Ahora encontré peces pequeños de colores que me acompañaban mientras nadaba tranquilamente cerca de la playa, algunos pájaros que nunca había visto, como esos del tamaño de un tordo, de color gris por arriba y amarillo en el pecho, y con el pico rojo y negro, o alguna iguana pinchuda bien distinta a las de nuestras sierras. Y sembradíos de arroz en cantidades, y cultivos de mejillones y ostras en lagos cerca del mar, y morros cubiertos de vegetación selvática con flores de todos colores, insectos tremendos por lo grandes y vistosos, y delfines amontonados cerca de los botes pesqueros esperando algún desperdicio.
Cuando el micro paró en la banquina por un desperfecto menor y me bajé a tomar mate a la sombra de unos árboles, de pronto se me apareció una búfala de las de tambo y me preguntó que me parecía su país.
-Impresionante la fuerza de la naturaleza tropical. Me gustaría poder conocerlo más- Le dije.
-¡Y entonces tendrá que volver, amigo!-
-¡Ojalá!- Le contesté.