domingo, 1 de julio de 2012

Esos misterios


Hay veces, muchas mas de las que uno quisiera, que aparecen casos que nos llenan de dudas y que no llegamos a resolver.
Esto que ven en las fotografías, es la masa muscular del tren posterior de una vaca lechera Holando Argentino. La pobre tuvo un lindo ternerito y al día siguiente, todavía en el potrero donde están las parturientas, amaneció con el cuarto posterior muy inflamado y casi sin poder moverse. A la noche murió. Yo aparecí a la mañana bien temprano para hacer la necrópsia. 
Tremenda sorpresa fue encontrar el músculo en este estado. Tomé muestras para bacteriología pero no se pudieron aislar bacterias patógenas. 
Nunca antes lo había visto y nunca mas lo vi hasta ahora. Cuando en algún momento se habló de una bacteria "carnicera" que afectaba al humano preste atención ¿Será? 

domingo, 17 de junio de 2012

Ser joven no es garantía


Cualquier ser vivo necesita aprender. Sobre todo los humanos.
Debemos aprender primero, para poder dominar cualquier actividad. Para eso se creó el sistema educativo, para eso existen los tutores, y para eso se precisa un tiempo que permita madurar.
Un gran mecánico tuvo primero que barrer los talleres, después lavar piezas y armar cosas simples, para más tarde aventurarse en tareas complejas, con el jefe guiándolo a su lado, mientras fue incorporando los mil secretos del oficio.
Un médico confiable no solo pasó montones de horas estudiando, sino que se fogueó en una agotadora residencia, donde fue atendiendo pacientes enfermos, bajo la tutela de un mayor que lo ayudó y supervisó en sus primeros pasos.
Así sucede con cualquier actividad. Desde el peón rural hasta el veterinario, pasando por los molineros, alambradores, sogueros, comerciantes, matarifes, transportistas y tantos otros.
Nadie nació sabiendo.
Por eso me preocupa ver que en muchas funciones de gobierno, tarea especial si las hay, ya que de ella depende la vida de millones de personas y la salud del país, se prioriza la poca edad como un valor, en desmedro del conocimiento y la experiencia.
¿Cómo puede un tipo que no sabe nada de aviación ni de sus vericuetos, estar al frente de la empresa aérea del Estado? ¿O algún otro iluminado que no tuvo al petróleo entre sus temas de estudio y trabajo, dirigir en la práctica la más grande compañía del país dedicada a la explotación de los hidrocarburos? Y allá vemos otro muchachito a cargo de la administración de la enorme masa de dinero del sistema jubilatorio, cuando ha hecho muy poco desde que salió de la Facultad como para justificar ese cargo.
Esto no es normal. Porque cuando uno aprende minimiza los errores, así que estos pobres gauchos están destinados a errarle feo. Lo malo es que las macanas que hagan no las van a pagar ellos ¿O sí?
¡Que lo parió! Dijo Mendieta  

jueves, 7 de junio de 2012

El frío y Edelmiro

Tipo curtido para el frío era Edelmiro Reguilon. En los días mas violentos de helada, viento y escarcha, se lo veía andar por el pueblo de lo mas campante, solo con camiseta musculosa. Decía que tenía el cuerpo preparado para aguantar lo que viniera. Tal vez era cierto, porque cuando todos sus compañeros de trabajo sufrían emponchados hasta las orejas, y largaban vapor blanco por bocas y narices al conversar, él solamente demostraba alguna reacción, tomando un color morado en el cuero y los labios. Pero nada más.

Los más chiquitos lo miraban asombrados. Y los mas grandes también. Nadie se explicaba como podía soportar temperaturas bajo cero y seguir vivito y coleando. El disfrutaba de esa notoriedad y hacía lo que podía para mantenerla.

Hasta el día de la nevada grande.

San Manuel amaneció tapada en blanca nieve. Los más madrugadores se apuraron a despertar al resto para compartir la novedad. Cuentan que Edelmiro abrió la ventana de la casa de los empleados, del campo donde trabajaba, y pareció que miraba un tarro de dulce de leche, porque se le llenó la cara de gusto. Ahí nomás salió al patio, lógicamente solo con los calzoncillos puestos, y manoteando grandes pedazos de nieve empezó a frotarse el lomo y la panza.

Al mediodía tenía fiebre. A la tardecita lo internaron con un principio de neumonía.

Las enfermeras se reían cuando contaban que el tipo, enfermo como estaba, se negaba a que lo tapen “porque no quería pasar calor”. Por suerte la calefacción de la sala y los antibióticos que le dieron, ayudaron para que se recuperara en pocos días.

Ahora anda con un pulovercito liviano casi todo el año.

Parece que el susto le hizo efecto.



sábado, 26 de mayo de 2012

La trampa

Corté un pastito seco y me lo llevé a la boca. Es una buena costumbre en el campo. Uno va jugando con el tallito entre los labios, dando mordiscos chicos, y sacando un jugo especial, mientras piensa tranquilamente en cualquier cosa.

Ese día estaba esperando que me abrieran la tranquera del fondo, para entrar en la estancia “El Amancay”. El encargado avisó que venía en camino. Se le había complicado la mañana, así que me encontré con un buen rato vacío por delante. Era la primera hora de la tarde y solamente se oía el aleteo de las moscas y el zumbido de algunas abejas que andaban pecoreando. Recién terminaba de almorzar unos buenos tallarines con tuco y tomarme algún tintillo, así que sentía la dulce modorra siestera.

Me acomodé entre unos pajonales buscando que el solcito me diera bien de lleno y en las dos luces del sueño lo vi. Justo atrás del alambrado, y disimulado entre los cardos, me topé con los dos ojos que me miraban fijos. Una enorme panterita, como llaman en el campo al gato montés negro, se había estacionado a prudencial distancia y me estudiaba. Me quedé quietito y le hablé:

-¿Cómo andás hermano?- Pero el bicho no me contestó, ni se movió, ni pestañeo siquiera. Yo insistí:

-¿Andás alunado que no contestas? ¿O no me conocés? ¡Soy Spinelli!- Ahí sí pareció cambiar la cara y con voz panteril me dijo:

-¡Me parecía que era usté dotor pero no me quise jugar! ¡Vio como somos de desconfiados los gatos!-

Yo seguía sin moverme para no asustarlo, y le dije que se arrimara a charlar un rato. Entonces, cuando se vino y quedó mas cerca, pude ver algo asombroso. La pata de atrás, del lado zurdo, era como una muletita de hueso. Desde la mitad de arriba y hasta las uñas, no tenía ni piel ni músculos, solo el blanco grisáceo del esqueleto y los ligamentos y tendones amarillentos.

-¿Y eso? Pregunté asombrado ¿Qué te pasó?-

-Esto me lo hizo una trampa para zorros que me puso el viejo Menéndez. Me arrimé una noche a robarle algún pollito, como hacía bien seguido, pero el viejo bandido me había puesto la trampa, frotada con carne y grasa para que yo no sintiera el olor, y caí como un estúpido. Quedé agarrado toda la noche hasta que, cuando salió el sol, lo vi venir con un palo y con las ganas de dármelo por la cabeza. Me puse loco y empecé a tirar con todas mis fuerzas, hasta que sentí que parte de la pata se me desprendía y pude escapar. Corrí sin parar como una hora y cuando se me pasó el susto, me di cuenta que había dejado un pedazo mío agarrado en esa trampa ¡Pero por lo menos me salvé!-

-¿Y cómo te curaste?-

-¡Solo! Estuve tratando de encontrarlo a usté, pero me dijeron que no viene muy seguido por “El Amancay”, así que me armé de paciencia y fui limpiando con cuidado mis huesitos, hasta que me curé y quedé así-

-¡Lo que es la naturaleza!- Dije yo

-Aja- Dijo él y se despidió porque ya llegaba Menéndez para abrir el candado.





jueves, 24 de mayo de 2012

Babas del Diablo

Las babas del diablo son esos filamentos largos, blancos y pegajosos, que vuelan arrastrados por el viento, hasta que encuentran un alambrado, una planta o alguna piedra donde estaquearse.

Ayer y anteayer aparecieron por todos lados, y se dice que atrás de ellos se viene un aguacero.

-¡Que lo tiró dotor! ¿Vio como se llenó de esta porquería?- Dijo Guzmán mientras se despegaba a los manotazos las hilachas que había arrastrado al abrir una tranquera.

-¡Y si! ¡Será que se viene la lluvia!-

-¿Cómo la lluvia? ¿Nunca le contaron de donde salen?-

-¡Sí! ¡Como no! Son telas de araña nomás-…

Guzmán largó la carcajada y me dijo medio en broma –Se ve que lo carcome la inorancia dotor ¿Quiere que le cuente?-

-¡Y metalé Guzmán!- Le dije mientras empezaba a operar una vaca con cáncer de ojo.

-¡El asunto es así! Arrancó -Yo lo se porque me lo contó mi abuelo cuando era chico. El viejo era un indio de allá, de Corrientes, que sabía mucho de estas cosas. Parece que la gente y los animales van largando ideas al viento todo el tiempo. Las ideas buenas no se ven ni se tocan, pero las malas van germinando y formando bolitas muy chiquitas de color blanco. Como lo malo busca lo malo, esas bolitas se van pegando y pegando, hasta que, de vez en cuando hay tantas amontonadas, que Don Viento no aguanta mas el ver tantas maldades juntas y las empieza a desparramar por todos lados para hacer limpieza-

-¿Así que las babas del diablo son los malos pensamientos de la gente y de los animales que vuelan todos pegados?-

-¡Claro! Por eso se llaman así ¡Además! Si le llega a entrar alguna en los oídos, en la boca o en los ojos sonó… seguro que va a pensar macanas por un tiempo largo-

Mientras me ayudaba a operar, Juan me miró de pronto y dijo en voz baja: ¡Ahí tenés una debajo de la boina, cuidado a ver si te entra en la oreja y te ataca el cerebro!

Me di vuelta con ganas de risa, pero preferí sacarme la pegajosa, por las dudas, y seguí operando mientras pensaba: -Si acá en el campo aparecen cada dos o tres meses, lo que será en otros lugares donde pareciera que los malos pensamientos han echado raíces ¡Deben estar tapados de Babas del Diablo!-

jueves, 17 de mayo de 2012

Triste final


¡Otra vez! Pensó la vieja vaca careta.
Allá andaba Ramón, el encargado, en su caballito gateado overo, con sus perros malos detrás, encerrando el lote de vacas y vaquillonas. Era el día del tacto y el sangrado anual para diagnóstico de brucelosis.
Los perros corrían afanosos ladrando y mordiendo a las remolonas. Nuestra protagonista se ligó una tremenda dentellada en el garrón izquierdo, solo por ser vieja y no poder trotar a la par de las otras. Llegaron a la manga.
-¡Ahí anda Spinelli!- Dijo una. Se dieron vuelta para mirarlo. Los últimos años se habían acostumbrado a su inspección rápida y con poca molestia. Empezaron a desfilar. Alrededor de las diez de la mañana entró la vaca vieja.
-¡Acá voy de nuevo!- Pensó, mientras el cepo le apretaba el cogote. Le dolía el mordisco en la pata, pero ya estaba acostumbrada a esas cosas.
-¡Vacía!- Cantó Spinelli -¡Esperen que le corto la cola!-
-¡Como si no supiera yo que no estoy esperando un ternero! Este verano no se me acercó ningún toro. Debe ser porque estoy fea nomás- Razonaba la rumiante
-¡Y vieja!- gritó Juan después de mirarle los dientes. Pero cuando nuestra vaca estaba por salir se oyó: -¡No la larguen que le corto la oreja!- El del cepo volvió a cerrarlo con fuerza y algo así como electricidad recorrió el cuerpo de la pobre, y por si fuera poco, sintió el frío del cuchillo cuando le rebanó la punta de la oreja derecha.
-¡Listo!- Dijo Juan. Ramón abrió el cepo pero ya la vaca no pudo caminar y se largó con la fuerza de las patas traseras hacia adelante, mostrando claramente que tenía una fractura total sobre la mano derecha, a la altura de la escápula. Quedó caída sin remedio en el corral de la manga.
A mediodía, mientras la gente comía la carne asada al costado de la manga, el dueño llamó un carnicero de Balcarce, que apareció un rato después con dos ayudantes. Hicieron negocio mientras la vaca escuchaba muy atenta el precio, casi de risa, que el matarife le ponía en ese instante.
-¡No valgo nada!- Pensó -Con todos los terneros que le di a este hombre, ahora me negocia por menos de quince kilos de carne en el mostrador ¡Vida triste la de la vaca!-
Enseguida el carnicero se acercó a la vaca con una cuchilla enorme mientras el resto de la gente miraba.
-¿Qué estará por hacer?- Pensó la pobre diabla. Y casi ni sintió el acero que le entró entre las dos primeras costillas, haciendo explotar un gran borbotón de sangre. Antes que diera las últimas patadas, el tipo empezó a cuerearla por la cabeza, y enseguida se la apartó del cuerpo y la tiró a un costado.
La vaca todavía tenía los ojos bien abiertos y miraba todo con calma y resignación. Nada le dolía. Solo sentía una dulce tranquilidad. Alcanzó a ver como partían su cuerpo en seis pedazos y lo  cargaban en la camioneta mientras el resto de la gente, aburrida con el asunto, seguía revisando a las chicas como si nada pasara.
De a poco se le apagó la luz y se fue sin una queja.

martes, 15 de mayo de 2012

Amaneciendo



Crucé el jardín que separa la casa de la veterinaria antes de las 5 de la mañana. Estaba muy oscuro porque la luna apenas creciente no daba ninguna luz a la noche. Una helada machaza había congelado los pastos que crujían al pisarlos y el aliento se me iba en una columna de vapor.
Mi perro Protón me saludó contento y se estiró voluntarioso esperando alguna caricia al pasar.
Preparé los tubos para el sangrado, las cosas que iba a usar en el tacto de las vacas y la revisación de los toros, y armé el equipo de mate. Cargué la camioneta, y a las 5 y media, salí de viaje para Claraz, feliz y contento. Se venía otro día de trabajo fuerte y seguramente sol pleno, en el campo de los Leguizamón. En el pueblo todavía dormido, lleno de silencio, solo vi dos o tres conocidos madrugadores preparándose para arrancar.
Cuando pasaba por la localidad de Juan N. Fernandez, el sol despuntó sobre el horizonte que blanqueaba y las últimas estrellas se escondieron despacito, mientras desde Radio Necochea, Federico Cañada seguía promocionando las domas y pruebas de rienda de la zona en su programa “Mañanitas Camperas”.
Otro lindo amanecer en el campo.

Los perros no son humanos

Toleran el frío y el calor sin necesitar ropa o abrigo. Son capaces de correr todo el día y todos los días sin ser atletas. Su alimento natu...