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jueves, 13 de julio de 2017

Un tratado y un compendio

La plaza de San Manuel

Una ciudad es un tratado. Un pueblo es un compendio. Hablando de textos, un tratado es aquel libro donde cada tema es explicado hasta en sus menores detalles. Allí está todo el conocimiento posible sobre un tema, mientras que un compendio es algo así como un resumen, donde no falta ninguna de las ideas principales.
Me gusta vivir en un compendio.
En las treinta manzanas de San Manuel encontramos resumidas las virtudes y defectos de las ciudades. Una casa deslumbrante a una cuadra del ranchito humilde pero digno. El auto de alta gama estacionado en la panadería, detrás del destartalado R12. El tipo más fanfarrón y presumido, haciendo cola en el banco con el esquilador chupandín y algo mugriento.
Es verdad que faltan algunas cosas. Un gran cine o un teatro con un escenario bueno. O las tiendas de grandes marcas que deslumbran en las ciudades, pero también faltan la inseguridad, las colas para cualquier trámite, el apuro, el aire contaminado, la intolerancia y el desprecio hacia los vecinos, los embotellamientos de tránsito, los piquetes, y tantas otras porquerías que más vale perderlas que encontrarlas.

Creo que el futuro son las comunidades chicas. 

lunes, 10 de abril de 2017

Almuerzo campero

Almorzando el último viernes. Día ventoso pero carne de primera

Casi siempre se empieza cerca de las 10 y media de la mañana. El encargado de hacerlo es el más viejo, o el que está con una tarea más liviana, o el que sea mejor asador. Allá va el cocinero por su noble arte, mientras el resto sigue trabajando fuerte con las vacas en la manga.
Primero elige con cuidado el lugar, tratando de que no sea muy lejos, ni que quede tan mal ubicado como para que la gente reciba todo el humo en la cara. El viernes, como había mucho viento, Luis prendió el fuego al reparo de un gallinero de chapas, justo al lado de la manga.
Siempre se usan parrillas muy bajitas o, si hay un poco más de tiempo, la carne se hará al asador. Si es en la parrilla, se pueden cocinar tiras de asado, algún vacío, los huevitos de los terneros recién castrados y, tal vez, algún matambre; en cambio, si el maestro usa el asador, podrá ser un costillar entero o algún cordero, lo que figure en el menú.
Esta vez nos tocaron tiras de asado.
Se condimenta solo con sal o alguna salmuera bien sabrosa, y se toma vino o jugo.
Se agrega galleta o pan ¡Y listo! Ahí está el almuerzo más campero. Carne, pan y vino. Sencillito pero buenísimo. No se si porque cuando está listo, uno lleva más de 5 o 6 horas moviéndose sin parar y tiene más hambre que lima nueva, o porque es rico nomás.
El comedor se arma cerca del fuego, y los comensales se sientan en lo que encuentren. Pueden ser las tablas de la manga, algún tronco viejo, un bidón, o un balde dado vuelta; y se come usando solo un cuchillo bien filoso, sosteniendo la carne caliente sobre un trozo de galleta.

Estos asados son un buen premio después de una mañana de trabajo fuerte.  

martes, 28 de marzo de 2017

Las sierras

     Mateando después de la recorrida

Ya les he contado muchas veces que San Manuel está metido entre las sierras del cordón de Tandilia. Uno no se cansa de recorrerlas porque cambian con las estaciones. Están llenas de animales salvajes. Hay ciervos, pumas, liebres, peludos, mulitas, zorros, vizcachas, carpinchos, hurones, comadrejas, gatos monteses y otra multitud de bichos. Además, hay una enorme cantidad de pájaros de todos los tamaños, plumajes y colores. Hasta vacas salvajes tenemos. Por lo menos en nuestra zona.
Y también hay montones de plantas. Algunas espinosas y otras desarmadas. Flores de todos colores, arbustos, árboles y arbolitos, decoran las piedras duras.

Esta bueno salir a caminarlas cuando hay un rato.   

viernes, 6 de enero de 2017

Cosas de enero

Herida "agusanada"

Para el veterinario de grandes animales, enero es un mes distinto. Son pocos los trabajos programados y muchas las urgencias. Se atienden bestias con heridas de todo tipo, generalmente agusanadas; algunos partos distócicos, que por los grandes calores suelen terminar en cesáreas, ya que los fetos muertos se ponen enfisematosos o “hinchados”; hay mortandades por golpe de calor, cuando a alguien se le ocurre trabajar todo el día en la manga y suele haber problemas por la falta de agua al romperse algún molino, que terminan también con muchos animales con las patas para arriba.
En enero hace mucho calor. En el hemisferio sur es verano y no es raro que, cerca de mediodía, el termómetro roce los 40ºC. Por eso salimos al campo bien temprano, a eso de las 6 de la mañana, tratando de estar de vuelta antes de las 10, cuando el sol empieza a golpear fuerte.
Es la época de las carreras pedestres de aventura. Se hacen en los médanos y playa de cualquier ciudad costera, o en caminos de sierra. Son muy buenos desafíos. Como me dijo un amigo, cuando estábamos a punto de largar una corrida de 10 km, en estas cosas “terminar es ganar”. Así me lo tomo.
En los arroyos salen muchos dientudos cuando el sol está todavía alto, y lindos bagres a la tarde-noche. Sobre todo en los días tormentosos.
Los chicos están de vacaciones y disfrutan la libertad del pueblo. Pedalean por todos los rincones y juegan a la “paleta callejera”.
La piletita de lona esta buena para refrescarse, pero el agua se ensucia muy rápido; además, la armamos muy cerca del árbol grande donde está la casita, y con los vientos de la época, también se llena de hojas.
En nuestro país estamos con zonas de sequía e incendios, y otras de inundaciones. Todo al mismo tiempo. A nosotros nos tocó la sequía. Malo para el campo pero bueno para mí, ya que me libra de cortar el pasto del jardín tan seguido.
Las calles de la zona tienen colchones de tierra de más de 30 cm de espesor y pozos tremebundos. Ni les cuento lo que es un viaje al campo cuando uno queda detrás de la nube de tierra que levanta un camión cargado.
Otra vez se nos vino la plaga del bicho moro. Aterriza en las huertas en enormes bandadas y en una noche puede terminar con una plantación de morrones o de lechuga.

¡Cosas de enero!

sábado, 26 de noviembre de 2016

Otra tanda de aprendices


Se va otra tanda de residentes, conocidos en el pueblo como “aprendices”. Como tantas veces, Erik y Ariel se metieron en la vida del lugar, se hicieron conocidos de mucha gente y hasta se dio el caso de que Ariel interviniera en el estreno de la última obra de teatro, haciendo un papel corto pero bien logrado.
Estos últimos vinieron como parte de las residencias de pregrado de su Facultad de La Plata. Ayer llené las planillas que deben entregar, junto con la calificación, y hay un ítem donde preguntan cómo evalúo sus conocimientos teóricos, y volví a explicarles a los docentes platenses, que mi función como tutor no es evaluarlos. De eso se habrán encargado los profesores que tuvieron en cada materia cursada. Creo que mi función como tutor es darles. Darles todo lo que pueda. Mostrarles nuestra realidad de trabajo, hacerlos participar en nuestras tareas, que vean una forma de comportarse y relacionarse con la gente, y trasmitirles, si se puede, algún modesto conocimiento o práctica fruto de la experiencia.
Muchas veces me han preguntado que se gana con esto de ser tutor, ya que no es una actividad rentada, y yo digo que lo mejor que se puede obtener son afectos. Ver que los que pasan por San Manuel, se llevan alguna cosita o algún detalle que les servirán en su vida profesional. Recibir cada tanto alguna llamada de un ex aprendiz, haciendo una consulta por un caso y, por fin, sentir que lo que se dio generosamente, vuelve en buenos recuerdos.
Y ya quedó el sucucho desocupado para recibir nuevos aprendices llenos de ganas de trotar por el campo entre las vacas. Ahora estamos en contacto con una estudiante de Francia. Veremos que sale.


lunes, 25 de enero de 2016

Deportistas camperos

Se ha puesto muy de moda en los últimos años esto de caminar o correr. Es divertido y bueno para la salud. Además, gracias a la super-comunicación en las redes sociales, todo se comparte, y hay enormes comunidades de atletas, tanto de elite como amateurs.
San Manuel, para no ser menos, tiene un montón de caminantes y corredores. Algunos muy buenos y otros bien camperos. Y esto sí es algo raro, ya que la mayoría de los que practican estas actividades se envuelve en ropajes caros y especiales. Zapatillas con aire y colores terribles, calzas, remeras y medias que absorben sudores, cinturones con cositas colgando para usar durante la carrera, relojes y teléfonos con programas que miden todo y muchas cosas más.
Para demostrar que tanta sofisticación no hace falta, acá los tenemos a Juan Ramírez y Tomás Gandoy. Juan es un caminante empedernido, sale entre las cinco y las seis de la mañana en verano y no más tarde de las siete en invierno. Arranca en el campo “La Marta”, donde vive, y camina 5 o 6 kilómetros diarios por la ruta. Sale de bombachas, camisa, faja, rastra de botones, gorra visera y botas de goma cuando hay rocío o botas de suela cuando está seco.
Al otro, Tomás, le gusta trotar, pero el tipo, dedicado a la chacra y tractorista consumado, corre por las calles de tierra de los alrededores del pueblo en las horas de más calor, vestido con pantalón y camisa grafa, botines de cuero y suela de goma, y así nomás en cabeza.

En San Manuel estamos acostumbrados a verlos, y cada vez que aparece alguno con atuendo o accesorios estrambóticos para el “running” o el “trekking”, no falta quien le recuerde que es todo al pedo, viendo lo bien que andan Juan y Tomás con sus pilchas camperas.      

lunes, 14 de septiembre de 2015

El año del viento

Viento y tierra

¡Que lo parió! Las plagas y los azotes se dan por años. Hubo años de mosquitos, años de sapos, años de vaquitas de San Antonio, años de moscas, y tantos otros. Pero sin dudas, este será recordado como el año del viento.
Hace meses que no deja de soplar. Día tras día, le da y le da. Sopla sin parar como queriendo limpiar vaya a saber que cosa. Porque a mi que no me vengan con el cuento de que el viento son masas de aire que se desplazan entre los centros ciclónicos y anticiclónicos. Yo, que no soy ningún lerdo, hace rato que me di cuenta de que el viento es el soplido de alguno que anda por allá entre las nubes. Y se ve que el candidato anda medio molesto este año, porque se lo pasa desinflando las carretillas. No son esos días de furia con tornados que destruyen todo. No. Es un venteo cotidiano, que taladra, que pudre, que cansa, que molesta, que ofende, que perjudica y que rompe la paciencia durante todo el día. A la noche sopla también, pero uno se duerme escuchando como se doblan y retuercen los árboles de alrededor, armando un murmullo que ayuda a entrar en el sueño.
Todo se hace más difícil. El trabajo en los corrales con tierra reseca y suelta, se transforma en un atentado contra nuestras humanidades. A la noche, los ojos no paran de descargar gotones de tierra y los mocos, impregnados con el polvo, salen negros como la noche. Enlazar se complica si es contra el viento. Escribir la planilla mas miserable obliga a tener las hojas bien apretadas con toscas considerables, para que no tomen vuelo. Es casi seguro que la gorra de vasco, lo menos que hará, es ladearse sobre una oreja, y otras veces, terminará revolcada entre las tripas de una parturienta ¡Una porquería tanto viento!
¿No será que el ñato soplón, viendo tantas inequidades y desverguenzas sobre nuestra patria, está tratando de mandarlas para el lado del mar a fuerza de soplidos? ¡Andá a saber!


jueves, 4 de junio de 2015

La Cueva de los Barrientos


Así se ve el paisaje desde la entrada de la cueva


En una roca pegada a la puerta está este año (1891) grabado vaya uno a saber con que elemento


El interior de la cueva. Siempre muy oscuro. Deben ser 3 x 2 metros y unos 4 de altura


La entrada a la cueva tiene unos 60 cm de altura, por lo tanto, hay que atravesarla gateando

Los alrededores de San Manuel tienen algunos lugares muy bonitos para recorrer. Una de las excursiones mas entretenidas es una caminata hasta la Cueva de los Barrientos. Los que estén interesados en saber mas de la historia de este lugar, donde se escondían dos famosos ladrones a fin del siglo diecinueve, no tienen mas que buscar en Google todos los datos, pero quería aquí contarles nuestra propia relación con la cueva.
Es muy difícil de encontrar. Tanto que en 20 años intentamos tres veces llegar a ella, contando con todas las referencias de la gente conocedora del pueblo, pero no pudimos hallarla. Está en un cordoncito serrano a unos 20 kilómetros de San Manuel, Cerca de ella, en los primeros años del siglo veinte, se abrieron varias minas para extraer arcilla, por lo que hay varias bocas como se ven en las películas, que se internan en la roca viva. Nuestra cueva está unos 500 metros mas al norte, algo hacia hacia arriba del único sendero por el que se puede uno acercar.
La vez que la encontramos, tuvimos una gran emoción, porque aunque parezca chiste, estábamos casi al lado y no la veíamos. Por fin estuvimos allí, pero al asomar la nariz por el túnel de la entrada, la oscuridad no permitía ver nada y la posibilidad de que hubiera alguna víbora venenosa u otro bicharraco, nos detuvo un rato, hasta que se nos ocurrió meter la mano con la cámara fotográfica y sacar una foto con flash para poder averiguar como estaba la cosa. Y como no parecía haber nada mas que aire fresco y falta de de luz, nos metimos de a uno. Entramos tres personas sin problemas, pero caben allí fácilmente 7 u 8 tipos y, algo curioso, es que en el fondo del recinto hay un escape hacia arriba. Una "chimenea" entre las piedras de unos 6 metros de altura. 
Nos tomamos unos buenos mates, charlando alegremente sobre como esperarían los Barrientos a los policías que los perseguían, sentaditos en aquel mismo sitio.  
En fin, es un lugar para conocer entre tantos que nos rodean.

domingo, 6 de julio de 2014

Mas aprendices

 Operando con Bob y Tim

En el campo con Anthony y Elodie

Cosas que pasan.
 En estas semanas, han llegado a San Manuel algunos chicos extranjeros, para acompañarnos en los trabajos del campo y aprender algunas cosas de la profesión. Primero fueron Robert y Tim. Dos escoceses que están recorriendo el mundo, antes de entrar en la Universidad. Uno es de un pueblito pegado al lago Ness y el otro de una ciudad al sur de Edimburgo. Solo hablan inglés, así que tuvimos que esforzarnos para explicar las cosas y que entendieran los trabajos que íbamos haciendo.
En este momento, hay dos estudiantes de la Escuela Veterinaria de Nantes en Francia. Anthonhy y Elodie. Ellos saben español, ya que nos contaban que allí deben obligatoriamente estudiar inglés y luego, pueden optar entre el alemán y el español como tercera lengua. Ahora están cumpliendo con el período de residencia en el exterior que les exigen en su Facultad. Realmente están teniendo una muy buena formación allí. En Francia solo hay cuatro facultades de veterinaria con alrededor de 600 estudiantes cada una. La diferencia con nuestro sistema, es que el período de ingreso les demanda entre dos y tres años, así que los que lo pasan, luego alcanzan, en su mayoría, a terminar la carrera de 5 años. Dicen que se gradúa cerca del 90% de los que entran, mientras que en Argentina, se estima que se recibe solo el 25 % de los ingresantes.
Antes que los extranjeros, estuvieron Mauro y Abel, dos estudiantes de la Facultad de La Plata, que trabajaron con nosotros durante dos meses y dejaron muy buenos recuerdos, sobre todo la jaula atrapa-perros que construyeron, y que ya les mostré en otra nota. Finalmente, en agosto vendrán otros dos chicos de La Plata para hacer su residencia.

El “sucucho”, que así bautizamos al alojamiento que construí para ellos en la veterinaria, está a pleno, y nosotros contentos de poder trasmitir nuestra módica experiencia.   

jueves, 26 de diciembre de 2013

El año teatral

Ayer terminó la actividad teatral del año. Volvimos a presentarnos con “Los Timoteos”, armamos la obra de fin de año de los egresados del secundario, hicimos el espectáculo de la escuela 27 y rematamos con el pesebre viviente en la plaza del pueblo.
Pasó de todo. Justo el día del debut con “Los Timoteos” en San Manuel, presentando “La herencia de los Pérez”, y a 10 minutos de abrir el telón, nos avisan por teléfono que habían asesinado al intendente de nuestro Partido de Lobería, y a otra persona que lo acompañaba. Obviamente hubo que suspender todo y empezar fatigosas negociaciones para conseguir otra fecha en el Club. Después, nos invitaron a dar la obra en Balcarce. Trabajamos mucho para hacer todo, publicidad, traslados, contactos con la ONG con la que colaboramos, y otras menudencias. Por fin llegó el sábado de la actuación, prevista para las 21.00 hs., pero ya les dije que el año vino complicado. A las 20.00 hs se desató sobre Balcarce el peor temporal de viento, lluvia y granizo en muchos años. Los bomberos no daban pie con bola y recomendaban a la gente no salir a la calle. Hasta el teatro se llovió. De todas maneras, y ya que estábamos ahí, hicimos la obra, pero para unas 70 personas, cuando ya habían vendido alrededor de 200 entradas anticipadas.
Con el trabajo de los chicos del secundario, las cosas se hicieron al límite con los tiempos, y como el mismo día de la presentación egresaba mi hija mas chiquita del Jardín de infantes en Mar del Plata, no llegué a San Manuel a tiempo para acompañar a los chicos en la dirección del espectáculo.
La obra de la escuelita 27 fue muy divertida, pero tuvimos que demorar más de una hora el comienzo porque uno de los actores, empleado rural, reventó una goma del auto cuando viajaba para el pueblo, y se le complicó el cambio de la rueda porque no le andaba el crique. Encima se quedó en un lugar sin señal en el teléfono. Por suerte, y después de pedir varias veces al público que tuviera paciencia, el muchacho pareció y todo salió bien.
Y ayer repetimos el pesebre. Es un trabajo muy intenso donde colabora muchísima gente y creo que tiene uno de los puntos más fuertes con la representación del parto de la virgen, mostrado de manera muy sutil a través de luces y sombras,  Pero como no podía ser menos, en esto también nos pasaron cosas imprevistas. En un momento, Jose y María llegan al pesebre de Belén, después de mucho peregrinar y allí hacemos lo del nacimiento, pero el muchacho encargado de bajar una especie de telón de liencillo que cierra el frente del pesebre, esta vez quedó detrás de unas telas que no lo dejaban calcular bien lo que pasaba ¡Y bajó la tela antes de que entraran los protagonistas al pesebre! Después de algunas dudas que el público ni siquiera notó, el espectáculo continuó hasta el momento en que brilla la estrella de la Anunciación. Esto lo hacemos encendiendo una bengala de uso marítimo que hace una hermosa luz en el cielo mientras se consume. Esta vez la izamos en un poste muy alto con tanta mala suerte que el fuego de la bengala quemó el hilo plástico que la sostenía y antes de que se apagara la luz, la bengala cayó directamente a los pies de algunas damas espectadoras que imaginaron que era una estrella ¡Pero fugaz! Terrible momento que pasó sin contratiempos y que dejó material para las risas y comentarios.

¡En fin! Un año teatral complicado pero con la satisfacción de que la gente disfrutó mucho con nuestras cosas.    

viernes, 5 de julio de 2013

Un tesoro


 Boliche La Providencia. Año 1899


Portada del libro

     Después de leer la nota en la que conté algo de una muerte en La Providencia, apareció un cliente con un libro que es verdaderamente un tesoro. Se trata de algunos apuntes autobiográficos de Don Manuel Suarez Martinez. Un español que supo ser dueño de ese boliche entre los años 1865 y 1885. Allí va contando muchas cosas de la zona y se puede tomar conciencia de lo que era la región en un tiempo en que aún se vivía bajo el peligro de los malones, y los criollos tenían siempre a mano algún parejero para huir en caso de emergencia. Hay relatos de sus viajes quincenales desde La Providencia a Tandil, donde hacían un camino que pasaba por el boliche San Manuel, cerca de donde está hoy el pueblo, la pesquería y otros parajes conocidos. Nombra estancias en las que hoy me toca trabajar. Los Eucaliptus, Villa Italia, San Antonio y varias más.
En La Providencia, que en esa época estaba rodeada por un foso y una empalizada para defenderse de los indios, hicieron la primera huerta con todo tipo de legumbres y hortalizas, para el asombro y beneplácito de los estancieros de la comarca, que tenían bien metida en la cabeza la idea de que esta tierra y este clima no eran propicios para la agricultura. Además, estaba la convicción del paisanaje de que agacharse a trabajar el suelo, iba en desmedro de su hombría donde solo cabían los trabajos con la hacienda, cuanto más baguala mejor.
Evoca épocas bravas donde la ley y la policía no intervenían demasiado cuando había algún conflicto. Se trataba de poner el pecho y el cuerpo a la situación. Así cuenta Don Manuel varias peleas con matones reconocidos, donde los bravos “gallegos” de La Providencia salieron airosos. Hubo un encontronazo tremendo con un tal Juan Gregorio que terminó con el malo desmayado por un terrible garrotazo que le abrió la cabeza y lo hizo entrar en razones para siempre. Tanto, que terminó haciéndose bueno y casándose con una chica de honor. Hasta los famosos hermanos Barrientos, que tuvieron su guarida en la sierra de Barbosa, cayeron un día de carreras al boliche, con ganas de armar bronca y fueron correteados por estos valientes pioneros.

Hoy el boliche está cerrado, pero algo tiene que me invita a tomar mate un rato algunas veces que paso con tiempo. El campo pertenece ahora a la familia Riglos y va mi recuerdo al fallecido José María, hombre campero como pocos, gran pialador, muy de a caballo, generoso y hospitalario, que me distinguió con su amistad. 

martes, 15 de mayo de 2012

Amaneciendo



Crucé el jardín que separa la casa de la veterinaria antes de las 5 de la mañana. Estaba muy oscuro porque la luna apenas creciente no daba ninguna luz a la noche. Una helada machaza había congelado los pastos que crujían al pisarlos y el aliento se me iba en una columna de vapor.
Mi perro Protón me saludó contento y se estiró voluntarioso esperando alguna caricia al pasar.
Preparé los tubos para el sangrado, las cosas que iba a usar en el tacto de las vacas y la revisación de los toros, y armé el equipo de mate. Cargué la camioneta, y a las 5 y media, salí de viaje para Claraz, feliz y contento. Se venía otro día de trabajo fuerte y seguramente sol pleno, en el campo de los Leguizamón. En el pueblo todavía dormido, lleno de silencio, solo vi dos o tres conocidos madrugadores preparándose para arrancar.
Cuando pasaba por la localidad de Juan N. Fernandez, el sol despuntó sobre el horizonte que blanqueaba y las últimas estrellas se escondieron despacito, mientras desde Radio Necochea, Federico Cañada seguía promocionando las domas y pruebas de rienda de la zona en su programa “Mañanitas Camperas”.
Otro lindo amanecer en el campo.

martes, 21 de febrero de 2012

Del domingo al lunes

El domingo fuimos a la playa en Mar del Plata. Calor, autos, tránsito insoportable, gente de todos los calibres, montones de personas sobre la arena, viento del oeste bastante fuerte y molesto, mar peligroso por un canal pegado a la costa, vendedores de todo tipo de cosas a los gritos entre las sombrillas, desubicados tratando de paletear sin herir a nadie y regreso en caravana interminable por la costa.
Ayer lunes abrí la veterinaria para no quedar pegado con este feriado, para mí, sin fundamento. El pueblo en calma, los pocos autos que pasan frente al local marchan despacio, algunos chicos en bici y otros a pie van en manada hasta la pileta. Charlé un rato en el almacén y salude unos cuantos. Después de comer una siestita y vuelta al trabajo.
Linda la vida en el pueblo.

martes, 13 de septiembre de 2011

Buscando


No es que conozca todo el mundo por haberlo recorrido, pero a la enorme cantidad de lugares que pisé en tantos años, le agrego un montón de documentales, películas y libros que me transportaron cómodamente a otros miles de rincones.
Y casi nada se compara con los caminitos que recorro cada mañana al salir al campo en San Manuel. Hay lomas, sierras, piedras gastadas, plantas desafiantes y un aire livianito que acaricia los pulmones en cada respirada.
Ni hablar si uno para la camioneta un rato y se queda escuchando el concierto de pájaros recién empilchados después del emplume. Otra que los Wachiturros.
Hace poco volví de otro viajecito y vi lugares únicos. Mágicos. Pero tampoco ahora encontré un sitio donde este todo junto como en el mío.

jueves, 4 de agosto de 2011

Cosas buenas




Además de las sierras, tenemos un montón de arroyos por la zona. Y los arroyos con buena cantidad de bagres, dientudos y sardinas, así que cuando toca algún trabajo en un campo donde haya un lugarcito de pesca, y si ando con tiempo, cargo la caña, el frasco con las lombrices, la radio a pilas y el equipo de mate, y le dedico las últimas horas de la tarde a disfrutar de la cosa.
Mientras hay sol es entretenido sacar dientudos. Son muy agresivos y batalladores, así que se prenden al anzuelo con ganas y dan lindas peleas a pesar del poco cuerpo. Y al atardecer, mientras las gallaretas y los patos se pasean de punta a punta en el arroyo, y las nutrias y carpinchos van volviendo para sus casas, empiezan a salir los bagres que estaban quietitos en los pozos más profundos.
En dos horitas, uno se vuelve con unas cuantas presas que terminarán en budín, al horno, o de la manera que el cocinero disponga.

martes, 11 de enero de 2011

Pleno verano


El campo en pleno verano tiene sus cosas.
Los calores amarillean los pastos y la tierra se vá aflojando hasta parecer un talco marrón. Si uno camina a mediodía por una callecita cualquiera mientras el sol castiga, los pies levantan nubes de tierra caliente. Al tender la vista, una resolana viboreante deforma el paisaje, mientras un zumbido persistente nos rellena los oídos. Lo que pasa es que en las horas de mas calor los pájaros andan metidos a la sombra entre los árboles, así que campo afuera no hay cosa que se mueva salvo los insectos mas resistentes.
Entonces se nos vienen en manada los tábanos de enormes ojos azules y verdes, mosquitos panzones, y moscas bien molestas. Da gusto ver a los perros cazarlas de un mordisco certero. Se hacen los bolas hasta que la negra zumbona se les pone a tiro y con velocidad increíble la bajan de una dentellada. La gente y los animales se mueven despacio. Como agobiados. El sol pega y duele. Los maíces se retuercen tratando de esconderse. La soja deja caer sus hojas como las alas caídas de una clueca cerca del nido. Y salen viboras y culebras a buscar alguna chuchería para comer, mientras las iguanas se pegan en el paisaje descansando sobre las piedras calientes.
Es la época de la cosecha fina y el disfrute del mate cocido con galleta o algún pan dulce, a la sombra de la máquina, en el parate cortito de la tarde. También es la época de dormir con las ventanas bien abiertas para que entre el fresco, mientras el humito jediondo de un espiral ahuyenta los mosquitos.
Los trabajos con la hacienda se hacen casi antes del amanecer o bien a la tardecita. He visto muchas veces morirse animales en los corrales cuando se los deja encerrados a mediodía. También he visto perder el puesto a encargados de campo porque un molino roto o alguna bebida tapada, terminó con vacas muertas a montones.
Son buenos los mates a la sombra de una planta grande despues de la siesta reparadora, o la madrugada fresca que nos llena de fuerza y energía.
También es lindo el campo en pleno verano.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Un día de yerra

Manejar el lazo es un arte. Y no hablo de los que lo usamos para trabajar y nos defendemos algo, sino de los verdaderos artistas que se crían correteando ovejas, terneros y grandes animales, con sus cuerdas bien engrasadas. Da gusto estar en una yerra y deleitarse con los enlazadores y pialadores que abundan por estas pampas.
Allá repuntan un lotecito de terneros en un rincón y el maestro enlazador, siempre bien montado, avanza con el lazo en la mano y una armada lo mas grande posible para que el tiro sea vistoso. En cuanto elige a uno de los terneros revolea suavemente, y como si fuera facil lo dificil, lo "toma" limpiamente y sale con él de tiro entre dos filas de buena gente pialadora que se cruza chistes y alaridos. Llegado a la punta del callejón lo suelta y el animalito, al buscar a sus compañeros, se manda a la carrera entre montones de lazos que se alzan en el aire. Y salen entonces los tiros de volcado o de reves hasta que alguno lo piala de la mejor manera y el animal, sujeto de ambas manos, cae dando una vuelta en el aire, mientras algunos corren a "apretarlo" y manearlo, dejandolo listo para castrar, marcar y eventualmente señalar con alguna muesca en la oreja.
Y mientras los hombres trabajan y juegan incansables toda la mañana, cerquita de un fuego grande, un criollo mayor y con algún achaque que no lo deja trabajar, se esmera haciendo un cordero al asador y montones de chorizos y testículos recién sacados en la parrilla, las mujeres preparan las ensaladas para el mediodía, empanadas jugosas y crocantes, algún fiambre para picar antes de almorzar, pasteles bañados en exquisito almibar y algunas especialidades propias de cada casa, como el lechón arrollado o el matambre relleno.
La mesa larga se prepara a la sombra de las plantas mas frondosas y se lucen las jarras con vino tinto frío y las de jugo para rebajarlo. Alguno que se ha cansado, se acerca a la mesa cada tanto y despues de algunos tragos apurados y algun chiste con "las chicas", vuelve animoso al trabajo recuperado del todo.
A mediodía se hace un alto, y todos corren a lavarse en la bomba o el tanque, y toman posiciones frente a la mesa inagotable, comiendo y tomando cantidades enormes de aquellos manjares, hasta que medio adormecidos por el cansancio y el manducaje, se recuestan en los pastos a escuchar al infaltable cantor y guitarrero, que alterna con el que improvisa versos picarescos llenando de risas el ambiente. Y por fin, el encargado de la yerra, parandose gravemente, indica que la cosa debe seguir y sale al tranco hasta el corral para ensillar el caballo y recomenzar la tarea. ¡Así son los días de yerra! ¡Una fiesta!

viernes, 22 de octubre de 2010

La escuelita rural

El elenco teatral en pleno. Allí está la maestra, algunos padres y quien suscribe. Actuamos al aire libre y despues cenamos terrible asado, empanadas, pasteles y otras delicias.

Hoy pasé frente a la escuelita del paraje La Bodega. Es una de las tantas escuelas rurales de la zona que fueron abandonadas cuando se implementó el sistema de concentración escolar. Ahora hay micros o combis que hacen largos recorridos para traer y llevar los chicos del campo hasta el pueblo. Viajan en promedio dos horas diarias entre ida y vuelta a sus casas. Algunos más. Esto se hizo pensando en la "calidad educativa", con la idea nunca confirmada de que una escuela de pueblo puede ser mucho mejor que una del campo
Y habiendo conocido el movimiento de esas escuelas de las que hablo, pensaba.
¿Estará bien haber terminado con ellas.?
Creo que nó. La escuela rural es un enorme polo social en cada lugar que está. A su alrededor gira mucho de la vida de la gente de la zona. Ahí se juntan padres siempre comprometidos. Gente que pone tiempo, esfuerzo y ganas para que "la escuela" esté de lo mejor. Organizan asados, domas, rifas. Trabajan con ganas y los chicos se crían viendo eso. Ahí se quedan muchas veces las madres que han llevado sus hijos a clase, a esperar que salgan, para llevarlos de vuelta ahorrándose un viaje, y conversan y toman mate divertidas cerca de los caballos atados en las plantas, o atras de algún sulqui donde viajan varios hermanitos. A veces arreglan el patio y ponen flores, o le dan una mano a la maestra en la limpieza.
La maestra rural es una institución. Se la quiere y respeta, y todos los esfuerzos por ayudarla son pocos.
Hoy nos queda solamente la Escuela de Garrido con tres alumnos, pero hay que ver lo que genera algo aparentemente tan chico. Es conmovedor ser parte de eso. Y lo digo porque hace ya tres años que preparamos una obrita de teatro para la fiesta de fin de curso. Es algo muy bueno.
Y además, salvando cualquier tipo de consideración, creo que cerrar cualquier escuela es un pecado. En educación no caben los cálculos económicos. Siento que debería haber cada vez mas escuelas, no menos.

martes, 8 de junio de 2010

La plaga de los ciervos


Ya les he contado que San Manuel es muy pintoresco porque está bien metido contra unas sierras increíbles. Una de estas se alarga hasta tocar el pueblo-estación que sigue, que es Licenciado Matienzo.
Sobre esta sierra hay una especie de meseta ondulada que, según calculan, tendrá unas 4000 has., toda cubierta de vegetación variada, donde predomina la planta de Curro.
El Curro fue nombrado planta distintiva del Partido de Lobería porque no se vé por otros pagos. Es muy espinoso y de madera dura, y forma un arbusto muy grande, como si fuera un pequeño árbol que se desparrama por el suelo.
Y ahí, en ese lugar tan bien protegido, viven pumas, ciervos, vacas salvajes y muchos otros animales que caminan, se arrastran y vuelan.
De las vacas salvajes ya les conté hace unos días, pero hoy quería tocar el tema de los ciervos, que se han convertido en una verdadera plaga. Su población ha ido creciendo en forma descontrolada, seguramente porque los humanos hemos bajado la influencia de algún depredador natural de estos bichos.
La cuestión es que tienen que alimentarse. Y son muchos. En los años pasados se han ido acercando cada vez más a las vacas mansas. Primero bajaban a comer ración en los comederos, después se los podía ver pastoreando con los vacunos en los faldeos de las sierras, y ahora, directamente bajan y se comen todo, como pasó en uno de los campos que comparten la sierra.
El año pasado sembraron 120 has de soja y veían que los bandidos entraban a comer las ricas plantas en manadas enormes. Uno de los ingenieros sacó una foto en una visita, y calculó que había más de mil animales comiendo. Finalmente cosecharon solo unas 15 has.
Además, en estos días se han visto ciervos alejándose hacia otros lugares, saltando elegantemente los alambrados.
Y entonces llegan cazadores de todo el país que se meten a pié en la sierra y andan a los tiros a cualquier hora del día. Hasta en los montes que rodean las casas. Otros salen a la noche y los cazan con reflector, como a las liebres, y se los comen en chorizos caseros o riquísimas milanesas.
La cuestión es que hay cada vez mas ciervos, mas despelote en la sierra y nadie sabe que hacer. No faltará el iluminado que vuelva a prender fuego pensando que una vez que arda todo tambien se terminará el problema.

miércoles, 2 de junio de 2010

Vacas salvajes

Esta que se vé en primer plano es una planta
de curro de las que menciono en lo que sigue

Hace unos 40 o 50 años, algunas vacas de un rodeo Angus de un campo pegado a la gran sierra de San Manuel, se fueron hacia la meseta de arriba y jamás pudieron recuperarlas. La enorme cantidad de Curro, que solo tiene algún control cuando la sierra se incendia, hizo imposible bajarlas.

Y se hicieron salvajes.

Cuando llegué a trabajar en la zona oí los cuentos de estas vacas pero nunca las había visto, hasta que me tocó hacer tacto a un rodeo de otro de los campos que comparten la sierra.

Junto con las casi 300 vacas mansas, venía una de las salvajes. A veces, cuando se quedan sin agua de manantial, bajan hasta los bebederos. Esta había caído de esa forma. Era una vaca chiquita, muy renegrida, ágil y fibrosa. Llegó a la manga en el montón y en cuanto entró al corral, se cortó del resto y empezó a buscar la forma de escaparse. Balaba desesperada y se tiraba contra los alambrados. Decidimos dejarla sola y empezamos el trabajo. Las mansas iban desfilando. A media mañana, le tocó entrar a la loquita. Venía hecha una furia. Alerta, babeante, con ganas de atropellar a cualquiera. La agarraron en el cepo y la revisé mientras daba gritos desaforados. Y cuando la largaron, pasada de la rabia, salió disparando, saltó un alambradito, y se vino al enorme fuego donde se calentaban las marcas ¡Y se paró encima!

No la podíamos sacar, mientras la bestia enfurecida se calcinaba viva. El olor a pelo quemado se hizo insoportable. Las manos, parte del cogote y la cabeza quedaron en carne viva y le empezó a salir sangre por los ojos. Hasta que decidió salir sola del infierno. Primero corrió ciega para el lado de la manga obligando a todos a subirse en las tablas, y después, se tiró contra otro alambrado, cayó patas para arriba y al rato se murió.

Ese fue mi primer encuentro con una vaca salvaje. Después las he visto montones de veces en mis caminatas por la sierra, y hasta he tratado algunas otras que bajaron, y no eran tan belicosas como la loca.


Pero allí están en la sierra, felices y contentas, a pesar de los esfuerzos que han hecho por terminarlas.

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