viernes, 6 de agosto de 2010

¡Por un cordero gordo!

El blanco es un caballazo.
El dueño lo usa para apadrinar hace años, pero este verano le vió un tumorcito que poco a poco fué tomando el prepucio como se vé en las fotos.
Y vino un día a la veterinaria a consultarme. Lo revisamos y decidí operarlo.
El "tabernáculo" (así lo llamaba él) estaba bien grande, pero por suerte todo salió de la mejor manera y hace un rato se fué el feliz propietario despues de anunciarme que me vá a traer un cordero de regalo... ¡Como pa´un dotor!...que según él, es un cordero de 9 o 10 kilos.


Así estaba el tumor antes de nuestra intervención

Esto es despues de terminada la resección y la sutura (falta todavía lavar)

Y así quedó el blanco ¡Hecho una pinturita!



lunes, 2 de agosto de 2010

Positivo y negativo

-¡No es nada!- Dijo Manuel mientras yo terminaba de sacarle el destrozado testiculo izquierdo a un torito Hereford, al que un perro había mordido en esas partes -¡Total! Le queda el derecho que es el positivo y no va a tener problema para preñar ¿Nó?-
-¡Seguro!- Contesté mientras me lavaba en el balde con agua -El negativo lo tienen solamente para cerrar el circuito-
Y Manuel se me quedó mirando seguramente admirado de mi sabiduría.

domingo, 1 de agosto de 2010

Una postal


En una ruta bien llena de machucones de la Provincia, nos podemos encontrar en cualquier momento con un viejo Ford Falcon circulando a menos de 70 por hora. Los colores no siempre se ven bien porque tienen abollones y remiendos varios en la chapa, que lo han dejado overo. Esto si lo cruzamos de día, ya que de noche apenas lo podemos esquivar porque es fija que una o varias luces las lleva apagadas para siempre.
Del espejo colgando unas boleadoras chiquitas compradas en una doma, las gomas lisas como un vidrio y el escape dejando chorros de humo negro que van quedando atrás por suerte y no pasan a la cabina
Al volante un muchacho, muchachón u hombre mayor. Casi siempre con una enorme gorra de vasco de lana tejida. Las manos firmes en el indómito volante como si fuera el peor redomón y la vista estaqueada en el asfalto. El resto del pasaje se adivina. A la derecha “la señora”, casi perdida en el asiento muy vencido, con lo que solo se le alcanza a ver la curva de arriba de la cabeza y el rodete o las trenzas, y en el enorme asiento de atrás, muchachitos varios que se revuelven inquietos y curiosos, a veces saludando al resto de los automovilistas y mostrando blancas dentaduras producto de las risas.
El sueño americano de don Henry Ford.

jueves, 29 de julio de 2010

Dos en uno




Estas fotos me fueron enviadas por el colega Galván de Maipú.
Seguramente la idea genética era hacer dos terneros, pero la ejecución del plan no fué muy acertada porque quedó solo un cuerpo con dos cabezas y dos colas.
Esto me hizo acordar de un compañero mío de primaria que afirmaba que era excesivamente gordo porque "eran dos personas en una". Vaya a saber quien le había metido semejante cosa en la cabeza.


domingo, 25 de julio de 2010

Teresa y las abejas

Supe tener la veterinaria en un local ubicado justo en la entrada sur del pueblo. La última calle es de tierra y enfrente vivía una señora muy mayor de edad y muy menor de cuerpo. Chiquita y llena de arrugas, pero vivaracha, chistosa y piscueta. Si me veía, siempre paraba un rato a conversar de pasada “al centro” para hacer los mandados.
Pero ese día fue distinto. Yo estaba en mi oficinita trabajando, y de pronto oigo las campanitas de la puerta que se agitaban con violencia y los gritos: -¡Spinelliiii! ¡Spinelliiii!- Corrí sobresaltado hasta el local, y me la encontré a ella hecha un ovillo y a mi empleada que la sostenía asustada.
-¿Que pasó Teresa? ¿Qué pasó?- Le pregunté notando que por lo menos no había sangre a la vista.
-¡Las abejas!¡Las abejas Spinelli! ¡Ayudemé!- Y se agarraba la cabeza.
Como pude la tranquilicé, y la ayudé a sentarse sobre unas bolsas de alimento balanceado que tenía allí mismo. Y ahí me contó mejor. Resulta que había pasado el camión de un apicultor trasladando varios cajones de abejas justo cuando ella cruzaba la calle. Y claro, cuando las curiosas obreras vieron la cabeza entrepelada de la dama, habrán creído que era una amenaza y allí le cayeron sin piedad.
-¿A ver?- Le dije y me puse a apartarle los pocos pelos overos con la mano…¡Y encontré el primer aguijón! Y después otro y otro. En total le saqué once agujas envenenadas del cuero cabelludo.
Y lo más lindo fue que la buena de Teresa, cortita como era y sentada allá abajo en las bolsas, me abrazaba las piernas mientras yo trabajaba, encontrando no se que consuelo en esto y provocando la sonrisa socarrona de mi empleada.

martes, 20 de julio de 2010

Tengo un plan


Los que me conocen bien me han escuchado decirlo.
Mi plan es trabajar fuerte en la profesión hasta los 100 años. Las tareas en el campo demandan mucho esfuerzo, así que creo que a partir de esa edad es conveniente hacer algo más reposado como escribir.
La verdad es que es tan apasionante nuestro trabajo, y hace tanto bien a la mente y al cuerpo, que más que cansar, nos descansa. Nos llena de energía y nos hace brotar ideas como hongos después de una lluvia.
Ya sabemos que no siempre los planes se pueden cumplir, pero es bueno tenerlos porque nos ensanchan el horizonte. Pronto van a hacer 30 años de mi egreso, pero me quedan todavía 48 más de actividad. Así que en ese tiempo tendré muchísimas cosas más para aprender, otro montonazo de casos buenos para resolver (o no) y miles de historias para contar.
Y en algún momento volveré a los claustros para transmitir lo que pueda a cuantos pueda.

lunes, 19 de julio de 2010

El laser de galio

El hombre, de apellido San Martín, llegó una tarde a nuestra oficina en la Expo de Palermo, pidiendo unos minutos para promocionar algo revolucionario. Estábamos los cuatro veterinarios del Servicio y nuestro jefe. Lo hicimos pasar y entonces, con gestos teatrales y voz de locutor, el tal San Martín nos mostró…¡Un laser de galio! Y con santa paciencia nos explicó que este laser especial entrega energía a las células dañadas, haciendo que los electrones de todos sus átomos tomen órbitas más alejadas del núcleo, adquiriendo así esa energía del laser para procesos de reparación.
-¿Alguno de ustedes tiene algún dolor?- Preguntó San Martín. –¡Si quieren lo probamos!-
Y nuestro jefe, decidido, se adelantó diciendo que desde unos días atrás tenía un dolor persistente en el cuello, tal vez producto del stress de la atención sanitaria que habíamos encarado.
-¡No hay problema!- Dijo San Martín. Y le apunto el pistolón directamente al área afectada. Pero parece que mientras el tiqui-tiqui del laser bailaba por detrás del oído derecho, alteró también el aparato vestibular de la víctima, porque de pronto el jefecito se puso blanco y duro, y cayo redondamente de cabeza contra un escritorio.
San Martín, asustado hasta lo increíble, se zambulló sobre el jefe tratando de reanimarlo y balbuceando montones de boludeces. Estaría calculando la cagada que se le armaría si el hombre se moría allí mismo.
Por suerte el Dr. Juan, que así se llamaba el jefe, abrió los ojos y fue recuperando de a poco la normalidad. Ahí estuvimos un buen rato tratando de interpretar lo que había sucedido, pero lo mas grande fue que a partir de ese día no volvió a sentir ningún dolor en el cuello.
Y tan contento quedó nuestro jefe, que el día que vinieron a avisarnos que un caballito de la raza petiso argentino había tenido una lesión lumbar, no dudamos en volver a llamar a San Martín ¡Pero esa es otra historia!

Los perros no son humanos

Toleran el frío y el calor sin necesitar ropa o abrigo. Son capaces de correr todo el día y todos los días sin ser atletas. Su alimento natu...