
La verdad es que mis primeros 30 años con la veterinaria han sido apasionantes. Veremos que sale en los próximos 30.

jueves 24 de noviembre de 2011

Nicanor Olivera

Nicanor Olivera tiene el mismo nombre que un pueblo del Partido de Necochea, en la Provincia de Buenos Aires. Ese pueblo es llamado también La Dulce, y por cosas del destino, este hombre tiene tal carácter que no estaría de más llamarlo El Dulce.
Hay que verlo a Nicanor emprolijar sus caballos, desojar y limpiar las ubres de sus ovejas gordas, curar los terneros agusanados, o empatillar los galgos quebrados en las corridas detrás de alguna liebre. Todo lo hace con esmero y dedicación.
Además hace quinta y tiene verduras de todo tipo. Tomates únicos, lechugas moradas, chauchas tiernas y rabanitos bien colorados. Y pone flores, y mantiene el rancho pintado, lava los vidrios, barre el piso de tierra asentada, poda los ligustros, da de comer a los gatitos pichones y pinta cuadros con acuarela.
Los días que llueve zurce medias y repasa camisas y bombachas, por si falta algún botón. Dicen que también sabe tejer y que las tricotas que usa en el invierno las hace él mismo.
Y cocina mejor que la mayoría de las mujeres. Hace dulces, confituras de todo tipo, guisos y asados increíbles, y si tiene tiempo se amasa los tallarines o los ravioles.
Nicanor. Un tipo completo… ¡Y dulce!

jueves 17 de noviembre de 2011

Asesores

¿Cómo puede ser que haya tipos que viven solo de opinar? Cada vez hay más personas que trabajan de “consultores” o “asesores”. Lo cómico del asunto es que a veces son tipos muy jóvenes que apenas han salido de la Facultad, y tienen muy pocas cuadras de calle recorridos.
En nuestro sector agropecuario está lleno. Hasta tienen una manera de hablar y de vestirse que los emparenta.
Esto que estoy diciendo no es producto de mi senilidad, porque lo mismo opinaba hace mucho tiempo. Creo que para poder aconsejar uno tiene que haber hecho y visto mucho sobre el tema que le ocupa. Solo de esta forma puede trasmitir experiencia y no solo lo que leyó o le contaron.
Es como una gran correntada donde flotan como boyas de colores, bien visibles, los astutos usuarios de notebooks, teléfonos ultramodernos y dispositivos de comunicación sofisticados, aunque debajo de esa cáscara está la misma hoquedad de aquellas boyas.
Encuentro entre ellos a un gran conjunto de chantas, a los que he visto hacer enormes desastres productivos sin que se les mueva un pelo.
Me acuerdo muchas veces de los libros de aventuras que leía en la infancia donde los ancianos de una tribu eran respetados hasta la veneración y cuyos consejos eran degustados como el mejor vino ¡Qué lejos se fue la humanidad de aquellos tiempos!
No me gusta y no creo que sea lo mejor.

viernes 11 de noviembre de 2011

¡Y no hay central nuclear!





¡Cosa e`mandinga! Diría una vieja.

Hace pocos días escribí unas líneas sobre la tararira de tres ojos, afirmando que este tipo de cosas es común en la naturaleza y que la trascendencia viene solo a partir de la difusión mediática y las opiniones afiebradas de los legos (y no tanto).

¡Que no dirían entonces de este pavito con cuatro patas!

Ayer fuí al campo a revisar un caballo y el muchacho me mostró este animalito. Nació con dos patitas suplementarias. Una con tres y otra con dos dedos. Tiene trece hermanitos normales y el dueño me contaba que los otros, desde los dos días de vida, lo picoteaban sin parar, así que lo tuvo que separar para que no lo maten.

Así son las cosas en el reino animal. Solo los humanos tratamos de escaparnos.





martes 8 de noviembre de 2011

La cesárea de la oveja Tota

La oveja Tota vive en una quinta en el fondo del pueblo. La criaron a mamadera, así que anda atras de los dueños como un perrito. Un día quedó preñada y después de cinco meses de gestación le llegó el momento del parto. Pero... ¡Algo falló!



Decidimos hacer una cesárea y entonces aparecieron dos lindos corderos. Los chicos les pusieron de nombre Matías y Gastón. Mientras tanto, Tota preguntaba ansiosa por la salud de sus chicos. ¡Todo bien! ¡Quedate tranquila! Le dije mientras trabajaba.



- ¡Ojo con la sutura Jorge!- Me dijo. Coqueta como siempre -¡No hay problema!- Contesté -En cuanto te crezcan los rulos no se vá a ver nada-



Apenas terminamos, le pedí una foto de recuerdo, pero ella solo estaba preocupada por lamer a sus crías y ponerlas a mamar. Hoy Matías y Gastón ya están hechos dos hombrecitos y corretean atras de Tota sin parar.