jueves, 24 de noviembre de 2011

Nicanor Olivera

Nicanor Olivera tiene el mismo nombre que un pueblo del Partido de Necochea, en la Provincia de Buenos Aires. Ese pueblo es llamado también La Dulce, y por cosas del destino, este hombre tiene tal carácter que no estaría de más llamarlo El Dulce.
Hay que verlo a Nicanor emprolijar sus caballos, desojar y limpiar las ubres de sus ovejas gordas, curar los terneros agusanados, o empatillar los galgos quebrados en las corridas detrás de alguna liebre. Todo lo hace con esmero y dedicación.
Además hace quinta y tiene verduras de todo tipo. Tomates únicos, lechugas moradas, chauchas tiernas y rabanitos bien colorados. Y pone flores, y mantiene el rancho pintado, lava los vidrios, barre el piso de tierra asentada, poda los ligustros, da de comer a los gatitos pichones y pinta cuadros con acuarela.
Los días que llueve zurce medias y repasa camisas y bombachas, por si falta algún botón. Dicen que también sabe tejer y que las tricotas que usa en el invierno las hace él mismo.
Y cocina mejor que la mayoría de las mujeres. Hace dulces, confituras de todo tipo, guisos y asados increíbles, y si tiene tiempo se amasa los tallarines o los ravioles.
Nicanor. Un tipo completo… ¡Y dulce!

jueves, 17 de noviembre de 2011

Asesores

¿Cómo puede ser que haya tipos que viven solo de opinar? Cada vez hay más personas que trabajan de “consultores” o “asesores”. Lo cómico del asunto es que a veces son tipos muy jóvenes que apenas han salido de la Facultad, y tienen muy pocas cuadras de calle recorridos.
En nuestro sector agropecuario está lleno. Hasta tienen una manera de hablar y de vestirse que los emparenta.
Esto que estoy diciendo no es producto de mi senilidad, porque lo mismo opinaba hace mucho tiempo. Creo que para poder aconsejar uno tiene que haber hecho y visto mucho sobre el tema que le ocupa. Solo de esta forma puede trasmitir experiencia y no solo lo que leyó o le contaron.
Es como una gran correntada donde flotan como boyas de colores, bien visibles, los astutos usuarios de notebooks, teléfonos ultramodernos y dispositivos de comunicación sofisticados, aunque debajo de esa cáscara está la misma hoquedad de aquellas boyas.
Encuentro entre ellos a un gran conjunto de chantas, a los que he visto hacer enormes desastres productivos sin que se les mueva un pelo.
Me acuerdo muchas veces de los libros de aventuras que leía en la infancia donde los ancianos de una tribu eran respetados hasta la veneración y cuyos consejos eran degustados como el mejor vino ¡Qué lejos se fue la humanidad de aquellos tiempos!
No me gusta y no creo que sea lo mejor.

viernes, 11 de noviembre de 2011

¡Y no hay central nuclear!





¡Cosa e`mandinga! Diría una vieja.

Hace pocos días escribí unas líneas sobre la tararira de tres ojos, afirmando que este tipo de cosas es común en la naturaleza y que la trascendencia viene solo a partir de la difusión mediática y las opiniones afiebradas de los legos (y no tanto).

¡Que no dirían entonces de este pavito con cuatro patas!

Ayer fuí al campo a revisar un caballo y el muchacho me mostró este animalito. Nació con dos patitas suplementarias. Una con tres y otra con dos dedos. Tiene trece hermanitos normales y el dueño me contaba que los otros, desde los dos días de vida, lo picoteaban sin parar, así que lo tuvo que separar para que no lo maten.

Así son las cosas en el reino animal. Solo los humanos tratamos de escaparnos.





martes, 8 de noviembre de 2011

La cesárea de la oveja Tota

La oveja Tota vive en una quinta en el fondo del pueblo. La criaron a mamadera, así que anda atras de los dueños como un perrito. Un día quedó preñada y después de cinco meses de gestación le llegó el momento del parto. Pero... ¡Algo falló!



Decidimos hacer una cesárea y entonces aparecieron dos lindos corderos. Los chicos les pusieron de nombre Matías y Gastón. Mientras tanto, Tota preguntaba ansiosa por la salud de sus chicos. ¡Todo bien! ¡Quedate tranquila! Le dije mientras trabajaba.



- ¡Ojo con la sutura Jorge!- Me dijo. Coqueta como siempre -¡No hay problema!- Contesté -En cuanto te crezcan los rulos no se vá a ver nada-



Apenas terminamos, le pedí una foto de recuerdo, pero ella solo estaba preocupada por lamer a sus crías y ponerlas a mamar. Hoy Matías y Gastón ya están hechos dos hombrecitos y corretean atras de Tota sin parar.


jueves, 3 de noviembre de 2011

No hubo mas remedio

El ternerón tuvo una mala caída y se fracturó el metacarpo derecho. Ahí estaba el pobre con pedacitos de hueso asomando en la fea herida, y muy dolorido, quietito en un rincón del potrero. Lo preparamos, hice una ligadura para evitar las hemorragias y corté los tejidos blandos...




...hasta separar la extremidad. Despues corté el hueso, hice un lindo muñon y le dí algunos pocos medicamentos para prevenir una infección.


Y ahí quedó el candidato feliz y contento, con una mano menos pero a salvo.






miércoles, 26 de octubre de 2011

La tararira mas famosa

Pescaron una tararira con tres ojos en un lago de Córdoba en el que vierte sus desechos una central nuclear. Como será la necesidad de llenar espacios de información, que una crónica mínima crece en forma tan desproporcionada a su importancia.
En treinta años de ver casos en todas las especies, he encontrado decenas de cosas así. Terneros con dos cabezas, o con cinco y hasta seis patas, gallinas nacidas sin ojos, deformaciones de manos y patas en corderos y potrillos, y montones de anormalidades grandes y pequeñas. Muchas las mostré en este mismo blog.
Y así ha sido desde el comienzo de los tiempos.
El material genético de los seres vivos tiene miles de millones de posibilidades de recombinarse en el momento de la fecundación y siempre han nacido criaturas “distintas”.
Esto es la esencia de la evolución. Cuando los “distintos” se adaptan mejor al medio que los rodea tienen más posibilidades de sobrevivir y reproducirse. Entonces aquellos “distintos” son los que inician una nueva línea genética y se perpetúan hasta que aparece otro “distinto” más exitoso.
Lo que pasa en estos tiempos de súper información es que este pescadito de Córdoba es comentado hasta en los diarios de la Cochinchina, con lo que un hecho menor se multiplica hasta el infinito, sumado a esto que la noticia es tratada y comentada por legos de todo calibre que se deliran imaginando que el asunto se debe a emanaciones nucleares, o al calentamiento global, o a la contaminación de lagos y lagunas, o a los aerosoles que destruyen la capa de ozono. Hasta son capaces de agregar que la mutación se originó en las patas sucias del croto que se lavó en la orilla.
Cuando alguna de estas cosas afecta verdaderamente la tierra, los efectos son un poquito más violentos y generalizados.
¿Se acuerdan de Chernobyl?

martes, 25 de octubre de 2011

Se fue sin ruido

Lujan Benitez se despertó a las tres de la mañana, como en todas las noches del último mes. Le estaba costando dormir parejo. Abrió los ojos en la oscuridad del rancho, y se incorporó en el catre hasta poder respirar un poco mejor. Los años de cigarro y vino le pesaban en los pulmones y en la espalda. Sintió el cuerpo dolorido igual que el día anterior. Hacía frío. Mucho frío. Pero él casi ni lo sintió. Estaba acostumbrado. Prendió el candil, se vistió entre rezongos y prendió la cocina económica antes de ir al baño. La débil llamita creció enseguida y calentó la pava, con el agua para los primeros mates.
Puso la radio bien fuerte y se sentó en la silla bajita despuntando pensamientos.
Vivía solo desde que su mujer se fue con otro. Mario, su único hijo, hacía cinco años que se le había perdido ¿Quién sabe dónde andaría?
El patrón le decía que se tomara los domingos libres, pero no tenía donde ir ni a quien ver, así que se entretenía acomodando la quinta, lavando su ropa, tusando los caballos o en alguna otra manualidad chiquita.
Ese 20 de septiembre había que vacunar la hacienda. Seguro que vendría “Pajarito” Gutierrez para ayudarle a encerrar. Y después el veterinario, el jefe con el hermano, y algún otro comedido que siempre los acompañaba.
Pero Luján ya no tuvo fuerzas. Ensilló despacio. Charlo un rato con Pajarito, y en cuanto clareó el día, salieron al potrero grande a juntar el primer lote de vacas.
Yo llegué a las siete y media. Pajarito lo había traído hasta la casa cruzado en el caballo. Me contó que de pronto, Lujan se agarró el pecho y se fue deslizando hasta el suelo sin quejarse.
Se murió sin hacer mucho ruido. Como vivió. El velorio fue cortito y no lo acompañó casi nadie.

Los perros no son humanos

Toleran el frío y el calor sin necesitar ropa o abrigo. Son capaces de correr todo el día y todos los días sin ser atletas. Su alimento natu...