jueves, 13 de julio de 2017
Un tratado y un compendio
lunes, 10 de abril de 2017
Almuerzo campero
martes, 28 de marzo de 2017
Las sierras
viernes, 6 de enero de 2017
Cosas de enero
sábado, 26 de noviembre de 2016
Otra tanda de aprendices
lunes, 25 de enero de 2016
Deportistas camperos
lunes, 14 de septiembre de 2015
El año del viento
¡Que lo parió! Las plagas y los azotes se dan por años. Hubo años de mosquitos, años de sapos, años de vaquitas de San Antonio, años de moscas, y tantos otros. Pero sin dudas, este será recordado como el año del viento.
jueves, 4 de junio de 2015
La Cueva de los Barrientos
domingo, 6 de julio de 2014
Mas aprendices
jueves, 26 de diciembre de 2013
El año teatral
viernes, 5 de julio de 2013
Un tesoro
martes, 15 de mayo de 2012
Amaneciendo
martes, 21 de febrero de 2012
Del domingo al lunes
Ayer lunes abrí la veterinaria para no quedar pegado con este feriado, para mí, sin fundamento. El pueblo en calma, los pocos autos que pasan frente al local marchan despacio, algunos chicos en bici y otros a pie van en manada hasta la pileta. Charlé un rato en el almacén y salude unos cuantos. Después de comer una siestita y vuelta al trabajo.
Linda la vida en el pueblo.
martes, 13 de septiembre de 2011
Buscando
Y casi nada se compara con los caminitos que recorro cada mañana al salir al campo en San Manuel. Hay lomas, sierras, piedras gastadas, plantas desafiantes y un aire livianito que acaricia los pulmones en cada respirada.
Ni hablar si uno para la camioneta un rato y se queda escuchando el concierto de pájaros recién empilchados después del emplume. Otra que los Wachiturros.
Hace poco volví de otro viajecito y vi lugares únicos. Mágicos. Pero tampoco ahora encontré un sitio donde este todo junto como en el mío.
jueves, 4 de agosto de 2011
Cosas buenas
Mientras hay sol es entretenido sacar dientudos. Son muy agresivos y batalladores, así que se prenden al anzuelo con ganas y dan lindas peleas a pesar del poco cuerpo. Y al atardecer, mientras las gallaretas y los patos se pasean de punta a punta en el arroyo, y las nutrias y carpinchos van volviendo para sus casas, empiezan a salir los bagres que estaban quietitos en los pozos más profundos.
En dos horitas, uno se vuelve con unas cuantas presas que terminarán en budín, al horno, o de la manera que el cocinero disponga.
martes, 11 de enero de 2011
Pleno verano
Los calores amarillean los pastos y la tierra se vá aflojando hasta parecer un talco marrón. Si uno camina a mediodía por una callecita cualquiera mientras el sol castiga, los pies levantan nubes de tierra caliente. Al tender la vista, una resolana viboreante deforma el paisaje, mientras un zumbido persistente nos rellena los oídos. Lo que pasa es que en las horas de mas calor los pájaros andan metidos a la sombra entre los árboles, así que campo afuera no hay cosa que se mueva salvo los insectos mas resistentes.
Entonces se nos vienen en manada los tábanos de enormes ojos azules y verdes, mosquitos panzones, y moscas bien molestas. Da gusto ver a los perros cazarlas de un mordisco certero. Se hacen los bolas hasta que la negra zumbona se les pone a tiro y con velocidad increíble la bajan de una dentellada. La gente y los animales se mueven despacio. Como agobiados. El sol pega y duele. Los maíces se retuercen tratando de esconderse. La soja deja caer sus hojas como las alas caídas de una clueca cerca del nido. Y salen viboras y culebras a buscar alguna chuchería para comer, mientras las iguanas se pegan en el paisaje descansando sobre las piedras calientes.
Es la época de la cosecha fina y el disfrute del mate cocido con galleta o algún pan dulce, a la sombra de la máquina, en el parate cortito de la tarde. También es la época de dormir con las ventanas bien abiertas para que entre el fresco, mientras el humito jediondo de un espiral ahuyenta los mosquitos.
Los trabajos con la hacienda se hacen casi antes del amanecer o bien a la tardecita. He visto muchas veces morirse animales en los corrales cuando se los deja encerrados a mediodía. También he visto perder el puesto a encargados de campo porque un molino roto o alguna bebida tapada, terminó con vacas muertas a montones.
Son buenos los mates a la sombra de una planta grande despues de la siesta reparadora, o la madrugada fresca que nos llena de fuerza y energía.
También es lindo el campo en pleno verano.
jueves, 9 de diciembre de 2010
Un día de yerra
Allá repuntan un lotecito de terneros en un rincón y el maestro enlazador, siempre bien montado, avanza con el lazo en la mano y una armada lo mas grande posible para que el tiro sea vistoso. En cuanto elige a uno de los terneros revolea suavemente, y como si fuera facil lo dificil, lo "toma" limpiamente y sale con él de tiro entre dos filas de buena gente pialadora que se cruza chistes y alaridos. Llegado a la punta del callejón lo suelta y el animalito, al buscar a sus compañeros, se manda a la carrera entre montones de lazos que se alzan en el aire. Y salen entonces los tiros de volcado o de reves hasta que alguno lo piala de la mejor manera y el animal, sujeto de ambas manos, cae dando una vuelta en el aire, mientras algunos corren a "apretarlo" y manearlo, dejandolo listo para castrar, marcar y eventualmente señalar con alguna muesca en la oreja.
Y mientras los hombres trabajan y juegan incansables toda la mañana, cerquita de un fuego grande, un criollo mayor y con algún achaque que no lo deja trabajar, se esmera haciendo un cordero al asador y montones de chorizos y testículos recién sacados en la parrilla, las mujeres preparan las ensaladas para el mediodía, empanadas jugosas y crocantes, algún fiambre para picar antes de almorzar, pasteles bañados en exquisito almibar y algunas especialidades propias de cada casa, como el lechón arrollado o el matambre relleno.
La mesa larga se prepara a la sombra de las plantas mas frondosas y se lucen las jarras con vino tinto frío y las de jugo para rebajarlo. Alguno que se ha cansado, se acerca a la mesa cada tanto y despues de algunos tragos apurados y algun chiste con "las chicas", vuelve animoso al trabajo recuperado del todo.
A mediodía se hace un alto, y todos corren a lavarse en la bomba o el tanque, y toman posiciones frente a la mesa inagotable, comiendo y tomando cantidades enormes de aquellos manjares, hasta que medio adormecidos por el cansancio y el manducaje, se recuestan en los pastos a escuchar al infaltable cantor y guitarrero, que alterna con el que improvisa versos picarescos llenando de risas el ambiente. Y por fin, el encargado de la yerra, parandose gravemente, indica que la cosa debe seguir y sale al tranco hasta el corral para ensillar el caballo y recomenzar la tarea. ¡Así son los días de yerra! ¡Una fiesta!
viernes, 22 de octubre de 2010
La escuelita rural
Y habiendo conocido el movimiento de esas escuelas de las que hablo, pensaba.
¿Estará bien haber terminado con ellas.?
Creo que nó. La escuela rural es un enorme polo social en cada lugar que está. A su alrededor gira mucho de la vida de la gente de la zona. Ahí se juntan padres siempre comprometidos. Gente que pone tiempo, esfuerzo y ganas para que "la escuela" esté de lo mejor. Organizan asados, domas, rifas. Trabajan con ganas y los chicos se crían viendo eso. Ahí se quedan muchas veces las madres que han llevado sus hijos a clase, a esperar que salgan, para llevarlos de vuelta ahorrándose un viaje, y conversan y toman mate divertidas cerca de los caballos atados en las plantas, o atras de algún sulqui donde viajan varios hermanitos. A veces arreglan el patio y ponen flores, o le dan una mano a la maestra en la limpieza.
La maestra rural es una institución. Se la quiere y respeta, y todos los esfuerzos por ayudarla son pocos.
Hoy nos queda solamente la Escuela de Garrido con tres alumnos, pero hay que ver lo que genera algo aparentemente tan chico. Es conmovedor ser parte de eso. Y lo digo porque hace ya tres años que preparamos una obrita de teatro para la fiesta de fin de curso. Es algo muy bueno.
Y además, salvando cualquier tipo de consideración, creo que cerrar cualquier escuela es un pecado. En educación no caben los cálculos económicos. Siento que debería haber cada vez mas escuelas, no menos.
martes, 8 de junio de 2010
La plaga de los ciervos
Sobre esta sierra hay una especie de meseta ondulada que, según calculan, tendrá unas 4000 has., toda cubierta de vegetación variada, donde predomina la planta de Curro.
El Curro fue nombrado planta distintiva del Partido de Lobería porque no se vé por otros pagos. Es muy espinoso y de madera dura, y forma un arbusto muy grande, como si fuera un pequeño árbol que se desparrama por el suelo.
Y ahí, en ese lugar tan bien protegido, viven pumas, ciervos, vacas salvajes y muchos otros animales que caminan, se arrastran y vuelan.
De las vacas salvajes ya les conté hace unos días, pero hoy quería tocar el tema de los ciervos, que se han convertido en una verdadera plaga. Su población ha ido creciendo en forma descontrolada, seguramente porque los humanos hemos bajado la influencia de algún depredador natural de estos bichos.
La cuestión es que tienen que alimentarse. Y son muchos. En los años pasados se han ido acercando cada vez más a las vacas mansas. Primero bajaban a comer ración en los comederos, después se los podía ver pastoreando con los vacunos en los faldeos de las sierras, y ahora, directamente bajan y se comen todo, como pasó en uno de los campos que comparten la sierra.
El año pasado sembraron 120 has de soja y veían que los bandidos entraban a comer las ricas plantas en manadas enormes. Uno de los ingenieros sacó una foto en una visita, y calculó que había más de mil animales comiendo. Finalmente cosecharon solo unas 15 has.
Además, en estos días se han visto ciervos alejándose hacia otros lugares, saltando elegantemente los alambrados.
Y entonces llegan cazadores de todo el país que se meten a pié en la sierra y andan a los tiros a cualquier hora del día. Hasta en los montes que rodean las casas. Otros salen a la noche y los cazan con reflector, como a las liebres, y se los comen en chorizos caseros o riquísimas milanesas.
La cuestión es que hay cada vez mas ciervos, mas despelote en la sierra y nadie sabe que hacer. No faltará el iluminado que vuelva a prender fuego pensando que una vez que arda todo tambien se terminará el problema.
miércoles, 2 de junio de 2010
Vacas salvajes
Hace unos 40 o 50 años, algunas vacas de un rodeo Angus de un campo pegado a la gran sierra de San Manuel, se fueron hacia la meseta de arriba y jamás pudieron recuperarlas. La enorme cantidad de Curro, que solo tiene algún control cuando la sierra se incendia, hizo imposible bajarlas.
Y se hicieron salvajes.
Cuando llegué a trabajar en la zona oí los cuentos de estas vacas pero nunca las había visto, hasta que me tocó hacer tacto a un rodeo de otro de los campos que comparten la sierra.
Junto con las casi 300 vacas mansas, venía una de las salvajes. A veces, cuando se quedan sin agua de manantial, bajan hasta los bebederos. Esta había caído de esa forma. Era una vaca chiquita, muy renegrida, ágil y fibrosa. Llegó a la manga en el montón y en cuanto entró al corral, se cortó del resto y empezó a buscar la forma de escaparse. Balaba desesperada y se tiraba contra los alambrados. Decidimos dejarla sola y empezamos el trabajo. Las mansas iban desfilando. A media mañana, le tocó entrar a la loquita. Venía hecha una furia. Alerta, babeante, con ganas de atropellar a cualquiera. La agarraron en el cepo y la revisé mientras daba gritos desaforados. Y cuando la largaron, pasada de la rabia, salió disparando, saltó un alambradito, y se vino al enorme fuego donde se calentaban las marcas ¡Y se paró encima!
No la podíamos sacar, mientras la bestia enfurecida se calcinaba viva. El olor a pelo quemado se hizo insoportable. Las manos, parte del cogote y la cabeza quedaron en carne viva y le empezó a salir sangre por los ojos. Hasta que decidió salir sola del infierno. Primero corrió ciega para el lado de la manga obligando a todos a subirse en las tablas, y después, se tiró contra otro alambrado, cayó patas para arriba y al rato se murió.
Ese fue mi primer encuentro con una vaca salvaje. Después las he visto montones de veces en mis caminatas por la sierra, y hasta he tratado algunas otras que bajaron, y no eran tan belicosas como la loca.
Pero allí están en la sierra, felices y contentas, a pesar de los esfuerzos que han hecho por terminarlas.
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