sábado, 20 de mayo de 2017

Un cuello averiado



Tener un cuello largo a veces es una desventaja. Casi todos los mamíferos, salvo los primates, lo tienen. Tal vez sea una adaptación evolutiva para tener más movilidad en la cabeza y mayores posibilidades de éxito en la lucha por la supervivencia.
Lo que pasa es que el cuello largo puede sufrir accidentes como torceduras, golpes, quiebres o dislocaciones, derivados de su misma exposición.
Así le pasó a esta pobre ternera.
Entró de lo más contenta a la manga para que le dieran la vacuna contra la Aftosa. Atrás de ella se vino una vaquillona grandota y peleadora que, por molestar nomás, le dio un fuerte empujón a nuestra amiga y la estrelló contra las tablas, con tanta mala suerte, que le dobló su largo y fino cogotito, sacándole las vértebras cervicales de lugar.
Nosotros sentimos el grito dolorido y en cuanto salieron al corral, nos encontramos a la ternera careta con el cuello irremediablemente torcido.

De esto ya pasaron más de veinte días. Ayer volvimos a ese campo y preguntamos por la averiada. Nos dijeron que anda bastante bien. Ya se acostumbró a comer haciendo algunas contorsiones, así que es muy posible que se salve ¡Cosas de la naturaleza!

viernes, 12 de mayo de 2017

De parquero a millonario

Martín Roldán trabaja de parquero en la estancia “La Morocha”, cerca de Napaleofú. Esa estancia se ha “reconvertido” en un lugar turístico. En el inmenso y lujoso caserón principal, hay habitaciones de película, donde se han alojado la mayoría de las estrellas del espectáculo nacional, y multitud de políticos y nuevos ricos.
Hay allí canchas de tenis, paddle, fútbol, polo, pato, básquet, y una enorme pileta de natación cubierta, con agua climatizada, para delicia de los nadadores. Además, tienen un coto de caza de ciervos, y gran cantidad de animales de distintas especies que pastan como al descuido cerca del casco, para recrear la vista de los huéspedes.
Entre estos animales, hay una majada de ovejas Scotish Black Face, a las que siempre se puede ver entre las sierras, pero no muy lejos del monte. Los corderos sirven para agasajo de los visitantes y para comida del personal, así que de estos animalitos, Martín eligió el más gordo para carnear, aquel caluroso día de febrero.
Prolijo como pocos para la faena, Martín cuereo con esmero y colgó al animal por los garrones, en el balancín del carneadero. Después lo abrió desde la pelvis hasta el cogote y retiró las vísceras. Tomó con cuidado la grasa mesentérica y cubrió delicadamente los cuartos con ella, y para terminar, abrió el rúmen, y vaciando su contenido, se dispuso a lavarlo en un balde dejando el fino mondongo aparte para un guiso, pero algo le llamó la atención. Entre el pasto triturado, algo brillaba. Un collar y un gran anillo con piedras transparentes, aparecieron en la bosta. Les dio una primera lavada y se los metió en el bolsillo de la bombacha, por las dudas que apareciera algún curioso.
Se fue al trote a ver al encargado y le dijo:
-¡Vea Maidana! El cordero que me dio para carnear ¿Es mío?
-¿Vos estás bien Martín? ¡Claro que es tuyo!
-¿Y todo lo que hay adentro del cordero también es mío?
-¡Si Martín! ¡Todo enterito con lo que hay adentro es tuyo!- Dijo Maidana, francamente divertido con la charla.
-¡Gracias Maidana!- Exclamó Martín y le dio un abrazo y un beso
-¡Avisá! ¡Paisano mimoso! ¿Qué es esto de andar a los besos?
-¡Mire lo que encontré!- Y sacó el collar y el anillo, mostrándoselo al encargado.
-¡Que lo parió Martín! ¡Esto lo debe haber perdido alguna ricachona quien sabe cuando, y tu cordero se lo habrá comido de curioso! ¡Vos si que tenés suerte!
Al otro día, Maidana averiguó discretamente, y supo que en la Navidad pasada, se habían hospedado un político muy famoso con su esposa. El asunto fue que al tipo, conocido por sus procederes turbios al frente de su municipio, le llegaron unos mensajes escandalosos de su amante, justo cuando se estaba bañando. La mujer los leyó y tuvo un ataque de furia. Al hombre le tiró con lo que tenía a mano, y después agarró la valija, metió todo lo que pudo adentro, incluso las joyas que él le había regalado, salió corriendo de noche por el parque, y la largó desde lo alto de la barranca que está detrás del monte, justo por donde suelen andar las ovejas.
Por su parte, Martín Roldán aprovechó un franco para irse hasta Tandil, a consultar a un joyero amigo sobre el valor de su hallazgo. Casi se desmaya cuando el buen hombre le dijo que las piedras del collar y el anillo, eran finísimos diamantes montados sobre el oro más puro, y que valdrían no menos de un millón de dólares.

Cuando se enteró, Maidana solo pudo repetir el dicho: “Algunos nacen con estrella y otros estrellados” 

martes, 18 de abril de 2017

Selección natural acelerada

Llegando al pueblo, por el acceso desde la ruta 227, hay una última curva de 90º, paralela a las vías del tren. Allí se ve una pequeña ermita con la Virgen de Fátima, Patrona del lugar, y pegado a esta, la tranquera de entrada de una modesta quinta.
El asunto es que hace unos años, se mudaron a esta quinta los Benítez, una familia muy laboriosa, que tiene algunas vacas, caballos, ovejas y una porción de gallinas de varias razas.
Como San Manuel es un pueblo con una gran actividad agrícola, permanentemente pasan por esa curva camiones cargados con distintos granos. Algunos camiones son un poco antiguos y van dejando el típico chorrito de semillas sobre el asfalto. Esto hace que desde siempre, las aves de los Benítez hayan vivido cerca de la ruta.
Al principio, era cosa cotidiana, que alguna gallina o pollo nuevo, terminara despanzurrado debajo de las ruedas de algún vehículo. Era inevitable. Pero desde hace casi un año, ya no se ven más cadáveres en la curva, a pesar de que las gallinas de Benítez siguen ahí.

Seguramente, las que fueron más hábiles para escapar de los autos, son las que lograron reproducirse y pasar ese “don” a las nuevas generaciones. Y todo esto pasó en no más de cinco años y, tal vez, ocho o diez generaciones plumíferas ¡Impresionante! 

miércoles, 12 de abril de 2017

Informes en TV


     Aquí va uno de los informes que estamos haciendo semanalmente para el programa "Entre surcos y corrales" que se emite por el canal AM sports, de lunes a viernes de 6.30 a 7.30 hs. Nosotros (me refiero a que los hacemos con mi hijo Juan) salimos los días miércoles, y vamos tocando distintos temas de la práctica profesional en bovinos. Cuando alguno quede bueno, lo pondré en este sitio por si a alguien le interesa. 

martes, 11 de abril de 2017

Un hombre solo


Me lo contó Arnoldo Fuentes cuando le pregunté por su familia, sobre todo por su hermano mellizo Hortensio, que se fue de la zona hace más de veinte años, después de separarse de su mujer en muy malos términos.
-¡No sabe que triste Jorge! Por lo que me dijeron, la cosa fue así. Arrancó con un temporal tremendo que duró casi una semana. Llovió sin parar. A veces con alguna granizada, mientras el viento volteaba los árboles, que no hacían pie en el suelo blando y barroso. Noche y día. Día y noche sin parar. Dicen que fue tremendo. Hortensio vivía solo en un ranchito asentado en barro, en la parte más alejada de la estancia Los Miraflores, en La Pampa. Casi no veía gente, porque solo se movía a caballo, y el casco de la estancia estaba a más de un día de marcha entre cañadones, lomadas y montes de piquillines, talas y arbustos espinosos. No tenía teléfono porque en esa zona no hay señal. Tampoco luz ni televisor. Solo se entretenía escuchando la radio a pilas y conversando con sus siete perros.
Una vez por semana, el encargado del campo, le llevaba las provisiones y los vicios en un jeep destartalado. Se quedaba un rato mientras tomaban mate. Se contaban algunas novedades, y ahí nomás empezaba otra semana de soledad ¡Pobre Hortensio! ¡No se cómo aguanto tantos años viviendo así!
La cuestión es que en esos días de temporal, el encargado no hizo su recorrida, esperando que el tiempo mejorara. En cuanto oreó un poco el camino, se largó para el puesto de Hortensio. No bien llegó, le llamó la atención que no saliera a recibirlo, entonces vio que parte del techo del rancho se había volado, y se preparó para alguna mala noticia.
Apenas abrió la puerta, sintió el fuerte olor a podrido. Allí estaba Hortensio, caído debajo de unas chapas, atravesado por un tirante de madera y medio comido por los peludos.
Dijo después el hombre, que se descompuso con semejante cuadro, pero no tuvo más remedio que meter a la fuerza lo que quedaba de mi hermano en una bolsa y llevarlo para la estancia. Como no pudieron encontrar a ninguno de la familia para avisarle, el patrón ordenó que lo enterraran ahí nomás, al lado del galpón. No muy hondo, por si alguna vez aparecía alguno de nosotros a reclamar el cuerpo.

¡Así terminó el Hortensio, Jorge! Una vida triste y una muerte fea. 

lunes, 10 de abril de 2017

Tiger y la hambruna

Como hace dos días que llueve sin parar, Tiger tiene permiso para estar en la churrasquera. De todas maneras no le gusta mucho el asunto porque se aburre, así que me pide que le prenda la tele y se pasa el día empapándose con las noticias.
Recién preparé el mate y me fui a verlo. Estaba lleno de preguntas.
-¿Por qué no me dijiste que Argentina estaba en llamas? ¿Y que la gente se está yendo a vivir a otros países porque acá hay una hambruna general?-
-¿Qué te pasa?- Le pregunté asombrado -¿Te sentís bien?-
-¡Sí! Por suerte me siento bien, pero tengo miedo de morirme de hambre. Recién vi a unas viejas que gritaban malas palabras. Aseguraban que el país está gobernado por gente muy mala, que ganó las elecciones por culpa del periodismo, que ya no hay trabajo para nadie, y que Argentina está peor que en el año 2000-
-¡No les des pelota Tiger! Por suerte tenemos un gobierno sensato después de tanto tiempo. No hay magos ni iluminados. Solo gente con ganas de hacer las cosas bien y acomodar tantas cosas desacomodadas-
-¿Pero entonces porqué decían tantas barbaridades?-
-¡Mirá! Vos sos un gato bastante capo. Todos tus conocidos te respetan y te tienen miedo, pero ¿Qué pasaría si un día aparece otro gato más duro y a vos te pierden el miedo y te sacan la comida?-
Tiger se quedó pensando. Lentamente. Como piensan los gatos. Por fin me dijo:
-¡Trataría de que el nuevo se fuera de cualquier manera! Le haría todas las maldades posibles con tal de obligarlo a dejar el lugar. Además, inventaría historias horribles para que los gatos comunes se le vuelvan en contra ¡Sí! ¡Eso haría!-
Mi miró fijo con sus grandes ojos amarillos, mientras las ideas se amontonaban en su cabeza felina. No le dije nada. La realidad se le apareció de pronto.
-¡Ah! ¡Ya entendí Jorge! ¡Gracias!-

Por las dudas agarré el control remoto y puse Disney Channel.

Almuerzo campero

Almorzando el último viernes. Día ventoso pero carne de primera

Casi siempre se empieza cerca de las 10 y media de la mañana. El encargado de hacerlo es el más viejo, o el que está con una tarea más liviana, o el que sea mejor asador. Allá va el cocinero por su noble arte, mientras el resto sigue trabajando fuerte con las vacas en la manga.
Primero elige con cuidado el lugar, tratando de que no sea muy lejos, ni que quede tan mal ubicado como para que la gente reciba todo el humo en la cara. El viernes, como había mucho viento, Luis prendió el fuego al reparo de un gallinero de chapas, justo al lado de la manga.
Siempre se usan parrillas muy bajitas o, si hay un poco más de tiempo, la carne se hará al asador. Si es en la parrilla, se pueden cocinar tiras de asado, algún vacío, los huevitos de los terneros recién castrados y, tal vez, algún matambre; en cambio, si el maestro usa el asador, podrá ser un costillar entero o algún cordero, lo que figure en el menú.
Esta vez nos tocaron tiras de asado.
Se condimenta solo con sal o alguna salmuera bien sabrosa, y se toma vino o jugo.
Se agrega galleta o pan ¡Y listo! Ahí está el almuerzo más campero. Carne, pan y vino. Sencillito pero buenísimo. No se si porque cuando está listo, uno lleva más de 5 o 6 horas moviéndose sin parar y tiene más hambre que lima nueva, o porque es rico nomás.
El comedor se arma cerca del fuego, y los comensales se sientan en lo que encuentren. Pueden ser las tablas de la manga, algún tronco viejo, un bidón, o un balde dado vuelta; y se come usando solo un cuchillo bien filoso, sosteniendo la carne caliente sobre un trozo de galleta.

Estos asados son un buen premio después de una mañana de trabajo fuerte.  

martes, 28 de marzo de 2017

Las sierras

     Mateando después de la recorrida

Ya les he contado muchas veces que San Manuel está metido entre las sierras del cordón de Tandilia. Uno no se cansa de recorrerlas porque cambian con las estaciones. Están llenas de animales salvajes. Hay ciervos, pumas, liebres, peludos, mulitas, zorros, vizcachas, carpinchos, hurones, comadrejas, gatos monteses y otra multitud de bichos. Además, hay una enorme cantidad de pájaros de todos los tamaños, plumajes y colores. Hasta vacas salvajes tenemos. Por lo menos en nuestra zona.
Y también hay montones de plantas. Algunas espinosas y otras desarmadas. Flores de todos colores, arbustos, árboles y arbolitos, decoran las piedras duras.

Esta bueno salir a caminarlas cuando hay un rato.   

martes, 14 de marzo de 2017

Con la santa paciencia


Llegué al campo y no había nadie. Solo la vaquillona que tenía que atender encerrada en un cargador. Me las tuve que ingeniar para inmovilizarla, porque la tipa tenía unos nervios locos y me quería agarrar a golpes contra las tablas. La até con mucho trabajo a un palo, le puse la mocheta y como seguía queriendo encarar cada vez que me acercaba, me tuve que sacar el pulover y taparle los ojos. Recién ahí pude darle la inyección endovenosa que necesitaba.

¡Más vale maña que fuerza! ¡Lástima que ahora tengo que lavar mi abrigo!

miércoles, 8 de marzo de 2017

Tiger es muy joven


Llegué a casa a mediodía muerto de hambre y bien cansado después de una mañana de trabajo fuerte en la manga. Comí apuradito, mientras veía algunas imágenes de la concentración de gente en Buenos Aires y después las noticias de los docentes en huelga.
La tarde fue casi tan dura como la mañana, así que en cuanto volví, me fui derecho a darme una ducha y preparé unos mates espumosos y reparadores.
Tiger me miraba hacer. Prendí un rato la tele para enterarme como había terminado la movida del día y me encontré con que todo el asunto había sido un gran despelote.
-¿Qué te parece Tiger? ¡Semejante cantidad de gente al pedo! ¿Quién les paga el día? ¿Qué es lo que quieren?-
Tiger, tranquilito como todo gato capón, me contestó:
-¡Será gente que se está muriendo de hambre y lucha por un poco de comida y un buen sueldo para vivir mejor! ¿O no?-
-¿Me estas cargando Tiger?-
-¡No! ¿Por qué? Yo tengo tres años y nunca vi algo así-
-¡Claro! ¡Vos decís eso porque solo tenés tres años! Yo tengo 59 y ¿Sabés que pienso? Que no hay caso. Que estamos jodidos. Estos días son muy tristes. Parece que no hubiera salida para Argentina con tanta gente enardecida como se está viendo. No entiendo si es poca memoria o boludez nomás, lo que tienen los que andan a los gritos haciendo el coro a los supuestos representantes de los trabajadores. Después de doce años de aguantar a la banda más perversa que saqueó el país y destruyó las instituciones, vemos montones de tipos diciendo que esta gente que gobierna es más de lo mismo. Que están en contra de los pobres. Que no hacen las cosas “bien”.
No soy un iluminado. Soy solo un trabajador incansable. En más de 35 años de profesión fui progresando con esfuerzo y sacrificio y, por suerte, sin precisar nunca que el Estado me regalara nada. Por eso creo que tengo autoridad para poder dar mi opinión.
Y veo que por fin llegó al gobierno gente con preparación y vocación de hacer las cosas bien por el país. Que todos los días van dando un pasito hacia adelante a pesar de todo. A pesar de los insultos, de la porción de justicia “legítima” que sigue con la injusticia, de la falta de mayoría en el Congreso, de los sindicalistas traidores que reciben lo que piden pero traban cualquier medida, de los supuestos periodistas que ahora hacen oposición queriendo ensuciar y emparejar al gobierno con los delincuentes anteriores, y a pesar también de  los simpatizantes del anterior gobierno, que siguen tan bocones como siempre y creyendo que su jefa es solo una víctima inocente-
-¡Tiger! ¿Me escuchas?-
El tipo se dio vuelta y me dijo: -La verdad es que me perdí cuando dijiste que estábamos jodidos ¡Perdón!-
-¡No hay problema! ¡Al final termino siempre en lo mismo!-

Apagué la tele y seguí tomando mate tranquilamente.     

jueves, 2 de marzo de 2017

Un caso triste

En plena cesárea

El ternerito deforme

La vaca de velorio

La enorme vaca Holando Argentino estaba llena de ilusiones con su futuro ternero. Había sido ganadora del premio “Vaca del año” en la Exposición de Córdoba, y apenas llegada al campo con su cucarda a cuestas, se la inseminó con semen de un excelente toro americano. Soñaba con tener un hijo Campeón en Palermo, y todo estaba dado para que su cría se destacara dentro de la raza.
Pero la cosa se complicó. El día del parto, Arturo Ordoñez la encontró haciendo pujos sin poder largar su cría. A la pobre se le caían las lágrimas porque sabía que cada minuto que pasaba era menos esperanza de que su bebé naciera vivo. Ordoñez es muy baqueano en esto de atender partos y en cuanto le metió la mano supo que el asunto era para cesárea. Me llamó desde el corral mismo donde la tenía encerrada y en un rato llegamos con Juan.
La vaca balaba tristemente pidiendo que nos apuráramos para cortarla. Por fin pudimos sacar el ternero. Pero eran todas malas noticias. No solo salió muerto, sino que tenía una rara malformación que lo hacía lucir como dos medio animalitos pegados entre sí. Una porción delantera relativamente normal y los cuartos traseros pequeños y deformes.
-¿Y? ¿Cómo está doctor?- Preguntó ansiosa la mamá -¿Vive?-
Lo cierto es que no tuve coraje para contarle la verdad, así que me hice el sordo y me fui para la camioneta con todos mis bártulos.
Al rato la largaron, y en cuanto se paró, se acercó a su cría muerta ¡Pobre vaca! Lo estuvo mirando un rato largo, como velándolo.


miércoles, 22 de febrero de 2017

Calores de febrero

La pobre vaca insolada fue a morir justo dentro del bebedero

Cuatro de la tarde. Calor agobiante. Casi no había viento y la siesta era bochornosa. Cuando Gutierrez llamó, supe enseguida que la cosa era grave. Me contó que al entrar al potrero de las vacas, encontró cuatro muertas  y varias mas como “borrachas”, jadeando y con la lengua afuera.

En estos días nos tocaron varios casos de golpe de calor en rodeos de cría, y pensamos este era uno mas. Corrimos hasta el campo y nos encontramos con el cuadro desolador que nos había pintado por teléfono. A las apuradas tratamos a todas las afectadas e hicimos dos necropsias como para descartar algún otro problema. El trabajo confirmó las sospechas. Se trataba de varias nuevas víctimas de los calores inclementes de febrero.

sábado, 18 de febrero de 2017

Otro bloguero en la familia

Resultó una sorpresa. Hace alrededor de un mes, mi sexto hijo, Lorenzo, de once años, me dijo que quería tener un blog.
-¿Y cual va a ser el tema?- Le pregunté.
-¡Quiero escribir sobre drones!-
-¡Mirá! ¡Si te animás metele! Pero tenés que saber que hacerlo es fácil, pero después hay que tener constancia para seguir escribiendo y mantenerlo, limpio y cuidadito-
-¡No importa! ¡Voy a probar!- Me contestó seguro.
Y se largó a escribir.

A mi me gusta como va. Si quieren pasar a ver algo sobre drones están todos invitados.

viernes, 10 de febrero de 2017

El cerebro humano

Creo que en algún momento lo he mencionado en este blog. No estoy seguro. Hay una teoría que intenta explicar el fenómeno de la inteligencia humana, tan “fuera de lugar” en la naturaleza. En esa teoría se postula que el cerebro del hombre escapó al camino natural de la evolución en cualquier especie, al establecerse la vida en sociedad. Se formó el llamado bucle retroactivo.
El humano se agrupó e interactuó cada vez más. Esto supuso nuevos desafíos para la mente, al ser estimulada por el lenguaje y la interpretación de millones de señales emitidas por otros congéneres. Esta exigencia hizo que el cerebro diera un “salto de calidad”, generando nuevas aptitudes en sus usuarios. Esto aumentó las demandas de funcionamiento, lo que a su vez provocó un nuevo salto, y así indefinidamente.
Es muy posible que esta teoría sea cierta.
Por eso genera mucha curiosidad saber qué pasará con los humanos actuales, enfrentados al desafío que supone esta hiperconectividad y sobreoferta de tecnología que no da respiro ¿Cuál será el nuevo cerebro que se está gestando? ¿Cómo serán sus portadores?
Es posible que los cambios no sean muy parejos para los 6 o 7 mil millones de personas del mundo. Seguramente las comunidades mejor nutridas y estimuladas evolucionaran primero. El problema es que el porcentaje de humanos mejor nutridos y estimulados ronda el 20% del total.
¿Habrá un grupo minoritario de individuos portando los nuevos cerebros tecnológicos y una mayoría con un cambio menos? ¿Estas diferencias no generarán más conflictos? ¿Los humanos vivirán mejor?



viernes, 3 de febrero de 2017

Norton y el tren

A mi gato nuevo le puse de nombre Norton. Se dio porque el día que lo traje, me senté a almorzar y mientras pensaba en como lo llamaría, la botella de vino que tenía frente a mi vista, me cantó clarito, desde su etiqueta, que mi amigo sería Norton.
Es muy piola. Me sigue discretamente cuando ando caminando por el pueblo. Habla poco. Lo justo. Gran cazador de lauchas y pajaritos, se mantendría solo si nadie le diera de comer. De todas maneras, todos los días a las seis de la mañana, mientras me preparo el mate, me rasca el vidrio de la puerta de la veterinaria pidiendo la comida. Es altivo y orgulloso. A los perros del barrio los provoca y cuando parece que ya lo agarran, en dos saltos se sube al fresno, y allá arriba hace como que no los ve, mientras los infelices ladran enfurecidos y se lamentan por haberlo perdido otra vez.
Ayer fuimos a la Estación del Ferrocarril. Hacía mucho calor y nos sentamos en el banco del andén a no hacer nada.
-¡Que lastima ver esto así Norton!-
-¿Así como?- Preguntó Norton, al que en su vida de dos años no le caben muchos recuerdos.
-¡Si vos supieras! Esta fue una estación muy importante. Por acá pasaban trenes de carga y de pasajeros que iban desde Buenos Aires hasta el puerto de Necochea y volvían para la Capital. Por tren viajaba casi todo. Desde animales hasta huevos de gallina, pasando por verduras, frutas, golosinas, ropa y toda clase de mercaderías. Y ni hablar de los pasajeros, que preferían viajar en un transporte rápido, cómodo, económico y con el que se cumplían rigurosamente los horarios aunque lloviera, cayera nieve, granizo o el calor castigara fuerte. Los empleados estaban orgullosos de ser ferroviarios y cuidaban a la empresa como a su casa. Un entretenimiento de la gente del pueblo era venir a la estación para ver el movimiento de carga y descarga de cada tren que pasaba. Vos vieras Norton lo bien que estaba pensado y armado todo. El sistema de señales, que funcionaba a la perfección avisando al maquinista si podía avanzar sin peligro, el telégrafo que comunicaba todo el sistema en clave morse, cosa verdaderamente impresionante de ver. A mi me tocó trabajar en una veterinaria cuyo empleado había sido Jefe de Estación. El pobre Laureano se esforzaba tratando de hacerme entender el sonido en clave, golpeando con el culito de un lápiz sobre el mostrador, con una velocidad increíble. Además, todas las construcciones eran sólidas, pesadas y durables-
Me quedé callado. Norton también. Mirábamos la playa de maniobras abandonada y los cuatro vagones olvidados y oxidados, cerca del cargador de hacienda ¡Una lástima lo que ha pasado con el ferrocarril! ¡Ojalá se pudiera hacer algo para volver a ponerlo a rodar!
-¡Así es la vida Norton!- Dije y me di vuelta para mirarlo. Pero Norton estaba allá lejos en la punta del andén, avanzando agazapado para dar un golpe sobre un grupito de murciélagos que colgaban de una viga del alero. Al rato volvíó contento, con un vampiro entre los dientes.

  

lunes, 9 de enero de 2017

El gaucho y el torero

-¡No! ¡Cuando se me mete algo en la cabeza no hay quien me lo saque!- Dijo Ramón Almaraz.
Estábamos esperando que se hiciera la paletita de cordero en la cocina a leña. Afuera el viento y la lluvia castigaban fuerte. El temporal nos sorprendió en la mitad del trabajo y Ramón nos invitó a pasar a su casa. Como los cinco kilómetros, desde la tranquera de “La María Elvira” hasta la ruta, están bien entoscados, decidí quedarme. Alrededor de la mesa nos acomodamos con los chicos que había llevado para ayudarme, mientras Ramón se desempeñaba con el asado y con los cuentos.
-¡Cada vez que entraba en la casa del patrón me le quedaba mirando al cuadro que tiene atrás del escritorio! ¡No sé porqué siempre me llamó la atención!- Siguió contando Ramón.
-Es una pintura de un torero. Por lo que se ve es un chico joven. Yo le calculo unos veinte años. Flaco como una ganzúa. Que le cuento doctor que el pibe está firme adelante de un toro negro, bestial de grande. Para mí que pesará como 900 kilos, y con unas aspas así de largas- Agregó. Haciendo una seña con las manos abiertas y marcando más de un metro de separación.
-El chico este tiene una ropa un poco rara. Toda de colores y muy apretada. Yo pienso que no ha de ser muy de a caballo, porque si no, no se puede vestir así. Pero se ve que es cojonudo porque está parado quietito mirando al animal a los ojos. Como chumbándolo. El bárbaro ha puesto las manos atrás y le muestra el pecho a semejante toro. Tiene escondidas una capa y una espada en su espalda. Y atrás de él, se ve que el estadio ese donde hacen estas cosas, está lleno de gente ¡Capaz que será un festival o yo que sé!-
-¡Qué bueno Ramón! ¡A mí me gustan las corridas! ¡Que gente corajuda que son esos tipos!- Le dije, mientras Lorenzo y Fermín seguían el cuento con los ojos grandes.
-¡Qué le parece doctor! La cuestión es que me pasé años mirando ese cuadro cada vez que entraba en el escritorio, hasta que un día que el patrón viajó a Buenos Aires, le pedí permiso a la Palmira, la señora que le limpia la casa, para entrar yo solito. Me senté en una silla bien enfrente de la pintura, y me puse a verla muy fijo, hasta que por fin… ¡Me pude meter adentro!-
-¡Capaz!- Exclamé asombrado, mientras los chicos se miraban en silencio.
-¡Más vale! ¡Y Dios y el gauchito Gil me iluminaron! Porque no hago más que entrar en el cuadro, y el toro se le viene al humo al muchacho. En cuanto agachó la cabeza, me di cuenta que lo iba a ensartar con el aspa, así que de un salto le di un empujón y el animal pasó entre nosotros como un colectivo lleno. Ahí nomás se dio vuelta y se me vino a mí, pero yo, paisano humilde como soy, le saqué la espada al chico, le metí un tremendo planazo en el medio de la cabeza y lo desmayé. Hay que ver como gritaba la gente. Estaban enloquecidos, pero la verdad es que no estoy acostumbrado a esas cosas, así que me retiré enseguida y lo dejé al torero con su público-
Ramón abrió la puerta de fierro del horno, con un trapo sacó la asadera con el cordero bien dorado y crujiente y lo puso en el medio de la mesa.
-¡Metanlé nomás!- Nos animó -Yo mientras voy a meter los perros al galpón-
En cuanto quedamos solos. Lorenzo me preguntó: -¿Será verdad lo del toro?-
-¡Que se yo!- Le dije -¡Hay cosas misteriosas!-  

   

viernes, 6 de enero de 2017

Cosas de enero

Herida "agusanada"

Para el veterinario de grandes animales, enero es un mes distinto. Son pocos los trabajos programados y muchas las urgencias. Se atienden bestias con heridas de todo tipo, generalmente agusanadas; algunos partos distócicos, que por los grandes calores suelen terminar en cesáreas, ya que los fetos muertos se ponen enfisematosos o “hinchados”; hay mortandades por golpe de calor, cuando a alguien se le ocurre trabajar todo el día en la manga y suele haber problemas por la falta de agua al romperse algún molino, que terminan también con muchos animales con las patas para arriba.
En enero hace mucho calor. En el hemisferio sur es verano y no es raro que, cerca de mediodía, el termómetro roce los 40ºC. Por eso salimos al campo bien temprano, a eso de las 6 de la mañana, tratando de estar de vuelta antes de las 10, cuando el sol empieza a golpear fuerte.
Es la época de las carreras pedestres de aventura. Se hacen en los médanos y playa de cualquier ciudad costera, o en caminos de sierra. Son muy buenos desafíos. Como me dijo un amigo, cuando estábamos a punto de largar una corrida de 10 km, en estas cosas “terminar es ganar”. Así me lo tomo.
En los arroyos salen muchos dientudos cuando el sol está todavía alto, y lindos bagres a la tarde-noche. Sobre todo en los días tormentosos.
Los chicos están de vacaciones y disfrutan la libertad del pueblo. Pedalean por todos los rincones y juegan a la “paleta callejera”.
La piletita de lona esta buena para refrescarse, pero el agua se ensucia muy rápido; además, la armamos muy cerca del árbol grande donde está la casita, y con los vientos de la época, también se llena de hojas.
En nuestro país estamos con zonas de sequía e incendios, y otras de inundaciones. Todo al mismo tiempo. A nosotros nos tocó la sequía. Malo para el campo pero bueno para mí, ya que me libra de cortar el pasto del jardín tan seguido.
Las calles de la zona tienen colchones de tierra de más de 30 cm de espesor y pozos tremebundos. Ni les cuento lo que es un viaje al campo cuando uno queda detrás de la nube de tierra que levanta un camión cargado.
Otra vez se nos vino la plaga del bicho moro. Aterriza en las huertas en enormes bandadas y en una noche puede terminar con una plantación de morrones o de lechuga.

¡Cosas de enero!

viernes, 23 de diciembre de 2016

Temas que calientan

Carreras de galgos.
Estoy convencido de que no hay cosa mala en ellas. Conozco cantidad de criadores de galgos. Ellos prefieren gastar hasta el último peso en su perro, antes que en sí mismos. Cuidan y atienden sus animales con esmero y pasión. Que los hagan correr es buenísimo. Verdaderamente es un tremendo caso de desinformación todo este asunto. Aparece en televisión o radio una persona sensible, declarando que ha visto como se abandonan en las rutas los galgos que ya no corren, o muestran imágenes de perros enfermos, viejos o lastimados, y las almas puras lógicamente se conmueven. Pero sin conocer la cuestión. Obviamente hay tipos inescrupulosos entre los criadores de galgos, así como los hay entre los curas, los militares, los militantes políticos, los profesores universitarios o los dedicados a cualquier otra actividad. Esto no significa que haya que clausurar las iglesias, cerrar los cuarteles, suprimir la actividad política o combatir las universidades. Solo habrá que separar la paja del trigo.

Opiniones políticas

            Los que siguen estas páginas conocen lo que pienso, con respecto a lo que ha pasado en el país en los últimos años. Habrán leído también, que el cambio de autoridades me dio una tremenda alegría. Después de un año, estoy más que conforme con lo que se ha hecho. Se ven los enormes esfuerzos realizados, por gente capacitada y honesta, en ir poniendo las cosas en su lugar después de tantos desbarajustes. Pero no es el caso volver sobre este tema. Ahora solo quiero referirme a los que se fueron y a sus seguidores. La patética gambeta de la ex presidente, a la ceremonia del cambio de autoridades, pareció ser el espejo en el cual se reflejaron sus simpatizantes desde entonces. Pasaron un año insultando, falseando datos como siempre, victimizándose, amenazando, deseando fracasos, y haciendo todo lo posible para joder y molestar. Sé que no son la mayoría, pero como calienta que digan y hagan tantas macanas. Que bueno sería que se quedaran quietitos hasta el 2019, dejando hacer a los que saben. Ni siquiera se precisa que colaboren, ya que nunca mejor aplicado el dicho campero: “Si no estorba, hace de cuenta que ayuda”    

viernes, 9 de diciembre de 2016

La cirugía estética de Pancho

Este es el toro. Ya sedado, higienizado y listo para operar 

 Aquí estamos disecando el quiste

Esta era la masa carnosa que había que retirar. 

Y por fin lo vemos a Panchito listo para volver a retozar entre sus vacas.

Pancho es un toro Angus negro imponente. Pesa unos 1000 kg y se pasea muy orondo por el rodeo desde hace tres años. Amo y señor de un buen lote de vacas. Pero a pesar de ser tan impresionante, desde hace dos temporadas, Paco, otro toro negro, vive molestándolo. Se pelean continuamente, en interminables topadas y cabezazos. Tantas veces se golpearon, que a Pancho le creció un tremendo quiste sobre el hueso frontal, al que decidimos quitar en una bonita operación estética.
Una vez que Pancho estuvo agarrado en el cepo y sedado, comencé las maniobras de extracción, mientras el tipo me hablaba bajito para que nadie nos escuchara:
-¡Diga dotor! ¿Está seguro de lo que va a hacer? Mire que yo con eso puedo vivir tranquilamente-
-¡Ah bueno! ¡Parece que al señor le ha dado miedo la operación!- Dije mientras terminaba de anestesiar la zona.
-¡No! ¡Miedo no! ¡Es solo impresión! ¡Pero le tengo fe! ¡Además! No veo la hora de que me saque esa caperuza de la cabeza. Cada topetazo que nos damos con ese podrido de Paco, me hace ver las estrellas-
-¡Bueno Pancho! Vos cerrá los ojos y quédate tranquilo, que en un ratito vas a estar listo-

Y así fue nomás. En menos de media hora ya había sacado aquella masa, que pesó casi un kilo, y terminaba de suturar prolijamente la herida. Al mes siguiente fui al campo para ver como andaba y el gran animal me saludó alegremente meneando la cola y revoleando las orejas. Ya casi no quedaban rastros de la sutura. Contento con el resultado, le tomé dos o tres vasos de cerveza helada al propietario, para festejar el éxito de la operación.  

sábado, 26 de noviembre de 2016

Otra tanda de aprendices


Se va otra tanda de residentes, conocidos en el pueblo como “aprendices”. Como tantas veces, Erik y Ariel se metieron en la vida del lugar, se hicieron conocidos de mucha gente y hasta se dio el caso de que Ariel interviniera en el estreno de la última obra de teatro, haciendo un papel corto pero bien logrado.
Estos últimos vinieron como parte de las residencias de pregrado de su Facultad de La Plata. Ayer llené las planillas que deben entregar, junto con la calificación, y hay un ítem donde preguntan cómo evalúo sus conocimientos teóricos, y volví a explicarles a los docentes platenses, que mi función como tutor no es evaluarlos. De eso se habrán encargado los profesores que tuvieron en cada materia cursada. Creo que mi función como tutor es darles. Darles todo lo que pueda. Mostrarles nuestra realidad de trabajo, hacerlos participar en nuestras tareas, que vean una forma de comportarse y relacionarse con la gente, y trasmitirles, si se puede, algún modesto conocimiento o práctica fruto de la experiencia.
Muchas veces me han preguntado que se gana con esto de ser tutor, ya que no es una actividad rentada, y yo digo que lo mejor que se puede obtener son afectos. Ver que los que pasan por San Manuel, se llevan alguna cosita o algún detalle que les servirán en su vida profesional. Recibir cada tanto alguna llamada de un ex aprendiz, haciendo una consulta por un caso y, por fin, sentir que lo que se dio generosamente, vuelve en buenos recuerdos.
Y ya quedó el sucucho desocupado para recibir nuevos aprendices llenos de ganas de trotar por el campo entre las vacas. Ahora estamos en contacto con una estudiante de Francia. Veremos que sale.