jueves, 28 de abril de 2011

¡Y le puso un plazo a Dios!

Hace unos años tuve la Culebrilla.
Una mañana me levanté medio mareado. Lloviznaba y me fui a hacer una necropsia en una estancia al lado de La Palma. En eso estaba cuando se me dio vuelta el mundo, y casi caigo de cabeza adentro del gran animal despanzurrado.
A los dos días, un médico de Tandil me confirmó que se trataba del bravo virus Herpes, que produce esta enfermedad.
Y bravo fue también el sapo que me pasó mi hija Juliana por las lesiones que me rodeaban el cuerpo, porque en cuestión de horas pasé de estar muy embromado a trabajar en el campo como si nada. Me curó de la mañana para la tarde.
En los cuatro o cinco días de enfermedad me habían quedado algunas cosas pendientes, así que apenas estuve bien, me fui a atender un ternero de un hombre grandote y forzudo, que en ese tiempo se había puesto medio místico, invocando al Altísimo a cada rato.
Llegué al campito, y antes de saludarme, creyendo que yo todavía estaba enfermo, me apoyo una manota en el pecho y otra en la espalda. Yo me quedé quietito y el tipo empezó a charlar con el mas allá, tratando de eliminarme los males.
En un momento, mirando al cielo dijo:
-¡Y te pido Señor que este hombre esté curado para mañana a las siete!-
Yo me di vuelta creyendo que era un chiste. Pero él, muy serio y como si nada, agregó:
-¡Y que lo cuides y lo protejas! ¡Decí Amén!-
-¡Amén!- Contesté obediente
-¡Listo!- Dijo contento –Para mañana no tenés nada-
A los pocos días me llamó para ver como andaba, y le confirmé que a las siete de la mañana, como él lo había dicho, ya me había curado
¡Como para no desilusionarlo! ¿Vió?

sábado, 23 de abril de 2011

Terribles gases

Los pedos perrunos son terribles. Es un olor penetrante, picante, pesado, envolvente y asqueroso.
Tengo unos vecinos que se han emparejado de grandes, y cuando la gente se encuentra ya mayor, carga a cuestas con cosas de su pasado. Y una de las cosas del pasado de Matilde es Catita, una perrita lanuda, marrón y obesa, que siempre anda metida entre las alpargatas de su dueña y duerme invariablemente al costado de la cama grande.
Catita debe tener algún disturbio digestivo porque sus pedos diurnos son gloriosos y los nocturnos ni que hablar. Yo la atiendo desde que llegaron a San Manuel y por eso Matilde, mujer fuerte y chistosa, me llegó a contar que Catita puede llegar a ser la causa de la separación.
Rubén ya no aguanta sus olores y la amenazó diciendo que, o la hacen dormir afuera, o ella y su perra “jedionda” hacen las valijas y se van.
Ella se ríe. Se ve que no le tiene mucho miedo.

martes, 19 de abril de 2011

Lindo regalo

Siempre un regalo es algo gratificante y más cuando es inesperado.
La mayoría de mis clientes y conocidos saben que prefiero trabajar con la hacienda en los corrales, usando un palo o bastón para apartar o arrear. Lo aprendí casi al llegar a San Manuel, hace montones de años, viendo a un antiguo vecino utilizar sus varas de eucaliptus para la tarea.
Por eso me gustó tanto el regalo de un correntino encargado de un campo cercano, que al llegar para hacer el tacto de su vacas, me dijo con su tono cansón y arrastrando las palabras:
-¡Hola doctor! ¡Aquí le esperaba con un regalo para usté!-
-¡Capaz!- Le contesté sin imaginarme lo que venía.
-¡Aquí le preparé esto para que pueda trabajar tranquilo!-
Y me tendió su regalo. Un palo. Que según él, es de “toronjo”, una planta con una madera especial para esto.
¡Y es bueno nomás! Hace tiempo que lo estoy usando y anda de lo mejor.

viernes, 15 de abril de 2011

Un caso bonito

Ayer me tocó atender un ternero de alrededor de 10 meses, que había ingresado al corral de engorde unos días atras. Tenía signos encefalíticos que se presentaron en forma brusca, con caída y espasmos musculares, que pasaban en unos 4-5 minutos. Luego el animal se paraba con dificultad y despues de caminar unos metros volvía al episodio anterior.

Son muchas las causas de encefalítis en bovinos así que tomé algunas muestras para analizar en el laboratorio.

A la noche me pongo a trabajar en eso y me encuentro estos hermosos coccidios en la materia fecal, lo que dió certeza al diagnóstico de coccidiosis nerviosa, una presentación no muy frecuente de la enfermedad, pero con pronóstico grave.

Y cuando pasan esta cosas, en que uno cierra el círculo de un trabajo, se disfruta una grata sensación.

Aunque seguramente el animal no compartirá mi alegría.

jueves, 14 de abril de 2011

El potro tuerto

Los animales tuertos son un peligro para los que andamos entre ellos. Como tienen un lado ciego, si no nos corremos cuando pasan cerca, seguro que nos atropellan.
Eulogio Martinez era un viejito, ya finado, que se dedicaba a la compra-venta de caballos. Ese día fue a revisar cuatro potros a un campo cerca de Licenciado Matienzo. Como de costumbre, charló un buen rato con el encargado antes de meterse en el corral redondo de palos, con la infaltable libretita en la mano. Los potros, criados en la sierra, eran muy ariscos y lo recibieron a los bufidos.
Eulogio los revolvió un poco, miró bien cada detalle, pelajes, manos y patas, alzadas, cuartos y mil cositas más que su ojo entrenado era capaz de ver. Cuando terminó se largó al tranco cruzando el corral, con tanta mala suerte, que no se dio cuenta que habían quedado tres de los animales frente a él y el cuarto, tuerto por completo, asustado al verse solo, se le vino de atrás a la carrera y le pegó tremendo pechazo en la espalda.
El viejo salió despedido hacia adelante y rodó hasta el borde del corral. Y ahí quedó. Completamente descalabrado y dolorido. Pero, cosa de mandinga, no tenía ni un hueso roto, y a los pocos días, ya había vuelto a las andanzas por los campos de la zona.

miércoles, 13 de abril de 2011

Un alegrón

Así se ven los corrales llenos de vacas antes de empezar un tacto.
Esto para el veterinario es tan lindo como una enorme fuente de dulces lo es para el goloso.

martes, 12 de abril de 2011

Simple y económico

Juan Iturbe es croto por decisión propia. Dejó sus cosas hace muchos años y vive caminando entre las sierras y las vías del tren, aprovechando lo que le da la naturaleza. Anda sucio, con una enorme barba, en patas, y vestido todo el año con un antiguo saco marrón.

A veces me lo encuentro en alguna tranquera y charlamos un rato. Es muy divertido. La semana pasada lo vi muy ocupado en algo entre unos pajonales y me bajé a curiosear. Lo saludé pero no me contestó.

Había metido un alambre de púas retorcido en una cueva y lo hacía girar despacito. Al rato se ve que algo pasó, porque el alambre ya no dio más vueltas y entonces empezó a tirar hacia afuera con suavidad. De la cueva salía un chillido agudo hasta que por fin apareció un zorro grandote con los pelos del lomo enredados en la punta del artefacto. Cuando se vio afuera, el animal se enfureció y se abalanzó sobre Juan tirando mordiscones, pero mi amigo, muy canchero, le pegó un palo en la cabeza que lo desmayó y enseguida lo degolló.

Y mientras lo cuereaba, nos pusimos a charlar. Prendió el fuego, ensartó el cuerpo gordo del zorro en una rama verde, y se puso a asarlo tranquilamente. Me invitó a probarlo pero le agradecí con cortesía y seguí mi camino para San Manuel.

lunes, 11 de abril de 2011

Antes y después


Como en las propagandas de unguentos y lociones para hacer crecer el pelo, donde muestran el antes y el despues de un calvo, acá vemos un ternero Angus con una hernia escrotal enorme previo a la operación, y como quedó una vez terminada... ¡Barbaro!

¡Y no tuvo que guardar cama! Salió corriendo para el potrero donde lo esperaban sus amigos.

domingo, 10 de abril de 2011

Charlando con Benitez

Después de casi diez horas de sueño reparador, entendí que venía arrastrando un gran cansancio producido por esta semana de trabajo fuerte. Ya les conté antes que la temporada de tactos es especialmente brava.

Hace un rato me vine a la veterinaria, y mientras se calentaba el agua del mate, le di de comer a Benitez. Y entendí que el tipo quería decirme algo. Después de pegar dos o tres picotazos al alpiste, se plantó con las alitas medio abiertas y dijo:

-¡Que semanita! ¿No?-

-¡Sí! ¡Tenés razón Benitez! Fue una semana muy movida. Por suerte anoche dormí como un potro blanco-

-¡Jip! ¡Jip! (así se rien los canarios) Vos estás tan metido en tus cosas que no prestás mucha atención al resto ¿Nó? Pero acordáte que yo escucho la radio-

-¿Y? ¿Qué pasó esta semana que sea distinto a las últimas?-

-¡Pasó de todo! Pero sigo entendiendo que en nuestro país, los buenos han caído en manos de un montón de sinvergüenzas que hacen y deshacen tratando de acomodarse y robar toda la plata que puedan, antes de que se arme un gran despelote-

-¡Eh Benitez! ¿No será mucho?-

-¡Que va a ser mucho! Ustedes viven en un país inmensamente rico y solamente falta gente honrada y trabajadora que lo dirija-

-¿Nada más?-

-¡Nada más! Porque esa gente logrará que haya más educación, más trabajo y mejores oportunidades para los buenos; y a los malos, los jodidos, los tramposos, los ladrones y a los que no les gusta hacer las cosas bien, los mandará a la re…-

-¡Benitez! ¡Estás todo loco!- Dije divertido, viendo que las plumitas naranja se le ponían rojo fuerte

-¡Y si Jorge! Seré un pajarito pero no me creo un pajarón. Y eso que no te hablé del nuevo invento de algunos vivos para ganar algún peso sin esfuerzo, el “coaching ontológico”-

-¿El qué?-

-¡Dejá Jorge! No quiero arruinarte la mateada. Otro día te cuento-

sábado, 9 de abril de 2011

Los dueños

Normalmente nuestro pacientes están acompañados por el propietario durante nuestra intervención. Son raros los casos en que podemos trabajar a solas con el animal y la verdad que, personalmente, los disfruto mas. Poder revisar tranquilamente un caballo, una vaca o un perro, mientras le hablo un poco y trato de seguir el hilo de los datos que voy tomando para llegar al diagnóstico, es muy reconfortante.

Pero casi siempre allí está el dueño ¡Y hay cada dueño!

Los propietarios de caballos, y sobre todo de los de deporte, son personas inconfundibles. Saben, o creen saber, mucho de enfermedades y tratamientos, y casi nunca aprecian la labor de un joven profesional. Cuesta años de trabajo ganarse el respeto de esta raza de gente tan particular. Además, les gusta enormemente que les demos algún tratamiento “especial”. Y si es en un frasco sin etiqueta, entregado con aire de misterio, mejor. Poco aprecio tendrá el colega que no prescribe alguna “endovenosa”, aunque sienta que no hace falta.

Los ganaderos que trabajan con hacienda de cría, acostumbrados a los tremendos azotes del clima y las políticas agropecuarias, tienen un aire resignado. Una vaca enferma o muerta los preocupa, pero no demasiado. Tanto es así, que en épocas de poco valor de la hacienda, muchos prefieren que se muera una hembra que no puede parir, antes que llamar un profesional que la salve. A pesar de que los honorarios se calculan en kilos de carne, y entonces, si la vaca no vale, nosotros ganamos de acuerdo a eso.

Los dueños de mascotas (¿Vieron que ahora se cuestiona llamarlos dueños, por una cuestión de sensibilidad?) en general son fatales. He visto casos en que lloran más por el perro que por un pariente en la misma situación ¡Y cuanto cuesta que lleguen al grano del asunto! Comienzan a describir los signos de su perrito o gatito, haciendo una historia que arranca en el nacimiento. Y lo van mechando con “graciosas” anécdotas de vida. De cómo el gato enfermo que apenas revolea el ojo, hace pocos días era capaz de abrir la puerta de la cocina, o el perro malo, que ha mordido a todo el barrio, duerme enroscadito a los pies de la cama y los despierta lamiéndoles las manos. Y nosotros pacientemente escuchando, para poder rescatar los datos que necesitamos para nuestro trabajo.

Y tenemos también a los tamberos que conocen cada vaca por su nombre o su número, o los cabañeros que siguen cada animal desde que nace, y que de tanto mirarlos, son capaces de detectar los cambios más mínimos, a veces imperceptibles para nosotros.

Este es nuestro destino. Tener siempre un intermediario relator que representa la voz de los que no tienen voz.

viernes, 8 de abril de 2011

Se viene

Se viene despacito pero sin pausa. Aunque hay muchos que no lo pueden ni ver, que sufren de solo pensar que logrará apoderarse del país, el tipo se viene. Y una vez que se instale nadie lo podrá vencer. Muchos van a morir tratando de enfrentarlo sin buenas armas, mientras otros miles deberán gastar vida y dineros, solo para lograr que no llegue al seno de sus hogares. Y usará los medios de comunicación para instalar la sensación de que es invencible. Hablarán de él en todos los programas, y los espectadores, espantados, temblarán. Pero como la vida es un péndulo, y todo se termina y vuelve a comenzar sin pausa, el frío pasará otra vez y llegará la primavera.

jueves, 7 de abril de 2011

Algo de sexo

A tono con la tendencia informativa en nuestro país, donde el tema sexo se ha vuelto muy popular, aquí vá esta pequeña curiosidad que encontré ayer en mis andanzas.

Se trata de una ternera Angus que nació con un solo orificio en lugar del ano y la vulva normales. Y como para que no entren basuritas o pequeños insectos, la madre natura le agregó una especie de "cortina" que lo tapa prolijamente, y es la que es ayudante está levantando con la mano.

Tecnicamente se llama a esto cloaca recto-vaginal.

miércoles, 6 de abril de 2011

Otra vez

Ayer tenía otro día lleno de trabajo y animales para atender pero volvió a pasar. Era un gato viejo pero fuerte. Muy cabrón y malo, al que varias veces había cortado unos grandes bollos de pelo que se le hacían por todo el cuerpo. Siguiendo la rutina, le apliqué el sedante y lo traje a la veterinaria. Hice un lindo trabajo de peluquería y lo llevé a la casa para seguir viaje luego hasta un campo, donde debía vacunar un lote de terneros contra la aftosa. A la tarde pasó la dueña para avisar que el muy bandido se había quedado en el cajón donde lo pusimos y no se movió más. Que estaba bien muerto. Y otra vez la misma sensación de bronca y frustración. Esa que, les contaba una vez en estas páginas, nos ayuda a los veterinarios a tener equilibrado el espíritu. Que cuando creemos que somos medianamente buenos en lo que hacemos, nos da un llamado de atención para que nos acordemos que somos humanos y falibles. ¡En fin! ¡Feo! ¡Ojalá Don Gato este bien por allá arriba!

martes, 5 de abril de 2011

¡Hay que ser bien macho!

¡Que grandes los matadores de toros, que hombres los jinetes rioplatenses y que huevos tienen los corredores de San Fermín! Los animales domesticos, en su conviviencia con los humanos, han pasado a formar parte de su cultura, costumbres, tradiciones y, por supuesto, diversiones. Siempre hablo de que en la relación del hombre con los animales, una de las premisas básicas es “no provocar sufrimiento innecesario".

Tal vez alguno podrá pensar ¿Cómo? ¿Esta loco? ¿Y acaso no sufren los toros en la arena? ¿Y los potros espoleados salvajemente? ¿Y los toros obligados a correr en San Fermín? Lo primero que pienso es que estas fiestas identifican una determinada comunidad, le dan identidad, la diferencian de otras.

En este tipo de eventos, y a pesar de que se trata de gente capacitada y entrenada, generalmente el hombre sufre tanto como las bestias, y en mas de una ocasión, sufre mas. Golpes, patadas, cornadas, fracturas. Trabajando en el campo he visto muchos mas hombres estropeados por las jineteadas, que potros en iguales condiciones y realmente, el que conoce, estará de acuerdo conmigo en que es así.

Ni hablar de la gente herida en los encierres de San Fermín donde el único malestar que tienen los toros hasta su llegada a la plaza, es que no saben si pisar algun vasco en pedo o meterle la punta de un cuerno en el culo a un atrevido turista gringo. ¿Y las corridas? ¡Que terrible como lo matan al toro! ¡Que patéticas las plazas de toros! Está bien, digamos que es una faena que dura un poco mas que lo normal en cualquier frigorífico, porque creo que todos saben que despues de la corrida la carne de esos toros se vende para consumo ¿Nó? ¿Y entonces? ¡Y por fín! He subido algun potro siendo mas joven y he visto a un toro correr hacia mí con sus 800 kilos apuntando a mi espalda ¡Y la verdad les digo! No puedo menos que admirar a los que se atraven con caballos tan salvajes que de solo pensar en darles una endovenosa nos tiembla la pera, con toros con unas aspas interminables; y a los que se largan a correr como locos delante de vacunos que de puro desorientados pueden pasarlos por arriba. Por lo tanto ¡Salud a todos los hombres que honran las tradiciones con tremendo par de ellos bien puestos!

lunes, 4 de abril de 2011

Ramona la tortuga

Hace un tiempo tuve que atender una tortuga. Resulta que el dueño se puso a hacer limpieza en el enorme jardín que tiene detrás de la casa. Las ramas, hojas y basura que encontraba las iba amontonando en un rincón. Cuando terminó prendió fuego la pila y se sentó a tomar mate tranquilo. Me dijo que de pronto vio un bulto negro que se movía en un costado de la fogata. Cuando lo sacó con el rastrillo, se encontró con que era Ramona. Su tortuga. Y llegó corriendo a mi casa con Ramona carbonizada, pero viva, dentro de una cajita. Me explicó lo que había pasado y se despidió diciendo: -¡Te la dejo! ¡No la quiero ver sufrir!- Así que me senté un buen rato frente a la caja, mirando a la pobre bicha hasta que oí un susurro. Me acerqué todavía más y pregunté: -¿Vos me hablaste? -¡Claro!- Dijo Ramona con un hilo de voz -¡Soy yo! Y lo que dije fue ¡Que boludo que es este hombre! ¿O no sabe que en esta época las tortugas estamos medio dormidas por el frío? ¡Por favor dotor! (ya les conté que los animales amigos me dicen “dotor”) Deme algo porque me duele todo…- Y después de semejante esfuerzo se le cerró el único ojo que le había quedado presentable y no habló más. En los cinco días siguientes trabajé mucho con Ramona. La tenía sumergida largas horas en un baño con electrolitos, le dí analgésicos y un montón de cosas más. Por momentos se animaba y abría el ojo. Yo le hablaba todo el tiempo pero no contestaba. Solo movía pesadamente la cabeza de arriba hacia abajo. Y una mañana la encontré muerta en su cajita. Se había ido para su cielo tan despacito como vivió. Y no dejó rastros en el mundo. Ni hijos, ni recuerdos, salvo este pequeño escrito y el remordimiento incalculable de su dueño.