viernes, 9 de febrero de 2018

El regreso y otras cosas

El día de la salida

Entrando en la Provincia de La Pampa

Llegada a General Pico

Parecía que ya estaba todo terminado, pero el viaje tenía unas cuantas sorpresas más. Ya les conté que dejé la bici en la veterinaria de Miguel Pechin, despidiéndome con tristeza, y que encaré la tarea del regreso a San Manuel. Cosa aparentemente simple. Dejé el hotel Caui en General Pico a las 9 de la mañana, rumbo a la terminal de ómnibus, sin saber bien para donde salir. Al final, tomé un micro de Andesmar hasta General Villegas. A las 12.10 estaba ahí. Enseguida me puse a buscar algo que me llevara a Tandil, pero hasta las 2.30 de la siguiente madrugada no había nada. Entonces, y como ya estaba listo para zarpar, abordé otro micro de la empresa Las Grutas que me llevaría hasta Bahía Blanca, calculando que allí encontraría montones de servicios para Tandil. Error. La única empresa que va de Bahía a Tandil es Río Paraná y no salía hasta las 8.15 del día siguiente. Por suerte, Guillermo Martínez me dio un lugar para hacer noche, me agasajó espléndidamente, y al otro día tempranito me presente en la muy linda terminal, para enterarme que ¡Rio Paraná estaba de paro! ¡Increíble! Entonces me tomé otro micro, pero esta vez a Necochea, y allí me fue a buscar Juan, para recorrer los últimos 120 km hasta mi casa. Me llevó 38 horas el regreso, y gasté en pasajes casi más plata que en toda la travesía.
Reflexionando sobre lo vivido en estos días, me quedan algunas ideas.
Tema bicicleta: Ese fue un asunto muy conversado con la gente que se iba enterando del viaje. La mía es muy antigua y simple. No tiene cambios ni firuletes. Solo le puse cubiertas nuevas y un asiento cómodo para un viaje así. El resto original. Y cumplió con creces. Hicimos 620 km rodando por tierra y asfalto, y nada se rompió salvo la cámara de la rueda trasera que se desintegró después de llevar recorridos 72 km en el día, a las tres de la tarde, cuando hacían 35 grados ¡Más que justificado!
Nadie le tenía fe a la pobre, pero debe ser cierto lo que me dijo un ciclista belga que encontré en la ruta, sobre que las bicis viejas son interminables. El tipo me pidió permiso para sacarle una foto. Seguramente se estará riendo con algún amigo europeo. Lo que quedo demostrado es que en cuestión de bicicletas lo importante es el motor y que toda esa enorme variedad que existe casi para cada actividad, es producto de la industria, que hace lo posible por crear necesidades donde no las hay. Y los humanos compramos.
Lo mismo pasa con los accesorios. Se ofrecen cada vez más cositas para el que gusta del ciclismo. Pero son cosas prescindibles. Hice este viaje tal y como anduve tantos años en bicicleta. Sin casco, sin anteojos, sin ropa deportiva, sin alforjas ni elementos especiales y llevando agua en una botella plástica de tres litros. Y alcanzó bien con lo que llevaba. Podría haber seguido mucho más ¡Ni siquiera me paspé!
Otro tema de charla fue el entrenamiento. No soy ciclista y no andaba en bicicleta desde hace unos 30 años. Ni siquiera di una vuelta a la manzana con todo el equipo que llevaría en el raid. Solo le tomé el pulso en el momento que salí. Y descubrí que el cuerpo es como la plastilina que se va amoldando de acuerdo a las presiones. Los primeros días estuve un poco desbordado. Tomaba alrededor de 9 litros de agua por jornada, y comía sin orden, pero poco a poco me fui acostumbrando, y sobre el final, consumía mucho menos agua y había encontrado mi ritmo, pudiendo hacer tranquilamente 70 u 80 km diarios a una velocidad de alrededor de 13-14 km/hora viento en contra, o 18-19 con viento a favor.

Resumiendo, fue una aventura muy gratificante y un espléndido regalo para mi cumple número 60. Agradezco a tanta gente que me fue ayudando en el camino, con invitaciones a su casa, con ricas comidas y con palabras de aliento en las redes ¡Hasta la próxima! 

lunes, 5 de febrero de 2018

Llegada a General Pico


¡Todo tiene un final! Eso fue lo que pensé esta mañana cuando me levanté en Quemu Quemu. Después del día tremendo de calor (recuerden que ayer, cuando se me derritió la cámara de la rueda trasera, eran las 14.30 y yo venía viajando con 35 grados de calor) llegué al modesto hotel Monterrey. Sin perder tiempo, cambié la cámara de la bici para dejarla en condiciones de rodar, y le hice algunas suturas al bolso de cuerina que se me venía descosiendo. Después me fui al tranquito para la plaza y me encontré con los “Domingos culturales”. Tocaban varios grupos buenos y había comida en abundancia. Estuvo muy lindo. Hoy salí de Quemu temprano porque se presentaba otro día de calor, después de charlar un buen rato con la señora que servía el desayuno y me mató a preguntas sobre el viaje.
El pronóstico era cierto nomás y para las diez de la mañana ya el calor era bien intenso. Yo venía pensando en lo hecho y lo por hacer, y en ese mismo momento confirmé mi decisión. Terminaría mi viaje en General Pico. Llegué cerca de mediodía, me tome un gran helado y me saqué una foto recordatoria en la bonita plaza mayor de la ciudad. Después me alojé en el hotel Caui y comencé los planes para el regreso. La cuestión es que mi yerno Santiago tiene aquí un conocido, el colega Miguel Pechín que aceptó gustoso tener mi bicicleta y parte de mi equipaje en guarda hasta que lo retire Santiago, que viene periódicamente a General Pico. El Dr. Pechin es ciclista aficionado y le costó creer que pudiera haber hecho este viaje en mi bici. Hasta le tomó una foto para compartirla con sus amigos del pedal. Yo mañana me vuelvo en micro y tal vez esté llegando a mi casa el próximo miércoles. Lo último que les cuento es que hace un rato, cuando llevé la máquina a la veterinaria de este hombre, fui con mucho menos peso que en el viaje y la pobrecita rodó alegre y contenta, toda livianita. La dejé en el depósito y le di una última mirada ¡Como la voy a extrañar! En estos doce días de aventura recorrimos 725 km juntos y no me dio ningún disgusto, solo el problemita de la cámara de ayer, pero con el calor que hacía ¡Creo que ni las bicis modernas se lo hubieran bancado!
Por fin, cuando le pasé la foto final a mi familia, puse “ He aquí el primer ser humano que unió San Manuel con General Pico en bicicleta”, como para darle un tono épico al viaje, aunque en realidad fue muy lindo hacerlo y no tuvo nada de hazañoso.

domingo, 4 de febrero de 2018

Bonifacio y otros pueblos

La estadía en Bonifacio fue una maravilla. Estuve desde el jueves a mediodía, hasta la madrugada del sábado. Entre agasajos, largas charlas con mi hermano, y una buena cama para dormir. La verdad es que cuesta seguir viaje después de un tiempo tan blandito. Me encontré con varios primos después de mucho tiempo, visite a la tía Chita, y el sábado tempranito, mi hermano Guille me arrimó hasta el nacimiento (o final) de la ruta 85.
Con tanto descanso encima, arranqué hecho un avión, y a la 1 de la tarde pase el lugar en el que había pensado parar, que era Salliquelo. La única dificultad fue que ya el viento se me había puesto en contra de nuevo. De todas maneras seguí metiendo garra y a las 4 y media de la tarde, llegue a la entrada de Quenuma. Allí hay una estación de servicio y pronto tenia armada la carpa. Fueron algunas horas aburridas, porque no había ni siquiera posibilidad de usar el teléfono, pero pronto me dormí como un ángel en mi carpita. Había hecho 75 km en el día.
Hoy moví temprano, después de pasar una noche viendo las estrellas, ya que había dejado la puerta de la carpa abierta. Estuvo muy lindo. El viento no me molesto al principio y recorrí rapidísimo (para mi nivel) los 40 km hasta el limite con La Pampa, llegando a las 9.30 hs. Fotos, emoción y charla con la policía fronteriza. La cosa cambió cuando doblé por la ruta 1 para General Pico ¡Otra vez el maldito viento en contra! Hoy mi meta era el pueblo de Miguel Cané, así que poco a poco me fui acercando hasta que llegué a las 15.00 hs. Ya llevaba pedaleados 74 km y me quedaba poco resto. Pregunte por algún lugar para hospedarme y ¡No había ninguno! Así que completamente desconsolado encaré otros 16 km hasta Quemu Quemu. Llevaba hechos 6 km, y la cámara de mi rueda trasera reventó, tal vez por el gran calor, dejándome tirado en la ruta al rayo del sol y con 35 grados. Por suerte un muchacho que pasaba, David Caramela, se apiadó de mí y me trajo hasta el pueblo en su camioneta.

¡Y acá estoy! Cansado pero feliz y con la bici para reparar. Veremos como sigue.

jueves, 1 de febrero de 2018

Arboledas y Daireaux

Esto se pone bueno!!! Después de la guerra de los dos días de viento, cambiaron las cosas. Recordarán que habíamos quedado haciendo noche en Lamadrid, con el cuerpo medio averiado después del extraordinario esfuerzo que hice entre Laprida y Lamadrid. Pero ayer, mágicamente, me levante hecho un potro salvaje. El día estaba nubladito, lloviznoso y por fin… con viento favor. Todo anduvo bien y con dos paraditas intermedias, me hice los 52 km y llegue al pueblo Arboledas antes de mediodía. Allí me esperaba un ex alumno y ahora colega, Pablo Abramchik, que generosamente me hizo conocer su bonito pueblo y me brindo su casa para darme un buen baño, comer una carne exquisita y dormir una larga siesta. Mas tarde nos fuimos a recorrer su campo, que tiene un casco muy antiguo, y por fin, viajamos para Daireaux, donde paré en el hotel de Pepo. A la noche otro bañito y a cenar con Carloncho Perez, compañero de la Facultad que vive en esa ciudad. Lindo miércoles.
Hoy fue un día de clima parecido. Salí a las 7.30 hs y después de recorrer unos 10 km, veo por el espejito de mi bici, otro rodado que me iba alcanzando. Era un belga, de nombre Samuel, que lleva dos años viajando en su bicicleta por toda Sudamérica. Impresionante su equipo. Y lo mío también le habrá llamado la atención, porque me pidió permiso para sacarme una foto con la vieja Filippa, cosa que me puso agrandadito. Después seguimos viaje pero el iría a unos 22 km por hora y yo, que no paso de los 17 o 18, de a poco lo fui perdiendo. La cuestión es que a las 11.30 hs estaba en la veterinaria de mi hermano Guillermo en Bonifacio. Recorrí otros 55 km en una mañana. Es notable como el cuerpo se va acostumbrando y rindiendo cada vez mas. Pienso en el desorden de los primeros días. No sabia cuanto tiempo andar, que comer y cuando, o como cuidarme, y sin embargo, en una semana de andar, voy incorporando algunos hábitos buenos. Creo que con una bicicleta y equipo adecuados, andar haciendo cicloturismo no es nada difícil. Ahora me tomare un día de descanso en Bonifacio y el sábado volveremos a las pistas.


martes, 30 de enero de 2018

Hasta General Lamadrid


Y acá viene la crónica de los últimos 2 días. Ayer fue un día muy bueno. Salí temprano de San Cayetano. Alrededor de las 7.00 de la mañana. Casi no había viento. Solo una brisa suave de atrás, así que enseguida agarre la ruta, con un día de descanso encima, y empecé a pedalear con buen ritmo. Llegué a la escuela número 12, a 35 km de San Cayetano a las 10. Lindísima la escuela, muy limpito todo, así que descansé, tomé mate, y seguí ponga y juegue con el viaje. A partir de ahí empiezan las lomas antes de llegar a Chaves pero venía bárbaro. En eso estaba cuando me pasó un tipo en un R12. De golpe frenó, dio la vuelta y se vino solamente para ver que estaba haciendo yo, para donde iba y para contarme que a él le encanta andar en la ruta. Nos despedimos, seguí viaje, y llegué a Chaves a mediodía, conseguí alojamiento en el Hotel París, me di un buen baño, dormí una siesta y más tarde, cuando estuvo fresco, me fui a dar un paseo por la ciudad y a comer una pizza antes de dormirme como un potro. A la mañana siguiente salí en camino para Laprida. Ya había visto el pronóstico que anunciaba que iba a haber mucho viento. Y era verdad. Apenas agarre la ruta, un fuertísimo viento en contra empezó a soplar. Cuando estaba por parar cansado, veo delante mío alguien que iba en un vehículo que primero no supe que era. Cuando me fui acercando, vi que era un discapacitado en una bicicleta adaptada, pedaleando con las manos. Me acerque y fuimos como 15 km charlando. Era Pachi Gándara, que sale todos los días a entrenar y está preparándose para un viaje que piensa hacer hasta Comodoro Rivadavia. Nos despedimos más adelante y yo seguí sólo, muy asustado por el viento, hasta que encontré la escuelita 21. Ahí paré, tome unos mates y descanse y me largué de nuevo a la calle otros 12 km. Por fin, llegue a una estancia grande en plena hora de la siesta, los perros hicieron un gran alboroto y apareció el encargado, Federico Capdevielle que me dijo que venía errando el camino. ebe haber visto cara de desconsuelo porque se ofreció para arrimarme hasta Laprida a la tardecita. Lo esperé en un monte cercano y a las 6 de la tarde me pasó a buscar con toda la familia. Para las siete estábamos en Laprida y yo cómodamente instalado en el hotel Laprida.
Hoy, en cuanto me levanté, oí que don viento seguía soplando y me agarró una gran pena. Mi bici es muy antigua y no tiene cambios como para aliviar el rigor del viento en contra. Les digo la verdad, por un momento pensé en buscar a alguien que me arrimara hasta mi próximo destino, pero pensé: “Voy a darle hasta donde pueda”. Y despacito, despacito, a las 5 de la tarde estaba en Lamadrid. Hecho pelota porque tuve que caminar como diez km por un pinchacito que me dio la rodilla izquierda. Ahora a tomar cerveza helada, descansar y mañana seguir viaje para Daireuax.

sábado, 27 de enero de 2018

Los primeros kilometros

Hace dos dias que sali de casa rumbo a Licenciado Matienzo. Me acompaño Juan los primeros kilometros dandome los consejos finales. El sabe bastante de esto porque sale mucho a la ruta. Todo emocion. Hay que tener en cuenta que hasta ese momento no habia probado la bici cargada con el equipaje. En realidad no habia pedaleado nada. Asi que sentir el peso enorme y la poca estabilidad de mi maquina me sorprendio. Para las diez de la mañana ya habia pasado el pueblo y pare en el monte de Toki Eder a tomar mate. Contento y con fuerzas. Solo fue raro que el dueño del campo pegado a ese, paro a charlar conmigo y me confeso que habia pensado que era un croto. No debo tener muy buen aspecto!!! El dia se me paso completando el camino hasta Juan N. Fernandez. Llegue muy cansado y me pase como dos horas buscando alojamiento sin suerte, asi que termine armando la carpa al lado de la estacion de servicio Petrobras. Una gente amiga, Cacho Torres y Edith, me invitaron a cenar. Volvi a la carpa alrededor de las doce. Cansado y con varios vasos de cerveza y vino encima. Lo malo fue que el movimiento de camiones durante toda la noche no me dejo dormir nada, asi que ayer levante campamento en muy mal estado y puse proa para San Cayetano. Cuando llego al puente La Plancha, sobre el rio Quequen, me encuentro que se habia caido y solo quedaban unos pedazos de cemento apilados precariamente. Desarme todo el equipaje y fui pasando las cosas trabajosamente hasta que complete la maniobra. Por suerte no perdi nada ni me accidente. Fue un dia muy duro. Mucho calor, poco descanso y para completar, a la tarde agarre un lindo viento en contra. Una de las paradas la hice en la estacion de ferrocarril abandonada de Defferrari. Ahí me dormi una siesta, pero me despertaron dos policias que me pidieron documentos para averiguar si era un fugado!!! Como para escaparme en esta bici vieja!!! Ni un foco!!! Yo creo que lo que mas les interesaba era chusmear a ver quien era y que hacia por ahí.
Por fin llegue a San Cayetano a las cinco de la tarde con la ultima gota de Energia.
Juliana y Jero andan de viaje con los chicos asi que me ofrecieron la casa para parar… fue increible poder darme un baño, lavar la ropa y descansar.
Hasta ahora vengo bien. Ya recorri 120 km y la vieja Filippa viene aguantando.

Nota: Veran que no he puesto acentos ni fotos. Es que tengo una tablet nueva y no la entiendo todavia... Perdon!!!

martes, 23 de enero de 2018

Antes de salir


¡Me voy de viaje!
Después de varios meses de programarlo, y como premio por haber llegado a los 60 años sanito, esta semana salgo.
Me voy en mi vieja bicicleta Casa Filipa, de la que ya les he contado en algún otro relato en el blog. Cumplió 43 años pero se mantiene. Pepe Arreghi, un muy buen herrero local, le hizo una especie de canasto, y sobre esto va un bolso de cuerina, que cosió hábilmente Mabel Ferrari, donde pienso llevar las cosas indispensables para la travesía.
El primer destino elegido fue Villa La Angostura, pero el tema de las rutas muy concurridas, me ha hecho pensar ahora en Merlo (San Luis) o San Rafael (Mendoza). Veré sobre la marcha. Lo único seguro es que salgo por tierra rumbo a Licenciado Matienzo, cualquier día de estos bien tempranito.
En realidad no importa hacia donde vaya. Lo bueno van a ser estas semanas en bicicleta. Ya hice varios viajes de este estilo, pero a caballo. Ahora no tendré con quien conversar, como lo hacía con los animales que me llevaban entonces, pero a cambio no tendré tampoco que preocuparme por cuidar a nadie más que a mi mismo.
Solo me falta juntar algunas chucherías, y poner en orden unos trabajos y cosas en la veterinaria, pero ya se siente la emoción de la partida.
Pronto iré contando algunos detalles del raid y mostrando fotos que sirvan de testimonio para los descreídos ¡Hasta la próxima!


jueves, 11 de enero de 2018

Terapia conductual

Tengo un colega muy ingenioso. Es especial porque siempre le encuentra una solución a los problemas más insólitos que se le presentan. Por discreción solo diré que se llama Federico.
Hace unos años tuvo uno de sus mayores desafíos. Se trató del caso de Kevin, un simpático monito que la señora Aurora tenía en su casa desde mucho tiempo atrás. El asunto fue que Aurora enviudó y las relaciones entre ella y Kevin fueron cambiando progresivamente al estar solos. Según contó ella, el animalito se sintió “dueño de casa” y quería mandar. Empezó haciéndole algunos desprecios a su dueña, que ella interpretó como originados por la tristeza de la pérdida. Pero del desprecio pasó a la agresión, volviéndose cada vez más peleador. Los brazos y manos de Aurora daban testimonio de esto, con múltiples huellas de mordiscones de la pequeña bestia.
Mi amigo escuchó pacientemente la larga historia de la mujer y el mono, mientras en su mente tomaba forma una idea brillante.
-¡Dejemeló señora! Vuelva en una semana y veremos si lo puedo corregir. He leído sobre una terapia conductual muy moderna y se la voy a aplicar-
Apenas quedaron solos, Federico llevó al animalito a una matera que tiene detrás de la veterinaria, y después de asegurarse de que no tenía escapatoria, enrollo un diario viejo y mientras le hablaba muy fuerte, le dio unos cuantos azotes con el bastón de papel. Kevin protestó un poco, pero debe ser muy inteligente, porque pronto se quedó callado y quietito.
En los días que siguieron, a cada amigo que llegaba a la veterinaria a tomar mate, Federico le encargaba que le diera unos bastonazos y unos gritos a Kevin.
Pasada la semana, volvió Aurora a buscar a su mascota. Federico, sonriente, trajo al monito desde el fondo y se produjo el milagro. En cuanto vio a su dueña, el bandido la abrazó con desesperación, nunca más se hizo el malo con ella y conviven de la mejor manera desde hace mucho tiempo, mientras la fama de terapista conductual de Federico crece sin parar.  


sábado, 16 de diciembre de 2017

Un vidente

¿Seré un vidente?
Justo en la misma mañana que se desataron los disturbios por el centro de Buenos Aires, en el Congreso y en la Legislatura bonaerense, escribí lo que escribí en la entrada anterior.
Pero pensándolo bien, no es cuestión de tener muchas luces para darse cuenta del juego que está jugando la oposición en Argentina. Los tipos se empeñan en crear climas agobiantes, reproducidos hasta el infinito por los medios, tratando de volcar la opinión pública en contra del Gobierno.
No les importan los jubilados, ni los pobres, ni los indigentes, ni el país. Así fue durante doce años. En realidad, solo quieren el poder. Pero el poder se les va alejando cada vez más, con cada movida que realizan. Y lo saben. Por eso están tan encarnizados. Por eso también van perdiendo los límites. Cualquier cosa les sirve. Están violentos.

Habrá que aguantar un poco más. De parte mía apoyando contento este buen Gobierno. 

jueves, 14 de diciembre de 2017

Fin de año en Argentina

Soy un laburante. Empeñoso, metódico y sin medida en el esfuerzo. Las pocas cosas que tengo las hice trabajando honestamente. El progreso fue lento y sostenido durante más de treinta años.
Pasaron los gobiernos más dispares y el tipo (o sea el que esto escribe), como una hormiguita, haciendo lo suyo sin ninguna ayuda del Estado. Es por esto que me considero en condiciones de opinar sobre la realidad. No le debo nada a nadie.
Mis comienzos como profesional coincidieron con el triunfo de Alfonsín, al que, aunque no lo voté, supe defender incluso frente a sus correligionarios, cuando resignó el gobierno después de una crisis generosamente creada por la oposición peronista. Siguió Menem y su desfachatez, dejando una grave degradación moral en el país. Con él daba todo igual. Fue el prototipo del piola, canchero y mujeriego, cosa que no sería tan grave si no hubiera alentado la idea de que es lo mismo “un burro que un gran profesor”. De la Rúa tal vez fue producto del cansancio de la sociedad frente a tanta impudicia. Era un hombre serio y reflexivo, aunque falto de energía, al que también, el peronismo se lo llevó por delante. Después de la crisis de gobernabilidad que creó su salida, apareció Kirchner y con él (ellos), los doce años más tremendos de saqueo y corrupción de los que haya memoria. Se robaron todo. Y al estar la cabeza podrida, abrieron la puerta para que cualquier funcionario menor se sumara a la fiesta. Hasta se llevaron los muebles de los despachos que abandonaron en 2015.
Nuevamente la sociedad se cansó y llegó Macri a la presidencia. Y por fin veo alguien capaz de dar vuelta el país. Un hombre íntegro, honesto, inteligente y con ideas que trascienden el momento. Imagina un futuro grande y trabaja sin descanso para encaminar las cosas. Esta vez hay una cabeza sana y confiable, y una persona así, a la fuerza se rodea de gente parecida.
Por eso me da mucha bronca ver como se mueve la oposición política y los sindicalistas, tratando de destruir, desacreditar, impedir y molestar permanentemente. Es muy triste.
Ojalá este gobierno siga para adelante. Se ve que tiene mucha fuerza para aguantar tanta porquería.

   

martes, 12 de diciembre de 2017

Un regalo inesperado

El cerezo y la cereza

En el fondo de mi casa tenemos muchos árboles frutales. Van entregando sus productos en distintos momentos, así que hay frutas casi todo el año. Primero son las cerezas, y luego siguen las ciruelas, duraznos, membrillos, manzanas y por último los cítricos, que duran casi todo el otoño y parte del invierno.
Pero los árboles se enferman, y nuestro lindo y enorme cerezo, se llenó de bicho taladro. No hubo manera de curarlo. Le puse capsulas insecticidas en el tronco, lo fumigué, le fui sacando las partes afectadas, pero nada. El enemigo se lo fue comiendo por dentro, hasta dejar casi todas sus ramas huecas. El pobre me miraba como pidiendo ayuda, con esos ojos tristones que tienen los árboles, así que me decidí por hacer una cirugía radical y lo desarmé todo con la motosierra. Le dejé solo el tronco y unos pedazos grandes sin bichos. Pensé: ¡Y bueno! ¡Que sea lo que Dios quiera!
Cuando llegó la primavera, el enorme tallo empezó a brotar y pronto se llenó de ramitas y largó algunas flores.
¡Y se formó una cereza! Una única fruta que está allí madurando despacio como un regalo de mi buen árbol.
Seguro que me va a dar lástima, pero cuando esté bien madura me la voy a comer con ganas.




viernes, 8 de diciembre de 2017

Amenaza de muerte

Estábamos los tres sentados debajo del árbol grande, aprovechando su sombra generosa. Es lindo tomar unos mates después de la siesta en los días de más calor. Molestan un poco estás mosquitas que llaman Barigüí. Se vienen en manadas, y como son mordedoras, hay que tener mucha templanza para aguantarlas quietito.
Blackie y Tiger, la perra y el gato de la casa, tirados en el pasto y yo en una silla bajita.
-¡Va lindo! ¿Nó?- Dijo de pronto Tiger, un muchacho bien cazador de pajaritos y lauchas, pero que se mueve con la elegancia y pereza de todos los gatos.
-¿Qué cosa?- Preguntó Blackie, siempre atenta a los ruidos de la calle para salir ladrando a cualquier auto o moto desprevenida.
-¡La vida! ¡Por lo menos para mí! Tengo varios gatos amigos en el barrio, me muevo por donde quiero, duermo cuando me da la gana, si rasco un poco la puerta de la veterinaria me llenan el plato de alimento y hasta ahora nunca me enfermé de nada ¿Qué más puedo pedir?-
-¡Y sí! ¡Pensándolo bien tenés razón! Yo no tengo tanta suerte. Anoche me amenazaron de muerte-
Me cebé un mate espumoso y me sonreí divertido. Blackie tenía razón. Yo fui testigo y partícipe del asunto pero la dejé seguir con el cuento.
-¿Cómo que te amenazaron de muerte?- Preguntó Tiger escandalizado ¿Hiciste algo grave?-
-¡Mirá! Ya estaba oscuro y yo conversaba en la vereda con las perras de la vecina. De pronto vimos venir un tipo en bicicleta haciendo unas piruetas de cordón a cordón. En cuanto pasó al lado nuestro le hicimos una corrida ladrando y el hombre, en vez de seguir sin darnos importancia como hacen todos, empezó a gritar como loco, frenó y al querer pisar en el asfalto se cayó de culo-
-¿Estaría enfermo?- Preguntó Tiger
-¡Dejame terminar a mí!- Le dije a Blackie –Ya te tengo dicho que eso que hacen no está bien y que si te agarró te voy a dar una buena soba. Anoche yo también sentí los gritos y por eso salí a ver que pasaba. El hombre no estaba enfermo. Estaba completamente en pedo y por eso se cayó-
-¿En pedo?
-¡Sí! ¡Lleno de alcohol! En cuanto me vio, la señaló a Blackie y con la lengua dura como madera dijo:
¡Esa perra se va a morir pronto! ¡Le voy a pedir un fusil al ejército y le voy a meter un cuetazo!-
-¿Será verdad?- Preguntó Blackie temblando.
-¡Cómo no! ¡Si seguís ladrando a los ciclistas sos boleta!-
La perra escondió la cara entre las manos y yo seguí tomando mate tranquilamente. Ojalá escarmiente, aunque la amenaza haya sido un poco exagerada.


viernes, 24 de noviembre de 2017

El pueblo y el tiempo


Este es un tema del que ya les he contado otras veces, pero cada vez estoy más contento de vivir en un pueblo chico.
San Manuel tiene 7 cuadras de largo por 4 de ancho, más algunas quintas “del otro lado de las vías”. Aquí vivimos alrededor de 1500 personas así que nos conocemos todos. Además, los más antiguos saben de parentescos hasta dos o tres generaciones atrás. El paisaje, al estar metidos en medio del cordón serrano de Tandilia, es tremendamente bonito. Y por si esto fuera poco, hay unos lugares fantásticos para visitar en estas sierras.
Pero una de las cosas que más me entusiasma, es que no se pierde tanto tiempo como en las ciudades.
Acá no hay que hacer colas para ningún trámite. Todo se hace rapidito y en medio de saludos y charlas con los vecinos. Se estaciona en cualquier lado, siempre frente al negocio o la casa que uno va a visitar. Y gratis. Cuando salimos a trabajar al campo, no recorremos más de tres o cuatro cuadras, y ya estamos en el camino vecinal que nos lleva a donde queremos.
La vida es así, fácil, simple y segura, porque no se si les comenté que no hay inseguridad. Las bicicletas de los chicos quedan tiradas en la calle toda la noche y ahí están al otro día, la mayoría de las casas quedan con las puertas sin llave, los cordeles llenos de ropa al alcance de cualquiera, y a muchos vehículos los dejan abiertos y con los papeles en la guantera. Algunos lugares tienen rejas, pero las han puesto como adorno o para que no se escapen los perros.
Los que trabajan en el pueblo, salen de sus casas cinco minutos antes y llegan sobrados.
Entonces queda tiempo para leer, escribir, hacer huertas enormes, caminar o salir a correr, juntarse a tomar mate o comer algún asado, hacer teatro y tantas cosas buenas más.

Siempre haciendo cálculos que me divierten, pensaba que un pueblerino pierde en promedio dos horas menos al día que un habitante de la ciudad, lo que representa 30 días al año ganados para la vida. Impresionante ¿Nó?

martes, 31 de octubre de 2017

Vida de perro

Un caso raro fue el de Adrián Delgado. Entró a trabajar en “Los Eucaliptus”, cerca de Licenciado Matienzo, después que lo despidieron a Ramón “Cañita” Quintana, un pobre gaucho que parece que quiso abusar de la cocinera.
Adrián era muy amigo de Ramón, así que a los pocos días se encontraron en el boliche de Miguel, y entre copa y copa, Ramón le contó que la fulana, una mujer algo mayor pero sabrosa, con fama de adivina y curandera y de nombre Hortensia Cuevas, lo había querido engualichar. Como andaba enamorada del chico, le puso unas bombachas perfumadas debajo de la almohada, capaces de poner en llamas a cualquiera. Cuando Ramón encontró el regalito, se encaró enojado con la mujer, y esta no tuvo mejor idea que empezar a quejarse y a gritar que la estaban queriendo violar. Ese mismo día lo echaron del trabajo.
-¡Estará resentido!- Pensó Adrián, mientras volvía para la estancia a caballo, repasando el cuento del amigo.
Al día siguiente, picado por la curiosidad, esperó que los demás peones se retiraran del comedor para dormir la siesta y se fue hasta la cocina, donde Hortensia lavaba la pila de platos. Debajo de la mesada, dormía Cocinero, un perro amarillo y regalón.
En cuanto Adrián empezó con las preguntas, Hortensia se puso furiosa y le dijo que se dejara de molestar, pero el muchacho, juguetón, siguió chanceando, hasta que de pronto, la tipa agarró una especie de tenedor largo y apuntando a la cara de Adrián, empezó a recitar cosas en voz baja, mientras los ojos se le saltaban de las órbitas y parecía que largaban chispas.
El asunto fue que por la enorme magia de la bruja, el espíritu de Adrián se mudó al cuerpo de Cocinero, el perro gordo. Y empezó la vida de Adrián como perro. Al principio le costó. Sobre todo caminar y correr en cuatro patas, pero el resto no fue tan malo. Comía todo el día. No trabajaba nada y pronto se hizo famoso entre la peonada porque cuando jugaban al truco, sabía pasar las señas del as de espadas y el de bastos, al jugador al que quería ayudar, con lo que se ganaba raciones extra de dulces y golosinas.
Pero todo tiene un final. Un día cayó de visita a la estancia una de las hijas de Hortensia, casada con un milico más malo que la peste. Esa tarde, la chica estaba bañándose toda desnuda en el tanquecito de atrás de la casa, y justo pasó el Cocinero en camino hacia la manga. En cuanto la muchacha lo vio, pegó un alarido tremendo y tapándose malamente las vergüenzas, llamó a su marido el milico, diciéndole que un hombre la estaba espiando. Es que ella tenía los mismos poderes que la madre, y se dio cuenta enseguida que eso no era un  perro, sino un hombre transformado.
El milico cazó al Cocinero del cogote y teniéndolo en alto, aguantó con los ojos cerrados mientras su mujer deshacía el conjuro y el espíritu de Adrián volvía a su propio cuerpo, en una cama del hospitalito, donde lo habían internado por un estado comatoso inexplicable, casi seis meses atrás.

Esta historia anda contando el muchacho desde entonces, pero nadie le cree. 

domingo, 1 de octubre de 2017

Los Deberes Humanos

Está bien. Se entiende que se reclame por los derechos humanos. Pero hay veces que parece un exceso. Se invocan los derechos humanos de las víctimas de la dictadura, los de los delincuentes que sufrieron una mala crianza, los de los mapuches, los de los sindicalistas, los de los funcionarios K, los de los chicos que toman colegios, los de los piqueteros y cortadores de calles y la lista sigue indefinidamente.
Pero no hay contrapeso. Debería machacarse en la cabeza de los argentinos que también existen los “Deberes humanos”.
Los ciudadanos deben respetar la ley sin contemplaciones; los chicos deben estudiar y cumplir las normas de los colegios y universidades; los trabajadores deben trabajar incansablemente, tratando de hacer las cosas lo mejor posible; los políticos deben servir a la ciudadanía, sabiendo que su paso por la función pública es fugaz y solo les devolverá fatigas y disgustos, jamás dinero mal habido; los periodistas deben decir siempre la verdad, sin transformarse en operadores políticos; las fuerzas de seguridad deben cuidarnos y ser respetadas y dignas de admiración.
Es fácil. Es simple. No robar, no mentir, no levantar falsos testimonios, no matar fiscales, no molestar a los que trabajan con marchas y cortes, servir los servidores, trabajar los trabajadores y estudiar los estudiantes.

¿Y si empezamos a preocuparnos por los DEBERES HUMANOS? 

martes, 19 de septiembre de 2017

Cuidado con la lectura


En estos últimos tres días ando cansado. Con el cuerpo dolorido de tanto hacer fuerza y correr y trepar alambrados durante todo el día. Pero no es que esté enfermo, por suerte. Lo que pasa es que el e-book que tengo desde hace un año, me está dejando sin el buen descanso que me hace recuperar fuerzas con algunas pocas horas de sueño.
En cuanto lo compré, mi hermana me descargó más de 900 libros excelentes y no puedo parar de leer. Ahora estoy terminando una trilogía de Santiago Posteguillo. Los leí en un mal orden, pero casi fue una suerte, porque ya voy por el tercero y último, “Las legiones malditas”, que termina que la tremenda batalla de Zama, en el año 202 A.C., donde el joven procónsul romano Publio Cornelio Escipión, acaba por derrotar, allá en el norte de África, al que todos tenían por invencible, el magnífico general cartaginés Aníbal Barca. Pero la descripción de esa batalla, con la primera carga de los ochenta elefantes de guerra, la lucha tremenda de la infantería con sus distintas legiones y la decisiva entrada de la caballería romana al centro del campo inundado de sangre, tripas, heridos y muertos es tan fantástica, que cualquier “persona humana” (como diría un gaucho conocido) se trastorna.
Entonces no puedo parar. A la noche leo hasta después de las 11, me levanto como todos los días a las 5 y media y, después de almorzar, cuando podría tener un sueñito reparador, vuelvo a las historias de los legionarios y los guerreros púnicos y se me hace el tiempo de volver a salir al campo ¡Y así no hay cuerpo que aguante! ¡Ya lo tengo pensado! En cuanto termine este último libro me voy a tomar una semana sin lectura para recuperarme.
Se los recomiendo: El primero es “Africanus: El hijo del cónsul”, el segundo “Las legiones malditas” y el tercero “La traición de Roma”. Por las dudas traten de encararlos en momentos de poco trabajo o mejor, cuando estén de vacaciones.



domingo, 17 de septiembre de 2017

Sencillito

El Rulo Leguizamón se inclinó sobre la cruz de su caballo overo. Siguió algunos metros agarrado de las riendas, más por instinto que por otra cosa. El animal, tal vez sintiendo algo raro, de a poco se fue quedando quieto, en el medio del inmenso potrero de ochocientas hectáreas de faldeo de sierras, muy cerca de San Manuel.
Así, de a poco, el cuerpo grandote y bruto de Rulo, se fue deslizando hasta quedar tirado boca arriba sobre el pajonal. El caballo se retiró dos pasos como para darle lugar, y se paró curioso, mirando a su compañero caído.
Rulo se sentía bien. Su cabeza ahora estaba despejada, después de la oscuridad que se le hizo en el momento de más dolor. Hasta pensó en fumar pero no pudo mover los brazos: ¡Mejor! Pensó ¡A ver si armo un incendio y me terminan echando! La idea le pareció divertida y una pequeña mueca, casi sonrisa, le iluminó la cara áspera y curtida.
¡Voy a esperar! Seguro que en cuanto vean que tardo, van a salir a buscarme. Miró su overo. Un caballo como pocos. Lo consiguió más de veinte años atrás, cuando era un potro que prometía, cambiándolo por seis terneros guachos. Los recuerdos se le atropellaban en la cabeza. El día que entró a trabajar en la estancia. Las charlas y risas con Roberto y Juancho, sus dos grandes compañeros y amigos. La primera vez que vio a Palmira en la veterinaria. Ella estaba comprando antibióticos para unos chanchos de su papá. En cuanto lo miró, quedó fulminado para siempre por sus grandes ojos negros. Al tiempo se casaron y nacieron los tres chicos. La luz de sus ojos. Ramoncito y Abel, tan camperos y buenos paisanos y Lucía, la chiquita. Intentó mover una pierna. sintiendo que ella aún jugaba al caballito en su rodilla. Cuando murió Palmira, junto con un pedazo de su corazón, lloró como nunca lo había hecho desde que, siendo muy chico, se quebrara la pierna al caerse del enorme eucaliptus. Se puso a hacer cuentas, pero no se acordó de más de tres o cuatro visitas al médico. Siempre con fuerzas, siempre con ganas de salir adelante. Con fríos machazos, lluvias, granizos, temporales de viento y sequías que rajaban la tierra. Siempre el Rulo. Cuidando vacas, arreglando alambres, manteniendo aguadas y molinos, punteando esas quintas enormes que le daban verdura a toda la familia…
¡Otra vez el dolor! ¡La pucha! ¿Qué será? ¡Y bueno! Voy a tener que ir al médico nomás ¿Por qué no me podré mover? Le voy a pedir a Lucía que me prepare la ropa de salir y esta tarde nos vamos al pueblo para que me revisen ¡Justo hoy que tenía que carnear los dos corderos para el domingo! Los voy a dejar a los chicos. Ya están baqueanos. De última no festejo nada. Ellos insisten con que sesenta no se cumplen todos los días ¡Ya está! ¡Ya pasó! No me duele nada. Mejor voy a dormir un ratito hasta que me encuentren.
Los caranchos empezaron su trabajo casi una hora después. Primero los ojos. Pero ya Rulo estaba muerto.   


viernes, 1 de septiembre de 2017

Tiger y el desaparecido

Me levanté temprano como siempre y me vine a la veterinaria. Cargué la lata con la comida para mi gato, pero no arrancamos como siempre. Nunca hablamos a estas horas, pero hoy algo cambió. Mientras la pequeña bestia se refregaba contra mis piernas esperando su ración, le dije:  
-¡Escucháme Tiger! Sentate ahí quietito y si querés comé, pero escuchá lo que te voy a decir. No me interrumpas porque te lo voy a largar de corrido. Tengo un nudo en la garganta y si no lo deshago no me voy a poder ir a trabajar tranquilo-
El gato me miró sorprendido, pero entendió que la cosa venía en serio.
-¿Qué pasa Jorge? ¿Andás complicado con el trabajo? ¿Estás enfermo?-
-¡No! ¡Por suerte no es nada de eso! Pero quería decirte que estoy podrido de prender la radio o la tele, y que sigan molestando con el caso de este loco que están buscando.
No me importa un pito lo que le pasó. No se quién es. Pero si se que estaba rompiendo las bolas en las rutas del sur, con una banda de delincuentes que no paran de hacer cagadas. Y si hacen cosas fuera de la ley, que se aguanten lo que les pueda pasar sin hacerse los mártires.
Pero más me calientan los oportunistas que han montado semejante despliegue de estupideces diarias. Declaraciones, intervenciones en los colegios, marchas, fotitos patéticas y mil cosas más. Ya sabemos quiénes son. Son los mismos que se imaginaron a nuestro presidente abandonando de apuro su mandato.
Por suerte son una minoría ruidosa. Somos más los que le damos al asunto la importancia que tiene: ¡Nada más grave que las miles de cosas que han hecho esos mismos caraduras que reclaman!-
Paré de hablar. Tiger me miraba con un grano de alimento en la boca. Lo miré. El tipo estaba serio y concentrado, pero entendí que mi discursito no le había movido ni un pelo del bigote.
-¡No te calentés!- Me dijo por fin –¡Tal vez el tiempo, y todos los que están podridos como vos de tanta basura, pondrán las cosas en su lugar!-
No hablamos más, pero me fui a trabajar tranquilo pensando en lo astuto que es mi gato Tiger.


miércoles, 30 de agosto de 2017

Cuando se quiere se puede





El temporal duró dos días. Cayeron entre 70 y 90 mm de agua y hubo granizo y fuertes vientos. Ayer, Perico Robledo me llamó porque tenía una vaquillona que no podía parir. Lo grave fue que él no podía salir del campo para venir a buscarme, y yo no podía llegar hasta allá en mi camioneta, porque las calles estaban intransitables.
Me quedé trabajando en la veterinaria preocupado con el asunto hasta que, alrededor de las cinco de la tarde, apareció Perico. Me contó que lo habían sacado de tiro con un tractor hasta una parte en que el camino está entoscado, y después dio una vuelta enorme hasta que pisó la ruta y se vino a San Manuel.
En el momento pensé que venía a buscarme, pero la sorpresa fue que en la caja de su camioneta traía la parturienta.

Enseguida buscamos un galpón porque llovía torrencialmente, descargamos la paciente y le hicimos una bonita cesárea. 

martes, 29 de agosto de 2017

Una yegua generosa



Llegué temprano a "Los Ceibos". Me recibió el encargado entre asustado y amargado.
-¡Seis se murieron Jorge! ¡Seis vacas de las mejores! Si no pierdo el trabajo con esto no se lo que le digo-
-¡No se ponga mal Don Alberto! ¡Vamos a ver que es lo que pasó!- 
En un rato recorrimos el lote de vacas en parición, e hice la necropsia a dos de las finaditas, mientras el pobre hombre me llenaba de información.
-¡Esto es hipomagnesemia!- Sentencié finalmente -Este problema se está dando en la mayoría de los campos de la zona-
Ya de vuelta en la casa, le expliqué todo lo que había que hacer para prevenir mas muertes y nos pusimos a hablar sobre los seis terneros que habían quedado huerfanos al morirse sus madres.
Detrás nuestro estaba la yegua Morenita, escuchando con atención. De pronto dijo:
-¡Perdón que me meta! Si Don Alberto quiere, yo me puedo hacer cargo de uno de los pichones. Hace tiempo que tengo ganas de ser madre-
A pesar de mi desconfianza, el hombre le acercó uno de los guachitos para ver que pasaba ¡Y en ese mismo momento, Morenita lo adoptó como hijo.
A la semana, Don Alberto me hizo llegar las fotos que se ven mas arriba y me contó que, increíblemente, a la buena yegua le había bajado la leche.
¡Cosas que pasan en el campo!