lunes, 12 de noviembre de 2018

¿Será de Dios?


¿Será de Dios? Dicen en el campo cuando pasa algo inesperado. Este domingo, a media mañana, estaba en el galpón fabricando un banco para uno de los chicos, cuando sonó el teléfono. Era Juan, un cliente y amigo, avisando que tenía una vaquillona que no podía parir. Pero eso no era todo, me dijo también que la calle estaba con tanto barro, que mejor era que yo me fuera hasta Napaleofú, y que él me iba a buscar con la doble tracción.
Miré el reloj y pensé con tristeza en los sorrentinos con tuco que me iba a comer al mediodía. Con la resignación del caso, cargué mis cosas y salí. Llegué cerca de las 11 al pueblo vecino y allí me encontré con Juan. Entre charlas y corcoveos por la calle embarrada, llegamos al lado de la parturienta como a las 12.
El caso era complicado. El ternero estaba muerto y tenía una desviación hacia abajo de cuello y cabeza, muy difícil de resolver. Además, la gente del campo había estado intentando sacarlo, por lo que el canal del parto estaba lacerado y con poca lubricación. Después de algunos intentos en vano, decidí hacer una cesárea. Llovía y el corral era una pileta, pero logré terminarla. El trabajo quedó bien. Ya era cerca de la una. Solo faltaba el regreso a casa. Con toda amabilidad, Juan le pidió a su hijo que nos acompañara hasta Napaleofú cebando mate para acortar el viaje, pero, a mitad de camino, mi amigo, un gran conversador, se dio vuelta para hablarme sobre un asunto y ¡Cosa de mandinga! La camioneta enfiló derecho a la cuneta y se enterró de trompa.
Siguió la espera de un vecino que nos sacara con un tractor, el resto del viaje al pueblo y la última parte hasta San Manuel. Llegué a las 3 de la tarde, tapado en barro.
Por suerte los sorrentinos estaban espectaculares y el vinito para acompañarlos mejor todavía. Afuera seguía lloviendo.

sábado, 13 de octubre de 2018

Hilario y los duendes


Es sabido que por San Manuel está lleno de duendes. Lo que pasa es que solo los pueden ver las personas que ellos quieren que los vean. Nada más. Es por eso, que en los años de vida del pueblo, solo hubo cinco personas que los vieron, conversaron con ellos, y además, recibieron los dones.
El último fue el pequeño Hilario. Tenía solo cinco años cuando un día, jugando entre las bolsas en el galpón de la estancia, se los encontró. Eran personas chiquitas. De no más de quince centímetros de alto, pero bien formaditas y con ropa limpia y arreglada. Grandes conversadores y muy juguetones. Pronto se hicieron amigos de Hilario. Para el muchachito fue como encontrar un juguete permanente. Hablaban de mil temas distintos, inventaban juegos y travesuras, y hasta se durmieron muchas veces la siesta todos amontonados sobre los cueros de oveja.
Un día empezaron a enseñarle. Le explicaron como hacer madejas y tejer el viento, como enredar los pensamientos de la gente, como hacer llover para arriba, y tantas cosas más que saben los duendes.
Ese mismo año Hilario empezó el Jardín de infantes. Como era muy tímido, por ser hijo único y haberse criado más con los perros que con otros chicos, pronto sus nuevos compañeros del pueblo, empezaron a hacerle burlas y todos los daños de que son capaces los niños.
Hilario aguantaba y aguantaba. A veces lloraba solito en un rincón. Hasta que un día, un gordo malo que siempre lo hostigaba, empezó a decirle barbaridades, provocando por primera vez la reacción de Hilario. Se paró de frente al gordo, lo miró muy fuerte y fijo, y de pronto el malo abrió los ojos grandotes y quedó paralizado. La situación era muy brava, porque Hilario no aflojaba con la cara de malo y el resto de los chicos ya empezaba a llorar y hacerse pis del miedo.
En ese momento, al sentir el alboroto, entró la maestra al aula. Hilario, para disimular, ensayo una sonrisa, y el gordo pudo moverse de nuevo. Y tan contento estaba de recuperar el movimiento, y asustado también, que salió corriendo del Jardín y le metió derechito hasta su casa.
Desde ese día, Hilario fue una especie de líder para los chicos del pueblo. Siempre los sorprendía con algún truco nuevo y, lo que es más importante, cuando crecieron y empezaron a ir a bailar a Lobería, cada vez que se armaba lío con los de la ciudad vecina, Hilario arreglaba el asunto con su ya famosa cara de malo paralizante.
Este año se fue a estudiar veterinaria a Tandil. Seguro que pronto oiremos hablar de sus nuevas hazañas.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Vino de regalo


Con el avance de las comunicaciones, y la tecnología al alcance de la mano de cualquiera, es muy difícil armar cuentos creíbles. Todos quieren ver para creer. Pero todavía quedan tipos rebeldes que se resisten a los cambios. Marcos Quesada es uno de esos.
No tiene teléfono ni televisión. Solo una vieja radio a pilas que lo acompaña en todos sus trabajos del campo, salvo cuando recorre a caballo. Si tiene que cambiar un esquinero, allá está la radio a los gritos sobre un montón de cascotes. Cuando la cosa es en la manga, la pone sobre una mesita pegada al álamo grandote, donde se ubican los remedios y las jeringas. Bien fuerte para que no la tapen los balidos de los terneros.
Pero el viejo Marcos, que vive solo, casi no recibe imágenes. Las únicas fotos son las de las revistas que le regala la patrona, después de haberlas leído. Por eso, era el candidato ideal para la broma de los mellizos Guevara, empleados también en la Estancia “La Horqueta”.
Mientras volteaban a mano los terneros para señalar y capar, en el corral de la manga, Martín comentó al pasar:
-¿Viste Luis lo de la rusa?-
-¡Si! ¡Me enteré! ¡Qué lindo sería que nos diera pelota!-
-¡Pero que nos va a elegir a nosotros! ¡Somos demasiado chicos!- Dijo Martín mientras cortaba limpiamente los huevitos de un ternero careta.
El viejo Marcos alcanzaba el curabicheras y el señalador, y escuchaba sin decir nada, pero al fin no aguantó más:
-¿Y qué es eso de la rusa Martín?-
-¿No la vio Don Marcos? ¡Ah no! ¡Cierto que usté no tiene tele! Anoche en el programa de la Susana, hablo una rusa que vive en Buenos Aires y está más buena que comer pollo con la mano. Dice que sueña con irse a vivir al campo con un hombre maduro, pero bien puestito. Sabe cocinar, tejer, bordar y hacer la quinta-
-¿En serio?-
-¡Claro que es en serio! Pidió que le escriban cartas contando como vive cada uno y que se las manden con una foto, así puede elegir- Remató Martín, mientras le guiñaba un ojo a Luis que lidiaba con otro ternero colorado.
El viejo se transformó. Se quedó pensando en tener la rusa para él solo. Esa noche arrancó una hoja de la libreta donde anotaba los recuentos de la hacienda, y muy trabajosamente, escribió un detalle de su vida y sus cosas. Le alcanzó con una página. Después buscó la única foto que tenía, sacada en la plaza de Tandil, en la época que hizo el Servicio Militar. Metió todo en un sobre viejo y arrugado, y al día siguiente lo llamó aparte a Martín Guevara:
-¡Che Martín! Vos que sos más baqueano ¿No le despachás esta carta a la rusa cuando vayas para el pueblo?-
-¡No hay problema Don Marcos! ¡Por ahí la pega!- Dijo el bandido
Ese mismo día, los mellizos siguieron con la broma, y la carta y la foto de Quesada empezaron a circular por las redes. Los muchachones del pueblo se mataban de risa a costillas del pobre puestero. Pero nadie contaba con que casi quince días después del suceso, del que Ramón era completamente ajeno, se presentara en “La Horqueta” una tal Julia Vargas.
Pidió hablar con Don Marcos y lo encaró de frente:
-¡Hola Don Marcos! Yo soy Julia Vargas. Leí su carta y me encantó, así que si usté quiere, ya mismo me quedo a vivir acá. Por las dudas me traje mis cositas en un bolso-
El viejo casi se cae de cabeza de la emoción y solo atinó a decir:
-¡Bendito Dios Poderoso! ¿Vos sos la rusa?-
-¡Nó! Soy de Entre Ríos nomás, pero capaz que nos acomodamos igual-
¡Más vale! En todo caso, si algún día viene la rusa le explico todo ¡Quedate nomás!

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Un pájaro distinto



En este momento tenemos cinco cotorritas australianas para vender en la veterinaria. En realidad, casi la única virtud que les encuentro es que son muy vistosas. Las hay celestes, blancas, amarillas, verdes y de combinaciones variadas de colores. Sacando esto, se pasan el día “cotorreando” en su lenguaje tan particular y bochinchero. Además, ensucian la jaula y sus alrededores permanentemente con restos de comida variados.
Pero esta vez apareció un cotorro piola. El tipo, con no se que teje y maneje, descubrió que uno de los barrotes del techo de la jaula se puede mover, y no tarda más de quince minutos, después que lo metemos en su casa, en volver a escaparse.
Esto lo viene haciendo desde hace una semana, y en tan poco tiempo, aprendió que la vidriera no se puede atravesar volando, que si se posa en los lugares más altos de las estanterías no llegamos a agarrarlo y varios trucos más. Otro dato que llama la atención es que los otros cuatro, a pesar de que lo ven al compañero escaparse elegantemente, no se dan maña para seguirlo.
Será por miedo, o tal vez porque tienen menos luces. O quizá porque nacieron en jaulas y aunque lo ven, no imaginan que el mundo se extiende más allá de los barrotes.
Sea por lo que sea, creo que esto es lo que les pasa siempre a los distintos de cualquier especie. Se encargan de ampliar los horizontes. Solos, incomprendidos, golpeándose contra las paredes; pero logrando al fin, que el resto entienda que se puede ir un paso más allá. 

miércoles, 22 de agosto de 2018

Cayó la propietaria


-¿Jorge?
-¡Sí! ¿Quién habla?
-¡Soy Laura Iñiguez! Quería saber si estabas en la veterinaria para llevarte a Reina. Desde ayer anda tristona y sin ganas de comer.
-¡No hay problema Laura! Traela que la revisamos-
Reina es una perrita caniche de seis años, a la que ya hemos atendido varias veces. Buena paciente. A los diez minutos llegaron Laura y Reina, y las hice pasar al consultorio. Pronto vimos que había una inflamación severa de las glándulas perianales. Este es un problema bastante común en los perros, y la solución es desobstruir y evacuar manualmente las glándulas, que están ubicadas a ambos lados del ano, y después aplicar una medicación específica. Esta es una maniobra sumamente molesta para las mascotas, por lo que es muy necesario que el ayudante (en este caso Laura), sea capaz de contenerlos en todo momento.
Pero ayer todo se complicó.
En cuanto me puse los guantes y tomé el algodón para empezar a trabajar en la retaguardia de Reina, noté que Laura se ponía un poco  pálida. De todas maneras le pedí que le abrazara el cuello a la pequeña, y que tratara de calmarla.
Comencé el procedimiento, y en eso estaba, cuando de pronto Laura pareció desmoronarse al lado de la camilla.
Se le aflojaron las piernas y cayo de rodillas. Si bien no se desmayó, esto fue suficiente para que Reina diera un salto ágil desde las alturas, y saliera corriendo hacia el local de ventas, donde un par de clientes la vieron aparecer sorprendidos. Detrás aparecí yo, enguantado y con un algodón en las manos, después de asegurarme de que Laura quedara sentada en el piso, en un rincón del consultorio. Fue un momento entre preocupante y jocoso.
Lástima que Laura no quiso sacarse una foto sentada en el suelo, para inmortalizar el suceso. Creo que la coquetería pudo más.

jueves, 12 de julio de 2018

El Ruli





Ruli es ahora un carnerito muy desarrollado. Ya dejo de ser el cordero simpático que se convirtió en la atracción de Licenciado Matienzo.
A los pocos días de parirlo, su mamá oveja se enfermó y murió, así que el huerfanito cayó en la casa de Matilde Ferrero para ser criado guacho.
Esta buena mujer tiene seis perros adoptivos, así que Ruli, a falta de imagen ovina, pronto se identificó con sus nuevos compañeros y se empezó a comportar como uno más. Es decir que “se sintió perro”.
Con el tiempo, los vecinos empezaron a visitarlo para divertirse viendo sus hazañas.
Corre autos con sus amigos y hasta les da topetazos a las cubiertas, ante la imposibilidad de morderlas. Se sienta sobre sus cuartos como si fuera un Collie, esperando que le den de comer. “Atropella” a los desconocidos que se acercan a la casa y persigue a los gatos por las calles del pueblo, aunque no se sabe que pasaría si algún día alcanza a agarrar alguno.
Pero Ruli ha ido creciendo y ya se ha convertido en un carnerito fuerte y pesado. Por eso su última aventura le cambió la vida. Esa tarde llegó una vecina de Matilde a visitarla. Ruli estaba durmiendo en la puerta de la casa y se despertó sobresaltado. Tal vez por eso la desconoció. En un gesto perruno, se le vino encima y parándose en dos patas, llevó a la mujer contra la pared y le apoyó las pezuñas delanteras en el pecho. La mujer empezó a dar alaridos hasta que apareció Matilde y los separó.
Pero la moneda estaba lanzada. Al día siguiente lo llevaron al campo de un vecino de Matienzo y lo largaron junto con la majada, esperando que Ruli, por ser macho, pronto hiciera nuevas amistades.
La cuestión es que ya pasó más de un mes, y el tipo prefiere vivir con los perros del encargado antes que con las pecoras. Allá se lo ve todas las mañanas al trote largo atrás del caballo, cuando salen a recorrer.   

lunes, 2 de julio de 2018

Cero ideología

Realmente, a esta altura no me importa un pito la ideología.
Ya quedó ampliamente demostrado que las peores basuras humanas pueden tener ideologías de lo más dispares. Hasta contrapuestas.
Lo que ya no soporto es que haya tipos que agarren los cargos de gobierno para robar. Robar es un delito ¿Qué parte no se entiende? Y mucho más grave es robarle al país.
Y para robar disfrazan sus inmundicias con consignas vacías, mentiras infames, hipocresía al por mayor y dobles discursos.
Pensé que Menem era el peor castigo que le había tocado a la Argentina, pero vinieron los K y lo superaron hasta lo increíble. Se quedaron con la mitad de la Patagonia (literalmente), coches de lujo a montones, campos por todo el país, miles y miles de propiedades entre casas, hoteles y quintas. Aviones, yates y helicópteros. Contenedores con plata “física” que se les hecha a perder. Cuentas incalculables en paraísos fiscales y sabrá Dios cuantas cosas más.
Por eso me molesta tanto que ahora critiquen y se muestren desesperados por llevar a la renuncia a este gobierno.  
Vuelven a esconderse atrás de falsas ideologías. Que Macri es de derecha y por lo tanto un insensible que solo quiere hacer ricos a sus amigos.
Estupideces que reproducen hasta el hartazgo.
Creo que Macri ha sido una bendición para el país. En tres años ha hecho una obra colosal a partir de la miseria espantosa que le dejaron.
Y vuelvo al principio. No me importan un pito las ideologías. Solo pretendo que a la cabeza del gobierno haya gente inteligente, honesta, trabajadora, humilde y sensata. Sean de derecha, de izquierda, Radicales, Peronistas o de Cambiemos. Que los hay buenos y malos en cualquier lado.

Mientras haya una cabeza sana, el cuerpo se irá acomodando, pero si se pudre la cabeza (como pasó hasta hace poco), el pescado se pudrirá irremediablemente.    

Castración y ejercicio

  Influencia de dos rutinas de ejercicio, sobre la evolución post-castración en equinos   Spinelli, J.*, Dagradi, R.**, Segura, N.** ...