Después de mucho tiempo, acá estoy de nuevo escribiendo.
La vida se ha puesto demasiado complicada. Mil cosas me
roban los pocos minutos que antes dedicaba a contar mis cosas.
Trabajo, reuniones, informes, nuestro campito, ensayos
de teatro, mantener la casa y hacer la contabilidad, entre otras cosas.
Hoy llovió y se suspendió un trabajo grande. Eso me
dio este respiro con mate y música. Y voy a dejar correr las palabras.
Esta semana fui a dar una charla a mi Facultad. Me
encontré con muchos amigos de mis años de docente. Además, volví a sentir la
pasión de contar, mezclada con la nostalgia de aquellos tiempos, y el malestar
de aún no saber, después de 18 años, cual fue la causa de que me sacaran
malamente de la Facultad.
Vivir en un pueblo tiene la ventaja de que hay menos
distracciones. Más tiempo neto de actividad. Se puede hacer quinta, carpintería,
salir a caminar o a correr, andar en bicicleta, escribir sin rumbo.
Pero, en mi caso, no hay mucha vida social. Salvo lo
que me da el teatro, y los ocasionales residentes que me acompañan un tiempo.
Por suerte tengo a alguien querido para compartir
buenos momentos. Que llena ese hueco de afectos. Mis hijos grandes tienen sus
familias y actividades, y los más chicos están estudiando lejos.
Vengo pensando en hacer una caminata hasta las
montañas para cuando cumpla 70 años. Veré como esta mi físico. El desgarro que
tuve a caballo, en septiembre de 2023, nunca curó bien y siento que no puedo
correr mucho.
De todas maneras, tengo un buen cuerpo. Por suerte han
pasado casi 20 años, y no he tenido que ir al médico. Solo le tengo que dar
pequeñas ayudas, para que vuelva al estado de salud. La clave es la
homeostasis. Inclinar un poquito la balanza. Solo hubo heridas, fracturas
menores y otras cositas, producto de la actividad cotidiana.
El balance es muy bueno hasta acá. En todo puse
pasión. Aproveché las oportunidades que me dieron, e hice mucho. Mis
equivocaciones, torpezas y yerros, nunca fueron con mala intención. Aunque haya
lastimado a alguien.
Me sorprendo pensando en mi futuro. Nunca como ahora.
Siempre era hacer y hacer y disfrutar haciendo. Por eso me sorprendo. Es algo
de la edad. Me gustan muchas cosas. Quisiera pintar con vivos colores, viajar
sin apuro, escribir buenas cosas, tal vez una especie de legado de experiencias
en la profesión, dar charlas y conferencias, y amar sin medida.
¡Por ahí ando en este octubre!