miércoles, 20 de febrero de 2013

¿Cómo le decimos?


Pedro y Fermín Legarreta llegaron temprano al campo y encontraron a su padre muerto. Se ve que el viejo había entrado al galpón a cargar maíz en el balde para dar de comer a las gallinas, y la parca lo sorprendió ahí mismo. Estaba desparramado al lado de las bolsas. Parece que ni pateó.
Los muchachos, dos solterones de cuarenta y treinta y ocho años de edad, trataron de reanimarlo, pero ya la cosa estaba terminada. Cargaron el cuerpo pesado y todavía calentito en la caja de la camioneta y salieron de raje para el pueblo. En el camino iban moqueando y lamentándose por la pérdida.
-¡Pobre viejo!- Dijo Pedro -¡Si nos habrá dado alpargatazos para educarnos! ¡Y nos sacó buenos! Toda una vida luchando para tener el campito en orden y ahí lo tenés ahora. Quien sabe por dónde andará su alma-
-¿Y a mamá como le decimos?- Cortó Fermín –La pobre se va a poner muy mal-
-¡Que se yo! Algo se nos va a ocurrir. Primero vamos al Destacamento para avisarle a los milicos y después lo llevamos a la Sala-
En esos trámites anduvieron hasta media mañana. Por fin quedaron libres y se subieron a la Ford vieja para cumplir el último trámite. Salieron despacio para su casa tratando de demorar el encuentro con la vieja.
-¡Decile vos!- Exclamó de pronto Fermín -¡Para eso sos el mayor!-
-¿Y cómo hago? No se me ocurre nada-
-Y bueno. Que sea lo que Dios quiera. Que salga pato o gallareta-
Llegaron a la casa y se bajaron sin ganas de la camioneta. De pronto sintieron el grito alegre de la madre: -¡Chicos!- Se les heló la sangre. Era ella que venía caminando por la vereda de tierra, con la bolsa de los mandados llena hasta la manija y saludándolos con la mano. Entonces Pedro, casi sin pensarlo, se puso una sonrisa falsa en la cara y le largó:
-¡Mire que bonito vieja! ¡Usté anda paseando por la calle y papá muerto allá en el campo!-

lunes, 18 de febrero de 2013

Sandoval y la maldición

Mientras comíamos un tremendo cordero al asador, Ramirez se largó con la historia del petiso Sandoval. Según dijo, esto pasó porque antes, la gente era más pavota.


Resulta que el petiso trabajaba en los galpones del ferrocarril de la estación de San Manuel. Todo lo que le faltaba de cabeza, lo tenía en fortaleza física, y por eso era uno de los mejores changarines. Allá hacía sonar las alpargatas el petiso, cargando las bolsas de sesenta kilos de trigo al hombro, subiendo por la rampa de estibas impresionantes, durante horas y horas. Vivía del otro lado del pueblo, y todas las mañanas agarraba su caballito zaino, tan pequeño como él, y salía al trote para la estación. A la nochecita volvía caminando, con el caballo de tiro, pensando quien sabe que cosas.

En esa época eran comunes las travesuras de los mas pícaros para divertirse y tener de que charlar durante días.

Gimenez y García, eran dos peones nuevos recién llegados al pueblo. Los mandaron a la Cooperativa, y allí supieron de la poca inteligencia y la posibilidad que les daba Sandoval, al que todavía no habían visto, de hacer una de sus bromas. Y la que se mandaron quedó para la historia.

Esperaron un día en que el trabajo fue especialmente fuerte y cuando Sandoval, cansado como un perro, se despidió y salio al tranquito de vuelta, con su caballo de tiro, lo siguieron discretamente. Cuando llegaron a la cuadra más oscura, los amigos se acercaron despacio por detrás. García le sacó con cuidado el bozal al caballo y siguió caminando detrás del petiso con la soga en la mano, mientras Gimenez se perdía con el animal en la oscuridad.

Sandoval, cansado y embrutecido por las largas horas de trabajo, ni se enteró del asunto. Cuando llegó al patio de su ranchito se dio vuelta para largar el caballo y se encontró frente a frente con García, que lo miraba con cara de estúpido.

-¿Y vos quien sos?- Preguntó el petiso totalmente desconcertado.

-¿Cómo quien soy? ¡Soy tu caballo, Sandoval!-

-¿Mi caballo? ¡Dejate de joder! ¿Te crees que soy tonto?-

-¡Pará hermano! ¡No te enojés! Deja que te cuente. La verdad es que yo soy Pedro García. Siempre fui medio plaga, pero lo que mas me gustaba era el vino. Vivía en pedo. Mi vieja siempre me retaba, hasta que un día discutimos fuerte y me dio por pegarle ¡A mi vieja! ¿Te das cuenta? Así que la pobre, furiosa y con razón, me hecho una maldición y me convertí en caballo. Esto pasó hace como diez años. Rodé de mano en mano, hasta que vos me compraste a Martinez ¿Te acordás?-

Sandoval no podía creer lo que oía. Estaba como idiotizado.

-¿Y ahora por que apareciste?-

-Se ve que mi vieja se debe haber arrepentido y por eso volví a ser yo mismo ¿No me dejás que vaya a verla?-

-¡Si hermano! Andá nomás. Ojalá la encuentres bien. Yo ya voy a conseguir otro caballo-

Se despidieron, y el petiso se acostó a dormir todavía sin entender muy bien lo que había pasado.

Al día siguiente se despertó temprano, prendió el fuego para calentar la pava y en cuanto se asomó a la puerta, encontró de nuevo su caballito que lo miraba desde el corral. Dicen que le gritó:

-¡Mirá que sos plaga García! ¿A que te mamaste y le volviste a pegar a tu madre? Ya vas a ver la que te toca-

Un rato más tarde, lo vieron llegar a la estación cagando a palos a su caballo. Cuando sus compañeros le preguntaron que le pasaba, solo les contestó:

-¡El sabe bien porqué le pego!-

lunes, 11 de febrero de 2013

El reencuentro


-¡Por fin volviste!- Pió Román apenas me vio entrar en la cocina el lunes pasado. Es que me había ido unos días de vacaciones y se nota que el tipo me extrañó.
-¿Cómo anda mi canario gaucho?- Lo salude cariñosamente. Y antes de empezar los mates le di una generosa ración de alpiste para animarlo.
-¿Cómo te fue?-
-¡Barbaro! Recorrí algunos lugares del sur del país que son bien bonitos, me bañé en casi todos los lagos que encontré, salí a correr en San Martín de los Andes costeando el lago Lacar y recorrí una tierra llena de animales de todo tipo como es la Península de Valdez-
-¡Qué suerte!- Dijo Román con un chiflidito suave. Entonces me di cuenta de que estaba contando plata frente a un pobre. Yo hablaba de viajes y él en su jaulita desde que nació. Por las dudas cambié de tema.
-¿Y vos que tal?-
-¡Yo bien! Dijo Román –En estos días las noticias de la radio han sido variadas. Que hubo una gran fiesta porque volvió al país la Fragata Libertad. Que la presidenta anduvo de gira por Asia y no hubo tantas cadenas nacionales así que tuvieron que inventar lo de los tuits para comunicarse con la gente. Que los delincuentes matan dos o tres tipos por día y ya parece cosa común. Que los del gobierno hablan mal de todos los que no están con ellos. Que los precios de las cosas no paran de subir y han ordenado que todo quede congelado por dos meses, y otro montón de sucesos grandes y chiquitos-
-¡Entonces está todo igual, Román!-
-¿Sabés que si?-   

viernes, 8 de febrero de 2013

Un hombre digno


Cuando la mujer de Juan Sosa se fue a vivir con otro a Mar del Plata los que lo conocemos pensamos que el pobre Juan no iba a aguantar mucho tiempo solo en ese campo. Es el único empleado en un establecimiento que está cerca de Napaleofú. Allí crían vacas Angus, hacen engorde a corral y además, destinan parte de la tierra a la agricultura. Hay mucho trabajo. La casa del empleado está en un borde del monte. Tiene un largo corredor al costado, cerrado con una planta enredadera, que en verano da un buen fresco para tomar mate a la siesta, mirando las sierras a lo lejos.
A la mujer de Juan se le calentó la muela con un vecino. Anduvieron a escondidas un tiempo, hasta que se destapó el asunto y la tipa cargó sus cosas y se mandó a mudar bien lejos. Además se llevó los dos chicos con ella. La casa quedó vacía y Juan deshecho. De esto harán unos cuatro años. En ese tiempo lo vi varias veces por trabajo y se lo notaba muy mal. Un día me dijo que había pensado colgarse de una planta, pero que no lo hizo por los chicos. Y siguió firme. Aguantando los fríos del invierno, los calores del verano, las miradas lastimosas de la gente del pueblo y las preguntas indiscretas de las viejas chusmas.
Primero volvió el varoncito a vivir con él. Lo anotó en la escuela de Napaleofú y ya empezó a acomodar un poco el carro. Y el año pasado se vino la nena.
Ahora Juan anda atareado todo el día entre la atención de los animales y la de sus hijos, pero está contento. Se ríe. Anda chiflando bajito. Los chicos lucen prolijos y aseaditos y la casa ordenada y limpia. Ya se está empezando a preocupar por lo que le va a costar mandar a su hijo Ramón a estudiar. Piensa en pedirle permiso al patrón para tener dos o tres vacas y así agarrar alguna plata extra, pero cuando se imagina que Ramón puede llegar a recibirse de agrónomo y Clarita de maestra, la cara se le ilumina.
-¡Todo lo que le pido a Dios es que ellos tengan más suerte que yo, dotor!- Me dijo ayer.
Y será nomás porque ando medio sentimental que se me hizo un nudo en la garganta y pensé en cuanta dignidad hay en ese hombre. 

martes, 15 de enero de 2013

La yegua charlatana







Volteamos la yegua vieja y me puse a trabajar para sacarle un alambre que tenía enredado en una pata. El dueño, Hugo Ramirez, se fue hasta el molino a cargar agua en un balde para lavarla, así que en cuanto estuvimos solos con ella, me dijo:


-¡Menos mal dotor! Él bestia este no se decidía a llamarlo porque pensó que lo mío era solo una raspadura. Yo trataba de hacerle entender que algo tenía en la pata, pero hasta que no levanté fiebre y ya no pude pisar, no hizo nada-

-¡Bueno Negra!- Le dije mientras cortaba el alambre con una tenaza y lo iba retirando despacio -Lo importante es que ya estoy acá y vas a quedar como nueva-

-¡Ojala dotor! La verdad es que ando medio cansada de vivir ¡Suerte la de los matungos que se mataron ayer en el accidente cerca de Buenos Aires! ¿Se enteró?-

-¿Los que volvían de Jesús María? ¿Y vos como lo supiste?-

-¡Por la radio! Se pasaron toda la tarde charlando de ese asunto. Como el jefe estaba trabajando con unos fierros en el galpón y tenía la de transistores a los pedos, yo pude escuchar todo-

-¡Es verdad Negra! ¡Que accidente feo!-

-¡Sí! ¡Eso sí! ¿Pero escuchó dotor la cantidad de boludeces que decían los que opinaban después? Que las domas son salvajes. Que los pobres caballos sufren como locos. Que los que andan en eso son unas bestias y todas cosas así ¿Pero se puede ser tan ignorante? Ojalá yo hubiera tenido coraje para estar en las jineteadas. Me hubiera dado la gran vida-

-Lo que pasa Negra, es que hoy en día cualquiera cree que sabe de cualquier cosa y opina. Y la pobre gente de la ciudad, que no tiene ni idea de cuantas patas tiene una vaca, opina de las cosas del campo como si supiera algo-

La negra relinchó suavecito y movió la cabeza afirmando, pero ya no me habló más porque venía Ramirez con el agua para lavarla.

domingo, 13 de enero de 2013

La mujer de campo

Hace un tiempo, en este mismo lugar resalte los valores del hombre de campo, comparando las incontables habilidades que tiene y necesita para desarrollar sus tareas, con respecto a las pobrezas del de la ciudad.

Hoy me parece justo afirmar que con las mujeres pasa lo mismo.

La mujer de campo es machaza. Es tora. Es fuerte en todo sentido. Tanto físico como espiritual. Pare chicos con valentía y naturalidad, formando familias grandes, a veces con varios progenitores implicados, a las que dedica toda su energía. Es capaz de agarrar con simpleza el hacha y abrir leña para abastecer la insaciable cocina económica, puede cargar pesados baldes de agua y bolsas de semilla como si fueran envasas de galletitas, sabe soldar un fierro y mantener una huerta familiar con la misma maestría. Tanto pinta las paredes de su casa, como puede coser y bordar de maravillas, manteniendo decorosamente la ropa de toda la familia. Lava a mano en bateas descomunales, sin quejarse por hacerlo a la intemperie y muchas veces con agua fría. Es campeona en la cocina y te saca con sencillez un estofado con carne de capón exquisito o unas olorosas tortas fritas para acompañar el mate en los días de lluvia.

Es respetuosa y callada en los lugares que así lo exigen, pero guarda con hacerla calentar, porque es capaz de encarar un tren a mano, si hace falta, con tal de hacer valer sus derechos.

En las fiestas luce arregladita y aseada, aunque no esté con lo último que exige la moda. Resalta más la pulcritud en ella y toda su familia.

Es pícara porque es mujer. Y es decidida si le gusta un tipo. Se toma la vida con naturalidad y es raro que necesite ayuda sicológica para superar algún trance. No se deprime. Sigue con sus cosas a pesar de todo porque tiene la resignación del fuerte.

Que buena compañera tendrá el que sea capaz de ganarse una mujer de campo

martes, 1 de enero de 2013

Empezando el año


¡Como para empezar el año no está mal! Hoy me desperté cuando quiso el cuerpo, me preparé el mate y acá estoy en la cama leyendo y escribiendo. Hay un lindo sol, pero desde hace días, Don Viento nos está castigando mucho. Ayer me tiró casi todas las manzanas a medio madurar y mi planta quedó pelada. También cayeron ciruelas y duraznos, pero menos. Hemos suspendido algunos trabajos de manga por el barro, pero han aparecido muchos problemas con los pequeños, en los típicos vaivenes de nuestra ocupación.
Hoy Román me hizo reir. Cuando entre a la cocina de la veterinaria a preparar el mate me olvidé de saludarlo. Es que estaba en un rincón de la jaula todo quietito y además, bien feo con las plumas revueltas y desprendiéndose, por el emplume que está pasando.
-¡Buen día! ¿No? ¿O dormimos juntos?- Dijo ofendido,
-¡Hola Román! ¡Feliz año nuevo!- Le contesté mientras ponía la pava a calentar.
-¡Ojalá!- Retruco -¿Vos que vaso mirás? ¿El medio lleno o el medio vacío?-
-¡No sé! ¿Por?-
-Porque si sos optimista podrás decir que vos y los tuyos están sanitos, que tenés un montón de trabajo como siempre y que seguís lleno de proyectos…-
-¡Es verdad!- Contesté asombrado de la certeza de mi canario.
-Pero si rascás un poco, aparece todo lo que has venido hablando y viendo durante el año. Un país lleno de injusticias, con políticos que han comprado campo por la zona y que nosotros conocemos bien, más todos los que lo habrán comprado por ahí y no sabemos. Con la inflación que nos va matando de a poco, y los delincuentes que nos matan de golpe. Con la soberbia de los que mandan, y la prepotencia que les da un poder que no entienden que se termina más o menos pronto. Con la impunidad con que se mueven, sabiendo que el tiempo todo lo esconde, y que dentro de unos años nadie se acordará de ellos y disfrutaran de sus cosas sin que nadie los persiga. Con los millones que se gastan en propaganda y en someter a los medios, tratando de hacernos creer lo que ni ellos creen…-
-¡Para Román! Que tu vaso medio vacío es más que medio vaso-
-¡Mas vale Jorge! ¿Querés que siga?-
-¡No hermano! ¡Dejálo ahí! Vamos a seguir con lo nuestro de la mejor manera y confiando…-
-¿Confiando?- Preguntó desafiante mientras revoleaba el ojo negro.
-¡Feliz 2013 Román!-
-¡Feliz 2013 Jorge!-

Los perros no son humanos

Toleran el frío y el calor sin necesitar ropa o abrigo. Son capaces de correr todo el día y todos los días sin ser atletas. Su alimento natu...