miércoles, 29 de julio de 2015

Mi lavarropas



Mi amigo en su última morada. El basurero municipal

¡Pobre gaucho! Como dicen en el campo: ¡Murió de repentina!
Mi lavarropas tenía más de 30 años. Trabajó como un burro siempre sin quejarse, aunque los ruidos raros que hacía últimamente, tal vez fueran los lamentos del que sabe que pronto le llegará la guadaña.
Ayer metí unas sábanas y algunas camisas. Fardo pesado. Lo enchufé y salió andando. Ya no le funcionaba ninguna perilla. Solo tenía que conectarlo a la red de luz para que arrancara, y acordarme al rato de desconectarlo para que parara. Viene a cuento que más de una vez puse ropa a lavar y me fui al campo por alguna urgencia, sin tener en cuenta de que mi compañero quedaba en sus ocupaciones. Cuando volvía, a veces dos horas después, lo encontraba todavía batiendo como un valiente.
La cuestión es que ayer hizo su último esfuerzo. Lavó de la mejor manera las sábanas, como siempre, y cuando lo quise hacer andar de nuevo, con un mameluco lleno de bosta, pegó un grito y se paró. Enseguida largó un humito, fuerte olor a quemado y su cuerpo descascarado y roto se quedó quieto para siempre.
Listo. Se murió.
A la tarde lo cargué en la camioneta y lo llevé al basurero.
Cuando lo bajé, apareció en el fondo de la batea una moneda oxidada de dos pesos, que seguramente se le desprendió de algún recoveco con los movimientos.

Fue su último regalo ¡Chau hermano!

domingo, 19 de julio de 2015

Un duelo limpio



En estas épocas casi no hay actos de coraje. Los malos, lo son con un arma de fuego en la mano, y si es solo un arma blanca, la usan a traición, o sobre personas sin defensa como mujeres o viejos.
El coraje y la valentía se demuestran peleando con fuerzas y armas parejas. Esto pensaba cuando Eulogio Tapia terminó de contar la historia de su pelea más famosa.
-¡Resulta!- Arrancó diciendo Eulogio, mientras todos parábamos la oreja, atentos a sus palabras –Resulta que yo perdí a mis viejos siendo muy chiquito. Los milicos que llegaron a tomar los datos de la matanza que había hecho un tal Fernández con los dos, me encontraron de casualidad, escondido atrás de unas retamas, pegado al puesto donde vivíamos. Aprovecharon la ocasión para llevarse las pocas cosas de valor que mis padres tenían y a mí me mandaron al cuidado de unas tías de Tandil, para que me criaran. Pero no aguanté mucho en el pueblo. A los once años me escapé y empecé a rodar de estancia en estancia. En el campo de los Estévez, cerca de Ramos Otero, me quedé hasta que cumplí los 17, porque Benicio Acosta, el encargado, supo ganarse mi afecto y me enseño hasta el último secreto de los trabajos con la hacienda. Anduvimos reseriando, capé toda clase de animales, aprendí a manejar el lazo de la mejor manera y hasta me enseñó a canchar con el cuchillo y el poncho en los ratos libres. Pero un día le hice una macana grande mezclando unas tropas, y el hombre, de los puros nervios, me pegó tal soba, que a la fuerza me volví a escapar.
Fue así que llegue a pedir trabajo a La María, a dos leguas de San Manuel. Iba muy bien montado y con pilchas viejas, pero de lo mas prolijas. Esto fue en el año 1932. En la estancia había 17 personas trabajando y sobresalía Pedro Meléndez. Un hombre con más fama que el diablo. En cuanto me vio llegar, así tan arregladito, caí en desgracia con él. No pasaba día en que no me largara los peores insultos, buscando camorra. Yo me quedaba quietito, sabiendo que lo mejor era no armar pelea si quería conservar el trabajo. Hasta que el tal Meléndez se pasó.
A la estancia habían traído tres caballos bellacos y me empezó a buscar la boca, diciendo que si yo los podría montar o mi mamita todavía no me dejaba andar en esos trances. Estas y otras porquerías siguió diciendo, hasta que por fin me encontró.
Me acerqué al capataz y le dije bien fuerte para que todos oyeran:
-¡Diga Acosta! Si me deja, yo le voy a sacar las cosquillas al más malo de los tres pingos que trajeron, y después, siempre que usted me deje, le voy a sobar bien el lomo al jetón de Meléndez-
-¡Haga nomás mocito-! Me contestó Acosta, contento de que alguien se le animara a Meléndez, ya que a fuerza de varias muertes, había hecho que todos le tuvieran miedo.
Los paisanos allí reunidos se quedaron mudos con el desplante, menos Meléndez, que largó la risa diciendo:
-¡Vaya preparando el cajón Don Acosta, que este muchachito no llega al mediodía!-
Y ahí empezó la función. Me trajeron al lobuno. Parecía un tigre. Se sentaba en el palo y hacía mil abalanzos, mientras yo me ataba las espuelas. Pronto salté sobre su lomo con la agilidad de un gato y se los pedí. Fue una lucha tremenda. El lobuno verdaderamente era una fiera, pero le aguante los primeros saltos bárbaros, y pronto vi que se le estaban terminando las fuerzas. Entonces empecé a descargarle el rebenque por las verijas y la cabeza, mientras lo rayaba a gusto con mis espuelas. Al rato nomás, volví al trote para el lado de la estancia. El caballo estaba entregado. Cuando llegué el corral me bajé y dije:
-¡Bueno! ¡Ahora le voy a ablandar los matambres al tigre más viejo!- Meléndez no esperaba otra cosa y se me vino al humo enseguida:
-¡Saque el cuchillo mocoso así lo achuro y terminamos con esto!-
-¡Vea Meléndez! ¡Con el rebenque nomás, me sobra para cagar a palos a un pulguiento como usted!- ¡Para qué! Sacó el enorme facón que llevaba a la cintura y se me vino tirando puñaladas sin ton ni son, tanta era la bronca que tenía. Echaba espuma por la boca. Pero así como pasó con el lubuno, yo lo visteaba y me le reía, viendo que el hombre se iba terminando. Y cuando no pudo dar más golpes, yo empecé con el circo mío. Y lo agarré a golpes de lonja con el rebenque. Le pegué a gusto y por todos lados. Los costillares y la cara le empezaron a sangrar. Le di también por la espalda y la cabeza, hasta que por fin, el malo tiró el cuchillo y se disparó corriendo a los gritos por el campo como un loco.
-¿Y cuando volvió a la estancia que pasó? Le pregunté.
-¡Es que no volvió nunca más! Pareció que se lo hubiera tragado la tierra. Así fue que yo me acredité en La María, y me convertí en el hombre de confianza de Acosta, hasta que el pobre murió en mis brazos después de una fea rodada. Pero esa es otra historia-
Eulogio entornó los ojitos zarcos, mientras el humo del cigarro le envolvía la cara.
¡Qué bárbaro! Pensé ¡Este sí que es un hombre corajudo

viernes, 3 de julio de 2015

Días de lluvia



Llueve. Estoy sentado en la oficina de la veterinaria. Hago informes y termino papeles. Al lado la radio. Un locutor aparece en las noticias de las 3 y media de Radio Mitre y, entre otras cosas, anuncia que pronto se va a tratar un proyecto de ley para prohibir las carreras de galgos en todo el país.
-¡Ah! ¡Bueno!- Me sale con toda la voz.
-¿Qué pasó?- Pregunta Juan, que está haciendo una ovariectomía a una gata, en nuestro bonito quirófano.
Me paro, agarro el termo y el mate, y me voy a contarle.
-¿Podés creer? Van a tratar un proyecto de ley para prohibir las carreras de galgos en todo el país. Parece que consideran que es muy traumático para los perros, hacerlos correr detrás de una liebre artificial-
-¡Que boludez!- Dice Juan mientras termina de ligar el ovario derecho de una gatita blanca.
Nos empezamos a reír y a enumerar cosas que deberían prohibir hacerles a los perros.
-¡Escuchá! Tendrían que prohibir tener perros a quien no tenga por lo menos 200 metros cuadrados de patio con tierra-
-¡Muy bueno! Y tampoco permitir que usen a los perros de verdad como juguetes, poniéndoles cualquier ropa encima, festejándoles cumpleaños, organizándoles sepelios delirantes o teniendo sexo enfermo con ellos- Nos quedamos un rato en silencio, pensando en el perro Dálmata que atendimos hace pocos días, con lesiones que no pudimos explicar, hasta que supimos que había sido violado por un vecino.
-¡Y bueno!- Dijo Juan entonces -¡También los veterinarios tendríamos que dejar de ser parte del enorme circo que se ha hecho con las mascotas! ¿O no?-
-¡Tenés razón! Nosotros también somos un poco culpables de todo esto. Inventando necesidades donde no las hay. Siempre persiguiendo el lucro. Buscando la manera de ganar plata con cosas superfluas, que hacemos aparecer como indispensables. Limpiando dientes con ultrasonido en lugar de recomendar que un perro tenga siempre un buen hueso a mano para roer, desarrollando tremendas cirugías ortopédicas, cuando los canes se recuperan de casi cualquier fractura con una buena contención, haciendo oftalmología carísima y de primera clase, para que muchos perros viejos puedan vivir uno o dos años más sin esas molestas cataratas, como si un perro no pudiera cumplir todas sus funciones aún sin una visión excelente-
-¡Es cierto! Dijo Juan. Pero ya es tarde. El circo está instalado y en marcha. Las carreras de galgos son solo una pequeña parte de ese circo. Y no tienen nada de malo. Al contrario. Esos perros son verdaderos atletas y así se los trata-
-¡Tenés razón Juan! Tal vez toda esta movida se deba a que esa actividad, y la gente que la realiza, sea muy poco “cool” para tantos ignorantes que, a la naturaleza, solo la conocen por la tele y a través de las fotos de sus computadoras-
-¡Che Pa! ¿Y si seguís con tu trabajo? ¡Me parece que estas un poco delirante!-
Me volví con el mate a la oficina y a mis cosas. Los días de lluvia son así.


martes, 9 de junio de 2015

Cambiando de casa




Hasta ahora el otoño se está comportando muy bien. Solo hubo una helada fuerte. La buena temperatura y la humedad, les han dado una mano a los pastos y el campo luce mucho mejor que hace dos meses, cuando estábamos en plena sequía.
Y cuando el clima, acompaña no hay apuro en volver al pueblo después de los últimos trabajos de la tarde.
Hace unos días, terminé de revisar unos toros y, ya de regreso, me paré tranquilito al lado de una laguna a tomar unos mates y ver el atardecer.
Como casi ni me movía y tampoco hacía ruido, pronto empezaron a asomar los bicharracos. Primero fueron las nutrias. Montones de ellas. Después aterrizaron los flamencos, los cisnes, los patos, las garzas, los teros reales y se asomaron las gallaretas de escudo amarillo y de escudo rojo que andaban escondidas entre los juncos. Los pájaros charlaban entre ellos y las nutrias, como hablan otro idioma, hacían rancho aparte. Por suerte, yo les entiendo a casi todos los animales de la zona, así que afinando el oído, me di cuenta que, cada uno en su lenguaje, hablaban de lo mismo. Los preocupaba que la laguna se estaba secando después que el dueño del campo terminó de hacer el canal de desagote, y deliberaban sobre lo que podría suceder en las próximas semanas. Las aves no tenían problema en volar, pero ya habían mandado varias exploradoras a estudiar otros charcos, y parece que estaban todos ocupados. El asunto lucía complicado. Y las nutrias, con el trabajo que les había dado hacer sus cuevas y galerías, comentaban con tristeza que iban a tener que dejar todo para emigrar. También a esta gente se ve que les preocupaba el futuro.
Yo conozco una laguna que está medio despoblada del otro lado de la colonia La Suiza, pero no sabía que hacer en ese momento. Por fin, me decidí y llamé a un nutrión gordo que se ve que era medio capito, y a una garza blanca que chillaba y chillaba, y les expliqué lo que sabía. Me miraban desconfiados, hasta que llegó un pato maicero que me conocía de chiquito y les dijo que yo era bastante amigo de los animales ¡Santo remedio! Enseguida se pusieron a charlar conmigo y a llenarme de preguntas sobre la laguna que les proponía. Como se me vino la noche medio rápido, me despedí y me volví a casa.

Seguro que esa noche estuvieron conversando y decidieron colonizar el lugar que yo les propuse, porque al día siguiente, varios vecinos vieron una caravana de nutrias, con aves de distintas especies que las iban custodiando, volando en círculos alrededor de ellas, y que iban precisamente en dirección a la colonia La Suiza. ¡Cualquier día de estos voy a ver si llegaron bien y si les gusta el nuevo hogar!  

domingo, 7 de junio de 2015

Salió todo bien

Ayer sábado, no fue uno de los días más intensos, pero todos los trabajos salieron bien. Estuvo nublado. No hizo frío, como en casi todas las jornadas anteriores. Agradable para andar en el campo.

A la mañana hice la necropsia a una vaquilloncita y encontré muy lindas lesiones de carbunclo sintomático, después operé una vaca con cáncer de ojo sin ningún contratiempo y a la tarde me fui a hacer un parto. Por suerte la madre, casi una ternera, y su hijo machito, quedaron de lo más contentos, haciéndose los primeros mimos cuando yo los dejé en el corral para volver. 

viernes, 5 de junio de 2015

Viejo perro

Cuando se largó a llover tan fuerte, la mayoría de los que habían llegado a pasar un día de yerra y fiesta en “Los Mimbres”, se treparon a sus autos y camionetas, y se fueron en caravana. Los 30 kilómetros de tierra hasta la ruta, son un camino angosto y descuidado, que se pone intransitable en cuanto caen unos pocos milímetros de agua.
Yo no tenía mucho apuro en salir. El sábado estaba perdido y me gustó el convite del viejito Meléndez para tomar mate en el antiguo fogón, pegado al tinglado donde guardan las herramientas.
“Los Mimbres” es una estancia de fin del siglo diecinueve. Todo es viejo e impresionante. Un monte inmenso. Dos galpones gigantescos donde depositaban la lana después de la esquila de miles de animales. La casa principal, casi un castillo;  y muchas construcciones para el personal, que en los años de esplendor, eran unas 150 personas, entre peones, parqueros, domésticas y otros mozos de a pie para distintas tareas.
Meléndez no es tan antiguo como la estancia, pero casi. Ahí se crió y pasó toda su vida.
Afuera el agua caía a baldes. Avivó el fuego, cargo el mate de calabaza con yerba, y nos sentamos a conversar en unas sillitas bajas muy propias de las materas viejas.
-¡Acá viví toda mi vida humana!- Arrancó la charla, y se sonrió mostrando la boca desdentada y la cara plagada de arrugas.
-¿Como su vida humana? ¿Y qué otra vida tuvo Don Meléndez?-
-¡Vea dotor! ¡Si tiene un rato le cuento! ¡Es una linda historia!-
-¡Metalé abuelo!- Le dije mientras agarraba el mate y le daba el primer sorbo.
-Resulta que hace montones de años yo era un muchachón bastante bien plantado y no me faltaban mujercitas de todo pelaje. Pero una de ellas, la María Ester, era la que más me gustaba y  con la que a veces pensaba que llegaría a tener unos lindos gurisitos. Igualmente, el cuerpo me pedía a gritos seguir correteando por los bailongos, hasta que un día, volviendo para casa con otra amiga en ancas, me crucé con los padres de María Ester que habían salido muy temprano en el sulky, a consultar al médico del pueblo. Ni me saludaron. Y desde ese día se terminó la historia con mi novia. Después de dos o tres semanas noté  que me empezaba a crecer pelo de perro por todo el cuerpo, me salió después una peluda cola de perro y de un día para otro, me desperté convertido en un perro negro y feo. La madre de María Ester era una bruja conocida y tenía un libro de encantamientos, del que sacaba recetas para hacer todo tipo de males ¡Y a mí me convirtió en perro! Para vengarse ¿Vió? El asunto es que ahí empezó mi vida de perro ¡No sabe lo difícil que es acostumbrarse! Caminar en cuatro patas al principio me pareció muy raro, pero en cuanto me puse baqueano, noté que era más descansado que andar solamente en dos como las personas. Pasé mucho tiempo casi sin comer, porque el resto de los perros de la estancia me atacaban como salvajes cada vez que me acercaba. No me quedaba más remedio que escapar con la cola entre las patas. De a poco me fui ganando la confianza de un puestero nuevo. A fuerza de zalamerearlo y seguirlo para todos lados. Yo tenía la ventaja de que entendía todo lo que me decía, así que cuando el muchacho me conversaba, yo le contestaba con la mirada o moviendo la cabeza. Me tomó mucha afición, así que ya la vida se me hizo más fácil. Y ni le cuento cuando me sacó a trabajar al campo. Yo me desempeñaba mejor que todos, porque conocía de sobra el trabajo y lo que querían hacer con las vacas. Me hice muy famoso y el Fabián, que así se llamaba mi dueño, me empezó a llevar al pueblo. Y fue en el pueblo donde me convertí en una atracción para grandes y chicos. Fabián tiraba un montón de monedas al piso y me pedía que apartara las de 50 centavos y yo, con la patita, las iba sacando de a una sin equivocarme. Cuando terminaba, todos aplaudían y me tiraban las mejores cosas para comer. La verdad es que mis días de perro no eran tan malos. Pero cuando ya me estaba acostumbrando, pasó lo que pasó.
Nos fuimos una tarde al pueblo con Fabián y después de los trucos de costumbre, nos sentamos en la vereda del club a descansar. Él en una silla y yo a su lado en el suelo. Allí estábamos muy tranquilos, cuando pasaron dos muchachitas forasteras que yo veía por primera vez en el pueblo. Lo curioso fue que una de ellas me miraba raro. Como si yo fuera una persona. De golpe se pararon y se volvieron hacia nosotros. La que me miraba raro le preguntó a Fabián:
-¿Es suyo ese perro? ¿De dónde lo sacó?-
Fabián la miró medio incómodo, porque no estaba acostumbrado a que lo abordaran las chicas y menos dos pibas lindas.
-¡Sí! ¡Es mío! ¿Porque?-
Entonces la chica, que no era ni más ni menos que una aprendiz de bruja, le pidió que las acompañáramos hasta la plaza, donde nadie pudiera escuchar lo que iban a decirle.
Cuando llegamos al centro de la plaza del pueblo, la muchacha, hablando en voz muy baja, le dijo que el perro, o sea yo, no era un perro. Que ella se había dado cuenta de que era una persona encantada, y que me iba a devolver la forma humana.
Cuando escuché semejante cosa, casi me caigo sobre mi cola peluda y empecé a gimotear y mover la cabeza lastimosamente.
Enseguida la brujita sacó unos polvos mágicos de una bolsa que llevaba colgada en la cintura y empezó a hacer conjuros y fumigaciones, mientras los ojos se le ponían violeta. Y en ese momento y en aquel instante, recobré mi forma humana. Fabián no lo podía creer, así que no atinó siquiera a moverse, pero las chicas, al ver mi apostura y encontrarme totalmente desnudo, se quedaron prendadas conmigo. Me prestaron unos trapos para cubrirme y ahí nomás me pidieron casamiento ¡Las dos! Porque me veían muy  conveniente por todos los rincones y de la cabeza a los pies.
Y así fue que tuve dos mujeres y un amigo querido, como el Fabián, hasta que la muerte me los llevó-
Meléndez entornó los ojos y de pronto se quedó mirando fijo el fuego. No habló más. Yo no quería cortar sus pensamientos, así que lo dejé estar mientras tomábamos mate en silencio. Cuando ya la tarde creció y se hizo grande, entendí que era hora de volver al pueblo. Afuera seguía lloviendo. Me levanté de la sillita y Meléndez pareció volver de un sueño.
-¿Vió dotor? Es una historia de no creer. Otro día le voy a contar las cosas que me pasaron siendo perro-
-¡Cuando quiera Don Meléndez! ¡Nos vemos pronto!-
Yo me volví al pueblo, pero el viejito Meléndez murió a los pocos días.
Discretamente pregunté a la gente de la estancia si alguno sabía algo de aquella historia, pero nadie estaba al tanto. Solo un peón tan viejo como Meléndez, cuando quise sacarle información del asunto, se sonrió como recordando, pero no me quiso contar nada.






jueves, 4 de junio de 2015

La Cueva de los Barrientos


Así se ve el paisaje desde la entrada de la cueva


En una roca pegada a la puerta está este año (1891) grabado vaya uno a saber con que elemento


El interior de la cueva. Siempre muy oscuro. Deben ser 3 x 2 metros y unos 4 de altura


La entrada a la cueva tiene unos 60 cm de altura, por lo tanto, hay que atravesarla gateando

Los alrededores de San Manuel tienen algunos lugares muy bonitos para recorrer. Una de las excursiones mas entretenidas es una caminata hasta la Cueva de los Barrientos. Los que estén interesados en saber mas de la historia de este lugar, donde se escondían dos famosos ladrones a fin del siglo diecinueve, no tienen mas que buscar en Google todos los datos, pero quería aquí contarles nuestra propia relación con la cueva.
Es muy difícil de encontrar. Tanto que en 20 años intentamos tres veces llegar a ella, contando con todas las referencias de la gente conocedora del pueblo, pero no pudimos hallarla. Está en un cordoncito serrano a unos 20 kilómetros de San Manuel, Cerca de ella, en los primeros años del siglo veinte, se abrieron varias minas para extraer arcilla, por lo que hay varias bocas como se ven en las películas, que se internan en la roca viva. Nuestra cueva está unos 500 metros mas al norte, algo hacia hacia arriba del único sendero por el que se puede uno acercar.
La vez que la encontramos, tuvimos una gran emoción, porque aunque parezca chiste, estábamos casi al lado y no la veíamos. Por fin estuvimos allí, pero al asomar la nariz por el túnel de la entrada, la oscuridad no permitía ver nada y la posibilidad de que hubiera alguna víbora venenosa u otro bicharraco, nos detuvo un rato, hasta que se nos ocurrió meter la mano con la cámara fotográfica y sacar una foto con flash para poder averiguar como estaba la cosa. Y como no parecía haber nada mas que aire fresco y falta de de luz, nos metimos de a uno. Entramos tres personas sin problemas, pero caben allí fácilmente 7 u 8 tipos y, algo curioso, es que en el fondo del recinto hay un escape hacia arriba. Una "chimenea" entre las piedras de unos 6 metros de altura. 
Nos tomamos unos buenos mates, charlando alegremente sobre como esperarían los Barrientos a los policías que los perseguían, sentaditos en aquel mismo sitio.  
En fin, es un lugar para conocer entre tantos que nos rodean.

domingo, 31 de mayo de 2015

Los embriones de la Brangus



La vaca brangus negro entro tranquilita a la manga. Le dimos la epidural y metimos por primera vez la mano en el recto con el transductor del ecógrafo ¡Ah! ¡Qué bueno! Los dos ovarios estaban grandotes como mandarinas y llenos de nudos, que indicaban que la respuesta al tratamiento había sido exitosa.
Preparamos todos los elementos y pronto estábamos haciendo el lavaje del útero. Allá arriba, cerca del techito de la manga, colgaba el sachet con el medio de cultivo para lavaje. Unas mangueritas que entraban y salían por la vagina, hacían correr hacia adentro el líquido, para salir después en caída libre, arrastrando en el torrente a nuestros preciados embriones de siete días.
La caída se detenía en un filtro especial, donde los futuros terneritos quedarían retenidos.
Una vez terminado el trabajo, corrimos hasta el laboratorio y comenzamos la ansiosa búsqueda. Pronto aparecieron seis bonitos embriones. Después de algunos pasos previos, los fuimos poniendo en una pajuela cada uno y comenzamos el proceso en la máquina congeladora.
Al final del día ya estaban descansando en el termo de nitrógeno líquido, esperando que pronto los depositemos en alguna linda receptora, para seguir con su accidentado desarrollo.

¡Lindo trabajo!

sábado, 30 de mayo de 2015

Cortito y al pie

            Oraciones aisladas:
En el campo, cuando un perro se hace mañero y mata ovejas o gallinas, se lo sacrifica.
En estos días van a fusilar en China a un maestro que violó a 26 niños.
En estos tiempos estamos rodeados de corruptos, ladrones, coimeros, mentirosos y gente patotera… ¡Pero no cae ninguno!

            Me dieron ganas de hacer una composición tomando ideas de estas tres oraciones.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Día veterinario



Me levanté bien temprano porque el día estaba cargado de cosas para hacer. Después de los mates, la radio con las noticias y los papeles ordenaditos, me disponía a salir con rumbo al primer campo, cuando cayó Guillermo en la veterinaria. Tenía una vaca parturienta desde la noche, esperando que la ayudaran con su ternero. Enseguida cambié el recorrido y fui primero por el parto cerca del paraje La Bodega. Resulto que el pobre ternero estaba muerto desde por lo menos dos días atrás, así que fue imposible sacarlo por el avanzado estado enfisematoso y putrefacto que tenía. Derechito a la cesárea, mientras la vaca negra me miraba hacer agradecida.
De allí viajé para Napaleofú por los tactos que tenía programados. Me encontré con la sorpresa de que los primeros 150, eran en una manga sin puertas, así que tuve que meter las muchachas de a una, saltar hacia adentro para revisarlas y volver a saltar hacia afuera para entrar la siguiente ¡150 veces! Los 100 tactos que faltaban, los hice en una manga más normal, así que para mediodía, estaba volviendo a casa a comer algo.
Después del almuerzo me fui al campo de Osvaldo a palpar 50 vaquitas que compraron, para saber si estaban preñadas. Apenas terminé, corrí hasta lo de Horacio a revisar la prueba tuberculínica y vacunar 45 toros, y desde allí, viajé hacia Licenciado Matienzo, al campo de Arturo, por el tacto de 150 vacas más. Resultó un trabajo complicado porque solo éramos 3 en la manga para hacer todo. La cosa se demoró bastante, el sol se cayó de pronto sobre el filo de las sierras y se vino la noche.
Llegué a la veterinaria ya con el cielo oscuro y en cuanto me puse a lavar el instrumental y las cosas del día, llegaron dos clientes más con perritos descompuestos. Yo tuve que componer mi ánimo y atenderlos lo mejor posible.

Ya en casa bañadito, prendí un rato la tele y allí estaban todas las boludeces cotidianas de las cadenas de la alegría y las del desánimo. Las pavadas de las charlas y cruces mediáticos. Los comentarios y especulaciones previos y posteriores a los partidos de futbol horribles que estamos viendo y tantas macanas juntas, que apagué el aparato y seguí charlando tranquilito con mi familia y después me leí unas páginas del buen libro que me acompaña estos días. 

domingo, 24 de mayo de 2015

Los actuales aprendices



Son los dos últimos que llegaron a estos lugares. María Victoria y Andres. Ella completando su carrera con esta residencia y él con unos pocos finales mas por rendir antes de recibirse. La verdad es que he perdido la cuenta de la gente que hemos recibido desde aquel lejano 1995 en que comenzó el sistema de residencias de la Facultad de Veterinaria de Tandil. Al principio vinieron solo de aquella casa de estudios, después llegaron muchos extracurriculares con el afan de ver y aprender lo que modestamente podemos ofrecerles, entre ellos dos ingleses, dos esoceses y dos de Francia. En los últimos años, empezaron a desfilar los de la Facultad de Veterinaria de La Plata. Tuvimos muchos problemas con el alojamiento de los chicos en el pueblo, hasta que armé el famoso "sucucho" donde pueden dormir. Apretaditos pero bien.
Han pasado 20 años y me dieron ganas de rebuscar en los archivos los nombres de todos y hacer un gran asado en la próxima primavera, que sea la excusa para reunirlos nuevamente y que vuelvan un rato a San Manuel  

miércoles, 20 de mayo de 2015

Un detalle

-¡Qué bárbaro doctor! ¡Cómo pasan las macanas!- Me dijo Andrés mientras yo terminaba de guardar mis cosas en la camioneta.
El martes 12, Andrés compró un lote de 26 vacas viejas y flacas, bastante baratas, con la idea de engordarlas y hacer alguna diferencia económica. Pero en los tres días siguientes al remate, terminaron muriendo 11 de las damas.
Después de hacer la necropsia a algunas de las finaditas, atender a las que enfermaron y hacer varios análisis, llegamos a la conclusión de que se trataba de un caso de intoxicación hídrica.
Con los datos en la mano, Andrés habló por teléfono con el vendedor y el tipo no tuvo más remedio que admitir el “pequeño detalle”, así lo llamó él, que provocó el desastre.
El fin de semana previo al remate pintaba lluvioso, así que decidieron llevar las vacas a la feria el sábado 9. Quedaron encerradas y sin agua. Se vendieron el martes a la tarde y después de la venta, las largaron a una plazoleta, con agua de bebida, hasta el momento en que se las cargó en el camión. Las pobres se tiraron al agua, tomando con desesperación. Ya en el viaje de vuelta murieron 4, y el resto en los días que siguieron, donde mostraron signos de furia incontenible, provocada por el edema cerebral que ocasiona este desorden.



Dos de las afectadas que terminaron muriendo ¡Pobres gauchas!

martes, 19 de mayo de 2015

Una astilla




-¿Qué te pasó hermano?- Le pregunté en voz baja. Ya es sabido que los animales me hablan solo cuando la gente descreída no los escucha.
El caballo grandote me guiñó un ojo indicando que me acercara otro poco. Simulé entonces que me daba trabajo aplicarle la endovenosa en el suelo y arrimé el oído a su boca.
-¡No lo va a poder creer dotor!- (no sé porque nunca me dicen doctor, o Jorge nomás) -Me pica allá abajo desde hace días, y no encontré nada mejor para rascarme que aquel tronco viejo que está al lado del galpón-
-Esperá gaucho ¿Qué es lo que te pica?-
-¿Y qué va a ser?- Dijo un poco insolente -¡El pito dotor! Me pica el pito una barbaridad, así que me estuve refregando contra el tronco y se me debe haber clavado alguna maderita, porque sentí un pinchazo fuerte, y ahora se me hizo ese bulto que usté encontró
-¡No te aflijas!- Le dije para tranquilizarlo -¡Enseguida te lo voy a acomodar! Vos cerrá los ojos y pensá en algo lindo-
¡Metalé dotor! Dijo el tostado, y cerró fuerte los ojos negros.

Tome el bisturí con delicadeza y le hice un corte rápido y certero. Pronto salió el pus y la bendita astilla que tenía incrustada.

lunes, 18 de mayo de 2015

Son años...

Hace mucho tiempo tuve 30 años. En ese entonces ya había vuelto como docente a la Facultad de Veterinaria de Tandil. Algo bueno se me vería, porque el Decano de esa casa de estudios, me llamó un día a su despacho, para ofrecerme tener a cargo el área de clínica completa, es decir, quedar como responsable de clínica de grandes animales, de pequeños animales y la parte de laboratorio.
El asunto fue un gran halago, pero a la vez, me abrumó el sentir que no tenía la suficiente experiencia para cumplir de la mejor manera con la función. Aquella vez, y aún hoy, valoro enormemente la trayectoria. Creo que el que quiera ocupar un puesto directivo, debe haberse “pelado la frente” para conocer íntimamente cada detalle de lo que tendrá a cargo y poder hacerlo de la mejor manera.
Así fue que decidí rechazar amablemente la oferta y seguir tranquilo con mi camino. Preferí seguir “pelándome la frente”.
Hoy veo muchachos de aquella edad que no tienen prurito en aceptar cargos de ministros de un país y ponerse al frente, entre otras cosas, de la economía. Veo también muchachas sin experiencia, tomar cargos en la justicia y atentar contra algún juez de la corte suprema de avanzada edad, en contra de todo principio legal y moral.
¡Mamma mía! Diría mi abuela Bianca. Parece que no los abruma el escaso conocimiento práctico que tienen de las cosas.


domingo, 17 de mayo de 2015

Por donde andamos


Las cuatro damas descansando después de la operación

Meses tremendamente movidos. Pasó de todo. Animales heridos, mortandades de vacas, cirugías muy bonitas y exitosas; y otras, también bonitas, pero que no alcanzaron para salvar a los intervenidos, miles de tactos en vacas y vaquillonas, partos distócicos y cesáreas, animales agusanados y muchas cosas más.

El viernes pasado tuvimos que ir hasta un campo cerca de la estación Ramos Otero. Allí castramos dos potros gateados y terminamos la mañana haciendo cuatro ovariectomías de perras, en un quirófano improvisado en el galpón.
Al mediodía, el dueño nos invitó con un guiso carrero bien condimentado y algún vasito de vino.
En eso estamos.

jueves, 1 de enero de 2015

Se vienen algunos cambios

¡Todo llega! Despacito pero sin pausa, el tiempo va acomodando las cosas. Parecía que Carlitos no se iba a ir nunca, y sin embargo, un día se tomó el buque y de toda su banda no quedó más que el recuerdo. Y con estos delincuentes, mentirosos y atropelladores va a pasar lo mismo.
Da bronca y pena que no lleguen a tener algún castigo por el daño que han hecho.
A veces me imagino que reconfortante sería que aparezca un gobierno con un líder muy, pero muy honesto, capaz de dedicar el tiempo necesario a investigar y detener a todos los corruptos que se han enriquecido en la función pública, y quitarles lo mal habido para rematarlo públicamente, y que, además, revise una por una todas las leyes conflictivas que salieron del congreso en estos años por la prepotencia y autoritarismo del número de congresales, ignorando olímpicamente al resto del país.
¡Qué linda recompensa sería para los que nos rompemos el alma trabajando como burros todo el año y sin embargo apenas si podemos llegar a tener una casita donde caernos muertos! Para nosotros, estos tipos que en diez años de función pública, ostentan mansiones impresionantes, autos de carrera, yates y aviones, son un verdadero insulto y realmente nos desalientan ¿Cuál es el premio por ser derecho, salvo el de estar a salvo de los reproches de nuestra propia conciencia?
Tiene que haber una persona capaz de esto. Un tipo así sería ejemplo y faro. Se va a rodear de gente parecida a él y estos, a su vez, tendrán otros con las mismas cualidades alrededor. Seguramente los corruptos seguirán vivitos y tratando de robar como siempre, pero el chiste sería castigarlos y no asociarse a ellos para afanar también.
Tiene que haber una persona temerosa de la ley. Que no le dé lo mismo cumplirla que pasarla por arriba, amañando jueces y fiscales. Un tipo que sea ejemplo con sus acciones. Que deje claro, sobre todo a los pibes, que no es lo mismo ser un estudiante o trabajador mediocre, que una persona que apunte siempre a ser el mejor en su tarea.
Que cumpla con las leyes. Que no se ría de todo el mundo cuando viaja en una Ferrari a 200 km/h por la ruta 2, que no se jacte de haber terminado su carrera universitaria con un triste 4 de promedio, y que sea capaz de mostrar su título con orgullo a quien se lo pida. Una persona que llegue al gobierno sabiendo que es solo por cuatro años y que en ese tiempo va a perder más de lo que va a ganar, pero que después de los cuatro años, pasará a ser otro de la larga lista de los que dieron tiempo y esfuerzo por su país. Que esa, y solo esa, sea su recompensa. Y si lo siente así, ya no será necesario gastar un solo peso en propaganda de ningún tipo ¡Nada! Ni comprar medios de prensa, ni adueñarse de programas de futbol, ni colgar carteles, ni nada ¡Total! ¿Para qué? Si esa persona y todos los demás, sabemos que es solo un inquilino del gobierno que nos está sirviendo, y que está haciendo lo mejor posible en los cuatro años que le tocan.
Cosas simples, fáciles. Me gustaría un tipo ordenado, metódico, trabajador, con buen trato, firme en sus convicciones. Que no se crea el mejor de la historia, ni el iluminado que va a enseñarle el camino al mundo. Que solo quiera tomar las cosas buenas de los demás y mejorarlas. Que al terminar su mandato, nos deje la idea grabada a fuego de que para ganar algo hay que trabajar muy fuerte y no esperar a que el Estado nos lo regale.
Orden, esfuerzo, disciplina, estudio, trabajo.

¡Ojala!     

viernes, 26 de diciembre de 2014

Dos de Garavelli

José Garavelli fue un vecino muy conocido de San Manuel. Hijo de inmigrantes italianos, hablaba un cocoliche muy gracioso, lleno de palabras mezcladas del español y el italiano de sus padres. Trabajó mucho en la bolsa, en épocas en que la producción de granos se movía en carretas hasta el pueblo, y después se trasladaba en tren hasta el puerto de Quequén.
Garavelli, además, era pituquito y mujeriego. Una de sus hazañas más recordadas fue con la Porota, una enfermera muy vistosa de Tandil, que trabajó varios meses en la Sala de Primeros Auxilios. El tipo aseguraba que tenía un romance con la chica y que ella moría por él. Una tardecita de verano, estaba la barra de amigos tomando fresco en la vereda del club Atlético. Allí estaba Garavelli, enredado en charlas y cuentos. De pronto la vieron venir muy oronda a la Porota. Cuando pasó al lado del grupo de hombres que la descuartizaban con la mirada, Garavelli se adelantó galantemente y le dijo:
-¡Porotita! ¿Nos vemos esta noche?-
La morocha se dio vuelta y sin dudarlo le contesto:
-¡Garavelli! ¡Por que no te vas a la rep… madre que te recontrapa…!-
Todos quedaron pasmados con el maltrato de la linda, hasta que Garavelli, tipo canchero, dijo:
-¡Como disimula la chiquita! ¿Vieron?-

Ya de grande, y medio maltrecho por los trabajos brutos, Garavelli consiguió un laburito bien liviano. Todas las mañanas esperaba el colectivo en la estación de servicio, y se encargaba de llevar dos maestras que venían desde Lobería, hasta la escuelita de La Bodega. El viaje lo hacía en una jardinera, tirada por un caballito blanco muy trotador. Un día, ya casi llegando a la calle donde doblaban para recorrer los últimos mil metros hasta la escuela, Garavelli vio que en el campo de los Almaraz, el padrillo estaba en trámite de servir a una yegua. Toda la función estaba por suceder al lado del alambrado, así que el cochero se entusiasmó con el excitante espectáculo. Y tanto se entusiasmó, que en lugar de doblar donde tenía que doblar, siguió de largo. Entonces, una de las maestras le pegó el grito:
-¡Le erró Garavelli!
Y el pobre hombre, aturdido por la bestial escena de sexo, se dio vuelta y dijo:
-¡Que le va a errar señorita, si se lo mandó hasta el tronco!-

  

domingo, 14 de diciembre de 2014

Ausencia con motivos


Operando la rótula de un caballo


Con dos de los residentes


Un grupo de artistas antes de salir a escena. Puros nervios

Hace mucho tiempo que no escribo y tal vez los seguidores de este blog estén pensando que mis días han quedado en calma y ya nada digno de comentario sucede en ellos. Pero no. Al contrario. Los dos últimos meses han sido de puro vértigo. En realidad todo este año.
El trabajo profesional demanda la mayoría de las horas. Ahí andamos entre vacas, caballos, ovejas, cerdos y perros, curando, suturando heridas, operando montones de cosas y ayudándolos a reproducirse. Hemos hecho mucho con Juan, pero también nos han acompañado diez residentes. Algunos de la Facultad de La Plata, otros de la Escuela veterinaria de Nantes en Francia y dos escoceses de los que ya les conté en otras entradas.
En estas últimas semanas hice varias cosas de mi antiguo oficio de carpintero. Arreglé muebles, hice ventanas y ahora andamos junto con los chicos en la construcción de una balsa para ir a pescar a las lagunas.
También estoy en un proyecto familiar en un campito algo alejado de San Manuel pero que me ha hecho viajar bastante. Para el año próximo tal vez podamos tener las primeras vacas. Veremos si todo va bien.
Este año me tocó colaborar con la Revista Visión Rural, de INTA Balcarce, en una sección que llamamos Rincón Ganadero. Idear, escribir, corregir e ilustrar los artículos me demanda bastante tiempo.
Como de costumbre, en estos últimos meses tuvimos bastante actividad teatral. Volvimos a dar “La herencia de los Pérez”, con la novedad de que uno de los actores no pudo trabajar y entonces, además de dirigir, tuve que actuar. La semana pasada dimos “El mago y la bella” con los egresados de 5° año del colegio. Es el 14° año que hacemos estos trabajos y realmente salen obras muy divertidas. Todavía nos queda, para el viernes 19, presentar la obra “Año nuevo, vida nueva” con gente de la Escuela 27, donde también tendré que dirigir y actuar.
Lo mejor de todo fue la vida familiar, con mis siete hijos, nueve nietos, madre, hermanos y sobrinos, que hacen que se repitan las reuniones, fiestas, egresos y mil cosas más.

Por esto, y otras muchas cosas que me han tocado en estos tiempos, es que me alejé un poco de estas páginas. Lo bueno es que hay un montón de cosas nuevas para contar así que aquí estaré. Como dice el slogan de Cronica TV… ¡Firme junto al pueblo! 

martes, 28 de octubre de 2014

Un prolapso de útero




-¡Rápido doctor!- Rogó la vaquillona negra -¡No le puedo explicar lo feo que es caminar con todo el útero colgando hasta los garrones!-
-¿Pero te duele mucho Negra?- Pregunté intrigado
-¡La verdad que no! Lo único que siento es eso pesado que me golpea las patas-
-Por las dudas no te muevas mucho. La semana pasada tuve que ver una vaquita que se desesperó y terminó arrancándose el órgano a patadas-
-¿Y la pudieron salvar?-
-¡No! Se desangró muy rápido. Ahora está en el freezer de los González lista para ser consumida en un asado-
-¡Pobre!- Dijo la Negra. Y se quedó pensando. Tal vez en su destino.
Le apliqué algo de anestesia epidural, después una droga que ayuda a relajar el útero, lo reintroduje bien lavado y por fin, completé con una buena sutura vulvar y los antibióticos necesarios.
Allá se fue la buena Negra aliviada de sus padecimientos y agradecida con la atención. 

lunes, 27 de octubre de 2014

Empacho por confituras

El último domingo, a la mañana bien temprano, me llamó Marcelo para ver si podía ir hasta su casa. Tenía una oveja con problemas. Cargué los instrumentos, levanté a Lorenzo y Margarita, y salimos. Marcelo vive en una quinta en las afueras del pueblo. Tiene seis ovejas y un carnero. El asunto es que Lanita, una de las damas, justo la guacha que criaron los chicos con mamadera, estaba enferma desde el día anterior.
Empecé la revisación mientras charlábamos de varios temas. Lanita, medio embotada, ni siquiera se movía. Pronto encontré algunos signos clásicos de la sobrecarga ruminal. Distensión del órgano, diarrea maloliente y manifestaciones de cólico abdominal.
-¡Che Marcelo!- Pregunté -¿Esta oveja no habrá comido grano? ¿No habrá abierto la bolsa de soja por algún lado? Tiene todas las señales de un empacho-
-¡Entonces está clarito!- Dijo Marcelo -¿Estos animales se empachan con masas?-
-¿Cómo con masas?- Dije intrigado
-¡Sí! Lo que pasa es que el panadero Fernández siempre me trae productos que le sobran. Algunas masas están buenas y las comemos nosotros, pero otras se las doy a los chanchos. Ayer a la mañana, Lanita se metió en el galpón y me comió algunas cositas-
-¿Pero cuantas cositas se comió?-
-¡Y! ¡Mirá! Se comió cuatro docenas de facturas. La mayoría tortas negras y otras con crema pastelera. También dos tortas de 80 golpes…-
-¿Las tortas que se hacen con levadura?- Pregunté, para completar la anamnesis.
-¡Si! ¡Esas! Y también se pasó una pastafrola grande con dulce de membrillo ¿Te parece que podrá ser eso?-
-¡Yo diría que si! Le contesté demostrando mi agudeza. Le hice un buen tratamiento, y por suerte, esta mañana el tipo me llamó muy contento, para avisarme que Lanita estaba mejor.
Un caso novedoso de empacho en una oveja, por consumo de confituras variadas.