sábado, 28 de noviembre de 2009

El vuelo del superheroe

La calidad de la foto no es la mejor, pero allí se lo vé claramente
a nuestro heroe.
Hace varios años que dirijo a los chicos que terminan el colegio secundario, en una obra de teatro que presentan en la fiesta de fin de curso. Han salido trabajos increíblemente buenos teniendo en cuenta que la gran mayoría jamas pisó las tablas, y también, van quedando cuentos de antología.
Hubo un tiempo en que intenté hacer cosas especiales con ellos aprovechando su agilidad y disposición, así que en una obra en que aparecía un personaje tipo Superman del subdesarrollo, se me ocurrió que irrumpiera volando colgado de una soga. La idea era que de pronto, cruzara el ancho del escenario gritando, agarrado de una cuerda que ataríamos en una viga del techo.
Como siempre andamos ajustados con los tiempos de los ensayos porque en esos días los egresados andan con mil cosas que los distraen, la escena del salto del superheroe fué quedando en un borrador. Solo lo habíamos hablado con Matías y me dijo que no había problemas, que él se animaba y que saldría bien. En el ensayo general de la tarde previa al debut, cuando probamos luz y sonido, Matías saltó, y pudimos ver como cruzaba volando elegantemente el escenario para caer entre bambalinas del otro lado. -¡Barbaro!- Le dije -Si te sale así, vá a estar muy bien-
Esa noche se cambiaron y prepararon. Los nervios del debut flotaban en el aire. Los chicos se animaban con chistes, gritos y empujones en el vestaurio impregnado de olores varios, mientras se iban maquillando. Antes de empezar, Matías se subió a lo mas alto de la escalera que estaba apoyada sobre una pared lateral, fuera de la vista del público, y probó la tensión de la cuerda con algunos tirones.
Anunciaron la obra y de pronto, la magia de siempre. Los actores empezaron a contar otra historia, mientras el público se enganchaba cada vez mas con risas y comentarios.
Hasta que llegó el momento de la entrada del heroe enmascarado. Y se vé que Matías había juntado tanta adrenalina, que saltó con una fuerza increíble, pasó el ancho del escenario tal como tenía que ser, pero al llegar al otro lado, chocó de cabeza contra la pared y cayo de espaldas sobre el escenario de madera con gran estrépito. La gente solo sintió el ruido, pero no vió lo que había pasado. Se hizo un gran silencio que de pronto se convirtió en un cerrado aplauso y ovación, cuando el superheroe apareció medio maltrecho y con la máscara ladeada diciendo sus palabras de presentación.
¡Así es el teatro!

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Tractorista mal dormido


El 31 de diciembre cenamos en familia y despues nos metimos en la procesión de muchachones, muchachitas y gente un poco mayor con rumbo hacia la Villa, en Necochea. La recorrida por los boliches y los tragos interminables fueron un buen comienzo de año, pero como a las 7 de la mañana tuve que volver a casa, cambiarme, y salir a dedo para el campo cerca de Santamarina, donde estaba trabajando de tractorista en la cosecha.
El solcito de la mañana empezó a apretar mi cerebro que llevaba mas de un día sin dormir y al cuerpo castigado por los excesos.
Llegué al campo y enseguida el ruso Julián, un hombrón de casi dos metros de alto y peso incalculable, me mandó a llevar un sinfín desde el campamento donde estaban las dos casillas hasta los silos.
Tenía que pasar por una larga avenida con enormes plantas de eucaliptos a los costados. Enganché el aparato y me subí al Fiat 780. Salí despacio y tomé el camino en 2ª. El ronroneo del tractor y las sacudidas suaves me adormecieron, pero seguí resistiendo firme agarrado al volante. Llegué frente a la tranquera que estaba sobre la izquierda de la avenida. ¡Uh! ¡Que suerte! Me acuerdo que pensé ¡Está abierta! Y casi sin aflojar la marcha, doblé decidido.
El tractor pasó entre las tres filas de árboles y atravesó limpiamente el hueco de la tranquera, pero el sinfín bandido, pasó entre las plantas pero fué a dar con su rueda justamente contra un poste.
Fué casi simultaneo. Apenas pasó el tractor me dí vuelta para ver el horrible espectáculo. El sinfín, al chocar contra el palo se había levantado en el aire y allí estaba suspendido, unido al tractor por el enganche, hasta que con un crujido enorme...¡Se partió en dos!
¡Ay mamita! ¡Que momento! Paré el tractor y me senté sobre los pedazos a esperar que viniera el ruso. Yo tenía 17 años y estaba convencido que el tipo me iba a golpear, tal vez no hasta matarme para no ir preso, pero que me iba a masacrar era seguro.
Al rato sentí la camioneta que venía y el corazón se me paralizó. Ya el sueño era un recuerdo. Solo quedaba el cagazo.
Increiblemente el ruso se bajó, empezó a rodear los despojos sin decir una palabra, pateó los fierros rotos, y de pronto se volvió a subir a la camioneta y se fué a los piques a conseguir otro sinfín en Santamarina.
Y nunca mas me dijo nada. Ni siquiera cuando todos empezamos a desfilar por el escritorio al final de la cosecha para cobrar. Los de mi categoría salían con casi $ 1000 en el bolsillo. Cuando me tocó a mí me dió dos billetes de $ 50 y mirandome fijo me preguntó: -¿Está conforme Spinelli?-
-¡Si señor!- Le contesté.
Y fué así que nunca mas me dió trabajo ese buen hombre y que yo anduve seco unos cuantos meses por mi descuido.

martes, 24 de noviembre de 2009

Despues de tres años volvió Lugano

Les contaba antes que...
Siempre metido al medio, tuve que viajar a Tandil para sacar a Alicia de prisión y la ayudé a preparar su viaje de regreso a Corrientes ya que Lugano no daba señales de vida, mientras tanto, Susana desapareció ese día y tampoco supe de ella por mucho tiempo.
Fueron meses muy movidos los que pasé con Lugano cerca. Pero de a poco fuí volviendo a mi ritmo normal de trabajo. Llegaron otros residentes, y la historia novelesca de Brondi fué quedando en segundo plano.
Pasaron tres años de vida. Lluvias, soles, trabajos, teatro, hijos y familia.
Una mañana voy a buscar una encomienda a la Estación de Servicio donde aterriza el Río Paraná, y al salir con la caja, un tipo me llamó. Cuando me doy vuelta para mirarlo, me encontré con una persona con una inmensa barba, ropa muy sucia y desprolija, anteojos negros y un bolso raído, llevando una nena de la mano. Nunca lo había visto. Me acerqué a saludarlo y cuando se sacó los anteojos lo reconocí.
-¿Lugano? ¿Sos Lugano Brondi?-
-¡Sí!- Dijo intentando sonreir -¿Tanto cambié que ya no me conocés Jorge?-
Yo no podía salir de mi asombro. Estaba casi pelado por completo, una enorme cicatriz le cruzaba la cara desde la frente hasta la pera, pasando por la órbita vacía del ojo derecho. Seguramente se había dejado la barba en un intento por cubrir en algo tan enorme huella.
-¿Y esta nena?- Le pregunte mientras le daba unos caramelos. Parecía muy desconfiada. Estaba como ausente.
-¡Es mi hija Marina! La que estuvo en la veterinaria aquel día con Susana Alegre. Lo que pasa es que ahora esta a cargo mío porque la mamá se fué al cielo y nos mira desde una estrellita. ¿No es cierto Marina?- Dijo Lugano con ternura. La chiquita no contestó. -¡No hay caso Jorge! Quedó conmigo hace ya tres meses y no hemos logrado que hable una sola palabra-
Tenía mil preguntas para hacer. Lo de la nena, Alicia y el embarazo con el que se fué de San Manuel, el misterio de aquella enorme cicatriz, pero entendí que lo mejor era volver a cobijar a aquel muchacho que parecía cargar una cruz mas pesada y grande que el resto de nosotros.
Armamos el sucucho para que pudieran estar cómodos, y esa noche nos hicimos una tallarinada. Mientras cenábamos con algunos vinitos, Lugano empezo a dejar caer algunas historias. Despues de estar en Neuquén unos tres meses hasta sentirse mas seguro, decidió viajar a Corrientes a buscar a Alicia. Creía que la pobre había vuelto a su ciudad. Con unos pesos prestados por su amigo se tomó un micro a Cordoba. Al llegar a la Terminal, se encontró con un control policial que le pidió documentos. El tipo miró su DNI un rato largo y le dijo secamente: -¡Espere acá!- Lugano sintió renacer el pánico de los primeros días de su huida. En un impulso loco se largo a correr por lo pasillos de la terminal antes de que los otros dos policías pudieran reaccionar. Salió a la calle y se perdió en la marea del centro de la ciudad.
Continuará...

sábado, 21 de noviembre de 2009

Jinete al suelo

-¡Listo! ¡Ya está! Ahora tenemos que seguir el tratamiento con antibióticos durante tres días- Dijo el profesor al terminar de atender un lindo potro bayo. Los casi 50 alumnos que lo rodeabamos mientras hacía el trabajo y explicaba los pasos, nos retiramos un poco antes de que lo largaran. Lo habíamos volteado en un sector de pasto muy corto debajo de un enorme álamo. Estabamos en la antigua chacra de la Facultad. Un campito muy quebrado cerca de Tandil.
De pronto se me ocurrió que era buena ocasión para probarme en la monta y se los pedí antes de que se parara. El animal se enderezó y yo ya estaba sobre él, bien agarrado de las largas crines. Se paró con algo de trabajo y se detuvo un instante mirando alrededor a mis compañeros. Como para animarlo un poco, y creyendo que no iba a reaccionar muy fuerte, me tiré para atras y le hundí los talones en el costillar...¡Y ahí sí!...
¡Ay mamita! El bicho dió un salto tremendo y abriendose paso entre el corrillo de muchachotes que se reían como locos, enderezó para un bajo del potrero del fondo, donde corriá un hilo de agua de manantial. Iba tirando saltos y tratando de desacomodarme. Yo en esos años no era ningún flojo para el caballo, así que lo fuí aguantando. Pero como dice el refrán: "Todo lo que sube baja", y llegados el potro y yó al pedregal, el bandido se paró de golpe y me despidió como él quería. Aterricé apoyando justamente parte de la cara y una mano contra las piedras.
Como el orgullo siempre es mas fuerte, me paré en el acto y al darme vuelta, ví un montón de guardapolvos blancos que corrían hacia mí.
-¿Te quebraste? ¿Te lastimaste?- Preguntaban ansiosos algunos, y otros solo se reían.
-¡Pero que me vá a hacer ese potro flaco!- Dije como con desprecio.
Al día siguiente aparecí en la Facultad con un yeso en la muñeca izquierda y la cara deformada por el golpe. Pero como todo tiene su lado bueno, yo que soy zurdo, tuve que aprender a escribir con la mano derecha en los dos meses que tuve puesto el yeso.
¡Cosas que pasan a los vivos! Dicen en el campo.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Ingenio perruno


Ese campo es mucho mas largo que ancho. Para llegar al fondo hay que pasar como diez tranqueras y dos sierras. El paisaje es increíble.
Se había muerto una vaca en uno de los potreros mas retirados y allá fuimos a revisarla.
Llegamos con el encargado y me fuí preparando para el trabajo. En eso estaba cuando apareció corriendo "Vizcacha", una perrita amarilla muy activa que siempre anda metida al medio. En esos días estaba parida, así que la ubre bien llena de leche tibia, le molestaba un poco para moverse.
Mientras yo hacía la necropsia, Ramón le sacó unos pedazos de carne del cuarto, y se los tiró para mantenerla entretenida.
Nosotros conversabamos y Vizcacha comía. Se trago unos cuantos bocados casi sin masticar, hasta que la panza redonda le quedó parecida a un globo de cumpleaños. Terminamos todo el trabajo, cargamos las cosas y pegamos la vuelta hacia la casa. Allá bajé a lavarme y mientras se calentaba el agua para el mate, llego de vuelta la pobre perra. Venía muy cansada. Respirando trabajosamente con la boca abierta y llena de babas. Enseguida salieron a recibirla seis cachorros juguetones y entonces la sorpresa. Vizcacha se estiró en el pasto, con las patas hacia atras, en una pose muy común en los perros, y de pronto empezó a dar vueltas. Rodaba ligero por el pasto, hasta que de golpe se paró frente a sus chicos y dando unas fuertes arcadas, fué depositando en el suelo los pedazos de carne de la vaca muerta.
Los cachorros, locos de alegría con el manjar, se pusieron a comer atropellándose mientras ella, mas tranquila, se recuperaba de la carrera, sentada un poco mas lejos y mirándolos con indiferencia.
Yo pensaba...¿Los que trabajan de "mulas" transportando en la panza algunas sustancias a traves de las fronteras habran sacado la idea de estas conductas perrunas? Debe ser así ¿Nó? Porque no creo que Vizcacha haya sido adiestrada por una "mula"

martes, 17 de noviembre de 2009

Yo corto orejas...¿Y que?

Hace un tiempo entré a curiosear en un foro de veterinarios dedicados a los pequeños animales. Justo tocaban el tema del corte de orejas y parece que esto crea una división irreconciliable entre ellos. Los mas "humanistas" decían que es muy triste mutilar animales solo porque se nos ocurre, y el resto alegaba que el corte de orejas es lo mas suave que le hacen los humanos a los animales y que además, se realiza siguiendo estrictos protocolos quirurgicos que minimizan el dolor y el sufrimiento.
En mi caso, el grueso del trabajo es con animales grandes, pero por una cuestión de formación, practico la cirugía en todas las especies desde mis épocas estudiantiles.
¿Y habra una gratificación mayor para un cirujano que ver este trabajo de la foto? ¿No quedó buenísimo?
Con respecto a los problemas de conciencia, hasta ahora no tengo ninguno. Como no lo tengo al castrar terneros o potros, o marcar a fuego alguna bestia, o señalar terneros, cerdos o lanares, o descolar con tijeras al rojo a los pequeños corderos.
¡Ah! Y eso que todavía no opiné sobre las corridas de toros.

sábado, 14 de noviembre de 2009

La crisis de Lugano

Y les contaba antes que...
El asunto no me gustó nada. Volví a la veterinaria y le dije a Susana que Lugano estaba en Tandil, que tratara de llamarlo antes de ir para ubicarlo mas facil, y le dí el número de teléfono.
Mientras tanto, Lugano había entrado en una crisis nerviosa. Alicia no entendía y él tampoco podía explicar. Solo golpeaba. Se dió contra las paredes, tiró y rompió las cosas de la habitación del hotel, hasta que el personal, alertado por el desorden, golpeó la puerta pidiendo explicaciones. Allí el muchacho pareció enloquecer. Abrió la ventana y saltó desde el primer piso a la vereda. Se subió en el auto de Alicia y escapó a toda velocidad por la céntrica calle Rodriguez. Al llegar al semáforó de Pinto, y aunque estaba rojo, siguió de largo atropellando a una pobre mujer. No se detuvo. Solo vió por el espejo el cuerpo caído contra el cordón y siguió su carrera. Salió de la ciudad y tomando la ruta 74, dobló para Benito Juarez. No podía pensar. Estaba yendo a Chavez, su ciudad, pero no podía decidir que hacer.
Cuando alcanzó la Ruta 3, algo mas calmado, empezó a armar un plan. Si volvía para Chavez, lo mas probable era que lo encontraran al día siguiente, así que era urgente encontrar algún lugar donde esconderse por un tiempo, hasta poder solucionar algo. Tenía algunos pesos en el bolsillo y se acordó de Manuel, un compañero de estudios de Neuquén, con el que habían compartido la pensión. Estaba seguro de que podría ayudarlo. Esa noche paró en Choele Choel, compró algo de ropa, y al día siguiente siguió el viaje. Su teléfono no había parado de sonar y decidió apagarlo. Llegó a lo de Manuel despues de mediodía. Se abrazaron. Hacía mas de dos años que no se veían. Cuando Lugano le pidió alojamiento, Manuel no dudó. Además, lo invitó a pasar dos días de pesca en un río cerca de Zapala con otra gente. En un momento en que los dos amigos estuvieron lejos del resto, Lugano empezó a contar todo. Manuel sabía de la relación de Susana con Lugano mientras estudiaban, pero nunca se imaginó la verdad de esa historia. Susana en realidad era hija de brasileros y su madre, una afro-americana, hacía ritos vudúes. En un momento en que Lugano decidió terminar con su novia, la madre le hizo un "trabajo" tan fuerte que el pobre muchacho estuvo enfermo varios días, hasta que accedió a volver con la chica. Susana estaba tan loca como la madre. Se le pegó todo el tiempo, y él no veía como escapar de esa relación. Por eso, cuando le ofrecieron trabajo en El Totoral, despues de recibirse, lo aceptó sin dudar, pensando que la distancia terminaría por alejar a las locas de su vida. Alicia había sido un remanso, y su embarazo le dió esperanzas de poder empezar algo bueno por fin.
Ahora estaba desesperado, además, la mujer que atropelló en su huida de Tandil, era otro problema sin solución.
Alicia no supo que pensar. Intentó explicar a la gente del hotel que su novio había enloquecido, pero los destrozos eran muchos y quedó demorada en la comisaría primera; además, cuando avisaron que con un auto de su propiedad habían matado una persona, la detuvieron hasta esclarecer todo.
Siempre metido al medio, tuve que viajar a Tandil para sacar a Alicia de prisión, y la ayudé a preparar su viaje de regreso a Corrientes ya que Lugano no daba señales de vida. Mientras tanto, Susana desapareció ese día y tampoco supe de ella por mucho tiempo.
Continuará



miércoles, 11 de noviembre de 2009

La iguana y el mar


Pleno verano. Un sábado a la tarde apareció en casa un cliente trayendo de regalo una enorme iguana que había matado esa mañana, cuando la sorprendió en el gallinero comiendose unos pollitos.
-¡Ah! ¡Que bueno!- Le dije como para no despreciarlo, mientras pensaba que corno iba a hacer con semejante bicharraco, que debía medir un metro desde el hocico hasta la punta de la cola.
-¿Linda nó?- Preguntó el hombre contento
-¡La verdad que sí! Dejamelá, y mas tarde la voy a cuerear para conservar la piel- Le contesté.
Y allí quedó el animalito muerto, sobre la leña de los asados. Al día siguiente nos ibamos todos a la playa en Necochea. Antes de salir ví la pila de leña y me acordé de la iguana. Sin saber muy bien para qué, la cargué en el baúl del Falcon. Y en el viaje se me ocurrió. Al llegar a la playa le até una soguita al cuello y la bajé.
En cuanto pisé la arena llevando de tiro semejante animal, empezó la diversión. Venía gente corriendo de todos lados a verla, y a todos les advertía que tuvieran cuidado porque solo estaba dormida. La até en la sombrilla y me fuí a bañar. Al volver era una multitud que opinaba. Una vieja, que decía ser del campo, contaba que un animal de esos una vez se comió un bebé enterito con ropa y todo. Mis hermanos filmaban el espectáculo muertos de risa y así se pasaba la mañana. Al final, cansado de tanta "fama", agarré a la bandida de la cola, me metí al agua y la tiré bien lejos, olas adentro. A los curiosos que me reprocharon, les dije que esos bichos eran buenos nadadores y que prefería dejarla libre.
Subimos a comer, y al volver como una hora después, una enorme aglomeración, a unos quinientos metros, parecía el tradicional corrillo que se arma con un ahogado. Allá fuimos todos a espiar y cuando llegamos, nos encontramos con que el mar había devuelto a la pobre iguana, y una valiente muchacha la había rescatado del mar. Ahí las versiones eran completamente disparatadas. Algunos opinaban que era una extraña criatura marina mientras otro gordo decía que son animales de agua dulce, que salen nadando por el río Quequen y van a morir al mar.
Fué un día inolvidable, pero lo sorpresa grande fué cuando al siguiente, el matutino local Ecos Diarios, en su sección Hola Verano, publicó una nota titulada "Extraña criatura aparece en nuestras playas" y mostraba la foto de la chica sosteniendo a la mencionada criatura.

domingo, 8 de noviembre de 2009

El luto de la chajaza

En los días que vuelvo del campo sin mucho apuro, aprovecho para hacer alguna cosa que me gusta. A veces agarro al vuelo tres o cuatro perdices para hacerme un guisito con arroz, otras paro en algún buen lugar a tomarme unos mates con la tiznada, y en ocasiones, me meto en alguna laguna a juntar huevos para una linda tortilla.
Ese día justo pasé por una enorme laguna llena de juncos que, en la época de postura, se cubre de nidos de gallaretas, patos y biguaes. Dejé la camioneta a un costado de la calle y me metí en calzoncillos con un balde en la mano, a juntar unos cuantos huevos. El día estaba lindo así que en cuanto salí, y mientras me secaba, me tiré en la orilla a descansar con un pastito en la boca.
De pronto oí que alguien hablaba en voz baja. Como yo estaba medio escondido entre el junquillo no me habían visto. Me incorporé despacio, y espiando, pude ver que a unos veinte metros de mi lugar, flotaba muerto el cuerpo grandote y gris de un chajá. Tenía las alas abiertas y un manchón de sangre en el lomo era señal de que seguramente algún cazador lo había baleado. A su lado estaba la señora chajá. Lucía muy triste. Era ella la que hablaba así que me quedé escuchando.
-¡No sé porqué nunca nos contamos lo que sentíamos! Fué tan natural y tan bueno estar con vos. Será que nunca precisamos decir nada. Desde el día en que te ví volar alrededor mío con tanta fuerza, y ví tus ojos de acero y dulces a la vez, ya no pensé mas nada. Serías mi macho para siempre- Y se quedó un rato como recordando.
-¡Que feliz me hiciste! No sé si habrá habido alguna chajaza tan feliz como yo. Todas las cosas que nos pasaron fueron livianas porque sabía que estabas vos. Fuiste bueno, cariñoso, protector y bravo para defendernos. Conté con vos siempre. Cuando criamos tantos lindos chajacitos. Cuando nos golpearon las granizadas, o nos agarraron las tormentas de tierra, o cuando tuvimos que aguantar aquellas sequías que nos dejaron casi sin comer Ja Ja ¿Te acordás? Estabamos flacos pero seguíamos felices- Se lamentaba la pobre chajaza en su monólogo, y yo, porqué no decirlo, iba sintiendo que se me hacía un nudo en la garganta ¿Será posible? Pensaba. Si hasta me parecía que la pobre tenía los ojos mas brillantes que lo normal.
-¡Y nuestro nido!¡Qué lindo! Cuanto trabajo nos dió hacerlo. Era grande, calentito y bien cómodo para que pudieramos dormir tranquilos y vigilar a lo lejos por si andaba algún bicharraco dañino- Se quedó quieta y callada un rato. Tanto que pensé que no diría mas nada, pero de pronto exclamó: -¡Y bueno parte mía! Te fuiste de acá pero vas a seguir conmigo hasta que yo me vaya también- Se inclinó sobre el finado, le apoyó el pico un rato largo en la cabeza y despues, extendiendo las alas, se alzó por el aire y de a poco se fué perdiendo a lo lejos.
Volví a la camioneta pensando que cosa será la que lleva a que algunos animales, como los chajaes, armen una sola pareja en su vida ¿Que lindo, nó?

sábado, 7 de noviembre de 2009

Con el buche agujereado

La trajeron en una caja de zapatos. Estaba quietita pero con ánimo para hablar, así que apenas sacaron la tapa miró alrededor revoleando el ojo y dijo: -¡Por fin! ¿Que esperaban para traerme al matasanos?-
-¡Perdonelá doctor!- dijo la dueña -Lo que pasa es que está un poco nerviosa. Pero la culpa es de ella nomás. Se puso a picotear un broche de alambre, de esos para papeles, y se lo tragó. Al rato ya tenía el buche agujereado-
-¡Ja Ja! No me hagas reir sonsa ¿Así que la culpa es mía?- Dijo la cotorra que se vé que tenía un genio bárbaro
-¡A mí no me digas sonsa!- Le contestó la buena mujer hasta que intervine callando a las dos...cotorras
-¡Bueno basta! No discutan. La macana ya está hecha así que vamos a hacer una suturita en ese buche
¡Metalé dotor! Dijo la cotorra. Y mientras un ayudante con guantes la sostenía para evitar los picotazos, la fuí suturando hasta que quedó bárbara. Mientras yo trabajaba, la tipa no se pudo contener y silbaba un chamamé que le habían enseñado.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Lugano está complicado

Y antes les contaba que...

Así se pasaron dos o tres meses hasta que una mañana, mientras tomabamos mate y esperábamos que ella se uniera al equipo para salir al campo, Lugano me dió la noticia: ¡Alicia estaba embarazada!
Siguieron unos días de poco movimiento así que los chicos me dijeron que se iban a Tandil. Andaban en el Peugeot de Alicia. Les pagué los últimos trabajos y ellos decidieron hacer una cortas vacaciones mientras pensaban en las cosas que tenían que organizar. Todavía no habían avisado a los padres de Lugano y además, yo creo que estaban proyectando instalarse juntos en algún otro lugar.
Se fueron un lunes con el auto cargado de bolsos y provisiones, y yo seguí con mis rutinas de trabajo. La complicación apareció recién el jueves cuando llegó a la veterinaria una chica muy joven con una lindísima nena rubia. Dijo que se llamaba Susana Alegre y que era la novia de Lugano. Nos miramos con Natalia y no nos atrevimos a contar nada pero la invitamos a pasar y tomar algo. Contó que estudiaba veterinaria en la UBA, que era dos años menor que Lugano y que eran novios desde aquellos días. Cuando Lugano se fué a trabajar a Corrientes ella se quedó para preparar finales, pero él le aseguró que era por un tiempo, que en unos meses volvería y estarían juntos. Ella se enteró del embarazo dos semanas despues de que él se fuera, pero aunque le escribió y lo llamó, nunca mas pudo comunicarse. Al tiempo supo de su desaparición en la selva, justo en el tiempo que nació Esperanza.
Realmente esa nena era un sol. Tenía los ojos y el gesto del padre. Me quedé mirándola un rato. Ya tenía mas de un año. Con alguna excusa dejé a Susana en la matera y me alejé para llamar a Lugano. Atendió el teléfono y me saludó contento. A medida que le contaba lo que estaba pasando sentía que él se retraía cada vez mas. De pronto cortó.
-¿Lugano? ¿Lugano?- Ya no estaba.
El asunto no me gustó nada. Volví a la veterinaria y le dije a Susana que Lugano estaba en Tandil y que tratara de llamarlo antes de ir, para tratar de ubicarlo mas facil. Y le dí el número de teléfono.
Continuará


miércoles, 4 de noviembre de 2009

¡Qué actores!

En un alto en un ensayo vemos como las actores siguen metidos en sus personajes, la abuela sonriendo amablemente y el hombre rústico con mirada desorbitada

martes, 3 de noviembre de 2009

¡Que lo tiró que es fea!




Esta es una ternera Holando Argentino. Nació con el paladar duro escindido y mas corto que lo normal. El maxilar superior también divido y en la parte izquierda tres piezas dentarias (Ja... ¿Quien dice que los bovinos no tienen dientes arriba?) con forma de colmillos filosos. Al mirarla parece que se hubiera incrustado contra una pared. Estuvimos pensando y es sobrina nieta de la vaca Aurora. ¿Quien sabe lo que dirá la parienta famosa cuando la vea? Por suerte la responsable de la guachera la "adopto" y le dá la leche con mucha paciencia. Seguramente con su madre no hubiera vivido.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Buenas noticias

Acá se lo vé al autor tratando de encontrar un ternero escondido en algún lugar de la panza de su madre
Hace rato que tengo ganas de contarlo. A todos los chicos que sueñan con estudiar veterinaria. A los estudiantes de cualquier año de la carrera. A los que hace poco que se han recibido y por ahí tienen dudas sobre su futuro.
A todos ustedes, que suelen leer este blog, hace rato que quería contarles que han elegido una profesión fabulosa. No quiero decir la mejor de las profesiones para no ser fanfarrón y porque realmente no las conozco a todas en detalle. Pero esta, viejo, es una gran profesión.
Es incomparable andar por el campo todo el día como me ha tocado hacerlo desde hace 28 años. Correr y moverse con animales de todos los tamaños nos mantiene en forma. El aire puro nos libra de contaminaciones ciudadanas. El ruido no es problema salvo cuando los mugidos de las vacas, al apartarlas de sus terneros, se juntan en sinfonía. Resolver difíciles casos clínicos es una enorme estimulación para nuestro intelecto, y la recuperación de un enfermo grave nos llena de orgullo y alegría. A los que les gusta la adrenalina tienen a montones cuando hacen una cirugía de riesgo. Y como si esto fuera poco, lo que cuento es solo un pedacito del enorme repertorio que tenemos para desplegar trabajando con pequeños animales, con los salvajes y exóticos, en la producción de alimentos y en tantas otras cosas que incumben a nuestra profesión.
Hay muchísimo trabajo esperando por nosotros. Y no lo digo solo por decirlo. Es así. Solo se trata de encontrar nuestro lugar. No es lo mismo arrancar nuestro camino en un lugar superpoblado de colegas, que en zonas donde haya menos. No afirmo que sea imposible el primer caso, pero inevitablemente será mas dificil. Desbandémonos y ocupemos los lugares que nos esperan.
¡Que buena está la profesión veterinaria!