jueves, 27 de enero de 2011

Revalorizar la clínica




En los últimos años ha habido una creciente desvalorización tanto del médico clínico veterinario como del humano.
Abundan los especialistas y junto con ellos, el instrumental y aparatología de diagnóstico y tratamiento, son cada vez más complejos.
Se ha fomentado la creencia de que no es posible saber de todo y que solo será bueno el que se dedique exclusivamente a una parte de la medicina. Es común que un veterinario de grandes diga que “no sabe nada de pequeños” cuando el dueño de las vacas le pide que le atienda su mascota, o que el que viene a hacer la ración del feed lot no quiera revisar la pata lastimada de su caballo.
¿Y saben qué? Me parece patética esa actitud. Solo demuestra apatía, desgano, falta de voluntad para el trabajo y enorme pereza intelectual.
Un veterinario recibido tiene en sus manos las herramientas para resolver la mayoría de los problemas de cualquier animal. Solo hace falta criterio, curiosidad y ganas.
Así, un profesional que trabaje con grandes animales puede resolver más del 95% de los casos que le presenten de pequeños, o alguien dedicado a la nutrición podrá asistir el parto de una vaquillona si se lo propone, o quien atienda caballos de deporte será capaz de hacer transferencias de embriones exitosas en vacas.
Ser veterinario clínico es una actitud profesional, es un modo generoso de ver la vida y una presión constante para ser cada día mejores a través del estudio y la observación.
Y también es la más difícil de las actividades médicas ¿Será por eso que se ha desvalorizado la clínica?

martes, 25 de enero de 2011

El uso de las sogas




Soy un ferviente defensor del trabajo físico. La actividad corporal nos agiliza, nos mantiene frescos y vitales, tonifica los músculos, mejora huesos y articulaciones, favorece la circulación y la actividad respiratoria, mejora la concentración y la precisión de movimientos, y además, hace que nuestra mente siempre esté lúcida y creativa.
Y todo esto viene a cuento de que dentro de la actividad física incluyo el manejo de los grandes animales. Hay una gran corriente profesional que tiende a hacer cada vez menor la interacción con un caballo o una vaca, y pregona las virtudes del manejo químico de las bestias.
Humildemente creo que esto se debe a que no ha habido una adecuada trasmisión de las artes antiguas de sujeción y volteo en nuestras casas de estudios. Hay una brecha cada vez más profunda entre los prácticos que dominan estas técnicas y los docentes que, en su mayoría, no saben cómo abordar ningún animal.
Si ustedes leen un libro de cirugía con algunos años de impresión, verán que los primeros capítulos se dedican invariablemente al uso de sogas, correas, trabas, maneas y toda suerte de elementos que permiten realizar cualquier maniobra y operación con vacas y caballos.
No es que sea un necio que se niega a los avances de la ciencia, solo que me cuesta aceptar lo que no es superador. Cuando encuentro algo que me hace mas simple una tarea, o mas rápido, o de forma mas eficiente, lo adopto de inmediato; pero no veo razón ni fundamento en aplicar tres o cuatro drogas distintas para voltear un caballo cuando hay técnicas sencillas e igualmente (o más) seguras para derribarlo, o aplicar anestesia general para una cesárea en una vaca, pudiendo hacer todo el manejo e inmovilización con sogas y luego trabajar con anestesia local.
El uso de las sogas librará a las bestias de drogas psicotrópicas peligrosas y nos dará a nosotros una seguridad y una satisfacción enormes. Poder dominar un animal hasta diez o quince veces más pesado que nosotros con ingenio, habilidad y elementos simples es una gran cosa y además, obtendremos los beneficios de una grata tarea física.
Lo único que hay que hacer es aprender a hacerlo bien. No hay misterios.



lunes, 24 de enero de 2011

Relaciones

Tal vez sea más fácil relacionarse con un animal que con otro humano.
Ayer en Mar del Plata vi una señora muy mayor salir de un edificio de departamentos con un tarrito con agua y ofrecérselo a un enorme perro que dormía plácidamente debajo de un árbol.
El perro abrió un ojo cuando la “benefactora” se arrimó y se quedó quieto como esperando que lo dejaran dormir tranquilo. No parecía estar deshidratado ni hambriento. Solo cansado de hacer la calle.
La mujer, con pinta de vivir sola y tener pocos parientes, le acarició la cabeza, le dijo algunas cosas, y se volvió a su casa. El perro siguió durmiendo.
El perro estoy seguro que no precisa nada. Se basta por sí mismo y su aspecto lo demuestra, pero la mujer se ve que necesita algún afecto y tal vez le alcance con que el perro le abra el ojo.

viernes, 21 de enero de 2011

La sorpresa de Eusebio

Eusebio Leguizamón fue un conocido vecino de San Manuel con el que compartí trabajo y charlas. Me contó de sus tiempos de resero, cuando viajaba con tropas por caminos rurales y a veces solo tenía yuyos para comer, de sus épocas de mensual de campo, de sus andanzas increíbles en bicicleta cuando no había micros ni transporte por la zona y se pedaleaba hasta Necochea para ir a la playa, o hasta Balcarce solo para pasear. Un hombre único, trabajador incansable y madrugador, que andaba siempre con un chiste y la risa a flor de labios.
La historia que más me gustó fue la de cómo consiguió a su mujer de toda la vida.
Resulta que se había puesto de novio con una de las chicas de Barrientos, un tipo muy loco que trabajaba en la estancia La Oración de San Agustín. El tal Barrientos tenía un montón de hijas a las que manejaba a gritos y golpes. Sobre todo cuando estaba con los tragos encima. La cuestión es que a Eusebio no lo quería ver ni de lejos y los pobres enamorados solo se encontraban a escondidas. Un día se decidieron y planearon la fuga hacia San Manuel donde podrían vivir tranquilos. Quedaron en que el lunes siguiente, que no habría luna, Eusebio se llegaría en su mejor caballo hasta un lugar cerca del rancho a medianoche y pegaría un chiflido largo. Esa sería la señal para que ella saliera corriendo y emprendieran el viaje.
La muchachita, toda excitada, ese mismo día contó en voz baja a sus hermanas del plan. A medida que se venía el lunes, el ambiente se cargaba más de tensión. Por fin se dió la última cena y todos a la cama. Al rato Barrientos roncaba como un oso y todas las hermanas despiertas y a oscuras con los ojos como medallones.
En la mitad de la noche se escuchó el chiflido, la novia manoteó el atadito de ropa, se levantó sin ruido como un gato y caminó hasta la puerta, pero entonces se produjo el revuelo porque se sintió un golpe y Elena, la hermana menor, saltó descalza por la ventana y salió corriendo hacia Eusebio.
Cuando llegó al lugar convenido, el pobre novio asustado, manoteó a la chica sin reconocerla, la cargó a caballo detrás suyo y salieron disparados en el tostado del muchacho.
Me decía que se dio cuenta de que llevaba en ancas a Elena y no a su novia, como a la media hora de disparar
-¿Y usted que hizo Eusebio?- Le pregunte asombrado.
-¿Y qué iba a hacer? Me quedé con esta- Dijo señalando a su mujer -¡Además eran bastante parecidas!- Y se rió con ganas.

miércoles, 19 de enero de 2011

Cría cuervos...

Los Silvestre son un montón de hermanos. Ya viejos, pero muy herejes desde chicos. Tienen un montón de “hazañas” increíbles en su haber.
Me contaron que se entretenían pialando al viejo Silvestre en el patio del frente de la casa. Los bestias armaban un corredor como en una yerra y lo obligaban a pasar trotando entre ellos. Y buenos pialadores como eran, difícilmente erraban tiro, así que el viejo andaba siempre lleno de moretones por las revolcadas, y del miedo que les tenía, los justificaba diciendo que eran travesuras de muchachos.
Una tarde de otoño, Cococho y Leandro sacaron a su madre, ya tullida, en una silla petisa a la puerta del rancho donde vivían, y se fueron a hacer sus cosas. A la nochecita se juntaron a tomar la copa en el boliche, y se estiraron casi hasta las doce chupando y bolaceando.
De pronto Cococho preguntó:
-¡Che Leandro! ¿Vos la entraste a mamá?-
-¿Y por que la voy a entrar si el que la sacó fuiste vos?-
-¡Entonces todavía está afuera!-
Cuando volvieron se encontraron a la pobre vieja sentadita muy dura y con la helada asentándole sobre la cabeza. Murió de neumonía una semana después.

viernes, 14 de enero de 2011

Cosa `e mandinga

Vaquillona con gran verruga o gran verruga con vaquillona detrás

Y ya que el amigo y colega Martín lo sugirió hace poco, aquí van las instrucciones para curar verrugas en un equino o un vacuno, y para sacar la edad de un caballo de modo seguro.
Los que no crean en estas cosas, pueden saltear esta entrada y para los que saben que "algo hay" les cuento:
Para curar las verrugas
1) Córtese un mechón de cerda de la cola del animal afectado.
2) Háganse tres pliegues o dobleces con dicho mechón.
3) Entiérrese todo en tierra húmeda (si no lo está, hay que humedecer con algo de agua despues de terminada la operación) haciendo un agujero con el mismo cuchillo.
4) Trátese de que el animal afectado pase caminando sobre el enterramiento.
5) Quédese quietito esperando la caída segura de las verrugas en 20 o 30 días.
Para sacar la edad de un caballo
1) Sáque una cerda o pelo largo de la cola del caballo en estudio.
2) Consiga un vaso de cristal fino, y boca no muy ancha, y un anillo de oro (si usted no es casado, tal vez sea mas fácil pedir el anillo a otro, que casarse con este fin)
3) Enhebre el anillo con el pelo y junte las dos puntas del mismo haciendo colgar el anillo en medio del vaso.
4) Apoyando los codos sobre la mesa y poniendo las manos juntas sobre la frente, mantenga el anillo lo mas quieto posible dentro del vaso.
5) Notará que poco a poco, el anillo comienza a moverse cada vez mas, hasta comenzar a tocar en el vidrio.
6) Vaya contando esos toques. Cada uno corresponde a un año de vida del animal. Misteriosamente, al llegar a la edad del sujeto, el movimiento del anillo disminuye hasta detenerse.

jueves, 13 de enero de 2011

Sentarse en un caballo

Andar a caballo es una sensación intransferible ¿Como lograr que el que nunca lo hizo se dé cuenta de lo bueno que es tenderse en un galopito bien temprano a la mañana o a última hora de la tarde?
Hace tan solo 150 años, el caballo era casi el único medio de transporte en nuestro país. En él se viajaba, se comerciaba, se transportaban todas las mercaderías, se trabajaba la tierra, se cazaba, y hasta se levantaban las mujeres que algún suegro resabiado no quería entregar al noble gaucho.
Hoy el caballo es elemento indispensable en el trabajo con la hacienda y en muchos deportes ecuestres.
Personalmente disfruto mucho sobre un caballo. En otros tiempos he hecho varios viajes dentro de la Provincia, y se lo pasa muy bien. Sobre el lomo del animal aprendemos a cultivar la paciencia, podemos disfrutar mejor del paisaje, entramos de verdad en la naturaleza sintiendo los fríos, los calores, el viento y la lluvia en plenitud, y convivimos con una criatura noble y generosa en el esfuerzo.
Ha habido muchos que han tenido aventuras impresionantes como el memorable Aimeé Tschiffely, que con Mancha y Gato, dos caballos criollos, unió Buenos Aires con Washington; una jinete loberense cuyo nombre no recuerdo que repitió aquella hazaña, y en la actualidad sé de un tal Eduardo Díscoli, que hace años que anda viajando por el mundo y tiene una buena página en Internet que recomiendo y donde podrán tener mas datos.

miércoles, 12 de enero de 2011

¿Como se aprende?

El aprendizaje es algo fascinante.
Se aprende lo que se quiere aprender. Esto quiere decir que nuestro cerebro aprende y retiene lo que le interesa. Por eso nunca nos olvidaremos de un nudo de pesca que nos enseñó nuestro padre o un amigo, porque cuando nos lo enseñaron "queríamos aprenderlo". La diferencia entre esta situación y aquella en que intentan enseñarnos algo que no queremos aprender, es que en el primer caso nuestro sistema límbico (las estructuras mas profundas del encéfalo) pone en estado de alerta a la corteza cerebral, haciendo que todas las señales que ingresan a él a partir de los organos de los sentidos y distintos receptores periféricos, provoquen cambios indelebles en algunas vías sinápticas, responsables de retener o memorizar esos datos.
Algo parecido sucede cuando sufrimos una emoción repentina. El esquema es parecido. El sistema límbico actúa dejando a la corteza cerebral, ávida de datos como una esponja. Y así es como podemos acordarnos, por ejemplo, de lo que estabamos haciendo cuando nos enteramos de la muerte de John Lennon o cuando Argentina invadió Malvinas.
Otra forma de aprender es la repetición. Esto hace que podamos recordar poesías que aprendimos de niños a fuerza de repetirlas decenas de veces, haciendo que se graben las vías sináticas que mencionaba antes.
Y por fin, asociado al aprendizaje, el cerebro tiene áreas llamadas de recompensa y de castigo. Una situación placentera provocará descargas en los centros de recompensa (que curiosamente son parte también del sistema límbico), mientras que algo doloroso o displacentero estimulará los otros centros nerviosos. Este sistema es el que opera preferentemente en el aprendizaje de los animales, generando conductas de aceptación o de rechazo frente a determinadas situaciones. Por eso, cuando se quiere enseñar algo a un animal, hay dos caminos. Los premios (comida, palmadas u otros) que harán que el animal asocie su conducta con una situación placentera, o los castigos, que hacen que la pobre bestia haga lo que le indican para evitar el dolor del castigo en caso de negarse.
El tema es inagotable y dá para montones de notas, pero con tantas cosas escritas en el blog, "aprendí" también, que ser conciso es una virtud.

martes, 11 de enero de 2011

Pleno verano


El campo en pleno verano tiene sus cosas.
Los calores amarillean los pastos y la tierra se vá aflojando hasta parecer un talco marrón. Si uno camina a mediodía por una callecita cualquiera mientras el sol castiga, los pies levantan nubes de tierra caliente. Al tender la vista, una resolana viboreante deforma el paisaje, mientras un zumbido persistente nos rellena los oídos. Lo que pasa es que en las horas de mas calor los pájaros andan metidos a la sombra entre los árboles, así que campo afuera no hay cosa que se mueva salvo los insectos mas resistentes.
Entonces se nos vienen en manada los tábanos de enormes ojos azules y verdes, mosquitos panzones, y moscas bien molestas. Da gusto ver a los perros cazarlas de un mordisco certero. Se hacen los bolas hasta que la negra zumbona se les pone a tiro y con velocidad increíble la bajan de una dentellada. La gente y los animales se mueven despacio. Como agobiados. El sol pega y duele. Los maíces se retuercen tratando de esconderse. La soja deja caer sus hojas como las alas caídas de una clueca cerca del nido. Y salen viboras y culebras a buscar alguna chuchería para comer, mientras las iguanas se pegan en el paisaje descansando sobre las piedras calientes.
Es la época de la cosecha fina y el disfrute del mate cocido con galleta o algún pan dulce, a la sombra de la máquina, en el parate cortito de la tarde. También es la época de dormir con las ventanas bien abiertas para que entre el fresco, mientras el humito jediondo de un espiral ahuyenta los mosquitos.
Los trabajos con la hacienda se hacen casi antes del amanecer o bien a la tardecita. He visto muchas veces morirse animales en los corrales cuando se los deja encerrados a mediodía. También he visto perder el puesto a encargados de campo porque un molino roto o alguna bebida tapada, terminó con vacas muertas a montones.
Son buenos los mates a la sombra de una planta grande despues de la siesta reparadora, o la madrugada fresca que nos llena de fuerza y energía.
También es lindo el campo en pleno verano.

viernes, 7 de enero de 2011

Algunas recetas

Por sugerencia de Dayana, lectora y madrina de este sitio, aquí van algunos secretos sobre curas camperas:
Para las hemorragias hay que juntar telas de araña en cantidad y armar con ellas una venda que cubra bien la herida, o poner sobre la misma uno de esos hongos cabezones, marrones y grandes que aparecen en el campo, y que cuando se los patea largan un polvo amarillo. También hay quien dice que la hemorragia se detiene cuando se queman algunos cardos secos sobre el primer charquito de sangre que dejó el animal en cuestión.
Si hay que hacer algún trabajo con un caballo arisco o subir un redomón espantadizo, se le dobla una oreja hacia adentro en la mitad y se la ata con un hilito o una cerda larga de la cola.
También es eficaz esta atadura cuando el caballo afloja o anda dolorido en una mano o pata. Hay que atar una cerda en la mano o pata contrarios, rodeando la caña.
Y sobre el vaso dolorido, si el problema está ahí, se revienta un huevo de gallina sobre la muralla y se frota bien, aunque aseguran que basta con dar vuelta una pisada en la tierra del miembro afectado, para que el animal se recupere.
Hay un remedio que no he usado por razones de fuerza mayor, pero que me aseguraron que es bárbaro. Para los caballos con un ojo blanco por opacidad en la córnea, hay que cubrirles la fosa supraorbitaria (por encima del ojo) con ¡Excremento humano recién elaborado! Esto se hace usando un palito como herramienta.
A los terneros empachados se les tira la cola hasta que se sienten unos crujidos.
Los novillos con Paratuberculosis pueden tratarse con mate cocido y fluido Manchester.
Los caballos que se empacharon con trigo o maiz, se tratan con dos litros de cerveza negra.
Las vacas caídas se levantan dándoles a tomar dos litros de leche tibia con medio litro de alcohol fino.
Los terneros con neumonía se pueden tratar con un licuado de aloe vera, cebolla hervida, miel, limón y alcohol.
Todos los problemas articulares se resuelven frotando diariamente con un preparado de hortigas picadas, maceradas durante una semana en alcohol puro.
Y así podríamos seguir por horas describiendo remedios y tratamientos, pero para muestra basta un botón o algunos botones.