jueves, 26 de mayo de 2011

¡Fotos nó!

-¡Nó! ¡No me saques mas fotos dotor!- Me dijo Manucho, el gato viejo que operé hace algunos meses.

-¡Dale! Es para ponerte en el blog y que te vea mucha gente. Tu caso es lindo-

-¡Mi caso será muy lindo pero yo quedé todo deshecho! Aunque reconozco que después de la operación engordé bastante-

-¡Seguro Manucho! ¡Estás mucho mejor! Desde que te corté las orejas y te saqué el ojo derecho para terminar con tus áreas cancerosas estás bárbaro-

-¿Te parece?- Preguntó desconfiado -¿Y entonces porqué las amigas de mi dueña se ríen cuando me ven?-

-¡De puro contentas al encontrarte tan recuperado!-

-¡Mirá vos! Me subiste la autoestima ¡Gracias por todo!-



miércoles, 25 de mayo de 2011

Demasiado para ser cierto

Hace varios años participé en dos ediciones del premio Rolex a la iniciativa con trabajos bien originales. En la primera no tuve suerte, pero en la segunda, donde intervinieron casi 10000 creadores de todo el mundo, nuestro ensayo de un nuevo tipo de dentaduras postizas para bovinos, fue seleccionado para presentar en un libro junto a otros 200 temas.
Cuando me enteré del premio me llené de alegría, pero lo grande fue cuando casi dos meses después, recibí un llamado telefónico de la secretaria de unos de los capitostes de la organización Techint. Según me dijo, la empresa había recibido el famoso libro y el Ingeniero B. necesitaba verme. Me citaron en sus oficinas en el piso veintipico de una lujosa torre en Puerto Madero.
En aquellos primeros años de profesión, me movía en un viejo Citroen 3CV modelo 74, y en él viajé hasta Buenos Aires para la entrevista. Al llegar lo estacioné al pie del edificio, entre montones de lujosos vehículos a los que mi potro enfrentó con valentía. Subí en un enorme ascensor, serenito como una malva, y después de saludar a la recepcionista, me hicieron entrar en una oficina más grande que mi casa, con enormes ventanales por los que se veía el río. Allí me encontré por fin con el Ingeniero en cuestión.
Me atendió muy amablemente. Me convidó un café mientras que me explicaba que les había interesado mucho mi trabajo y ahí nomás me propuso empezar a hacer algo con ellos, poniendo mis dentaduras a 2000 vacas, en un campo que la empresa tenía en la Provincia de Corrientes. Casi me descompongo con la cifra, pero con mi mejor cara de poker, arregle las condiciones del trabajo. Quedamos en que viajaríamos hasta Corrientes en un avión de Techint y allí me alojarían en la Estancia el tiempo que hiciera falta.
Cuando por fin salí en el viaje de vuelta, el corazón se me saltaba del pecho de tanta emoción, y no veía la hora de llegar para contarles a todos del extraordinario suceso, ya que en esos años aún no existían los teléfonos celulares.
Comenzó entonces la espera angustiosa de la confirmación del asunto, tal como habíamos acordado. Paso una semana. Y otra. Y por fin a los 20 días me vuelve a llamar la misma secretaria. Yo casi no podía hablar de los nervios, pero la bandida, yo creo que riéndose sin demostrarlo, me explicó que el Ingeniero B. me informaba que la empresa había cambiado de planes y pensaban vender todas las vacas viejas en lugar de probar con mis prótesis. Por supuesto me agradecían por todo y seguramente me tendrían en cuenta en el futuro.
Nunca más me llamaron. Ellos se lo perdieron.

lunes, 23 de mayo de 2011

Identificación bovina




Hace algunos años que estamos lidiando con un sistema de identificación de nuestros bovinos francamente malo.
Desconozco las causas últimas, aunque las sospecho, por las que se adoptó esto de las caravanas para todo el rodeo nacional.
Basta con ver quienes ganaron. Y mucho.
El resto de los involucrados en la cadena ganadera, tenemos que hacer montones de tareas adicionales sin que sirva para nada. La gente de Senasa, que ya no puede materialmente procesar la enorme cantidad de datos que llenan su sistema informático, a pesar de que solo se ha caravaneado entre un 20 y un 30 % del rodeo nacional; los productores y veterinarios complicados con caravanas de todo tipo, haciéndose astillas para emprolijar registros donde siempre hay problemas con animales muertos, vendidos, ingresados, o que perdieron su número de identificación; y transportistas y frigoríficos, que deben abrochar la tarea, haciendo coincidir los números con los animales respectivos.
Y al ser un sistema tan complejo hace agua por todos lados. Son enormes las trampas y burlas a la reglamentación que vemos diariamente. Es inevitable que así suceda.
¿Y todo para qué? Dicen que “los mercados” compradores de nuestras carnes demandan la trazabilidad. Que en el hipotético caso de la aparición de alguna enfermedad, será posible rastrear el origen del animal en cuestión. Y además, que los exigentes consumidores europeos aspiran a comprar un corte de carne en el supermercado y, solo con un código de barras adherido al envase, poder ver hasta las fotos del establecimiento donde el novillo pasó sus años mozos.
Todo verso para la tribuna.
Argentina tuvo hasta hace un tiempo el mejor sistema de identificación. Simple, económico, fácil de controlar y rastreable. La marca a fuego.
Solo hace falta recrearlo y poner énfasis en él. No me voy a extender en esto porque son innumerables las ventajas que representaría poner a la marcación como eje de la identificación. Actualmente, la marca convive con las caravanas.
Y por si esto fuera poco, los genios que deciden en estas cuestiones están analizando la posibilidad de cambiar hacia la identificación electrónica. Alguien los convenció (¿Quién?) de que es la gran solución. Que poner un chip a cada bovino y vender miles de lectores y computadoras para tal fin es algo práctico y sencillo.
¡Que lo parió! Dijo Mendieta

Ps.: Para los extranjeros que lean esta nota, aclaro que Mendieta es un perro reflexivo, creado por Fontanarrosa para su historieta: Inodoro Pereyra “el renegau”, que solía lanzar esa expresión cuando ya no encontraba que decir.


sábado, 21 de mayo de 2011

Me gané un potro

Para enlazar de a pie me defiendo pero la verdad es que nunca aprendí a volcar bien el lazo para pialar como se debe.
Igual cada tanto robo algo y algún animal se cae.
Ese día teníamos que capar seis potros en una estancia donde trabajan varios correntinos. Toda gente de lazo, así que ahí los animales se voltean pialando. Es lindo ver la habilidad de los que saben.
Yo armé mi cuerda y me metí en el enorme corral redondo.
Gritó el encargado: -¡Este tiro es pa´l dotor! ¡Y si lo voltea se queda con el potro!-
Uno dio vuelta los animales, y los demás se quedaron mirando mientras yo revoleaba de zurda…¡Porque soy zurdo nomás!
Me gustó un lindo potro alazán. En cuanto se cortó un poquito, le tiré con todo el rollo y por esas casualidades, le metí la armada hasta el pecho. El animal dio algunos saltos y en cuanto vi que la soga bajaba hasta las manos, me tiré al suelo y me afirmé. El tirón fue grande, pero el animal dio una bonita vuelta en el aire y cayo de costillas tirándose un pedo ruidoso. Uno corrió a apretarlo mientras se escuchaban gritos y sapucays.
¡Que alegrón!
Por las dudas guarde el lazo y después me dedique solo a las castraciones.
¡Eso sí! El potro que me gané nunca me lo dieron, pero me alcanza con tener un cuento más para estas páginas.

viernes, 20 de mayo de 2011

Un caso raro

Hace un tiempo tuve un caso raro.
Una señora de Tandil me llamó porque había consultado algunos colegas, pero su perra lazarillo no mejoraba.
Aurora es ciega y su perra es ayuda y parte de su vida. Nos citamos para un jueves y allá fui con mis “útiles” a revisar el animal enfermo.
Me abrió la puerta y en cuanto me presenté me dio un abrazo cariñoso. Es sabido que los no-videntes desarrollan el tacto, así que me quedé quietito mientras me reconocía.
Después trabajé afanoso con su perra, mientras charlábamos de mil cosas. Yo le iba contando lo que hacía en la pequeña operación que tuve que efectuar.
Cuando terminé me convidó un café, y por fin llegó la hora de irme, así que Aurora me acompaño hasta la puerta. En el camino me tocaba la espalda y los hombros, como curioseando, hasta que por fin me dijo:
-¡Que brazos fuertes! ¿Será por el trabajo en el campo?-
-¡Puede ser!- Le dije algo incómodo con la situación.
Cuando llegamos a la calle no aguantó más y se largó:
-¿Te puedo tocar las piernas?-
Yo miré para todos lados. Era plena tarde y un sol enorme llenaba la calle de luz. Me imaginé las vecinas chusmas espiando por la ventana, pero no me quedó más remedio que presentarle un muslo:
-¡Metéle nomás!-
Y allá se extendió con dedos hábiles en la inspección, mientras ponderaba la fortaleza de mis patas entrenadas. La cosa seguía, así que la corté diciendo:
-¡Aflojale Aurora que estamos en la calle!-
-¡Tenés razón!- Me dijo
Y nos despedimos. Un caso raro.

jueves, 19 de mayo de 2011

La tiznada

Tengo una pava tiznada. Me acompaña hace tiempo. Es una pava chiquita de chapón medio ordinario, que se fue poniendo negra en cientos de fueguitos al costado del camino. Conoce lugares lejanos. Algún bosque, mucha tierra, campos de la zona, las montañas y las sierras. La entibiaron quemazones de cardos secos, ramitas de algún árbol bondadoso, yuyos y hojas crepitantes, o piñas y bosta seca.
Capaz que es por eso, o porque la quiero nomás, que los mates que me ceba tienen ese gusto tan distinto. Me miró ordenar el fuego en días tristes, o en otros de mucho sol.
Esa es mi pava tiznada.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Con todos los sentidos

Un buen clínico debe valerse de todos sus sentidos para tratar de llegar a un diagnóstico. Palpará zonas doloridas o crepitación de huesos fracturados, escuchará con atención los rítmicos sonidos del corazón, los barullos intestinales o los soplidos pulmonares, mirará en detalle cuantas cosas aparentes presente el animal enfermo, y olerá con cuidado todo lo que pueda.

Dicen que las vacas con Cetosis tienen aliento que huele a "almendras amargas". La de la foto anterior tenía Cetosis, y su aliento presentaba un tufo especial, aunque no sé si será como el de las almendras amargas porque no lo conozco.

lunes, 16 de mayo de 2011

Durmiendo al sereno

El otro día conversaba con un amigo y le contaba que nunca dormí en una carpa. Le pareció raro, pero es la verdad. Anduve en casillas rurales cuando trabajé de tractorista, y cuando estuve viajando a caballo, dormía al sereno.
Tendía el recado a un costado del camino entre algunas pajas que me hicieran reparo y me acostaba de lo más contento, bien abrigado con bastante ropa aunque fuera verano, y me tapaba con un poncho encerado que me protegía del rocío de la noche.
Es una gran cosa dormirse espiando las estrellas por el bordecito del poncho que nos tapa hasta la nariz.
-¿Y los días de lluvia?- Preguntó mi amigo
-¡Y ahí pedía permiso en algún campo para dormir en el galpón! ¡La verdad es que nunca me dejaron a pie! Siempre conseguí algún gaucho que me salvara del chaparrón-
-¡Qué bueno!-
-¡Y sí!

sábado, 14 de mayo de 2011

Otra receta

Siempre llaman la atención las personas de larga vida, pero últimamente las vemos también en la televisión. Las notas buscan que el candidato tire alguna receta para semejante logro de llegar a los 100 años. Pero no hay caso. Algunos dicen que lo mejor es tomar bastante vino, otros recomiendan dormir al sereno, otros aseguran que han vivido mucho por haber tenido muchas parejas y así se suman las historias.
Pero hace pocos días, un paisano amigo me contó una nueva.
El tuvo un tío-abuelo que vivió hasta los 102 años alimentándose todos los días de su adultez con...¡Quijada de vaca!
A mediodía la hacía sancochada o hervida, y a la noche al horno.
-¿Y no comía nada mas?- Le pregunté
-¡Sí! ¡Como nó!- Me dijo el hombre -¡Cada tanto le agregaba algunas papas!-
Y ahí queda el dato para que los científicos hagan un buen estudio para buscar la relación entre la quijada de vaca y la longevidad.

lunes, 2 de mayo de 2011

¡Lo lindo fue agarrarla!

Era una vaquillona Angus colorado como de 500 kg que no podía parir, y fuimos el último miércoles con Juan para hacer el parto, que al final fue cesárea.
La habían encerrado sola en un callejón de unos 100 metros de largo por 30 de ancho y la tipa estaba hecha una fiera, entre los dolores del parto y el verse sin sus compañeras.
La llevamos a un rincón y nos preparamos para enlazarla. Yo de zurda y Juan de derecha.
De golpe el animal se dio vuelta, miró a lo lejos y se largó a la carrera entre nosotros. Y allá fueron las dos cuerdas que la tomaron limpita del cogote, pero era tal el envión de la parturienta, que por más que nos largamos al suelo para pararla, nos arrastró un montón de metros saltando y balando furiosa.
Cuando por fin nos miró tratando de encararnos, ya Juan había saltado el alambrado y la tenía atada a un poste.
Después hubo que voltearla, manear y operar, pero fue cosa de rutina ¡Lo lindo fue la agarrada!