Suele suceder que se produzca una gran mortandad de
vacunos. A veces son intoxicaciones masivas con distintos elementos, otras son
brotes de alguna enfermedad infecciosa, en ocasiones un rayo o una centella
hacen un desastre, y podría contarles montones de otros ejemplos.
Ayer me llamó Pedro. Uno va catalogando mentalmente
la gravedad del asunto por el tono del interlocutor. Esta vez, el hombre sonaba
casi lloroso.
-¡Hola Jorge! ¡Soy Pedro! ¿Podrás venir urgente?
Recién salí al campo y me encontré diecinueve vacas muertas en el rodeo de las
viejas-
-¡Qué bárbaro! ¡Enseguida salgo para allá!- No quise
preguntarle mucho para no demorar la partida. En estos casos es bueno manejarse
con rapidez, porque no sabemos en qué momento de la mortandad estamos. Me monté
en la blanca y allá se fue todo el equipo. Llegamos en media hora y nos
encontramos un panorama desolador. El potrero de 40 hectáreas de campo natural,
lucía salpicado de cadáveres por todos lados. Todas vacas grandes. Algunas con ternero
al pie y otras preñadas a término. Siguiendo el protocolo, tomamos todos los
datos posibles del lote, del potrero, de los últimos movimientos y medicamentos
aplicados. Después hicimos la necropsia a dos de las muertas y tomamos varias
muestras para laboratorio, aunque ya el diagnóstico lucía claro y contundente.
En la semana previa, las 150 vacas con sus terneros
habían sido llevadas hasta la manga distante unos 4 kilómetros. Allí estuvieron
encerradas 3 días, porque hubo una tormenta fuerte en el medio, que impidió
llegar al campo a los vacunadores de la Fundación Antiaftosa. Al día siguiente
de regresar a su potrero de origen, murieron todas.
Una combinación de stress, ayuno y el efecto del
clima, fueron desencadenantes de una hipomagnesemia aguda, que se llevó al 14 %
del rodeo a pastorear en el cielo de las vacas.
Las mortandades masivas son problemas en los que hay
que manejarse con extremo profesionalismo, porque suele suceder que se originen
conflictos de intereses entre el dueño de los animales y el causante de las
muertes si lo hubiera.
Una vez, hace muchos años, un cliente no tuvo mejor
idea que bañar a sus vacas con un antisárnico de una partida que el Laboratorio
había sacado de circulación, porque por error salió con la droga pura. Como el
remedio además estaba vencido, el buen hombre lo preparó “un poco más fuerte
por las dudas”. El resultado fue que murieron más de 80 novillos de 400 kg, de los
casi 200 afectados. Fueron 24 horas de correr para conseguir toda la Atropina
posible y hacer incontables viajes al campo para seguir tratando los
convalecientes. Hicimos una carpeta con un informe detallado del caso,
adjuntando análisis de laboratorio, fotografías y cuanto elemento pudiera
servir a la presentación y finalmente, el Laboratorio, tratando de minimizar el
impacto de la tragedia, terminó pagándole al productor hasta el último finadito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario