martes, 11 de abril de 2017

Un hombre solo


Me lo contó Arnoldo Fuentes cuando le pregunté por su familia, sobre todo por su hermano mellizo Hortensio, que se fue de la zona hace más de veinte años, después de separarse de su mujer en muy malos términos.
-¡No sabe que triste Jorge! Por lo que me dijeron, la cosa fue así. Arrancó con un temporal tremendo que duró casi una semana. Llovió sin parar. A veces con alguna granizada, mientras el viento volteaba los árboles, que no hacían pie en el suelo blando y barroso. Noche y día. Día y noche sin parar. Dicen que fue tremendo. Hortensio vivía solo en un ranchito asentado en barro, en la parte más alejada de la estancia Los Miraflores, en La Pampa. Casi no veía gente, porque solo se movía a caballo, y el casco de la estancia estaba a más de un día de marcha entre cañadones, lomadas y montes de piquillines, talas y arbustos espinosos. No tenía teléfono porque en esa zona no hay señal. Tampoco luz ni televisor. Solo se entretenía escuchando la radio a pilas y conversando con sus siete perros.
Una vez por semana, el encargado del campo, le llevaba las provisiones y los vicios en un jeep destartalado. Se quedaba un rato mientras tomaban mate. Se contaban algunas novedades, y ahí nomás empezaba otra semana de soledad ¡Pobre Hortensio! ¡No se cómo aguanto tantos años viviendo así!
La cuestión es que en esos días de temporal, el encargado no hizo su recorrida, esperando que el tiempo mejorara. En cuanto oreó un poco el camino, se largó para el puesto de Hortensio. No bien llegó, le llamó la atención que no saliera a recibirlo, entonces vio que parte del techo del rancho se había volado, y se preparó para alguna mala noticia.
Apenas abrió la puerta, sintió el fuerte olor a podrido. Allí estaba Hortensio, caído debajo de unas chapas, atravesado por un tirante de madera y medio comido por los peludos.
Dijo después el hombre, que se descompuso con semejante cuadro, pero no tuvo más remedio que meter a la fuerza lo que quedaba de mi hermano en una bolsa y llevarlo para la estancia. Como no pudieron encontrar a ninguno de la familia para avisarle, el patrón ordenó que lo enterraran ahí nomás, al lado del galpón. No muy hondo, por si alguna vez aparecía alguno de nosotros a reclamar el cuerpo.

¡Así terminó el Hortensio, Jorge! Una vida triste y una muerte fea. 

lunes, 10 de abril de 2017

Tiger y la hambruna

Como hace dos días que llueve sin parar, Tiger tiene permiso para estar en la churrasquera. De todas maneras no le gusta mucho el asunto porque se aburre, así que me pide que le prenda la tele y se pasa el día empapándose con las noticias.
Recién preparé el mate y me fui a verlo. Estaba lleno de preguntas.
-¿Por qué no me dijiste que Argentina estaba en llamas? ¿Y que la gente se está yendo a vivir a otros países porque acá hay una hambruna general?-
-¿Qué te pasa?- Le pregunté asombrado -¿Te sentís bien?-
-¡Sí! Por suerte me siento bien, pero tengo miedo de morirme de hambre. Recién vi a unas viejas que gritaban malas palabras. Aseguraban que el país está gobernado por gente muy mala, que ganó las elecciones por culpa del periodismo, que ya no hay trabajo para nadie, y que Argentina está peor que en el año 2000-
-¡No les des pelota Tiger! Por suerte tenemos un gobierno sensato después de tanto tiempo. No hay magos ni iluminados. Solo gente con ganas de hacer las cosas bien y acomodar tantas cosas desacomodadas-
-¿Pero entonces porqué decían tantas barbaridades?-
-¡Mirá! Vos sos un gato bastante capo. Todos tus conocidos te respetan y te tienen miedo, pero ¿Qué pasaría si un día aparece otro gato más duro y a vos te pierden el miedo y te sacan la comida?-
Tiger se quedó pensando. Lentamente. Como piensan los gatos. Por fin me dijo:
-¡Trataría de que el nuevo se fuera de cualquier manera! Le haría todas las maldades posibles con tal de obligarlo a dejar el lugar. Además, inventaría historias horribles para que los gatos comunes se le vuelvan en contra ¡Sí! ¡Eso haría!-
Mi miró fijo con sus grandes ojos amarillos, mientras las ideas se amontonaban en su cabeza felina. No le dije nada. La realidad se le apareció de pronto.
-¡Ah! ¡Ya entendí Jorge! ¡Gracias!-

Por las dudas agarré el control remoto y puse Disney Channel.

Almuerzo campero

Almorzando el último viernes. Día ventoso pero carne de primera

Casi siempre se empieza cerca de las 10 y media de la mañana. El encargado de hacerlo es el más viejo, o el que está con una tarea más liviana, o el que sea mejor asador. Allá va el cocinero por su noble arte, mientras el resto sigue trabajando fuerte con las vacas en la manga.
Primero elige con cuidado el lugar, tratando de que no sea muy lejos, ni que quede tan mal ubicado como para que la gente reciba todo el humo en la cara. El viernes, como había mucho viento, Luis prendió el fuego al reparo de un gallinero de chapas, justo al lado de la manga.
Siempre se usan parrillas muy bajitas o, si hay un poco más de tiempo, la carne se hará al asador. Si es en la parrilla, se pueden cocinar tiras de asado, algún vacío, los huevitos de los terneros recién castrados y, tal vez, algún matambre; en cambio, si el maestro usa el asador, podrá ser un costillar entero o algún cordero, lo que figure en el menú.
Esta vez nos tocaron tiras de asado.
Se condimenta solo con sal o alguna salmuera bien sabrosa, y se toma vino o jugo.
Se agrega galleta o pan ¡Y listo! Ahí está el almuerzo más campero. Carne, pan y vino. Sencillito pero buenísimo. No se si porque cuando está listo, uno lleva más de 5 o 6 horas moviéndose sin parar y tiene más hambre que lima nueva, o porque es rico nomás.
El comedor se arma cerca del fuego, y los comensales se sientan en lo que encuentren. Pueden ser las tablas de la manga, algún tronco viejo, un bidón, o un balde dado vuelta; y se come usando solo un cuchillo bien filoso, sosteniendo la carne caliente sobre un trozo de galleta.

Estos asados son un buen premio después de una mañana de trabajo fuerte.  

martes, 28 de marzo de 2017

Las sierras

     Mateando después de la recorrida

Ya les he contado muchas veces que San Manuel está metido entre las sierras del cordón de Tandilia. Uno no se cansa de recorrerlas porque cambian con las estaciones. Están llenas de animales salvajes. Hay ciervos, pumas, liebres, peludos, mulitas, zorros, vizcachas, carpinchos, hurones, comadrejas, gatos monteses y otra multitud de bichos. Además, hay una enorme cantidad de pájaros de todos los tamaños, plumajes y colores. Hasta vacas salvajes tenemos. Por lo menos en nuestra zona.
Y también hay montones de plantas. Algunas espinosas y otras desarmadas. Flores de todos colores, arbustos, árboles y arbolitos, decoran las piedras duras.

Esta bueno salir a caminarlas cuando hay un rato.   

martes, 14 de marzo de 2017

Con la santa paciencia


Llegué al campo y no había nadie. Solo la vaquillona que tenía que atender encerrada en un cargador. Me las tuve que ingeniar para inmovilizarla, porque la tipa tenía unos nervios locos y me quería agarrar a golpes contra las tablas. La até con mucho trabajo a un palo, le puse la mocheta y como seguía queriendo encarar cada vez que me acercaba, me tuve que sacar el pulover y taparle los ojos. Recién ahí pude darle la inyección endovenosa que necesitaba.

¡Más vale maña que fuerza! ¡Lástima que ahora tengo que lavar mi abrigo!

miércoles, 8 de marzo de 2017

Tiger es muy joven


Llegué a casa a mediodía muerto de hambre y bien cansado después de una mañana de trabajo fuerte en la manga. Comí apuradito, mientras veía algunas imágenes de la concentración de gente en Buenos Aires y después las noticias de los docentes en huelga.
La tarde fue casi tan dura como la mañana, así que en cuanto volví, me fui derecho a darme una ducha y preparé unos mates espumosos y reparadores.
Tiger me miraba hacer. Prendí un rato la tele para enterarme como había terminado la movida del día y me encontré con que todo el asunto había sido un gran despelote.
-¿Qué te parece Tiger? ¡Semejante cantidad de gente al pedo! ¿Quién les paga el día? ¿Qué es lo que quieren?-
Tiger, tranquilito como todo gato capón, me contestó:
-¡Será gente que se está muriendo de hambre y lucha por un poco de comida y un buen sueldo para vivir mejor! ¿O no?-
-¿Me estas cargando Tiger?-
-¡No! ¿Por qué? Yo tengo tres años y nunca vi algo así-
-¡Claro! ¡Vos decís eso porque solo tenés tres años! Yo tengo 59 y ¿Sabés que pienso? Que no hay caso. Que estamos jodidos. Estos días son muy tristes. Parece que no hubiera salida para Argentina con tanta gente enardecida como se está viendo. No entiendo si es poca memoria o boludez nomás, lo que tienen los que andan a los gritos haciendo el coro a los supuestos representantes de los trabajadores. Después de doce años de aguantar a la banda más perversa que saqueó el país y destruyó las instituciones, vemos montones de tipos diciendo que esta gente que gobierna es más de lo mismo. Que están en contra de los pobres. Que no hacen las cosas “bien”.
No soy un iluminado. Soy solo un trabajador incansable. En más de 35 años de profesión fui progresando con esfuerzo y sacrificio y, por suerte, sin precisar nunca que el Estado me regalara nada. Por eso creo que tengo autoridad para poder dar mi opinión.
Y veo que por fin llegó al gobierno gente con preparación y vocación de hacer las cosas bien por el país. Que todos los días van dando un pasito hacia adelante a pesar de todo. A pesar de los insultos, de la porción de justicia “legítima” que sigue con la injusticia, de la falta de mayoría en el Congreso, de los sindicalistas traidores que reciben lo que piden pero traban cualquier medida, de los supuestos periodistas que ahora hacen oposición queriendo ensuciar y emparejar al gobierno con los delincuentes anteriores, y a pesar también de  los simpatizantes del anterior gobierno, que siguen tan bocones como siempre y creyendo que su jefa es solo una víctima inocente-
-¡Tiger! ¿Me escuchas?-
El tipo se dio vuelta y me dijo: -La verdad es que me perdí cuando dijiste que estábamos jodidos ¡Perdón!-
-¡No hay problema! ¡Al final termino siempre en lo mismo!-

Apagué la tele y seguí tomando mate tranquilamente.     

jueves, 2 de marzo de 2017

Un caso triste

En plena cesárea

El ternerito deforme

La vaca de velorio

La enorme vaca Holando Argentino estaba llena de ilusiones con su futuro ternero. Había sido ganadora del premio “Vaca del año” en la Exposición de Córdoba, y apenas llegada al campo con su cucarda a cuestas, se la inseminó con semen de un excelente toro americano. Soñaba con tener un hijo Campeón en Palermo, y todo estaba dado para que su cría se destacara dentro de la raza.
Pero la cosa se complicó. El día del parto, Arturo Ordoñez la encontró haciendo pujos sin poder largar su cría. A la pobre se le caían las lágrimas porque sabía que cada minuto que pasaba era menos esperanza de que su bebé naciera vivo. Ordoñez es muy baqueano en esto de atender partos y en cuanto le metió la mano supo que el asunto era para cesárea. Me llamó desde el corral mismo donde la tenía encerrada y en un rato llegamos con Juan.
La vaca balaba tristemente pidiendo que nos apuráramos para cortarla. Por fin pudimos sacar el ternero. Pero eran todas malas noticias. No solo salió muerto, sino que tenía una rara malformación que lo hacía lucir como dos medio animalitos pegados entre sí. Una porción delantera relativamente normal y los cuartos traseros pequeños y deformes.
-¿Y? ¿Cómo está doctor?- Preguntó ansiosa la mamá -¿Vive?-
Lo cierto es que no tuve coraje para contarle la verdad, así que me hice el sordo y me fui para la camioneta con todos mis bártulos.
Al rato la largaron, y en cuanto se paró, se acercó a su cría muerta ¡Pobre vaca! Lo estuvo mirando un rato largo, como velándolo.


Los perros no son humanos

Toleran el frío y el calor sin necesitar ropa o abrigo. Son capaces de correr todo el día y todos los días sin ser atletas. Su alimento natu...