domingo, 31 de enero de 2010

Una pobre vaca

Ahí estaba la pobre vaca con un prolapso completo de utero llorando despacito...
TTuve que amputar porque llevaba varias horas en el barro

Cuando terminé la dejé bien acomodada y nos despedimos

Una llovizna fría humedecía el campo. Llegué con la camioneta hasta muy cerca de la vaca. Era una prima de la vaca Aurora, que al parir tuvo un tremendo prolapso de utero. Cuando paré el motor y me empecé a preparar para el trabajo, sentí que lloraba despacito. Yo estaba solo así que pude hablarle.
-¿Como estás?-
-¡Muy mal!- Me dijo -¿No me vé dotor?-
-¡Y sí! El prolapso es completo, pero vas a ver que te voy a acomodar- Le dije con optimismo.
-Pero no es por el prolapso. Estoy mal porque se murió mi ternera al nacer. Lo mío no me importa-
Por un instante no supe que decirle. Me había olvidado que en la naturaleza el impulso vital es tan fuerte, que cualquier animal dá prioridad a su cría para que la vida continue
-¿Y no te duele?- Dije para volver a lo de ella
-¡Nó! Me molesta nomás- Y otra vez empezó a llorar mientras los mocos le caían en el barro donde estaba tumbada.
-¡Bueno! Quedate quietita que te voy a operar, y si Dios quiere, pronto vas a estar bien y dando leche con tus amigas en el tambo-
No me contestó
Hice mi trabajo pero no me atreví a decirle que al amputarle el útero, ya no volvería a tener un ternero. Creo que ella lo sabía pero tampoco dijo nada. Terminé, la ayudé a enderezarse y le saqué una última foto antes de irme. Seguía triste pero con la educación de las Holando, tan europea, me despidio con cortesía: -¡Chau dotor! Gracias por todo. Ojalá nos volvamos a ver.
Y me fuí despacio, agradeciendo como siempre poder aprender tanto de mis pacientes.


jueves, 28 de enero de 2010

Los toros rinconeros

¡Claro que es cierto que existen los toros rinconeros! Cuando empieza la temporada de servicios y se largan los toros al rodeo de las vacas o vaquillonas, suele suceder que aparece algun "machito" que se aleja del resto y hace un pequeño territorio de donde sale solo para ir a tomar agua y volver. Se los llama rinconeros y no tienen el menor interés en el sexo opuesto. Ni siquiera les dá un poco de verguenza cuando sus compañeros se mandan verdaderas hazañas sexuales delante de su morro. Los tipos ahí...
En el manejo de la hacienda es importante detectarlos porque pueden ser motivo de que baje el porcentaje de preñez al tacto. Una de las cosas que se inventó para ello, es la prueba de capacidad de servicio. Consiste en inmovilizar en un corral algunas hembras (a veces machos castrados también), y luego largar por turno los toros a probar. Durante un tiempo determinado se cuentan los saltos o montas que realiza. Yo he llegado a contarle a un toro 9 montas en 20 minutos ¡Un verdadero animal!
La cuestión es que algunos no demuestran el menor interés en la cosa. Uno los larga con las hembras y se hacen los bolas, olfatean el corral, miran para otro lado y se pasan los 20 minutos sin darles ni siquiera un beso.
Hay varias causas, pero una es la presencia de algún otro macho dominante cerca, que simplemente los mira. Esto es suficiente para inhibirlos por completo.
Una vez un cliente mío compró un toro en la cabaña de otro cliente. A los dos o tres días, el comprador me avisa que el toro no montaba. Me lo encerraron con una vaca en celo, bien calentona, y allá fuí a ver que pasaba. Efectivamente, la vaca se refregaba contra el bandido y el bandido como si oyera llover. Nos quedamos conversando un rato con el dueño afirmados en el alambre del corral y de pronto veo como a 600 metros, un toro hereford astado que parecía una estatua mirando para nuestro lado.
-¿Y ese? Pregunté
-¡Nó!- Dijo el dueño -Ese es el pampa viejo que voy a vender. El día que traje este nuevo lo sacó cagando por la huella y los tuve que apartar-
La cuestión es que la cabaña cambió el toro "fallado" por otro, y al inutil lo llevaron de vuelta al campo pero, ¡Oh sorpresa!, en cuanto lo descargaron del chasis, y libre de la amenaza del pampa viejo, corrió hacia la lechera que justo estaba en celo y con unas ganas enormes la dejó de colita parada y le fabricó en el acto un bonito ternero.
¡Por lo tanto nunca te confíes con un rinconero!

martes, 26 de enero de 2010

Cosas del sexo animal

Es sabido que la mayoría de las hembras mamíferas son cíclicas sexualmente. Solo tienen períodos delimitados en los que aceptan al macho. Fuera de estas horas o días no les dan bola. Se dedican a pasear por los potreros comiendo pasto verde y charlando de cualquier tema, o a criar a sus hijos esperando que la vida pase.
El asunto es que los machos no son tan cíclicos, y en eso se parecen a la mayoría de los humanos. Andan con ganas todo el tiempo. Entonces han inventado ingeniosas formas de despuntar el vicio.
Los caballos pelan su enorme instrumento, tan similar al del hombre (en la forma) y comienzan a golpearse la panza ritmicamente hasta terminar la gran tarea solitaria en generoso casi medio litro de licor. Por eso es que se les pone un aro de goma detras del glande, de forma que al tener una erección, el molesto objeto les haga doler y desistan de la idea. Quien sabe que pensarán cuando se ponen a trabajar en esto ¿Nó? Cuando lo vea al petiso cara e´guiso le voy a preguntar.
Los toros son mas rapiditos. De pronto se quedan quietos. Desenvainan su fino y largo aparato, y encorvándose como con un dolor de panza, ponen las patas duras y largan 6 o 7 cc de semen. Despues siguen su marcha de lo mas orondos. Algo parecido hacen los carneros y concretan todavía mas rápido. Hay que estar muy atentos porque así como son muy ligeros al montar a la oveja en celo, esto lo hacen en menos de quince segundos.
Los perros, tal vez por el contacto cercano con los humanos, son mas sofisticados. A veces se estimulan con su boca tomando delicadamente el pirulito entre los dientes, otras se frotan contra cualquier objeto que les caiga simpático, y en ocasiones, usan algún involuntario "amigo" para la cosa acostumbrada.
Así era el cuzquito calentón de don Benigno. Como en la casa de este hombre no había perras agarró la moda de ensartar las pavas. Así que día por medio se abalanzaba sobre una de estas tontas pájaras y abrazándola con las manitos se le iba de un tirón. Lo malo es que al perro, cuando eyacula, el miembro se le dilata mucho (el famoso botón) entonces todo terminaba con las tripas de la pava desparramadas por el patio. Cuando Don Benigno vió el estropicio que estaba haciendo el valiente cuzco en su gallinero, me pidió que lo sometiera a una decorosa castración. Por suerte abandonó las mañas. Aunque un día, el gato de la vecina de don Benigno me comentó que algunas pavas se lamentaban en secreto al ver a su amigo eunuco ¡Si serán pavas! ¿Nó?

lunes, 25 de enero de 2010

La verdad es que ni lo ví (dos veces)

Empecé el curso de piloto de ultralivianos casi por casualidad. Yo había ido a averiguar algo al club de planeadores de Tandil, con ganas de iniciarme en el vuelo a vela, pero como me dieron muy poca bola, a la pasada me acerqué al Hangar del Cielo, y el amistoso trato de esa gente me hizo decidir por los ultras. Ambos clubes comparten dos pistas de aterrizaje que se cruzan a 90º y están rodeadas de sierras, haciendo todo un cuadro verde y gris demasiado bonito.
Y vinieron fines de semana muy entretenidos donde aprendí los rudimentos de la aviación y fuí metiendo horas en aquellas lindísimas máquinas.
Un día, estaba haciendo circuitos de despegue y aterrizaje con mi instructor. Tenía apenas tres horas de vuelo, así que toda la tensión se concentraba en la aproximación a la pista para el aterrizaje. En mantener las vueltas del motor, la velocidad, la inclinación y todos los detalles del asunto. Hicimos un despegue, un giro en el aire y enfrenté la pista Norte-Sur para bajar. Lo que me enteré después, fué que al mismo tiempo, un avión mas grande de un médico de Tandil, hacía la misma maniobra pero en la pista Este-Oeste.
¡Yo ni lo ví! El pobre tipo, mas baqueano, dió motor de nuevo y pasó encima nuestro sin que nos enteráramos. Aterricé muy contento y el instructor me dijo que volviera a repetir la maniobra. Le metí otra vez y ustedes no lo van a creer... ¡Pasó otra vez lo mismo! El doctor había hecho un giro y al encarar nuevamente la pista, se topó de nuevo con mi ultraliviano verde y tuvo que escapar hacia arriba.
Cuando aterrizamos vimos que Willy venía corriendo hacia nosotros, blanco como un papel. Al llegar le gritó al instructor: -¿Pero no lo viste al Doctor Macedo?-
-¡Nó!- Contestó tranquilamente mi maestro -¿Donde anda?-
-¡Sos una bestia!- Le reprocho el otro -Tuvo que evitarlos dos veces Desde abajo pensamos que iban a chocar-
Y debe haber sido grave la cosa porque el Doctor Macedo hizo una denuncia en la Dirección de Aviación Civil que al final no sé en que quedó.
¡Pero la verdad es que yo! ¡Yo ni lo ví!

viernes, 22 de enero de 2010

La víbora y el cocinero


Desde que aprendí a reconocer los ofidios de la zona gracias a un buen libro que me prestaron, empecé a agarrar con confianza cuanta culebra se me cruza. Y a pensar macanas.
Muchas veces hice algunas bromas pesadas, aprovechando el pánico que les tiene la mayoría, pero ese día me salió mal.
Volvía para almorzar en la casilla. Había estado aporcando toda la mañana. Hacía calor y allá se iba una Clelia rustica, de lo mas campante por el camino. Me bajé de un salto del tractor, me la metí en el bolsillo de la camisa Grafa y seguí viaje.
Cuando llegué al campamento ya estaban los demás esperando que Pipi, el cocinero, sirviera el estofado. Me lavé y me senté a la mesa. Empezamos a charlar boludeces como siempre y cuando Pipi, un tipo bastante jodón de unos 50 años se acercó, tocando el bulto del bolsillo de mi camisa le dije ¡Che Pipi! ¿A que no sabés lo que tengo acá? ¡Si adivinás te regalo una parte!
Pipi tocó el bulto blando pero no se daba cuenta de lo que era -¿Arena?- Preguntó -¡Nó!- Le contesté -¿Un pichón de paloma?- -¡Menos!- Le dije -¡Y que se yó! Dejame de joder- Y dió media vuelta para irse -¡Mirá!- Lo apuré, y se acercó. Cuando abrí el bolsillo, la vibora sacó la cabeza y lo saludó con su lengua bífida.
¡La mierda! ¡Como se calentó! Yo quise alejarme pero me alcanzó con tremenda patada, que casi me deja sin tractorear por un tiempo, mientras los demas se descostillaban de risa.
¡En fin! ¡Cosas que pasan en el campo! Dice el refrán

miércoles, 20 de enero de 2010

El gato volador

Aunque la calidad del dibujo no es la mejor... ¿Se adivina que es un gato volador?

Castrar gatos es una maniobra quirúrgica bien sencilla. Hay recursos caseros para inmovilizarlos como meterlos dentro de un bota, apretarlos entre una puerta y el marco, o mantenerlos colgados agarrándolos firmemente de la piel del cuello y de la base de la cola.
Yo uso una pequeña y práctica variante. Los meto en una bolsa de las blancas de semilla, los envuelvo hasta que no se mueven y después, a traves de un cortecito en la misma, saco primero la cola y despues los dos rotundos testículos que quito en unos segundos.
Tan rápido es el asunto que una vez me arrimé al surtidor a cargar gasoil llevando una bolsa con un gato para operar adentro. Conversando con el playero decidimos hacer una carrera. Se trataba de ver quien terminaba primero. El cargando combustible o yo castrando... ¡Terminé la operación cuando el surtidor iba por 19 litros! ¡Y encima nunca me pagó la apuesta!
Pero el cuento era que un día cualquiera me llevaron un gato para operar. Estaba por empezar a hacerlo cuando sonó el teléfono. Me llamaban por una vaca de plantel que no podía parir. Así que enseguida hice el gato y me fuí a buscar a mis yernos, ambos veterinarios, que me acompañarían en el trabajo. Cargamos el instrumental y salimos rápido para el campo ¡Y me olvidé del gato en la bolsa!
La cuestión es que apenas movimos veo por el espejo que la bolsa volaba. Frené y me largué corriendo pero el gato ya no estaba. Se había escapado por el agujerito. Y a pesar de que volvimos un largo trecho caminando por la banquina no pudimos encontrarlo.
Y me presenté muy apesadumbrado en la casa de la dueña para avisarle que el gato había volado, y que estuviera alerta porque tal vez llegaría en cualquier momento... ¡Pero nunca mas volvió! Quien sabe que habrá sido del infeliz. Si no volvió por la tristeza de verse sin sus productos o se desorientó con el golpe y corrió para el campo ¡En fin! ¡Cosas que pasan a los vivos! Dijo un amigo.

lunes, 18 de enero de 2010

Casualidad hedionda

Parece cosa de mandinga... Hace unos días publiqué una entrada contando cosas de los zorrinos y este sábado me tocó operar uno. Aquí van dos imágenes para el que le interese


El "quirófano" al aire libre contra las quejas de los vecinos intolerantes


Las dos glándulas, famosas por su contenido, expuestas a la vista. Tienen un corto conducto que las comunica con la parte posterior del recto.

Los perros no son humanos

Toleran el frío y el calor sin necesitar ropa o abrigo. Son capaces de correr todo el día y todos los días sin ser atletas. Su alimento natu...