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miércoles, 12 de junio de 2024

Una vaca traicionera

 


Esta terminando la temporada de tactos 2024. Este año me tocó revisar más de 12.000 vacas y vaquillonas de todos los pelajes y tamaños.

Trabajamos en mangas impecables y en otras lamentables. En establecimientos donde tienen la gente que hace falta para andar cómodo, o en otros donde apenas hay uno o dos ayudantes y el esfuerzo es mucho mayor.

De todas maneras, siempre es peligroso tratar con bestias de más de 400 o 500 kg de peso.

El último accidente lo tuve el mes pasado. Tenía que revisar unas 100 vacas, en un campito donde la manga es bastante precaria y solo había un muchacho como ayudante. De pronto, una de las vaquitas entró en la manga y la pasé a la casilla de operaciones, mientras mi compañero la esperaba en el cepo.

Esta manga tiene la puerta a la derecha, así que la abrí con intención de torcer un poco la cola de la vaca, para hacerla avanzar, pero apenas le toqué el rabo, sucedió lo que nunca hasta ahora: Se levantó en el aire y tiró una tremenda patada que me dio de lleno en la panza. Volé de espaldas como cuatro metros y aterricé sobre el balde donde tenía el agua para lavarme.

Y ahí quedé mirando el cielo sin poder hablar. Mientras tanto, el empleado, sintió el golpe y como estaba del otro lado de la manga, me gritaba para ver si estaba bien. Yo no podía contestarle, así que se pegó el susto de su vida pensando que me había matado.

Por suerte no se me rompió nada importante y después de un rato pudimos seguir tranquilamente con el trabajo y con una historia más para contar.

domingo, 21 de agosto de 2022

El cerebro de nuestras vacas

A veces es bueno entender un poco más del funcionamiento del sistema nervioso de nuestros animales domésticos, para poder trabajar mejor con ellos y aumentar su bienestar.

 


Allá fuimos un grupo de docentes de Fisiología animal de la UNICEN, a dar un curso para profesores de secundaria en Mar del Plata. Mi tema era Neurofisiología. La última actividad del curso fue un gran Taller-Debate donde los 34 “alumnos” pudieron bombardearnos con preguntas e inquietudes. Entre ellos, había tres relacionados con la ganadería, y se engancharon mucho con mi charla.

-¡Digamé Spinelli! Hay algo que me gustaría que nos ampliara, y es lo relacionado con el aprendizaje de los bovinos ¿Es cierto que pueden aprender tantas cosas?-

-¡Vean! ¿Recuerdan lo que dije sobre la forma en que los animales aprenden algo? Los mamíferos tienen cerebros muy evolucionados con dos puntos o centros muy interesantes dentro de su estructura, que son los centros de recompensa y de castigo. Cuando un individuo realiza un acto nuevo para él y tiene un buen resultado, como por ejemplo entrar en un galpón que normalmente lo asustaría y encontrarse con un montón de grano para comer, este acto queda fijado por la activación del centro de recompensa. Es así que el animal tiende a repetir esa acción. Allí tienen un “aprendizaje”. Ahora sabe que entrar en el galpón le dará comida.

Por el contrario, si cuando el curioso entra al galpón es sorprendido por un sonido violento, este suceso quedará fijado por el centro de castigo, y seguramente el explorador evitará volver a entrar en el bendito galpón. Aprendió que el galpón está relacionado con algo terrorífico.

-¡Está bien! Pero como podemos usar esto que nos cuenta para enseñarle algo a una vaca.

-Los dos caminos a recorrer para enseñar a un animal, consisten en buscar como activar uno de estos centros.

Antiguamente, los circos tenían animales en sus espectáculos. La forma que usaba la mayoría de los “domadores” para enseñar a un tigre o a un mono, a hacer alguna prueba, era el castigo. El famoso látigo. El animal obedecía por temor al dolor. Precisamente se estimulaba el centro de castigo y se lograban resultados a pesar del sufrimiento de los “artistas” animales.

En la actualidad, es unánime la adopción del camino de la recompensa. Cuando el animal hace lo que le pretendemos enseñarle, se gana un premio. Ya sea un bocado o un gesto afectuoso.

A aquellos de ustedes que son ganaderos, les doy un ejemplo concreto. Supongan que tienen un rodeo que no pueden hacer circular por la manga sin gritos ni estrés. Primero deberán descartar problemas en el diseño de mangas y corrales, y después analizar el motivo de la resistencia a pasar por la manga. A veces se trata simplemente de alejar los perros, si no son muy buenos para el trabajo, o adoptar las varas o las banderas para arrear sin gritos, solo con toques leves. Después, y esto es muy importante, una vez terminada la tarea específica, les recomiendo hacer desfilar dos veces, a todo el rodeo, por la manga abierta. Que simplemente los animales pasen por ella sin contratiempos. De esta manera, cuando los vuelvan a encerrar, volverán con las buenas sensaciones que se fijaron en su centro de recompensa.

-¡Buena idea! ¡La voy a probar!- Afirmó Laura C., una profesora de Coronel Vidal, casada con un ganadero tradicional –Pero a mí me quedó una duda ¿Cómo es la memoria de las vacas y cuánto dura?

-¡Mirá Laura! Tanto los animales más evolucionados, como nosotros los primates, somos capaces de almacenar información en nuestro sistema nervioso ¿Qué información guardamos? Solo la que es relevante y puede ayudarnos en nuestra diaria actividad. Es por eso que se calcula que el sistema nervioso desecha más del 99% de los estímulos que recibe. Los considera intrascendentes. Lo verdaderamente importante queda registrado primero como memoria superficial y luego, si realmente es un dato vital, durante el sueño se fija en la memoria profunda y probablemente quedará allí toda la vida.

-¡Entiendo! ¿Pero que es específicamente la memoria? ¿Qué pasa en el cerebro de un animal para que pueda guardar una información?

-¡Miren! Verdaderamente no hay una respuesta precisa. Hay quienes postulan que un estímulo provoca cambios químicos en las neuronas, que pueden ser permanentes cuando se llega a la memoria profunda. Otros dicen que son “huellas sinápticas”, es decir que un dato nuevo que ingresa al cerebro, activa una nueva ruta sináptica, que quedará activa para siempre, mientras ese dato esté en la memoria. Sería como abrir una nueva calle en el medio del campo.

-¿Y que es una sinapsis?

-¿Quien preguntó eso?

-¡Yo!- Dijo uno de los presentes levantando la mano –Ya se que es una de las primeras cosas que explicó en la charla, pero yo tuve que venir más tarde.

-¡No hay problema! Les recuerdo rapidito que una sinapsis es la unión entre dos células nerviosas o neuronas. Y les recuerdo también, que cada célula nerviosa puede enviar información hacia unas 1000 neuronas, y recibirla de otras 1000, sumado a esto que se calcula que en un cerebro hay entre 500 y 1000 millones de neuronas, las posibilidades de comunicación entre ellas son infinitas.

¡Bueno! ¿No hay más preguntas?

-¡La última Spinelli! ¿Las vacas ven en colores?

-¡Linda pregunta! Les diré que los colores son distintas longitudes de onda de la luz. Esta luz en captada por los ojos, conducida a la parte posterior del cerebro, la occipital, y allí es interpretada por el individuo y transformada en “imágenes”.

Todos los animales lo hacen. Es decir que todos ven en colores y pueden diferenciarlos. Lo que pasa es que ellos no pueden hablar para contarnos como interpretan esa misma luz que los humanos percibimos.

Resumiendo: Las vacas, y en general todos los animales, son capaces de aprender y se les pueden enseñar habilidades apropiadas a cada especie. También son capaces de memorizar las cosas que les interesan, y por fin, recuerden que todos son capaces de diferenciar los colores-

Un lindo aplauso fue el cierre de la charla y el debate. Nos fuimos todos contentos.

      

viernes, 15 de enero de 2021

Rompiendo todas las marcas


Acá comparamos los tamaños. Jeronimo mide 1,77 y pesa 95 kg



 

Esa noche le tocó a Jerónimo, mi yerno. Llamaron para atender una vaquillona Angus colorado que lucía muy grave. Según el propietario, estaba con la panza tan hinchada, que tenía miedo que no llegara viva hasta el día siguiente.

Allá fue el bueno de Jerónimo a revisarla casi a las once de la noche.

Se encontró con una pequeña vaquita, que calculó que no pesaría más de 340 kg, caída en medio de un pastizal de Agropiro, con una tremenda dilatación abdominal, que en principio supuso que se debería a algún problema digestivo.

Se puso la ropa vieja de trabajo, acomodó las cosas para la tarea, y se calzó un guante largo. Comenzaría con un tacto rectal, para tratar de averiguar si había alguna obstrucción o problema semejante.

Al introducir la mano por el ano, a través del recto tocó una masa enorme, dura, con consistencia ósea, que al principio no pudo identificar, pero que al fin asoció con la mano de un ternero, pero de un tamaño insólitamente grande.

-¡Tiene un ternero enorme adentro Miguel!- Le dijo Jerónimo al propietario -¿No le habían notado nada raro?

-La verdad es que parecía medio panzona, pero como pensé que no había estado con un toro, no creí que estuviera preñada ¿Y ahora?

-¡Ahora le voy a hacer una cesárea!

Y poniendo manos a la obra, Jerónimo tuvo que hacer una incisión el doble de largo que lo normal para sacar, después de grandes esfuerzos y con la ayuda de Miguel, un ternero que rompió todos nuestros records anteriores. Pesó 87,5 kg y midió desde la punta del hocico hasta el nacimiento de la cola 144 cm.

No sabemos si el Guinness tiene entre sus estadísticas el peso de terneros. Buscamos el dato en Internet paro no encontramos nada. Hablan de uno de 57 kg en Ecuador, pero al lado de nuestro gigante, no tiene ni para empezar.  

 

sábado, 28 de noviembre de 2020

La vida te da sorpresas

 

-¡Pase cuando quiera Spinelli!- Me dijo Pedro Albelo–Ya hablé con mi hija, que es la dueña del caballo, y ella prefiere “dormirlo”.

El caso es el de un viejo caballo tordillo, que hace meses comenzó con una lesión en el ojo derecho, que ha ido creciendo sin parar, hasta transformarse en un feo tumor del tamaño de una mandarina. El animal anda, molesto y la lesión sangrante promete un verano difícil para controlar las bicheras. Por eso decidieron hacer la eutanasia.

Esta semana tuve un rato y me llegué hasta Los Mimbres, para cumplir con el desagradable asunto. Solo estaba Pedro, que agarró al tordillo y lo llevó hasta un claro frente al monte. Primero le di un anestésico que lo durmió enseguida.

-¿Ya está?- Preguntó Pedro.

-¡Casi Pedro! Ahora le aplico el eutanásico endovenoso y listo.

Terminé la maniobra y Pedro, que estaba apurado (aunque sospecho que también algo tristón por el final del tordillo), se despidió porque tenía que ir al fondo del campo a buscar leña. Yo cargué mis cosas y me fui también. Parecía el fin del cuento, pero quedaba otro capítulo.

Al día siguiente sonó el teléfono -¡Spinelli! ¡No sabe lo que pasó!- Me dijo excitado Pedro.

-¡Ni idea! ¿Qué pasó?

-¡El tordillo se levantó y anda feliz y contento!

Al principio pensé en una broma, pero pronto me di cuenta que iba en serio.

-¿Pero cómo?

-¡Y qué se yo Spinelli! ¡Si no sabe usté! Ahora Laurita le está dando un poco de avena y dice que ha de ser un milagro nomás. Cambió de idea. Lo va a cuidar todo lo que haga falta, porque piensa que si se salvó de esta, será porque no se tenía que morir ¿Qué me cuenta?

-¿Qué te cuento? Que no sé que pudo haber pasado, pero lo que dice Laurita debe ser cierto nomás.

Esto de trabajar con seres vivos nunca deja de sorprenderme.

jueves, 16 de julio de 2020

Camila y el Dr. Pol


La operación de Camila

Los ocho lechones

Me fui rapidito hasta “San Eduardo” porque había una cerda que no podía parir. El campo está bastante lejos de San Manuel, y esa tarde tenía programado otro trabajo, así que pensé en terminar el parto lo antes posible y seguir camino.
Pero el hombre propone y Dios dispone. En cuanto metí la mano por la vagina de Camila, la chancha mimosa de María, supe que no iba a poder sacar los lechones por allí. Apenas alcanzaba a tocar con la punta de los dedos, el hocico achatado y los colmillos muy filosos, del lechón que había atrancado todo el parto. Después de algunos intentos, decidí hacer la cesárea.
-¿Pero cómo? ¿Se puede hacer una cesárea a las chanchas?- Preguntó María asombrada, mientras yo iba preparando el instrumental – El otro día vi que el Dr. Pol mandó a sacrificar a una que no podía parir-
Todos los presentes, que eran varios, empezaron a reir. Yo también. Ocurre que me gusta ver los programas de “El increíble Dr. Pol” y justo vi ese episodio donde, después de luchar un tiempo largo, decide sacrificar la cerda parturienta.
-¡Y bueno María! Ya ves que los de San Manuel tenemos nuestras habilidades. En verdad he hecho cesáreas en vacas, yeguas, ovejas, perras, gatas y cerdas con buenos resultados. Hasta me tocó una vez hacerla en una hembrita de cobayo. Así que veremos que pasa con Camila.
Por suerte todo salió bien. Pude sacar seis lechones vivos y dos muertos. María estaba feliz y Camila no pude saber, porque se levantó enojada quien sabe por qué, y nos sacó a todos corriendo del chiquero.   

martes, 14 de julio de 2020

El prolapso de la oveja


En nuestra zona quedan pocas majadas grandes. Solo vemos ovejas para consumo, por lo que cada pequeño rodeo no supera los 100 animales. La decadencia de la producción obedece a varios factores: Precio muy inestable de la lana en el mercado mundial, al igual que la demanda de carne ovina. Además, un dato no menor, es la dificultad que representa para el productor estar cerca de los centros poblados. Una oveja o un cordero son fáciles de robar.
De todas maneras, es muy gratificante la práctica clínica con las ovejas.
Ayer tuve que resolver un prolapso de útero en una oveja Corriedale, que había parido la noche anterior un gran cordero macho. La pobre lucía triste y dolorida en un rincón del corral de la manga, haciendo pujos estériles y con la masa del útero colgando a través de los labios vulvares. El corderito, temblando de frío, intentaba mamar y calentarse debajo de su lanuda madre.
Con cuidado la puse sobre una chapa para evitar el barro y lavé el útero frío. Le apliqué una inyección endovenosa para relajar la musculatura del órgano y facilitar la maniobra y de a poco lo fui reintroduciendo. La oveja no se quejaba, pero se notaba que todo el asunto le molestaba mucho, ya que daba pequeñas pataditas, como espantando algunas moscas que no había.
Por fin todo quedó en su lugar, suturé la vulva para evitar que se produzca de nuevo el prolapso, y la tipa quedó en pie bastante más aliviada que al comienzo. De pronto caminó hacia un rincón y me llamó con la mirada.
-¿A vos te parece que voy a vivir? Porque me preocupa mi corderito. Apenas tomó un poco de calostro y lo notó con mucho frío.
-¡Claro que vas a vivir sonsa! Y este cordero va a ser el carnero más grande y fuerte de la majada.
Me miró agradecida y se retiró con su cría. Yo quedé asombrado con el cariño y el fuerte instinto materno de una pobre oveja con tantos problemas.

domingo, 21 de julio de 2019

Una ayuda en el diagnóstico




Por suerte, cuando uno se acostumbra a conversar con los animales, es más fácil llegar a un buen diagnóstico. Hace unos días me tocó atender una bonita ternera Angus colorado, de casi 290 kilos. En unos días más la cargarían para llevar a la Exposición Rural de Palermo, y la gente de la Cabaña tenía bien fundadas esperanzas de que haría un gran papel. Pero quiso la fatalidad, que el martes amaneciera con una pata en el aire. No hizo falta una revisación muy detallada para entender que el pobre animal tenía una fea fractura en la tibia izquierda.
Mirándola con tristeza desde el alambrado, nos quedamos Bonifacio Gutiérrez, el cabañero, Manuel Quintana, el dueño, los dos chicos ayudantes de la cabaña, y yo.
-¿Qué le habrá pasado?- Preguntó Manuel, que además de triste estaba bastante enojado, y tratando de encontrar un culpable del insuceso.
-¡No se!- Dijo Bonifacio -¡Anoche estaba lo más bien y hoy la encontramos así!-
-¿Pero cómo es posible? ¿Cómo se va a fracturar si está sola en el piquete y nadie la molesta? ¿No habrá andado alguno metiéndose en la cabaña? ¿Vos que opinás Jorge?-
El asunto se estaba poniendo picante por la presión de Manuel, así que antes de contestar, me volví a meter en el corral y me acerqué a la doliente.
-¿Qué pasó?- Le pregunté en voz baja.
La ternera no parecía demasiado dolorida, aunque esto es común en los bovinos, que tienen un alto umbral de percepción del dolor. De todas maneras, unas lágrimas le asomaban de sus ojos renegridos, tal vez pensando en la gloria palermitana que se le había escapado.
-¡Pasó que tuve mala suerte dotor! Anoche estaba entredormida y se apareció Fabián, el perro de Bonifacio. Me asusté cuando sentí que estaba al lado mío, pegué un salto, salí corriendo hasta allá al fondo donde hay más pasto, y no vi la boca de la cueva. Todavía debe estar el resbalón al costado. Así me quebré ¡Que mala pata dotor!-
Le acaricié un rato el lomo y volví a donde estaba la gente.
-¡Yo creo que esto es cosa del azar! ¡Digamé Bonifacio! ¿No habrá alguna cueva en el piquete donde se pueda haber tropezado?
-¡La verdad es que no se Jorge! Aunque hay tanta cantidad de peludos que alguna puede haber ¡Si quiere nos fijamos!
-¡Acá está!- Gritó uno de los muchachos. Allá al fondo, tal como me había dicho la colorada, estaba la cueva maldita, con un borde desarmado por el infortunado tropiezo de la ternera.
El caso estaba cerrado.

sábado, 26 de enero de 2019

El ojo de Ramoncito

Ramoncito con el globo ocular prolapsado 

Después de la operación con todo en su lugar

Parece que Ramoncito, el perro mimoso de los López, había oído hablar del caso famoso en San Manuel, del perro atropellado por un auto al que se le saltó un ojo de la cabeza por el tremendo impacto. Aquella vez, la dueña encontró el órgano tirado en la vereda al día siguiente mientras barría.
Tal vez por eso, ayer cuando lo golpeó en la cabeza la rueda del auto negro que pasaba por su casa, y sintió ese relámpago de dolor en el ojo izquierdo, creyó que le había paso lo mismo.
Eso alcancé a deducir cuando Patricia López me contó que después del accidente, Ramoncito estuvo un rato como buscando en medio de la calle y después, caminando tambaleante, se subió a la vereda y comenzó a pasarse la mano muy despacito por la zona golpeada. Es seguro que trataba de ver si le faltaba algún pedazo.
Cuando terminé de operarlo y se despertó, me miró agradecido con el ojo derecho. Quedó muy bonito.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Un pájaro distinto



En este momento tenemos cinco cotorritas australianas para vender en la veterinaria. En realidad, casi la única virtud que les encuentro es que son muy vistosas. Las hay celestes, blancas, amarillas, verdes y de combinaciones variadas de colores. Sacando esto, se pasan el día “cotorreando” en su lenguaje tan particular y bochinchero. Además, ensucian la jaula y sus alrededores permanentemente con restos de comida variados.
Pero esta vez apareció un cotorro piola. El tipo, con no se que teje y maneje, descubrió que uno de los barrotes del techo de la jaula se puede mover, y no tarda más de quince minutos, después que lo metemos en su casa, en volver a escaparse.
Esto lo viene haciendo desde hace una semana, y en tan poco tiempo, aprendió que la vidriera no se puede atravesar volando, que si se posa en los lugares más altos de las estanterías no llegamos a agarrarlo y varios trucos más. Otro dato que llama la atención es que los otros cuatro, a pesar de que lo ven al compañero escaparse elegantemente, no se dan maña para seguirlo.
Será por miedo, o tal vez porque tienen menos luces. O quizá porque nacieron en jaulas y aunque lo ven, no imaginan que el mundo se extiende más allá de los barrotes.
Sea por lo que sea, creo que esto es lo que les pasa siempre a los distintos de cualquier especie. Se encargan de ampliar los horizontes. Solos, incomprendidos, golpeándose contra las paredes; pero logrando al fin, que el resto entienda que se puede ir un paso más allá. 

jueves, 19 de abril de 2018

Una porquería

 Así lucía la vaquillona en el campo.

 Apenas agarrada en el cepo.



-¡Ni idea que puede ser!- Me dijo Andrés mientras tomábamos mate en la veterinaria -¡Mejor andá y estudialo!
Cuando vi al animal en la manga pensé: ¿Que porquería es esto? La vaquillona cruza, lucía una especie de mueca burlona, con un hueso descarnado colgando de su maxilar superior. Andrés prefería ni mirar. Pero en cuanto la agarramos en el cepo, nos dimos cuenta del engaño. Se trataba de la escápula de algún otro animal muerto en ese campo, a la que la pobre bestia seguramente empezó a lamer y roer hasta que la pieza se encajó perfectamente en su cara.
¡Cosas que tiene la naturaleza!

jueves, 12 de abril de 2018

Un buen hijo


-¡No te creo!
-¡Y bueno! Mañana lo vas a ver.
Al día siguiente me fui hasta el campo de Norberto. Tiene 60 o 70 ovejas. Una majadita para consumo propio. Llegamos caminando hasta el potrero, a unos 800 metros de la casa, acompañados de la perrita Mancha. En cuanto empezó a ladrar, las ovejas, acostumbradas al encierre diario, enfilaron para el corral del monte junto con sus corderos.
-¡Ahora vamos a quedarnos quietos y esperar! –Dijo Norberto
Enseguida, una de las ovejas, comenzó a dar vueltas en círculo, mostrando el clásico signo nervioso llamado torneo, mientras sus compañeras se alejaban. Y cuando ya se habían retirado casi 500 metros, comenzó lo increíble. Del fondo de la majada, se apartó un cordero de alrededor de 20 días y volvió corriendo hasta la doliente. Era su hijo. Pronto se paró al lado de su mamá, que giraba descontrolada, y esta, al sentir su contacto se quedó quieta un buen rato, hasta que pareció calmarse. Entonces, el pequeño comenzó a caminar despacito hacia el monte, cuidando de que su madre estuviera pegada a él en todo momento.
Allí nos quedamos como 15 minutos hasta que de a poquito, llegaron al corral junto con las otras.
Después me puse a revisar a la madre, buscando la causa del torneo, pero esa es otra historia. Lo más notable ya lo había visto.

martes, 10 de abril de 2018

Operando a la zaina







-¡Che dotor! ¡Decime la verdad! ¿Alguna vez arreglaste algo así? –Me preguntó la yegua zaina en un momento que me acerqué a darle una endovenosa en la yugular.
-¿Por qué? ¿Tenés miedo? ¡Esto va a ser como cantar y coser!- Le contesté en voz baja, haciendo una especie de juego de palabras con la operación que estaba preparando. De todas maneras me parece que no lo entendió. Los caballos son inteligentes pero no pescan nuestras sutilezas.
-¡No es que no te tenga fe, che dotor! Lo que pasa es que me preocupa no quedar bien y no poder tener más potrillos.
-¡Mirá zaina! Lo que tenés se llama cloaca recto-vaginal y es un desgarro de la zona perineal que se produjo durante el parto de esa linda criatura que está esperando para mamar. Es cierto que algunos de los primeros casos que operé fracasaron, pero también es cierto que casi todos los hechos en los últimos años han quedado muy bien. Por eso te digo que te quedés tranquila.
-¡Que bueno! ¡Entonces metalé tranquilo y haga las cosas bien che dotor, que no veo la hora de pararme y correr a ver a mi muchacho! ¿No es lindo? Me parece que cuando sea grande  va a ser rosillo como el padre.
Y mientras charlábamos de todo un poco, siempre en voz baja para que los humanos que nos miraban no pensaran nada malo, le reparé las partes traseras a la zaina de la mejor manera.
Veremos cómo evoluciona en la próxima visita que le voy a hacer dentro de algunos días.   

miércoles, 30 de agosto de 2017

Cuando se quiere se puede





El temporal duró dos días. Cayeron entre 70 y 90 mm de agua y hubo granizo y fuertes vientos. Ayer, Perico Robledo me llamó porque tenía una vaquillona que no podía parir. Lo grave fue que él no podía salir del campo para venir a buscarme, y yo no podía llegar hasta allá en mi camioneta, porque las calles estaban intransitables.
Me quedé trabajando en la veterinaria preocupado con el asunto hasta que, alrededor de las cinco de la tarde, apareció Perico. Me contó que lo habían sacado de tiro con un tractor hasta una parte en que el camino está entoscado, y después dio una vuelta enorme hasta que pisó la ruta y se vino a San Manuel.
En el momento pensé que venía a buscarme, pero la sorpresa fue que en la caja de su camioneta traía la parturienta.

Enseguida buscamos un galpón porque llovía torrencialmente, descargamos la paciente y le hicimos una bonita cesárea. 

martes, 29 de agosto de 2017

Una yegua generosa



Llegué temprano a "Los Ceibos". Me recibió el encargado entre asustado y amargado.
-¡Seis se murieron Jorge! ¡Seis vacas de las mejores! Si no pierdo el trabajo con esto no se lo que le digo-
-¡No se ponga mal Don Alberto! ¡Vamos a ver que es lo que pasó!- 
En un rato recorrimos el lote de vacas en parición, e hice la necropsia a dos de las finaditas, mientras el pobre hombre me llenaba de información.
-¡Esto es hipomagnesemia!- Sentencié finalmente -Este problema se está dando en la mayoría de los campos de la zona-
Ya de vuelta en la casa, le expliqué todo lo que había que hacer para prevenir mas muertes y nos pusimos a hablar sobre los seis terneros que habían quedado huerfanos al morirse sus madres.
Detrás nuestro estaba la yegua Morenita, escuchando con atención. De pronto dijo:
-¡Perdón que me meta! Si Don Alberto quiere, yo me puedo hacer cargo de uno de los pichones. Hace tiempo que tengo ganas de ser madre-
A pesar de mi desconfianza, el hombre le acercó uno de los guachitos para ver que pasaba ¡Y en ese mismo momento, Morenita lo adoptó como hijo.
A la semana, Don Alberto me hizo llegar las fotos que se ven mas arriba y me contó que, increíblemente, a la buena yegua le había bajado la leche.
¡Cosas que pasan en el campo!  

martes, 8 de agosto de 2017

Un caso sencillo

Ayer llovía torrencialmente. Imposible salir al campo, así que estaba de “oficinista” en la veterinaria, haciendo informes y planillas.
En mitad de la tarde, se presentó la señora Morena, muy compungida, para pedirme que fuera a ver un perro a su casa.
-¡No hay problema Morena!- Le dije cortésmente, aunque la idea de salir en medio del temporal no me entusiasmaba demasiado.
-¡Sí hay problema Jorge! El perro que quiero que veas no es Mosquito, el mío. Quiero que veas un callejero que va todas las noches a comer a mi casa y duerme en el galpón. Si luego aparece, voy a tratar de tenerlo atado para mañana-
-¡Bárbaro! ¿Y qué le han notado de raro? ¿Está enfermo?-
-¡No! Tiene la manito derecha terriblemente hinchada. Me dijo un hombre del campo que sabe mucho, que ese perro debe estar quebrado-
-¡Listo! Mañana nos vemos y voy a tratar de arreglarlo-
Hoy preparé todos los elementos para atender al candidato, previendo una fractura, y me fui hasta la casa. Me estaban esperando con el animal atado. Se trataba de un enorme Collie, bien peludo, que lucía tristón y dolorido. Su manito derecha, desde la mitad de su largo, hasta las uñas, tenía tres o cuatro veces más tamaño que la izquierda, y los dedos, enormes, estaban tan separados que parecía la garra de un puma.

El perrito se entregó sumiso a la revisación. Pronto noté que no había fractura, pero no me daba cuenta del motivo de semejante inflamación. Hasta que de pronto, levantando el pelo, note algo enredado alrededor del miembro. Era una bandita elástica que algún gracioso le habrá puesto al perro, seguramente para divertirse, sin darse cuenta del enorme daño que le hacía. El trámite no fue más que sacarla y aplicar un antiinflamatorio. La señora Morena me miraba entre enojada con el bromista y aliviada por ver que el caso se había resuelto tan fácil. Yo me volví a la veterinaria lamentando no haber sacado alguna foto para ilustrar esta nota. 

domingo, 9 de julio de 2017

Domingo de parto


El domingo pintaba para la famosa “come y duerme”, actividad especial para los días de lluvia, o cuando los caminos están intransitables por el barro. Me levanté temprano, preparé el mate y me dispuse a leer cosas atrasadas y escribir varios informes. Pero en época de parición las sorpresas siempre se presentan.
Alrededor de las nueve, me llamaron porque una vaquillona no podía parir cerca de La Numancia, un paraje que está a más de 30 kilómetros del pueblo, y al que se llega por un camino entre las sierras. Me puse la ropa de trabajo, cargué todos los elementos y salí silbando bajito.
Cuando llegué, me encontré con un cuadro desalentador. La parturienta estaba suelta en el potrero y solo había un muchachito sin experiencia dispuesto a ayudarme. Junté coraje, llevé al animal hasta un rincón arreándolo con la camioneta, bajé despacio para que no se moviera y después de revolear con cuidado, alcancé a enlazarla limpiamente. La até en un poste, la voltee y me puse a trabajar para acomodar el ternero que venía con la cabeza desviada hacia atrás. De pronto, entre pujo y pujo, la vaquillona me dijo:
-¡Que manga de inútiles hay en este campo dotor!-
Al principio me sorprendí, pero enseguida me di cuenta que la pobre estaba con ganas de desahogarse -¿Por qué lo decís morocha?
-Porque somos 120 compañeras que estamos preñadas y de las primeras 25 o 30 que parieron, estos tipos no pudieron ayudar a ninguna. Se murieron 7 terneros y 2 hermanas mías ¿No le parece una barbaridad dotor?-
-¿Cómo puede ser? ¿Y por qué no me llamaron antes?-
-¡Porque dicen que el pobre pibe este que lo está mirando se tiene que arreglar solo! Y la verdad es que no sabe ni donde tiene la cabeza, pero hoy, cuando me encontró a mí, con mi hijo atravesado, llamó a los jefes y les dijo que si no mandaban al veterinario, él se iba del campo… ¡Por eso lo llamaron!-
En un último tirón acomodé el ternero y pudimos sacarlo sin mucho esfuerzo.
Después de lavarme y al tenderle la mano para despedirme, Martín, que así se llama el chico, mi miró contento y pidió mi número de teléfono.
-¡Gracias Doctor! ¡No sabe la bronca que me da que se me mueran terneros y vaquillonas por no poder parir! En la próxima lo llamo directamente y que salga pato o gallareta.
-¡Nos vemos Martín!-
-¡Chau doctor!


  

jueves, 29 de junio de 2017

Cirujano aficionado

Así encontramos a la criatura intervenida por Miguel

Por suerte pudimos arreglar el asunto

-¿Pero porqué lo cortaste Miguel?- Le pregunté al muchacho cuando vi al pobre ternero con sus tripitas afuera.
-¡Es que pensé que era un quiste con pus! Y ya que lo dejaba capado y señalado, calculé que lo mejor era operarle también ese bulto- Contestó, muy gracioso, el mensual encargado de atender el rodeo de vaquillonas en parición.
Miguel trabaja en la Estancia El Picaflor y allí van castrando los terneritos apenas nacen. Los toman en el potrero y les hacen la pequeña cirugía y ya los dejan señalados, con lo que logran que, al finalizar la parición, todos los machos estén castrados y contados. Es un buen sistema.
En este caso, el voluntarioso personaje se pasó de comedido y extendió su arte a la hernia umbilical del neonato, pero cuando vio que se le salía el intestino, me llamó enseguida para tratar de arreglarlo.

Por suerte todo se hizo bien rápido y el día, no demasiado frío, ayudo para que la víctima pudiera salvarse ¡Eso sí! Le deje a Miguel la recomendación de que limite sus operaciones a los testículos y el resto me lo deje a mí. 

viernes, 16 de junio de 2017

Parto con lluvia


Hoy no amaneció feo. Amaneció asqueroso. Todo mojado por una mezcla de niebla y llovizna. Presión altísima y calor, anunciando alguna catástrofe climática, cosa que ya gritaban ayer las hormigas negras del jardín mientras yo cortaba el pasto, trotando frenéticas con cuanta comida podían acarrear. Al rato nomás se descargó el primer aguacero.
¡Qué bueno! Pensé. Tengo toda la mañana para dedicarme a poner en orden los papeles en la veterinaria.
Pero cerca de las diez de la mañana, me llamó Roberto para avisarme que tenía una vaquillona que no podía parir:
-¿Podrás venir? Me parece que el ternero tiene la cabeza para atrás, le metí la mano y no toco nada-
-¡Si Roberto! Enseguida voy para allá y de paso aprovecho que el día está buenísimo para andar en el campo- Le dije, riendo para no llorar.
-¡Vamos dotorcito! ¡No se me achique! ¡Ah! ¡Otra cosa! La vaquillona se me empacó y no la pude llevar a la manga así que la dejé en el potrero.
Antes de salir me cambié con cuidado en la veterinaria, poniéndome todo el atuendo de partero, más el equipo impermeable y las infaltables botas de goma ¡Y salí nomás! El camino de tierra todavía estaba transitable, aunque bastante resbaloso. Pasé por la casa del campo a buscar a Roberto, y nos fuimos hasta el potrero, donde estaba esperándonos la parturienta.
El resto fue pura diversión. Enlazamos, volteamos y maneamos la vaquita, y pronto supe que el ternero venía de patas y por eso Roberto no había tocado la cabeza. Lo acomodé para que encajara su caderita en la de la madre y lo sacamos, ayudándonos con un aparejo para hacer fuerza. El tipo, un machito, estaba medio ahogado pero vivo, así que después de alguna asistencia agarró mecha y empezó con los intentos de pararse.

A la vuelta, nos entretuvimos un rato largo tomando mate y charlando en la casa, mientras la lluvia seguía cayendo incansable.  

sábado, 20 de mayo de 2017

Un cuello averiado



Tener un cuello largo a veces es una desventaja. Casi todos los mamíferos, salvo los primates, lo tienen. Tal vez sea una adaptación evolutiva para tener más movilidad en la cabeza y mayores posibilidades de éxito en la lucha por la supervivencia.
Lo que pasa es que el cuello largo puede sufrir accidentes como torceduras, golpes, quiebres o dislocaciones, derivados de su misma exposición.
Así le pasó a esta pobre ternera.
Entró de lo más contenta a la manga para que le dieran la vacuna contra la Aftosa. Atrás de ella se vino una vaquillona grandota y peleadora que, por molestar nomás, le dio un fuerte empujón a nuestra amiga y la estrelló contra las tablas, con tanta mala suerte, que le dobló su largo y fino cogotito, sacándole las vértebras cervicales de lugar.
Nosotros sentimos el grito dolorido y en cuanto salieron al corral, nos encontramos a la ternera careta con el cuello irremediablemente torcido.

De esto ya pasaron más de veinte días. Ayer volvimos a ese campo y preguntamos por la averiada. Nos dijeron que anda bastante bien. Ya se acostumbró a comer haciendo algunas contorsiones, así que es muy posible que se salve ¡Cosas de la naturaleza!

martes, 18 de abril de 2017

Selección natural acelerada

Llegando al pueblo, por el acceso desde la ruta 227, hay una última curva de 90º, paralela a las vías del tren. Allí se ve una pequeña ermita con la Virgen de Fátima, Patrona del lugar, y pegado a esta, la tranquera de entrada de una modesta quinta.
El asunto es que hace unos años, se mudaron a esta quinta los Benítez, una familia muy laboriosa, que tiene algunas vacas, caballos, ovejas y una porción de gallinas de varias razas.
Como San Manuel es un pueblo con una gran actividad agrícola, permanentemente pasan por esa curva camiones cargados con distintos granos. Algunos camiones son un poco antiguos y van dejando el típico chorrito de semillas sobre el asfalto. Esto hace que desde siempre, las aves de los Benítez hayan vivido cerca de la ruta.
Al principio, era cosa cotidiana, que alguna gallina o pollo nuevo, terminara despanzurrado debajo de las ruedas de algún vehículo. Era inevitable. Pero desde hace casi un año, ya no se ven más cadáveres en la curva, a pesar de que las gallinas de Benítez siguen ahí.

Seguramente, las que fueron más hábiles para escapar de los autos, son las que lograron reproducirse y pasar ese “don” a las nuevas generaciones. Y todo esto pasó en no más de cinco años y, tal vez, ocho o diez generaciones plumíferas ¡Impresionante! 

Los perros no son humanos

Toleran el frío y el calor sin necesitar ropa o abrigo. Son capaces de correr todo el día y todos los días sin ser atletas. Su alimento natu...