Aquí va uno de los informes que estamos haciendo semanalmente para el programa "Entre surcos y corrales" que se emite por el canal AM sports, de lunes a viernes de 6.30 a 7.30 hs. Nosotros (me refiero a que los hacemos con mi hijo Juan) salimos los días miércoles, y vamos tocando distintos temas de la práctica profesional en bovinos. Cuando alguno quede bueno, lo pondré en este sitio por si a alguien le interesa.
miércoles, 12 de abril de 2017
martes, 11 de abril de 2017
Un hombre solo
Me lo contó Arnoldo Fuentes cuando le pregunté por su familia, sobre todo por su hermano mellizo Hortensio, que se fue de la zona hace más de veinte años, después de separarse de su mujer en muy malos términos.
-¡No sabe que triste Jorge! Por lo que me dijeron, la
cosa fue así. Arrancó con un temporal tremendo que duró casi una semana. Llovió
sin parar. A veces con alguna granizada, mientras el viento volteaba los
árboles, que no hacían pie en el suelo blando y barroso. Noche y día. Día y
noche sin parar. Dicen que fue tremendo. Hortensio vivía solo en un ranchito
asentado en barro, en la parte más alejada de la estancia Los Miraflores, en La
Pampa. Casi no veía gente, porque solo se movía a caballo, y el casco de la
estancia estaba a más de un día de marcha entre cañadones, lomadas y montes de
piquillines, talas y arbustos espinosos. No tenía teléfono porque en esa zona
no hay señal. Tampoco luz ni televisor. Solo se entretenía escuchando la radio
a pilas y conversando con sus siete perros.
Una vez por semana, el encargado del campo, le
llevaba las provisiones y los vicios en un jeep destartalado. Se quedaba un
rato mientras tomaban mate. Se contaban algunas novedades, y ahí nomás empezaba
otra semana de soledad ¡Pobre Hortensio! ¡No se cómo aguanto tantos años viviendo
así!
La cuestión es que en esos días de temporal, el
encargado no hizo su recorrida, esperando que el tiempo mejorara. En cuanto
oreó un poco el camino, se largó para el puesto de Hortensio. No bien llegó, le
llamó la atención que no saliera a recibirlo, entonces vio que parte del techo
del rancho se había volado, y se preparó para alguna mala noticia.
Apenas abrió la puerta, sintió el fuerte olor a
podrido. Allí estaba Hortensio, caído debajo de unas chapas, atravesado por un
tirante de madera y medio comido por los peludos.
Dijo después el hombre, que se descompuso con semejante
cuadro, pero no tuvo más remedio que meter a la fuerza lo que quedaba de mi
hermano en una bolsa y llevarlo para la estancia. Como no pudieron encontrar a
ninguno de la familia para avisarle, el patrón ordenó que lo enterraran ahí
nomás, al lado del galpón. No muy hondo, por si alguna vez aparecía alguno de
nosotros a reclamar el cuerpo.
¡Así terminó el Hortensio, Jorge! Una vida triste y
una muerte fea.
lunes, 10 de abril de 2017
Tiger y la hambruna
Como hace dos días que llueve sin parar, Tiger tiene
permiso para estar en la churrasquera. De todas maneras no le gusta mucho el
asunto porque se aburre, así que me pide que le prenda la tele y se pasa el día
empapándose con las noticias.
Recién preparé el mate y me fui a verlo.
Estaba lleno de preguntas.
-¿Por qué no me dijiste que Argentina estaba en
llamas? ¿Y que la gente se está yendo a vivir a otros países porque acá hay una
hambruna general?-
-¿Qué te pasa?- Le pregunté asombrado -¿Te sentís
bien?-
-¡Sí! Por suerte me siento bien, pero tengo miedo de
morirme de hambre. Recién vi a unas viejas que gritaban malas palabras.
Aseguraban que el país está gobernado por gente muy mala, que ganó las
elecciones por culpa del periodismo, que ya no hay trabajo para nadie, y que
Argentina está peor que en el año 2000-
-¡No les des pelota Tiger! Por suerte tenemos un
gobierno sensato después de tanto tiempo. No hay magos ni iluminados. Solo
gente con ganas de hacer las cosas bien y acomodar tantas cosas desacomodadas-
-¿Pero entonces porqué decían tantas barbaridades?-
-¡Mirá! Vos sos un gato bastante capo. Todos tus
conocidos te respetan y te tienen miedo, pero ¿Qué pasaría si un día aparece
otro gato más duro y a vos te pierden el miedo y te sacan la comida?-
Tiger se quedó pensando. Lentamente. Como piensan
los gatos. Por fin me dijo:
-¡Trataría de que el nuevo se fuera de cualquier
manera! Le haría todas las maldades posibles con tal de obligarlo a dejar el
lugar. Además, inventaría historias horribles para que los gatos comunes se le
vuelvan en contra ¡Sí! ¡Eso haría!-
Mi miró fijo con sus grandes ojos amarillos,
mientras las ideas se amontonaban en su cabeza felina. No le dije nada. La
realidad se le apareció de pronto.
-¡Ah! ¡Ya entendí Jorge! ¡Gracias!-
Por las dudas agarré el control remoto y puse Disney
Channel.
Almuerzo campero
Almorzando el último viernes. Día ventoso pero carne de primera
Casi siempre se empieza cerca de las 10 y media de
la mañana. El encargado de hacerlo es el más viejo, o el que está con una tarea
más liviana, o el que sea mejor asador. Allá va el cocinero por su noble arte,
mientras el resto sigue trabajando fuerte con las vacas en la manga.
Primero elige con cuidado el lugar, tratando de que
no sea muy lejos, ni que quede tan mal ubicado como para que la gente reciba
todo el humo en la cara. El viernes, como había mucho viento, Luis prendió el
fuego al reparo de un gallinero de chapas, justo al lado de la manga.
Siempre se usan parrillas muy bajitas o, si hay un
poco más de tiempo, la carne se hará al asador. Si es en la parrilla, se pueden
cocinar tiras de asado, algún vacío, los huevitos de los terneros recién
castrados y, tal vez, algún matambre; en cambio, si el maestro usa el asador,
podrá ser un costillar entero o algún cordero, lo que figure en el menú.
Esta vez nos tocaron tiras de asado.
Se condimenta solo con sal o alguna salmuera bien
sabrosa, y se toma vino o jugo.
Se agrega galleta o pan ¡Y listo! Ahí está el
almuerzo más campero. Carne, pan y vino. Sencillito pero buenísimo. No se si
porque cuando está listo, uno lleva más de 5 o 6 horas moviéndose sin parar y
tiene más hambre que lima nueva, o porque es rico nomás.
El comedor se arma cerca del fuego, y los comensales
se sientan en lo que encuentren. Pueden ser las tablas de la manga, algún
tronco viejo, un bidón, o un balde dado vuelta; y se come usando solo un
cuchillo bien filoso, sosteniendo la carne caliente sobre un trozo de galleta.
Estos asados son un buen premio después de una
mañana de trabajo fuerte.
martes, 28 de marzo de 2017
Las sierras
Mateando después de la recorrida
Ya les he
contado muchas veces que San Manuel está metido entre las sierras del cordón de
Tandilia. Uno no se cansa de recorrerlas porque cambian con las estaciones.
Están llenas de animales salvajes. Hay ciervos, pumas, liebres, peludos,
mulitas, zorros, vizcachas, carpinchos, hurones, comadrejas, gatos monteses y otra
multitud de bichos. Además, hay una enorme cantidad de pájaros de todos los
tamaños, plumajes y colores. Hasta vacas salvajes tenemos. Por lo menos en
nuestra zona.
Y también hay montones de plantas. Algunas espinosas
y otras desarmadas. Flores de todos colores, arbustos, árboles y arbolitos,
decoran las piedras duras.
Esta bueno salir a caminarlas cuando hay un rato.
martes, 14 de marzo de 2017
Con la santa paciencia
Llegué al campo y no había nadie. Solo la vaquillona
que tenía que atender encerrada en un cargador. Me las tuve que ingeniar para
inmovilizarla, porque la tipa tenía unos nervios locos y me quería agarrar a
golpes contra las tablas. La até con mucho trabajo a un palo, le puse la
mocheta y como seguía queriendo encarar cada vez que me acercaba, me tuve que
sacar el pulover y taparle los ojos. Recién ahí pude darle la inyección
endovenosa que necesitaba.
¡Más vale maña que fuerza! ¡Lástima que ahora tengo
que lavar mi abrigo!
miércoles, 8 de marzo de 2017
Tiger es muy joven
Llegué a casa a mediodía muerto de hambre y bien
cansado después de una mañana de trabajo fuerte en la manga. Comí apuradito,
mientras veía algunas imágenes de la concentración de gente en Buenos Aires y
después las noticias de los docentes en huelga.
La tarde fue casi tan dura como la mañana, así que en
cuanto volví, me fui derecho a darme una ducha y preparé unos mates espumosos y
reparadores.
Tiger me miraba hacer. Prendí un rato la tele para
enterarme como había terminado la movida del día y me encontré con que todo el
asunto había sido un gran despelote.
-¿Qué te parece Tiger? ¡Semejante cantidad de gente
al pedo! ¿Quién les paga el día? ¿Qué es lo que quieren?-
Tiger, tranquilito como todo gato capón, me
contestó:
-¡Será gente que se está muriendo de hambre y lucha
por un poco de comida y un buen sueldo para vivir mejor! ¿O no?-
-¿Me estas cargando Tiger?-
-¡No! ¿Por qué? Yo tengo tres años y nunca vi algo
así-
-¡Claro! ¡Vos decís eso porque solo tenés tres años!
Yo tengo 59 y ¿Sabés que pienso? Que no hay caso. Que estamos jodidos. Estos
días son muy tristes. Parece que no hubiera salida para Argentina con tanta
gente enardecida como se está viendo. No entiendo si es poca memoria o boludez
nomás, lo que tienen los que andan a los gritos haciendo el coro a los
supuestos representantes de los trabajadores. Después de doce años de aguantar
a la banda más perversa que saqueó el país y destruyó las instituciones, vemos
montones de tipos diciendo que esta gente que gobierna es más de lo mismo. Que
están en contra de los pobres. Que no hacen las cosas “bien”.
No soy un iluminado. Soy solo un trabajador
incansable. En más de 35 años de profesión fui progresando con esfuerzo y
sacrificio y, por suerte, sin precisar nunca que el Estado me regalara nada.
Por eso creo que tengo autoridad para poder dar mi opinión.
Y veo que por fin llegó al gobierno gente con
preparación y vocación de hacer las cosas bien por el país. Que todos los días
van dando un pasito hacia adelante a pesar de todo. A pesar de los insultos, de
la porción de justicia “legítima” que sigue con la injusticia, de la falta de
mayoría en el Congreso, de los sindicalistas traidores que reciben lo que piden
pero traban cualquier medida, de los supuestos periodistas que ahora hacen
oposición queriendo ensuciar y emparejar al gobierno con los delincuentes
anteriores, y a pesar también de los
simpatizantes del anterior gobierno, que siguen tan bocones como siempre y creyendo
que su jefa es solo una víctima inocente-
-¡Tiger! ¿Me escuchas?-
El tipo se dio vuelta y me dijo: -La verdad es que
me perdí cuando dijiste que estábamos jodidos ¡Perdón!-
-¡No hay problema! ¡Al final termino siempre en lo
mismo!-
Apagué la tele y seguí tomando mate tranquilamente.
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