miércoles, 14 de septiembre de 2011

Historia de amor

Está excedida la Beatriz. Yo calculo, acostumbrado a sopesar los novillos con la vista, que debe pasar los 100 kilos.
Es que Beatriz Almirón es aficionada por demás a los dulces y a las tortas fritas, así que todas las tardes amasa los manjares, se prende a las confituras, y se baja casi un litro de leche para acompañar.
Eso sí, además de rellenita es servicial, alegre y bailarina incansable. Hasta no hace mucho, en cada baile en el Club estaba ella. Pero se ve que el machaje no se le animaba, porque la pobre se pasaba la noche charlando con alguna amiga vinagreta, o con la tía vieja a la que ya no le dan las piernas ni para caminar.
Pero como siempre hay un roto para un descosido, la suerte de la gauchita cambió hace casi un año.
Ese día cayó al baile el flaco Legarreta. Consumido como un cigarro y más delgado que un alambre, pero con ganas de tener novia. Pidió un Gancia en la cantina y empezó a carpetear el ambiente hasta que la vio. Ella estaba con un vestido rojo bien escotado ¡Como para no verla! Además se había hecho un rodete tratando de que los pelos no empañaran la inmensidad de sus pechos. Dicen que el flaco apuró el Gancia, dijo no se sabe que boludez y arrancó derechito para la mesa de la Beatriz.
Ella lo vio venir decidido y supo que sería el hombre de su vida. En el primer abrazo en la pista, el flaco se perdió en aquel cuerpo fabuloso y nunca más se encontró solo.
Hoy el flaco y la Beatriz están esperando un bebé. Y se los ve felices, aunque el embarazo le debe haber agregado otros 30 kilos a la novia.

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